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Seis orejas, dos puertas grandes y una novillada más larga que 'La Odisea' de Nolan

Castrejón y Santana salieron a hombros tras cortar una oreja a cada novillo. La voluntad y disposición de los jóvenes novilleros no resultó suficiente para ocultar la escasa fuerza y raza del ganado ni la excesiva duración del festejo

  • Puerta grande tras la novillada de El Puerto. -

Plaza Real de El Puerto de Santa María. Viernes 31 de julio de 2026. Primera novillada con picadores del abono de verano, con algo menos de media entrada en una tarde-noche muy calurosa. Se lidiaron cuatro novillos de Cortijo de la Sierra —primero, segundo, cuarto y quinto— y cuatro de Rocío de la Cámara —tercero, sexto, séptimo y octavo—. Encierro desigual, de capas vistosas y algún ejemplar bien plantado, pero ayuno de fuerza, fijeza y casta: la suerte de varas quedó reducida, casi siempre, a un trámite.

Víctor Barroso: oreja y ovación. Gonzalo Capdevila: oreja y palmas, con vuelta al ruedo por su cuenta. Samuel Castrejón: oreja tras aviso y oreja. Antonio Santana: oreja y oreja.

Samuel Castrejón y Antonio Santana salieron a hombros por la Puerta Grande

La estadística habla de seis orejas y dos triunfadores. Si nos atenemos a lo que pasó en el ruedo la historia sería bastante menos rotunda. Los novilleros recibieron a portagayola, abrieron faenas de rodillas y se arrimaron cuando los animales ya habían dejado de embestir. Hubo entrega de sobra, pero muy poca materia prima para un triunfo de verdadero peso. Casi todos los novillos salieron sueltos y llegaron al último tercio sin fondo ni raza para transmitir emoción.

  • Las imágenes de la novillada en El Puerto.
  • -

A esa pobreza de casta se sumó una duración desmesurada. La Odisea de Christopher Nolan dura dos horas y 52 minutos y el festejo portuense consumió bastante más para ofrecer, paradójicamente, un viaje mucho más corto. Así no se crea afición. Quien acude por primera vez a los toros difícilmente repite si debe derrochar una noche entera para recoger apenas unos cuantos lances con peso y sabor.

Barroso, cerca de dos novillos sin fondo

Víctor Barroso recibió a portagayola a Potaje, primero de Cortijo de la Sierra, colorado, abrochado de cuerna y suelto desde su salida, sin fijeza que permitiera lucimiento alguno con el capote. En el caballo acudió al relance y con la cara alta, más preocupado por quitarse el hierro de encima que por empujar por derecho.

Comenzó la faena de rodillas, pero el novillo mostró enseguida su escasa fortaleza y llegó a echarse al suelo. Mientras sonaba Antequera, Barroso trató de arrancar una embestida cada vez más remisa y terminó muy cerca de los pitones, con quietud, aunque sin verdadero mando sobre un animal ya prácticamente parado. Media estocada efectiva precedió a una petición justa para alcanzar la mayoría. La oreja fue generosa.

  • Las imágenes de la novillada en El Puerto.
  • -

El quinto, Comilón, volvió a encontrarlo de rodillas y saltó por encima del novillero sin llegar a herirlo. Tuvo pies de sobra y ninguna clase. Apretó en banderillas. Barroso construyó un prometedor arranque de faena por bajo, junto a las tablas, sin que la escasa fuerza del animal permitiera nada más que trámite. Pinchó al entrar a matar, mal perfilado, tras lo cual resolvió con una estocada fulminante. Pidieron la oreja de forma no mayoritaria y el palco acertó al negarla. Saludó una fuerte ovación.

Capdevila, entre el susto y la impotencia

Gonzalo Capdevila se fue a portagayola ante Reverte, un ensabanado bocinegro tan vistoso de capa como pobre de comportamiento, que salió de najas y le propinó un golpe tremendo contra las tablas del que se levantó milagrosamente ileso. El novillo llegó a la muleta sin fuerza ni raza; Capdevila trató de ligar sin que el animal humillara y cerró con un arrimón resuelto en unos estatuarios de firmeza. Pinchó, dejó una estocada caída pero efectiva y se llevó una oreja tan generosa como la de Barroso.

