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Aguado, la medida exquisita

Puerta Grande para Roca y Aguado, al cortar dos orejas por coleta de muy distinto peso

  • Paseíllo en hombros al acabar la tarde. -

Plaza Real de Toros de El Puerto de Santa María. Domingo 2 de agosto de 2026, 20:00h. Tercera de abono de la Temporada Taurina de Verano. Segundo lleno. La tarde fue mucho más fresca que la de ayer al soplar un ligero viento de poniente. Seis toros de la prestigiosa ganadería gaditana de Núñez del Cuvillo para Morante de la Puebla, Roca Rey y Pablo Aguado. Corrida muy variada en pesos y en hechuras, resultando el tercero y el quinto los más apropiados, por su juego, para conseguir el triunfo.

Comenzó puntual el festejo al toque de clarines, con los tendidos ya a rebosar. Sonó, como cada tarde, durante el paseíllo el pasodoble Toros en El Puerto, magistralmente interpretado por la Banda de Música del Maestro Dueñas, si bien hoy no se tocó el Himno Nacional. Ternos de gala para los tres toreros: Morante, de salmón e hilo blanco, muy original; Roca Rey, de grana y oro; y Pablo Aguado, siempre elegante, de tabaco y oro y prolijo bordado.

Morante, siempre quiere

Segunda tarde consecutiva de Morante de la Puebla en El Puerto, tras la Puerta Grande conseguida ayer. El diestro de la Puebla del Río afrontaba hoy la segunda de sus cuatro tardes anunciadas en este ciclo veraniego portuense, con la incógnita de si el esfuerzo de la víspera —y el estado de la mano— podía condicionar su rendimiento. No fue así.

  • Un momento de la faena.

Barredor, primero de la tarde, fue un toro serio, bajo de agujas, voluminoso pero agradable de cara. En el recibo de capa salió suelto y no permitió el lucimiento de un Morante que le bajó el capote para tratar de quedarse con él. Recibió un breve y destemplado puyazo, y otros dos después del cambio de tercio, al hacer reiterado hilo con el caballo en su retirada. Fácil Amores en banderillas, gran tercero. La faena de muleta arrancó en los terrenos del 1, pegado a las tablas, por abajo, largo y de rodillas, a continuación Morante se salió con él hacia el tercio, toreando con suavidad y gusto con la mano derecha. No dijo gran cosa el de Núñez, que salía distraído de cada lance. Los derechazos, lentos y largos, hicieron sonar Juncal. La faena no terminó de coger vuelo porque el toro no daba más de sí, ni siquiera en manos de Morante. Media estocada caída fue suficiente. Saludó desde el tercio una cariñosa ovación.

Tristón, cuarto de la tarde, colorado de cabos blancos, fue recibido junto a la barrera por arrebatados faroles que hicieron crujir las propias tablas y rugir de pie a un público entregado. Cumplido el trámite de ir al caballo, fue muy bien banderilleado por Domínguez y Amores —buena cuadrilla la de Morante—. Frente a la Puerta Real, con la muleta plegada en la mano izquierda, el de la Puebla abrió el último tercio. Lo intentó por ambos pitones mientras la Banda estrenaba Voilà, versión de una canción de la cantante francesa Barbara Pravi, tan melódica como fuera de contexto. Con el toro ya muy parado, el de la Puebla consiguió arrancarle algunos naturales largos y despaciosos, pero de uno en uno. Una estocada entera y fulminante le resultó suficiente para no irse de vacío en su segunda tarde.

Roca Rey, suma y sigue

Andrés Roca Rey, una de las máximas figuras del panorama actual, junto a Morante llegaba además lanzado por su triunfo de ayer en Huelva donde salió por la Puerta Grande de las Colombinas. El peruano representa hoy la fuerza, la entrega y el vértigo de un toreo que no conoce la prudencia.

