Luis Gallardo, el docente de El Puerto que es jurado en un festival donde creadores humanos compiten contra la IA
Este docente portuense, licenciado en Filosofía y en Publicidad y Relaciones Públicas, es uno de los 200 académicos de todo el mundo que han evaluado los 32 cortos finalistas del '2026 Sparknify Human vs. AI Film Festival', que explora hasta dónde puede llegar la inteligencia artificial
El portuense Luis Gallardo, docente e investigador en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de Málaga.
Luis Gallardo Vera lleva más de una década moviéndose entre aulas, proyectos de investigación y universidades de varios países. Natural de El Puerto, se licenció primero en Filosofía por la Universidad de Granada y después en Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad de Cádiz. Así fue forjando una carrera académica que le llevó por Argentina, Portugal, México y Brasil, además de por universidades españolas como la Complutense de Madrid, Castilla-La Mancha o, actualmente, Málaga, donde afronta su tercer curso como docente-investigador en la Facultad de Ciencias de la Comunicación, en el departamento de Comunicación Audiovisual y Publicidad. En su currículo figuran dos doctorados en Comunicación y el Premio Extraordinario de Doctorado de la Universidad de Cádiz. En una de sus tesis analizó la comunicación del 15M de Madrid, “muy en voga por la similitud con la protesta por la vivienda”.
El portuense ha desarrollado todo tipo de trabajos, ya no solo en la investigación sino también en el gabinete del Ayuntamiento de El Puerto o en una empresa de comunicación ligada a la Diputación de Cádiz. Este año, por primera vez, se ha atrevido a formar parte del Gran Jurado Académico del 2026 Sparknify Human vs. AI Film Festival, un certamen estadounidense donde compiten cortometrajes realizados por humanos con producciones generadas mediante inteligencia artificial.
Una experiencia que le ha llevado a reflexionar sobre hasta qué punto una máquina puede emocionar como lo hace una persona.
Más de 200 profesores y académicos de universidades de todo el mundo, entre ellos Luis, han evaluado 32 finalistas, 16 de producción humana y 16 creados con IA, -de las 3.000 propuestas recibidas- procedentes de más de 20 países. En este festival, en lugar de dividir las películas por géneros, las enfrenta alrededor de ocho emociones: gozo, tristeza, intensidad, serenidad, amor, odio, deseo y asco.
Pregunta. ¿En qué consiste su línea de trabajo actualmente?
Respuesta. Tengo varias líneas de investigación. Soy un investigador bastante ecléctico y trabajo fundamentalmente en comunicación estratégica. Presento muchas sublíneas de investigación: Publicidad, Relaciones Públicas, Marketing, Comunicación y Sociedad, estudiando las intersecciones entre Comunicación y Sociedad, Teoría, Epistemología y Metodología de la Investigación y Comunicación.
P. ¿Cómo llega a formar parte de un jurado con 200 académicos de todo el mundo? ¿hay más españoles?
R. Hay académicos de Turquía hasta México, Estados Unidos, India, España… De hecho, españoles hemos sido unos cuantos. Es destacable que la mayoría de españoles que hay somos de la Universidad de Málaga, que despunta en comunicación. Resalta por concentrar un número de proyectos de investigación en comunicación financiados a nivel estatal de comunicación que no presenta ninguna otra facultad de Ciencias de la Comunicación. Yo recibí la invitación para participar por correo electrónico. Decidimos los premiados a través de un sistema de puntuación. Me pareció un festival muy interesante y acepté.
P. Este festival tiene como objetivo evaluar si la IA puede evocar respuestas emocionales tan profundas como los humanos. ¿Cree que puede llegar a eso?
R. El cortometraje ganador del festival, que ha sido el resultante de las puntuaciones que han otorgado los miembros del jurado, ha sido un cortometraje hecho por sistemas tradicionales, a través de humanos. Un cortometraje de animación dirigido por una mujer.
Nosotros calificamos cada cortometraje en base en tres criterios: el impacto emocional, la expresión artística y la historia que se contaba. Yo me he encontrado cortometrajes que sobresalían en uno de estos aspectos, pero en otro no.
A priori, nadie que conformaba el jurado podía saber si el cortometraje que estaba evaluando estaba hecho por IA o no. Pero, uno ya tiene hecho el ojo y, cuando yo visualizaba el cortometraje, sabía si estaba hecho por inteligencia artificial o con sistemas tradicionales.
Había cortometrajes hechos por IA que tenían mayor capacidad a la hora de contar historias y de impacto emocional que los de los humanos. Sin embargo, en ningún caso yo he calificado con una nota superior a los cortos hechos por IA en el aspecto de expresión artística. En este sentido, a veces el humano se ha quedado corto en impacto emocional o en la calidad de la historia, pero siempre se ha quedado por encima en términos de expresión artística. Opino que los cortos hechos por IA no pueden llegar a evocar emociones de una forma tan eficiente como los de los humanos.