  • Las imágenes de la novillada en El Puerto.
  • -

El sexto, Rompesoles, tuvo algo más de movilidad, aunque sin clase, y Capdevila supo aprovecharla con un toma y daca sostenido en los medios. La faena fue de más a menos, dos pinchazos y una estocada entera cerraron su actuación, y las palmas que recibió se convirtieron, entre protestas de parte del público, en una innecesaria vuelta al ruedo.

Castrejón, dos orejas de muy distinto peso

Serpentín, tercero de la tarde y primero del lote de Rocío de la Cámara, fue un precioso sardo que salió suelto y sin fijeza. Samuel Castrejón logró sujetarlo con buenos capotazos. Se cambió el tercio sin que el novillo recibiera puyazo alguno, decisión protestada con razón. En una novillada con picadores....

Castrejón brindó al público y abrió la faena en los medios ante un novillo que embestía con la cara arriba, sin fuerza ni clase. Sonó España cañí mientras aparecían algunos naturales sueltos, siempre de uno en uno y sin la profundidad necesaria para hilar una tanda. La faena quedó en poco por el mal juego del animal. Una estocada entera y algo tendida necesitó su tiempo para hacer efecto, cayó un aviso y, finalmente, se pidió y concedió una oreja demasiado benévola.

  • Las imágenes de la novillada en El Puerto.
  • -

El séptimo, Gaonero, salió también suelto y apenas recibió un picotazo en el caballo, pero fue, con diferencia, el novillo de más recorrido y transmisión de todo el encierro. Castrejón, que toreó con la montera puesta durante toda la faena, comenzó con ayudados por alto y fue creciendo en son y en naturalidad respecto a su primero. A los acordes de Paco Ojeda firmó la tanda de más peso de la noche, con series ligadas, algo atropelladas, y momentos de auténtica torería, aunque la labor perdió intensidad conforme el novillo se fue quedando

sin gas. Una estocada entera y certera, ejecutada al primer envite, cerró una actuación que la afición reconoció con una segunda oreja y que le abrió la Puerta Grande.

Santana abrió la puerta de la ilusión

Antonio Santana afrontaba su esperado debut con picadores y recibió al cuarto de rodillas en el tercio, a punto de ser arrollado antes de dibujar las primeras verónicas reconocibles de la tarde, voluntariosas y de buen trazo.

Tomasito se arrancó de largo al caballo. Santana resolvió por tafalleras el único quite de la noche y, tras un buen tercio de banderillas —con saludo de montera en mano— brindó el novillo al matador Juan Pedro Galán, presente en el callejón. La primera serie por abajo resultó entonada aunque la faena perdió altura a medida que el animal se quedaba sin fuerzas. Cerró con manoletinas, pinchó y remató con una estocada entera muy efectiva. La fuerte petición del público le valió la oreja.

  • Las imágenes de la novillada en El Puerto.
  • -

Ante el octavo, Colmenero, salió ya directamente a por la Puerta Grande. Lo recibió con tres largas de rodillas y un ramillete de verónicas tan animoso como atropellado. El novillo, casi por milagro después de lo visto durante toda la noche, metió los riñones en el caballo. Santana brindó al público, volcado con él, pero el trasteo fue acelerado y sin verdadero acople. Le faltaron sitio, pausa y gobierno, carencias lógicas en quien acababa de dar su primer paso en la categoría. Mientras sonaba El Bimbo, encadenó muletazos con más deseo que temple —molinetes, manoletinas, afarolados— y resolvió con una estocada trasera y tendida que bastó para que la oreja cayera en el esportón. Santana salió a hombros junto a Castrejón, entre el entusiasmo de un público que premiaba, más que la faena, la ilusión del debutante.

Una Puerta Grande con el reloj en contra

Castrejón y Santana merecieron el reconocimiento a su disposición: el primero mostró el mejor toreo de la noche en el séptimo; el segundo transmitió la frescura, el valor y la ilusión propios de un debutante. Pero las seis orejas no reflejaron la verdadera dimensión del festejo. Hubo premios fáciles, faenas sin fuste y una suerte de varas casi inexistente en una novillada que, salvo excepciones puntuales, careció de fuerza y de raza.

