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Morante y Talavante, tan distintos, tan necesarios

El diestro de la Puebla del Río corta una oreja a cada uno de sus toros pese a la lesión. Talavante roza el indulto ante un toro de vacas, cortando dos orejas de mucho peso. Juan Ortega, sin fortuna con el lote ni el acero, pese a bordar el toreo de capa, no encuentra premio en un cartel de auténtico lujo

  • Morante y Talavante. -

Plaza Real de Toros de El Puerto de Santa María. Sábado 1 de agosto de 2026, 20:00h. Segunda de abono de la Temporada Taurina de Verano. Lleno de "no hay billetes" en una tarde de calor, con los tendidos repletos de público llegado de toda España y una nutrida presencia de rostros conocidos. El Puerto vuelve a confirmarse, un verano más, como destino de peregrinación para miles de veraneantes y aficionados al toro. El festejo, retransmitido por Canal Sur Televisión, reunía sobre el papel todos los ingredientes de una tarde para el recuerdo: un cartel de auténtico lujo frente a unas de las ganaderías del momento.

Sonaron los clarines a las 20:03h, con buena parte de las localidades de los tendidos de sombra todavía por ocupar. Aquello de que en los toros, como en misa, es necesario ser puntual sigue sin calar del todo entre cierto sector del público. Con los acordes del Himno Nacional de fondo, hizo el paseíllo un cartel vestido de gala: Morante de la Puebla, de tabaco y oro, con un precioso bordado, Alejandro Talavante, de grana y oro y Juan Ortega, de AOVE y oro. Antes incluso de que comenzara la lidia, el respetable, puesto en pie, obligó a Morante a saludar montera en mano, en agradecimiento por su gesto de comparecer pese a la lesión en su mano derecha.

Morante, tanta expectación como compromiso

Toda la tarde giraba, inevitablemente, en torno a una pregunta: ¿toreará Morante? El diestro de la Puebla del Río llegaba a El Puerto apenas dos días después de resultar herido en la mano derecha al entrar a matar a su último toro en la corrida mixta de Palma de Mallorca. Pese a ello, el diestro mantuvo su compromiso y compareció, tal y como estaba anunciado, en la primera de sus cuatro tardes en este ciclo veraniego portuense. "No Morante, no party". La afición sabía que, vendado o no, el genio de la Puebla era la gran incógnita —y el gran reclamo— de la tarde. La cita cobraba, además, un valor añadido. Álvaro Núñez es una de las ganaderías predilectas del sevillano y con el que ya ha firmado tardes de gran trascendencia, como la de dos orejas cortadas en la última Feria del Caballo de Jerez.

  • Un retrato de Morante.
  • -

Tabacalero, primero de la tarde, salió suelto y no dio opciones de lucimiento con el capote en el primer tercio. Tras un breve puyazo, blandeó al salir de la suerte y fue levemente protestado por su aparente falta de fuerzas. Antes del cambio de tercio, Juan José Domínguez —muy metido toda la tarde— clavó un tercer par en la mismísima cara del toro. Morante comenzó la faena de muleta pegado a las tablas, con la mano derecha, por arriba y sin apretar al animal: suavidad, torería, empaque. El toro fue de menos a más, ayudado por el saber hacer del cigarrero, y terminó embistiendo por abajo con clase, aunque con poca fuerza. Un pinchazo, en el que se le vió dolorido de la mano, precedió a una habilidosa estocada recibiendo, que resultó efectiva. Oreja.

Rescoldito, cuarto de la tarde, fue recibido de capote pegado a las tablas en los terrenos del tendido 1. Tres verónicas bastaron para hacer soñar a un público que tiene en Morante a su particular mesías. Le dieron fuerte y largo castigo en el caballo, adonde lo llevó Juan José Domínguez, y el público, siempre impaciente, protestó esta dureza antes del cambio de tercio. Buen tercio de banderillas el que brindaron Del Toro y Amores, a la altura de la eficaz brega de Domínguez durante toda la lidia.

  • Un momento de la faena.
  • -

Con la muleta, contra todo pronóstico, Morante volvió a frotar la lámpara, con paciencia y oficio, y de ella salió el genio de una torería inefable. Todo lo hizo él, solo él vió algo reseñable en ese pozo negro que parecía un toro sin alma. Faena larga, llena de compromiso, conocimiento y valor, que fue creciendo poco a poco, pase a pase, hasta una última tanda de derechazos templados y largos que puso al público en pie, rendido a la evidencia de que, como Morante, ninguno. Por la extensión de la labor sonó un aviso. Tras un pinchazo, una estocada también habilidosa, contraria y fulminante le valió una oreja que el respetable pidió con fuerza. Morante: uno de uno. Primera cita, primera puerta grande.