Rescoldito, segundo de la tarde, salió suelto pero bien presentado. Roca Rey lo recibió con los pies juntos y, con una serie de verónicas de compás abierto, le fue ganando terreno hasta alcanzar la boca de riego. Tras un puyazo breve y leve, en su salida del caballo estuvo a punto de arrollar al peruano. Viruta y Algaba saludaron, montera en mano, tras un buen tercio de banderillas. En el quite, lo citó de largo, con el capote a la espalda y los pies juntos, lo que hizo entrar en calor al público antes de un brindis a Morante que fue más celebrado que los Acuerdos de Dayton. Clásico en su repertorio el comienzo de faena de Roca: en los medios, citando de largo, sin enmendarse —fórmula que siempre suele meter en la faena a un público festivo y agradecido—. El de Núñez iba y venía, pero siempre quería rajarse, salvo cuando no le quedaba otra opción que seguir la muleta parada delante de su cara. El arreón final en la cara del toro, también marca de la casa, y una estocada entera y caída, fueron suficientes para cortar una oreja de poco peso.

  • Roca Rey, en la arena.

Contento, quinto de la tarde, fue un gran toro de Núñez, con movilidad y humillación, recibido por verónicas y al que el público tampoco quiso que se le picara. Roca, a la vista de las opciones que parecía ofrecer el animal, brindó al respetable. El toro se arrancaba de lejos y embestía con humillación y buen son. Roca estuvo poderoso y mandón, aunque no especialmente inspirado, siempre mejor por el derecho que por el izquierdo, pitón por el que no fue posible el acople. El público pareció enfriarse y se escucharon algunos tímidos pitos antes del final de la faena. Un gran volapié inclinó la balanza a favor de su segunda oreja de la tarde. Puerta Grande para Roca, que suma y sigue.

Pablo Aguado, la medida exquisita

Pablo Aguado llegaba a la Plaza Real con el marchamo de un toreo muy personal. Torero de arte, de hondo empaque y clasicismo que basa su concepto en la naturalidad, el temple y la despaciosidad, una quietud casi litúrgica que exige del toro condiciones muy determinadas pero que, cuando las encuentra, alumbra tardes memorables como la de hoy.

  • La corrida de toros de este 2 de agosto en El Puerto, con Morante de la Puebla, Roca Rey y Pablo Aguado.
  • -

Galiano, tercero de la tarde, castaño, bien hecho pero justo de fuerzas, protagonizó una inolvidable faena de Pablo Aguado. Las verónicas con sabor frente a la Puerta Real fueron el preludio de una obra de arte, breve y bella. Aguado fue ovacionado por su garboso galleo al llevarlo al caballo y por su quite por tafalleras. El público, entre sorprendido y entusiasmado, jaleó con fuerza al sevillano en un tercio de banderillas en el que demostró conocimiento y valor, y que cerró con un añejo par al quiebro. Durante el mismo, la Banda rompió a tocar Chiclanera. Unas pocas tandas cortas y primorosas, al son de Dávila Miura, hicieron enloquecer, con razón, a un público que se frotaba los ojos ante una obra tan bella como aparentemente sencilla. Faena corta, plena de torería y gracia, que fue rematada por molinetes y ayudados por alto en la boca de riego. Una estocada efectiva hizo que las dos orejas fueran incontestables. Sonaron palmas por bulerías antes de que el diestro recibiera su merecidísimo premio, y el toro —quizás excesivamente generoso— el suyo, en forma de vuelta al ruedo. Puerta Grande para el sevillano, que nos deja con ganas de volver a verlo pronto.

Farfonillo, sexto y último de la tarde, deparó una faena sin historia. El voluminoso toro no ayudó en nada ni hizo posible el lucimiento, y tampoco tuvo suerte el sevillano a la hora de entrar a matar.

El resultado igualó a Roca y Aguado con dos orejas, merecedoras de Puerta Grande pero el toreo, sin embargo, marcó una gran diferencia. Aguado nos hizo entender nuevamente que la medida justa no consiste en hacer poco, sino en no hacer nada de más.

FICHA DEL FESTEJO:

Morante de la Puebla: ovación y oreja.
Roca Rey: oreja y oreja.
Pablo Aguado: dos orejas y sin premio.

Roca Rey y Pablo Aguado salieron a hombros. El tercero fue premiado con una vuelta al ruedo excesiva para un toro noble y colaborador pero que no fue picado.

Plaza Real de Toros de El Puerto de Santa María. Domingo 2 de agosto de 2026, 20:00h. Tercera de abono de la Temporada Taurina de Verano. Segundo lleno. La tarde fue mucho más fresca que la de ayer al soplar un ligero viento de poniente. Seis toros de la prestigiosa ganadería gaditana de Núñez del Cuvillo para Morante de la Puebla, Roca Rey y Pablo Aguado. Corrida muy variada en pesos y en hechuras, resultando el tercero y el quinto los más apropiados, por su juego, para conseguir el triunfo.