La tauromaquia no puede pedirle al espectador actual que viva cada corrida como una prueba de fidelidad. La noche portuense tuvo Puerta Grande y tuvo su particular odisea. Le faltaron, precisamente, el toro, el ritmo y la emoción necesarios para justificar un viaje tan largo.

Plaza Real de El Puerto de Santa María. Viernes 31 de julio de 2026. Primera novillada con picadores del abono de verano, con algo menos de media entrada en una tarde-noche muy calurosa. Se lidiaron cuatro novillos de Cortijo de la Sierra —primero, segundo, cuarto y quinto— y cuatro de Rocío de la Cámara —tercero, sexto, séptimo y octavo—. Encierro desigual, de capas vistosas y algún ejemplar bien plantado, pero ayuno de fuerza, fijeza y casta: la suerte de varas quedó reducida, casi siempre, a un trámite.

Víctor Barroso: oreja y ovación. Gonzalo Capdevila: oreja y palmas, con vuelta al ruedo por su cuenta. Samuel Castrejón: oreja tras aviso y oreja. Antonio Santana: oreja y oreja.

Samuel Castrejón y Antonio Santana salieron a hombros por la Puerta Grande

La estadística habla de seis orejas y dos triunfadores. Si nos atenemos a lo que pasó en el ruedo la historia sería bastante menos rotunda. Los novilleros recibieron a portagayola, abrieron faenas de rodillas y se arrimaron cuando los animales ya habían dejado de embestir. Hubo entrega de sobra, pero muy poca materia prima para un triunfo de verdadero peso. Casi todos los novillos salieron sueltos y llegaron al último tercio sin fondo ni raza para transmitir emoción.

  • Las imágenes de la novillada en El Puerto.
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A esa pobreza de casta se sumó una duración desmesurada. La Odisea de Christopher Nolan dura dos horas y 52 minutos y el festejo portuense consumió bastante más para ofrecer, paradójicamente, un viaje mucho más corto. Así no se crea afición. Quien acude por primera vez a los toros difícilmente repite si debe derrochar una noche entera para recoger apenas unos cuantos lances con peso y sabor.

Barroso, cerca de dos novillos sin fondo

Víctor Barroso recibió a portagayola a Potaje, primero de Cortijo de la Sierra, colorado, abrochado de cuerna y suelto desde su salida, sin fijeza que permitiera lucimiento alguno con el capote. En el caballo acudió al relance y con la cara alta, más preocupado por quitarse el hierro de encima que por empujar por derecho.

Comenzó la faena de rodillas, pero el novillo mostró enseguida su escasa fortaleza y llegó a echarse al suelo. Mientras sonaba Antequera, Barroso trató de arrancar una embestida cada vez más remisa y terminó muy cerca de los pitones, con quietud, aunque sin verdadero mando sobre un animal ya prácticamente parado. Media estocada efectiva precedió a una petición justa para alcanzar la mayoría. La oreja fue generosa.

  • Las imágenes de la novillada en El Puerto.
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El quinto, Comilón, volvió a encontrarlo de rodillas y saltó por encima del novillero sin llegar a herirlo. Tuvo pies de sobra y ninguna clase. Apretó en banderillas. Barroso construyó un prometedor arranque de faena por bajo, junto a las tablas, sin que la escasa fuerza del animal permitiera nada más que trámite. Pinchó al entrar a matar, mal perfilado, tras lo cual resolvió con una estocada fulminante. Pidieron la oreja de forma no mayoritaria y el palco acertó al negarla. Saludó una fuerte ovación.

Capdevila, entre el susto y la impotencia

Gonzalo Capdevila se fue a portagayola ante Reverte, un ensabanado bocinegro tan vistoso de capa como pobre de comportamiento, que salió de najas y le propinó un golpe tremendo contra las tablas del que se levantó milagrosamente ileso. El novillo llegó a la muleta sin fuerza ni raza; Capdevila trató de ligar sin que el animal humillara y cerró con un arrimón resuelto en unos estatuarios de firmeza. Pinchó, dejó una estocada caída pero efectiva y se llevó una oreja tan generosa como la de Barroso.