Talavante, justificado líder del escalafón

Alejandro Talavante llegaba a El Puerto instalado en el liderato del escalafón, que encabeza con 35 corridas toreadas, 47 orejas cortadas y presencia en once plazas de primera categoría en lo que va de temporada, después de haber sido, además, triunfador de San Isidro. Un extremeño que no solo suma cantidad, la regularidad de su toreo lo mantiene, mediado agosto, como la gran referencia numérica —y no solo numérica— del año.

Berlanguillo, segundo de la tarde, salió suelto y fue recibido por verónicas a pies juntos, cerradas con una media de rodillas. Manuel Cid, gran picador y caballista, estuvo a punto de ser descabalgado en la suerte de varas. Talavante resolvió el quite por chicuelinas y delantales. Álvaro Montes banderilleó con facilidad y torería, e Izquierdo lo hizo con solvencia. Buena también la lidia de Javier Ambel. El extremeño comenzó la faena a pies juntos, con suavidad, ganando terreno hasta la boca de riego. Talavante atraviesa un gran momento: seguro, variado y con gusto. El toro embistió con cierta alegría, aunque por el pitón izquierdo no paró de calamochear por lo que no dió lugar al acople. Aun así, Talavante remató las series con torería mientras sonaba Tercio de Quites. Estocada, algo tendida lo que retrasó la caída del toro, que terminó aculado en tablas. Tuvo que recurrir al verduguillo. Saludó una fuerte ovación, tras una petición que el usía no consideró mayoritaria.

  • Dirigiéndose al tendido.
  • -

Ponderoso, quinto de la tarde, fue recibido por verónicas y chicuelinas, rematadas con una graciosa serpentina. Tras un breve puyazo, Talavante resolvió el quite por unas ajustadas gaoneras. Gran tercio de banderillas de Ambel e Izquierdo, que se desmonteraron justamente. Tras brindar al público, el extremeño arrancó la faena con la mano izquierda. Tan variado como inspirado, hizo repetir a un Núñez que embistió largo, alegre y noble. Gran toro. El público prendado, el toro prendido. Asomaron pañuelos blancos pidiendo el indulto para un animal que no paraba de embestir, tímidos al principio, luego un clamor que terminó en bronca a la presidencia por no concederlo. Estocada entera. Dos orejas de peso y merecidísima vuelta al ruedo del toro, a los sones de El Gato Montés. ¡Qué bonita es la fiesta cuando se encuentran felizmente una figura del toreo y un toro de vacas!

Juan Ortega, el toreo caro bien vale la espera

Juan Ortega llegaba a la Plaza Real con la bendita etiqueta que le persigue desde hace tiempo. La de torero caro que exige del toro más de lo que la mayoría suelen dar.

Perdicero, jabonero y tercero de la tarde, fue recibido por verónicas jaleadas por un público que sabe que Ortega borda el toreo de capa. Providencial quite de Juan José Domínguez a Fuentes en el primero de sus pares; con valentía y oficio, éste puso después el segundo de los suyos. Buena también la lidia de Miguel Ángel Sánchez, gran torero de plata. La faena de muleta arrancó en los terrenos del tendido 1, doblándose con el toro, con sabor añejo y torería. Trasteo a media altura y rematando con clase mientras sonaba Manolete. Poca cosa el jabonero. Faena llena de detalles que no terminó de coger vuelo. Estocada entera, algo caída, que resultó efectiva. Tras una tímida petición, saludó una ovación.

  • Un momento de la corrida.
  • -

Vitorito, sexto y último de la tarde, estaba muy bien hecho. ¡Como torea Ortega con el capote! Apareció arreando, espoleado por el gran triunfo de Talavante y llevó al toro al caballo con un precioso galleo por chicuelinas al paso. Brindó al público, pero la faena no llegó a coger vuelo en ningún momento. No tuvo suerte Ortega con su lote y a éste lo mató. A Ortega hay que esperarlo siempre.

Morante y Talavante, tan distintos, tan necesarios, dieron una gran tarde de toros en un marco incomparable. Mañana más y mejor.