Luis, durante una de sus clases a los futuros comunicadores.
P. Desde que la IA ha irrumpido en la creación de contenido, la crítica que más resuena es que jamás podrá hacerlo como una persona. ¿Participar en este festival le hace dudarlo?
R. A mí realmente me ha sorprendido porque yo, en principio, pensaba que la IA en ningún aspecto iba a superar a la producción humana.
Sin embargo, a la hora de calificar, he visto que sí que hay aspectos en los que puede superar la IA. Mi idea se ha transformado un poco. Pero es verdad que me he encontrado cortometrajes hechos por humanos de baja calidad. Entonces, yo a lo que imputo que la IA haya superado al humano en ciertas emociones es a que los cortometrajes hechos por humanos no eran de máxima calidad. Se han visto superados por la calidad que es capaz de producir la inteligencia artificial.
P. Si la IA llegara a hacer, ya no cortos, sino películas que pueden estar en cartelera o que pueden llegar a las plataformas de streaming. ¿Cree que el público estaría dispuesto a pagar por ello?
R. Esta pregunta ya va dirigida a las preferencias de los consumidores y la forma de ser de los consumidores. Yo creo que sí, independientemente de la calidad objetiva que pueda tener. Y esto es una cuestión que está presente en diferentes ámbitos sociales. En la política también nos podemos preguntar si los electores, que al fin y al cabo son también consumidores de productos políticos, son capaces de determinar con objetividad cuál es mejor que otro.
Aquí no estamos analizando ya la objetividad que pueda tener en sí el cortometraje, sino la apreciación, el valor subjetivo que se le pueda otorgar por parte de consumidores potenciales.
Hay decisiones que toman los electores que son perjudiciales para sí mismos, y eligen a partidos políticos que luego van a aplicar políticas públicas que no les van a beneficiar. Igual pasa en el terreno del consumo, no necesariamente el consumo va a implicar que se consume lo mejor para el consumidor.
De igual modo que hay decisiones que se toman erróneas en el ámbito político, también en el ámbito del consumo de productos audiovisuales se pueden consumir contenidos que sean de baja calidad, pero que satisfagan a los consumidores porque se adecúan a sus preferencias.
Cartel del cortometraje ganador hecho por IA.
P. Entonces, la IA puede dejar en paro a muchos creativos del mundo cinematográfico. ¿Cómo se defenderá el sector?
R. El sector tendría que ofrecer, en términos de marketing, un producto que fuera preferido por los consumidores a los productos generados por IA. Todavía la IA, hasta donde veo, está muy limitada en los productos visuales.
El cortometraje hecho por IA que ha ganado, es un cortometraje que está muy bien planteado e intenta expresar la emoción del amor. Es una historia muy bonita entre un jubilado, que se va mucho tiempo al banco de un parque, y un niño que va a jugar. Entablan ahí una relación de amistad. Si esta forma de elaborar mensajes audiovisuales, gusta más que el cortometraje que estaba hecho por humanos para expresar esa emoción, pues la IA ha acertado.
Yo creo que los creadores audiovisuales humanos, para satisfacer mejor a sus consumidores, tienen también que mejorar en sus procedimientos, en sus técnicas, y no solamente a nivel puramente tecnológico, sino también a nivel de contenido informativo.
Si el cortometraje hecho por IA está gustando más, hay que hacer un análisis de cuáles son las matrices que están operando en ese producto y utilizarlas para crear cortometrajes o largometrajes que acierten como está acertando la IA. Con esto no quiero decir que pueda llegar un momento en el que se extinga la creación humana de contenidos visuales de consumo, sino que la IA puede proporcionar un apoyo, una asistencia, un complemento y, además, puede suponer unos recursos de aprendizaje para poder satisfacer mejor a los consumidores, creando productos que se adecúen más a sus preferencias.
P. Para que haya un cortometraje generado por IA, tiene que haber también una persona detrás que maquine lo que quiene que haga la IA. ¿Hasta qué punto tiene libre albedrío?
R. Si no hay un creador que indique unas directrices, aunque sean mínimas, ese contenido audiovisual de consumo, no se va a fabricar. Ahora bien, ¿cuál es la libertad que tiene la IA? La intervención humana es mínima. Existe, tiene que existir. A día de hoy, que yo sepa, la inteligencia artificial —que este es otro debate— no ha tomado una autoconciencia. No es capaz de hacer cosas por sí misma, sino que es una herramienta para los humanos. No sabemos ahora mismo hasta dónde va a llegar. Me han invitado para que participe en la tercera edición porque es un festival que está siendo muy exitoso. Yo no sé en las siguientes ediciones cómo va a evolucionar la elaboración del cortometraje a través de la inteligencia artificial en esta línea. A día de hoy, hace falta una intervención humana mínima.
