Un funcionario fue atendido de urgencia el pasado viernes en el Hospital Psiquiátrico Penitenciario de Sevilla tras recibir un fuerte cabezazo por parte de un interno que reclamaba ser evacuado a un centro hospitalario. El incidente, lejos de ser aislado, se suma a un verano especialmente crítico en un centro que sus propios trabajadores describen como abandonado por la Administración y desbordado por la falta de personal.
Según fuentes del sindicato Acaip-UGT, los hechos se produjeron cuando el interno, "en un elevado estado de agitación tras solicitar medicación que no le fue prescrita", amenazó con incendiar su celda y exigió ser trasladado a un hospital. En el transcurso del incidente agredió a los funcionarios con "un cabezazo, escupitajos y arañazos". Por su parte, Instituciones Penitenciarias ha precisado que el interno hizo saltar la alarma contraincendios utilizando un mechero y que, cuando le fue reclamado, arremetió contra los funcionarios, "que siguieron trabajando tras ser atendidos".
Pero el balance del verano es lo que ha llevado al sindicato a calificar la situación de "especialmente preocupante". En apenas unos meses, Acaip-UGT contabiliza en el centro cuatro muertes de internos, cuatro agresiones a trabajadores y tres incendios. Una acumulación de incidentes que ha motivado la exigencia de reforzar "urgentemente los recursos humanos y materiales, revisar los protocolos de actuación y adoptar medidas acordes a la especial complejidad y peligrosidad de este centro".
"Antes esto se consideraba un destino tranquilo"
Los testimonios recogidos entre los propios trabajadores por lavozdelsur.es dibujan un panorama de deterioro progresivo. "Llevo trabajando en prisiones desde el año 89 y esto no lo había vivido nunca en treinta y tantos años", asegura uno de los enfermeros del centro. Este sanitario, con seis años de antigüedad en el Psiquiátrico, recuerda cómo era antes: "Antes esto se consideraba un destino tranquilo, donde podías irte para finalizar los últimos años que te quedan de trabajo".
La misma percepción tiene Arturo, vigilante y miembro de Acaip que llegó al psiquiátrico hace 28 años. "La verdad es que ha cambiado muchísimo", explica. "Las agresiones a funcionarios son muy frecuentes en estos años". Y señala directamente a la responsabilidad institucional: "Con el tiempo, las distintas administraciones centrales han ido dejando prácticamente abandonado lo que es el Psiquiátrico, se han desentendido completamente de los problemas que tenemos en el hospital, que han ido evolucionando siempre a peor".
El caso más sangrante: tres auxiliares donde deberían ser 24
El principal problema que denuncian los trabajadores es la falta de personal, y el ejemplo más ilustrativo está en el cuerpo de TCAE (Técnicos en Cuidados Auxiliares de Enfermería), quienes se encargan habitualmente de controlar que los reclusos tomen su medicación. "Estamos tres TCAEs trabajando y deberíamos ser 24", asegura una auxiliar con 36 años de experiencia en el edificio.
El origen de esas vacantes es doble. Algunas corresponden a bajas de trabajadores con ansiedad o con miedo a acudir a su puesto de trabajo, un dato que por sí solo refleja el clima laboral del centro. Otras, simplemente, no han sido cubiertas por la Administración. El resultado, según describe la propia auxiliar, es que "la mayoría de días no hay auxiliares", con consecuencias directas sobre la atención a los internos: "Los enfermos están descontrolados porque si no hay quien los lave, no hay quien los limpie...".
Un funcionario fue atendido de urgencia el pasado viernes en el Hospital Psiquiátrico Penitenciario de Sevilla tras recibir un fuerte cabezazo por parte de un interno que reclamaba ser evacuado a un centro hospitalario. El incidente, lejos de ser aislado, se suma a un verano especialmente crítico en un centro que sus propios trabajadores describen como abandonado por la Administración y desbordado por la falta de personal.
Según fuentes del sindicato Acaip-UGT, los hechos se produjeron cuando el interno, "en un elevado estado de agitación tras solicitar medicación que no le fue prescrita", amenazó con incendiar su celda y exigió ser trasladado a un hospital. En el transcurso del incidente agredió a los funcionarios con "un cabezazo, escupitajos y arañazos". Por su parte, Instituciones Penitenciarias ha precisado que el interno hizo saltar la alarma contraincendios utilizando un mechero y que, cuando le fue reclamado, arremetió contra los funcionarios, "que siguieron trabajando tras ser atendidos".
Pero el balance del verano es lo que ha llevado al sindicato a calificar la situación de "especialmente preocupante". En apenas unos meses, Acaip-UGT contabiliza en el centro cuatro muertes de internos, cuatro agresiones a trabajadores y tres incendios. Una acumulación de incidentes que ha motivado la exigencia de reforzar "urgentemente los recursos humanos y materiales, revisar los protocolos de actuación y adoptar medidas acordes a la especial complejidad y peligrosidad de este centro".
"Antes esto se consideraba un destino tranquilo"
Los testimonios recogidos entre los propios trabajadores por lavozdelsur.es dibujan un panorama de deterioro progresivo. "Llevo trabajando en prisiones desde el año 89 y esto no lo había vivido nunca en treinta y tantos años", asegura uno de los enfermeros del centro. Este sanitario, con seis años de antigüedad en el Psiquiátrico, recuerda cómo era antes: "Antes esto se consideraba un destino tranquilo, donde podías irte para finalizar los últimos años que te quedan de trabajo".
La misma percepción tiene Arturo, vigilante y miembro de Acaip que llegó al psiquiátrico hace 28 años. "La verdad es que ha cambiado muchísimo", explica. "Las agresiones a funcionarios son muy frecuentes en estos años". Y señala directamente a la responsabilidad institucional: "Con el tiempo, las distintas administraciones centrales han ido dejando prácticamente abandonado lo que es el Psiquiátrico, se han desentendido completamente de los problemas que tenemos en el hospital, que han ido evolucionando siempre a peor".
El caso más sangrante: tres auxiliares donde deberían ser 24
El principal problema que denuncian los trabajadores es la falta de personal, y el ejemplo más ilustrativo está en el cuerpo de TCAE (Técnicos en Cuidados Auxiliares de Enfermería), quienes se encargan habitualmente de controlar que los reclusos tomen su medicación. "Estamos tres TCAEs trabajando y deberíamos ser 24", asegura una auxiliar con 36 años de experiencia en el edificio.
El origen de esas vacantes es doble. Algunas corresponden a bajas de trabajadores con ansiedad o con miedo a acudir a su puesto de trabajo, un dato que por sí solo refleja el clima laboral del centro. Otras, simplemente, no han sido cubiertas por la Administración. El resultado, según describe la propia auxiliar, es que "la mayoría de días no hay auxiliares", con consecuencias directas sobre la atención a los internos: "Los enfermos están descontrolados porque si no hay quien los lave, no hay quien los limpie...".
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