Morante de la Puebla: oreja (Tabacalero) / oreja tras aviso (Rescoldito) Alejandro Talavante: ovación tras petición no mayoritaria (Berlanguillo) / dos orejas y vuelta al ruedo del toro (Ponderoso) Juan Ortega: ovación tras tímida petición (Perdicero) / sin premio, mal con la espada (Vitorito)

Plaza Real de Toros de El Puerto de Santa María. Sábado 1 de agosto de 2026, 20:00h. Segunda de abono de la Temporada Taurina de Verano. Lleno de "no hay billetes" en una tarde de calor, con los tendidos repletos de público llegado de toda España y una nutrida presencia de rostros conocidos. El Puerto vuelve a confirmarse, un verano más, como destino de peregrinación para miles de veraneantes y aficionados al toro. El festejo, retransmitido por Canal Sur Televisión, reunía sobre el papel todos los ingredientes de una tarde para el recuerdo: un cartel de auténtico lujo frente a unas de las ganaderías del momento.

Sonaron los clarines a las 20:03h, con buena parte de las localidades de los tendidos de sombra todavía por ocupar. Aquello de que en los toros, como en misa, es necesario ser puntual sigue sin calar del todo entre cierto sector del público. Con los acordes del Himno Nacional de fondo, hizo el paseíllo un cartel vestido de gala: Morante de la Puebla, de tabaco y oro, con un precioso bordado, Alejandro Talavante, de grana y oro y Juan Ortega, de AOVE y oro. Antes incluso de que comenzara la lidia, el respetable, puesto en pie, obligó a Morante a saludar montera en mano, en agradecimiento por su gesto de comparecer pese a la lesión en su mano derecha.

Morante, tanta expectación como compromiso

Toda la tarde giraba, inevitablemente, en torno a una pregunta: ¿toreará Morante? El diestro de la Puebla del Río llegaba a El Puerto apenas dos días después de resultar herido en la mano derecha al entrar a matar a su último toro en la corrida mixta de Palma de Mallorca. Pese a ello, el diestro mantuvo su compromiso y compareció, tal y como estaba anunciado, en la primera de sus cuatro tardes en este ciclo veraniego portuense. "No Morante, no party". La afición sabía que, vendado o no, el genio de la Puebla era la gran incógnita —y el gran reclamo— de la tarde. La cita cobraba, además, un valor añadido. Álvaro Núñez es una de las ganaderías predilectas del sevillano y con el que ya ha firmado tardes de gran trascendencia, como la de dos orejas cortadas en la última Feria del Caballo de Jerez.

  • Un retrato de Morante.
  • -

Tabacalero, primero de la tarde, salió suelto y no dio opciones de lucimiento con el capote en el primer tercio. Tras un breve puyazo, blandeó al salir de la suerte y fue levemente protestado por su aparente falta de fuerzas. Antes del cambio de tercio, Juan José Domínguez —muy metido toda la tarde— clavó un tercer par en la mismísima cara del toro. Morante comenzó la faena de muleta pegado a las tablas, con la mano derecha, por arriba y sin apretar al animal: suavidad, torería, empaque. El toro fue de menos a más, ayudado por el saber hacer del cigarrero, y terminó embistiendo por abajo con clase, aunque con poca fuerza. Un pinchazo, en el que se le vió dolorido de la mano, precedió a una habilidosa estocada recibiendo, que resultó efectiva. Oreja.

Rescoldito, cuarto de la tarde, fue recibido de capote pegado a las tablas en los terrenos del tendido 1. Tres verónicas bastaron para hacer soñar a un público que tiene en Morante a su particular mesías. Le dieron fuerte y largo castigo en el caballo, adonde lo llevó Juan José Domínguez, y el público, siempre impaciente, protestó esta dureza antes del cambio de tercio. Buen tercio de banderillas el que brindaron Del Toro y Amores, a la altura de la eficaz brega de Domínguez durante toda la lidia.

  • Un momento de la faena.
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Con la muleta, contra todo pronóstico, Morante volvió a frotar la lámpara, con paciencia y oficio, y de ella salió el genio de una torería inefable. Todo lo hizo él, solo él vió algo reseñable en ese pozo negro que parecía un toro sin alma. Faena larga, llena de compromiso, conocimiento y valor, que fue creciendo poco a poco, pase a pase, hasta una última tanda de derechazos templados y largos que puso al público en pie, rendido a la evidencia de que, como Morante, ninguno. Por la extensión de la labor sonó un aviso. Tras un pinchazo, una estocada también habilidosa, contraria y fulminante le valió una oreja que el respetable pidió con fuerza. Morante: uno de uno. Primera cita, primera puerta grande.