  • Las imágenes de la novillada en El Puerto.
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El sexto, Rompesoles, tuvo algo más de movilidad, aunque sin clase, y Capdevila supo aprovecharla con un toma y daca sostenido en los medios. La faena fue de más a menos, dos pinchazos y una estocada entera cerraron su actuación, y las palmas que recibió se convirtieron, entre protestas de parte del público, en una innecesaria vuelta al ruedo.

Castrejón, dos orejas de muy distinto peso

Serpentín, tercero de la tarde y primero del lote de Rocío de la Cámara, fue un precioso sardo que salió suelto y sin fijeza. Samuel Castrejón logró sujetarlo con buenos capotazos. Se cambió el tercio sin que el novillo recibiera puyazo alguno, decisión protestada con razón. En una novillada con picadores....

Castrejón brindó al público y abrió la faena en los medios ante un novillo que embestía con la cara arriba, sin fuerza ni clase. Sonó España cañí mientras aparecían algunos naturales sueltos, siempre de uno en uno y sin la profundidad necesaria para hilar una tanda. La faena quedó en poco por el mal juego del animal. Una estocada entera y algo tendida necesitó su tiempo para hacer efecto, cayó un aviso y, finalmente, se pidió y concedió una oreja demasiado benévola.

  • Las imágenes de la novillada en El Puerto.
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El séptimo, Gaonero, salió también suelto y apenas recibió un picotazo en el caballo, pero fue, con diferencia, el novillo de más recorrido y transmisión de todo el encierro. Castrejón, que toreó con la montera puesta durante toda la faena, comenzó con ayudados por alto y fue creciendo en son y en naturalidad respecto a su primero. A los acordes de Paco Ojeda firmó la tanda de más peso de la noche, con series ligadas, algo atropelladas, y momentos de auténtica torería, aunque la labor perdió intensidad conforme el novillo se fue quedando

sin gas. Una estocada entera y certera, ejecutada al primer envite, cerró una actuación que la afición reconoció con una segunda oreja y que le abrió la Puerta Grande.

Santana abrió la puerta de la ilusión

Antonio Santana afrontaba su esperado debut con picadores y recibió al cuarto de rodillas en el tercio, a punto de ser arrollado antes de dibujar las primeras verónicas reconocibles de la tarde, voluntariosas y de buen trazo.

Tomasito se arrancó de largo al caballo. Santana resolvió por tafalleras el único quite de la noche y, tras un buen tercio de banderillas —con saludo de montera en mano— brindó el novillo al matador Juan Pedro Galán, presente en el callejón. La primera serie por abajo resultó entonada aunque la faena perdió altura a medida que el animal se quedaba sin fuerzas. Cerró con manoletinas, pinchó y remató con una estocada entera muy efectiva. La fuerte petición del público le valió la oreja.

  • Las imágenes de la novillada en El Puerto.
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Ante el octavo, Colmenero, salió ya directamente a por la Puerta Grande. Lo recibió con tres largas de rodillas y un ramillete de verónicas tan animoso como atropellado. El novillo, casi por milagro después de lo visto durante toda la noche, metió los riñones en el caballo. Santana brindó al público, volcado con él, pero el trasteo fue acelerado y sin verdadero acople. Le faltaron sitio, pausa y gobierno, carencias lógicas en quien acababa de dar su primer paso en la categoría. Mientras sonaba El Bimbo, encadenó muletazos con más deseo que temple —molinetes, manoletinas, afarolados— y resolvió con una estocada trasera y tendida que bastó para que la oreja cayera en el esportón. Santana salió a hombros junto a Castrejón, entre el entusiasmo de un público que premiaba, más que la faena, la ilusión del debutante.

Una Puerta Grande con el reloj en contra

Castrejón y Santana merecieron el reconocimiento a su disposición: el primero mostró el mejor toreo de la noche en el séptimo; el segundo transmitió la frescura, el valor y la ilusión propios de un debutante. Pero las seis orejas no reflejaron la verdadera dimensión del festejo. Hubo premios fáciles, faenas sin fuste y una suerte de varas casi inexistente en una novillada que, salvo excepciones puntuales, careció de fuerza y de raza.

La tauromaquia no puede pedirle al espectador actual que viva cada corrida como una prueba de fidelidad. La noche portuense tuvo Puerta Grande y tuvo su particular odisea. Le faltaron, precisamente, el toro, el ritmo y la emoción necesarios para justificar un viaje tan largo.

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