Un docente inquieto
Luis Gallardo Vera lleva más de una década moviéndose entre aulas, proyectos de investigación y universidades de varios países. Natural de El Puerto, se licenció primero en Filosofía por la Universidad de Granada y después en Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad de Cádiz. Así fue forjando una carrera académica que le llevó por Argentina, Portugal, México y Brasil, además de por universidades españolas como la Complutense de Madrid, Castilla-La Mancha o, actualmente, Málaga, donde afronta su tercer curso como docente-investigador en la Facultad de Ciencias de la Comunicación, en el departamento de Comunicación Audiovisual y Publicidad. En su currículo figuran dos doctorados en Comunicación y el Premio Extraordinario de Doctorado de la Universidad de Cádiz. En una de sus tesis analizó la comunicación del 15M de Madrid, “muy en voga por la similitud con la protesta por la vivienda”.
El portuense ha desarrollado todo tipo de trabajos, ya no solo en la investigación sino también en el gabinete del Ayuntamiento de El Puerto o en una empresa de comunicación ligada a la Diputación de Cádiz. Este año, por primera vez, se ha atrevido a formar parte del Gran Jurado Académico del 2026 Sparknify Human vs. AI Film Festival, un certamen estadounidense donde compiten cortometrajes realizados por humanos con producciones generadas mediante inteligencia artificial.
Una experiencia que le ha llevado a reflexionar sobre hasta qué punto una máquina puede emocionar como lo hace una persona.
Más de 200 profesores y académicos de universidades de todo el mundo, entre ellos Luis, han evaluado 32 finalistas, 16 de producción humana y 16 creados con IA, -de las 3.000 propuestas recibidas- procedentes de más de 20 países. En este festival, en lugar de dividir las películas por géneros, las enfrenta alrededor de ocho emociones: gozo, tristeza, intensidad, serenidad, amor, odio, deseo y asco.
Pregunta. ¿En qué consiste su línea de trabajo actualmente?
Respuesta. Tengo varias líneas de investigación. Soy un investigador bastante ecléctico y trabajo fundamentalmente en comunicación estratégica. Presento muchas sublíneas de investigación: Publicidad, Relaciones Públicas, Marketing, Comunicación y Sociedad, estudiando las intersecciones entre Comunicación y Sociedad, Teoría, Epistemología y Metodología de la Investigación y Comunicación.
P. ¿Cómo llega a formar parte de un jurado con 200 académicos de todo el mundo? ¿hay más españoles?
R. Hay académicos de Turquía hasta México, Estados Unidos, India, España… De hecho, españoles hemos sido unos cuantos. Es destacable que la mayoría de españoles que hay somos de la Universidad de Málaga, que despunta en comunicación. Resalta por concentrar un número de proyectos de investigación en comunicación financiados a nivel estatal de comunicación que no presenta ninguna otra facultad de Ciencias de la Comunicación. Yo recibí la invitación para participar por correo electrónico. Decidimos los premiados a través de un sistema de puntuación. Me pareció un festival muy interesante y acepté.
P. Este festival tiene como objetivo evaluar si la IA puede evocar respuestas emocionales tan profundas como los humanos. ¿Cree que puede llegar a eso?
R. El cortometraje ganador del festival, que ha sido el resultante de las puntuaciones que han otorgado los miembros del jurado, ha sido un cortometraje hecho por sistemas tradicionales, a través de humanos. Un cortometraje de animación dirigido por una mujer.
Nosotros calificamos cada cortometraje en base en tres criterios: el impacto emocional, la expresión artística y la historia que se contaba. Yo me he encontrado cortometrajes que sobresalían en uno de estos aspectos, pero en otro no.
A priori, nadie que conformaba el jurado podía saber si el cortometraje que estaba evaluando estaba hecho por IA o no. Pero, uno ya tiene hecho el ojo y, cuando yo visualizaba el cortometraje, sabía si estaba hecho por inteligencia artificial o con sistemas tradicionales.
Había cortometrajes hechos por IA que tenían mayor capacidad a la hora de contar historias y de impacto emocional que los de los humanos. Sin embargo, en ningún caso yo he calificado con una nota superior a los cortos hechos por IA en el aspecto de expresión artística. En este sentido, a veces el humano se ha quedado corto en impacto emocional o en la calidad de la historia, pero siempre se ha quedado por encima en términos de expresión artística. Opino que los cortos hechos por IA no pueden llegar a evocar emociones de una forma tan eficiente como los de los humanos.
Luis, durante una de sus clases a los futuros comunicadores.