Talavante, justificado líder del escalafón

Alejandro Talavante llegaba a El Puerto instalado en el liderato del escalafón, que encabeza con 35 corridas toreadas, 47 orejas cortadas y presencia en once plazas de primera categoría en lo que va de temporada, después de haber sido, además, triunfador de San Isidro. Un extremeño que no solo suma cantidad, la regularidad de su toreo lo mantiene, mediado agosto, como la gran referencia numérica —y no solo numérica— del año.

Berlanguillo, segundo de la tarde, salió suelto y fue recibido por verónicas a pies juntos, cerradas con una media de rodillas. Manuel Cid, gran picador y caballista, estuvo a punto de ser descabalgado en la suerte de varas. Talavante resolvió el quite por chicuelinas y delantales. Álvaro Montes banderilleó con facilidad y torería, e Izquierdo lo hizo con solvencia. Buena también la lidia de Javier Ambel. El extremeño comenzó la faena a pies juntos, con suavidad, ganando terreno hasta la boca de riego. Talavante atraviesa un gran momento: seguro, variado y con gusto. El toro embistió con cierta alegría, aunque por el pitón izquierdo no paró de calamochear por lo que no dió lugar al acople. Aun así, Talavante remató las series con torería mientras sonaba Tercio de Quites. Estocada, algo tendida lo que retrasó la caída del toro, que terminó aculado en tablas. Tuvo que recurrir al verduguillo. Saludó una fuerte ovación, tras una petición que el usía no consideró mayoritaria.

  • Dirigiéndose al tendido.
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Ponderoso, quinto de la tarde, fue recibido por verónicas y chicuelinas, rematadas con una graciosa serpentina. Tras un breve puyazo, Talavante resolvió el quite por unas ajustadas gaoneras. Gran tercio de banderillas de Ambel e Izquierdo, que se desmonteraron justamente. Tras brindar al público, el extremeño arrancó la faena con la mano izquierda. Tan variado como inspirado, hizo repetir a un Núñez que embistió largo, alegre y noble. Gran toro. El público prendado, el toro prendido. Asomaron pañuelos blancos pidiendo el indulto para un animal que no paraba de embestir, tímidos al principio, luego un clamor que terminó en bronca a la presidencia por no concederlo. Estocada entera. Dos orejas de peso y merecidísima vuelta al ruedo del toro, a los sones de El Gato Montés. ¡Qué bonita es la fiesta cuando se encuentran felizmente una figura del toreo y un toro de vacas!

Juan Ortega, el toreo caro bien vale la espera

Juan Ortega llegaba a la Plaza Real con la bendita etiqueta que le persigue desde hace tiempo. La de torero caro que exige del toro más de lo que la mayoría suelen dar.

Perdicero, jabonero y tercero de la tarde, fue recibido por verónicas jaleadas por un público que sabe que Ortega borda el toreo de capa. Providencial quite de Juan José Domínguez a Fuentes en el primero de sus pares; con valentía y oficio, éste puso después el segundo de los suyos. Buena también la lidia de Miguel Ángel Sánchez, gran torero de plata. La faena de muleta arrancó en los terrenos del tendido 1, doblándose con el toro, con sabor añejo y torería. Trasteo a media altura y rematando con clase mientras sonaba Manolete. Poca cosa el jabonero. Faena llena de detalles que no terminó de coger vuelo. Estocada entera, algo caída, que resultó efectiva. Tras una tímida petición, saludó una ovación.

  • Un momento de la corrida.
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Vitorito, sexto y último de la tarde, estaba muy bien hecho. ¡Como torea Ortega con el capote! Apareció arreando, espoleado por el gran triunfo de Talavante y llevó al toro al caballo con un precioso galleo por chicuelinas al paso. Brindó al público, pero la faena no llegó a coger vuelo en ningún momento. No tuvo suerte Ortega con su lote y a éste lo mató. A Ortega hay que esperarlo siempre.

Morante y Talavante, tan distintos, tan necesarios, dieron una gran tarde de toros en un marco incomparable. Mañana más y mejor.

Morante de la Puebla: oreja (Tabacalero) / oreja tras aviso (Rescoldito) Alejandro Talavante: ovación tras petición no mayoritaria (Berlanguillo) / dos orejas y vuelta al ruedo del toro (Ponderoso) Juan Ortega: ovación tras tímida petición (Perdicero) / sin premio, mal con la espada (Vitorito)

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