P. Desde que la IA ha irrumpido en la creación de contenido, la crítica que más resuena es que jamás podrá hacerlo como una persona. ¿Participar en este festival le hace dudarlo?
R. A mí realmente me ha sorprendido porque yo, en principio, pensaba que la IA en ningún aspecto iba a superar a la producción humana.
Sin embargo, a la hora de calificar, he visto que sí que hay aspectos en los que puede superar la IA. Mi idea se ha transformado un poco. Pero es verdad que me he encontrado cortometrajes hechos por humanos de baja calidad. Entonces, yo a lo que imputo que la IA haya superado al humano en ciertas emociones es a que los cortometrajes hechos por humanos no eran de máxima calidad. Se han visto superados por la calidad que es capaz de producir la inteligencia artificial.
P. Si la IA llegara a hacer, ya no cortos, sino películas que pueden estar en cartelera o que pueden llegar a las plataformas de streaming. ¿Cree que el público estaría dispuesto a pagar por ello?
R. Esta pregunta ya va dirigida a las preferencias de los consumidores y la forma de ser de los consumidores. Yo creo que sí, independientemente de la calidad objetiva que pueda tener. Y esto es una cuestión que está presente en diferentes ámbitos sociales. En la política también nos podemos preguntar si los electores, que al fin y al cabo son también consumidores de productos políticos, son capaces de determinar con objetividad cuál es mejor que otro.
Aquí no estamos analizando ya la objetividad que pueda tener en sí el cortometraje, sino la apreciación, el valor subjetivo que se le pueda otorgar por parte de consumidores potenciales.
Hay decisiones que toman los electores que son perjudiciales para sí mismos, y eligen a partidos políticos que luego van a aplicar políticas públicas que no les van a beneficiar. Igual pasa en el terreno del consumo, no necesariamente el consumo va a implicar que se consume lo mejor para el consumidor.
De igual modo que hay decisiones que se toman erróneas en el ámbito político, también en el ámbito del consumo de productos audiovisuales se pueden consumir contenidos que sean de baja calidad, pero que satisfagan a los consumidores porque se adecúan a sus preferencias.
Cartel del cortometraje ganador hecho por IA.
P. Entonces, la IA puede dejar en paro a muchos creativos del mundo cinematográfico. ¿Cómo se defenderá el sector?
R. El sector tendría que ofrecer, en términos de marketing, un producto que fuera preferido por los consumidores a los productos generados por IA. Todavía la IA, hasta donde veo, está muy limitada en los productos visuales.
El cortometraje hecho por IA que ha ganado, es un cortometraje que está muy bien planteado e intenta expresar la emoción del amor. Es una historia muy bonita entre un jubilado, que se va mucho tiempo al banco de un parque, y un niño que va a jugar. Entablan ahí una relación de amistad. Si esta forma de elaborar mensajes audiovisuales, gusta más que el cortometraje que estaba hecho por humanos para expresar esa emoción, pues la IA ha acertado.
Yo creo que los creadores audiovisuales humanos, para satisfacer mejor a sus consumidores, tienen también que mejorar en sus procedimientos, en sus técnicas, y no solamente a nivel puramente tecnológico, sino también a nivel de contenido informativo.
Si el cortometraje hecho por IA está gustando más, hay que hacer un análisis de cuáles son las matrices que están operando en ese producto y utilizarlas para crear cortometrajes o largometrajes que acierten como está acertando la IA. Con esto no quiero decir que pueda llegar un momento en el que se extinga la creación humana de contenidos visuales de consumo, sino que la IA puede proporcionar un apoyo, una asistencia, un complemento y, además, puede suponer unos recursos de aprendizaje para poder satisfacer mejor a los consumidores, creando productos que se adecúen más a sus preferencias.
P. Para que haya un cortometraje generado por IA, tiene que haber también una persona detrás que maquine lo que quiene que haga la IA. ¿Hasta qué punto tiene libre albedrío?
R. Si no hay un creador que indique unas directrices, aunque sean mínimas, ese contenido audiovisual de consumo, no se va a fabricar. Ahora bien, ¿cuál es la libertad que tiene la IA? La intervención humana es mínima. Existe, tiene que existir. A día de hoy, que yo sepa, la inteligencia artificial —que este es otro debate— no ha tomado una autoconciencia. No es capaz de hacer cosas por sí misma, sino que es una herramienta para los humanos. No sabemos ahora mismo hasta dónde va a llegar. Me han invitado para que participe en la tercera edición porque es un festival que está siendo muy exitoso. Yo no sé en las siguientes ediciones cómo va a evolucionar la elaboración del cortometraje a través de la inteligencia artificial en esta línea. A día de hoy, hace falta una intervención humana mínima.
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