Comenzó puntual el festejo al toque de clarines, con los tendidos ya a rebosar. Sonó, como cada tarde, durante el paseíllo el pasodoble Toros en El Puerto, magistralmente interpretado por la Banda de Música del Maestro Dueñas, si bien hoy no se tocó el Himno Nacional. Ternos de gala para los tres toreros: Morante, de salmón e hilo blanco, muy original; Roca Rey, de grana y oro; y Pablo Aguado, siempre elegante, de tabaco y oro y prolijo bordado.

Morante, siempre quiere

Segunda tarde consecutiva de Morante de la Puebla en El Puerto, tras la Puerta Grande conseguida ayer. El diestro de la Puebla del Río afrontaba hoy la segunda de sus cuatro tardes anunciadas en este ciclo veraniego portuense, con la incógnita de si el esfuerzo de la víspera —y el estado de la mano— podía condicionar su rendimiento. No fue así.

  • Un momento de la faena.

Barredor, primero de la tarde, fue un toro serio, bajo de agujas, voluminoso pero agradable de cara. En el recibo de capa salió suelto y no permitió el lucimiento de un Morante que le bajó el capote para tratar de quedarse con él. Recibió un breve y destemplado puyazo, y otros dos después del cambio de tercio, al hacer reiterado hilo con el caballo en su retirada. Fácil Amores en banderillas, gran tercero. La faena de muleta arrancó en los terrenos del 1, pegado a las tablas, por abajo, largo y de rodillas, a continuación Morante se salió con él hacia el tercio, toreando con suavidad y gusto con la mano derecha. No dijo gran cosa el de Núñez, que salía distraído de cada lance. Los derechazos, lentos y largos, hicieron sonar Juncal. La faena no terminó de coger vuelo porque el toro no daba más de sí, ni siquiera en manos de Morante. Media estocada caída fue suficiente. Saludó desde el tercio una cariñosa ovación.

Tristón, cuarto de la tarde, colorado de cabos blancos, fue recibido junto a la barrera por arrebatados faroles que hicieron crujir las propias tablas y rugir de pie a un público entregado. Cumplido el trámite de ir al caballo, fue muy bien banderilleado por Domínguez y Amores —buena cuadrilla la de Morante—. Frente a la Puerta Real, con la muleta plegada en la mano izquierda, el de la Puebla abrió el último tercio. Lo intentó por ambos pitones mientras la Banda estrenaba Voilà, versión de una canción de la cantante francesa Barbara Pravi, tan melódica como fuera de contexto. Con el toro ya muy parado, el de la Puebla consiguió arrancarle algunos naturales largos y despaciosos, pero de uno en uno. Una estocada entera y fulminante le resultó suficiente para no irse de vacío en su segunda tarde.

Roca Rey, suma y sigue

Andrés Roca Rey, una de las máximas figuras del panorama actual, junto a Morante llegaba además lanzado por su triunfo de ayer en Huelva donde salió por la Puerta Grande de las Colombinas. El peruano representa hoy la fuerza, la entrega y el vértigo de un toreo que no conoce la prudencia.

Rescoldito, segundo de la tarde, salió suelto pero bien presentado. Roca Rey lo recibió con los pies juntos y, con una serie de verónicas de compás abierto, le fue ganando terreno hasta alcanzar la boca de riego. Tras un puyazo breve y leve, en su salida del caballo estuvo a punto de arrollar al peruano. Viruta y Algaba saludaron, montera en mano, tras un buen tercio de banderillas. En el quite, lo citó de largo, con el capote a la espalda y los pies juntos, lo que hizo entrar en calor al público antes de un brindis a Morante que fue más celebrado que los Acuerdos de Dayton. Clásico en su repertorio el comienzo de faena de Roca: en los medios, citando de largo, sin enmendarse —fórmula que siempre suele meter en la faena a un público festivo y agradecido—. El de Núñez iba y venía, pero siempre quería rajarse, salvo cuando no le quedaba otra opción que seguir la muleta parada delante de su cara. El arreón final en la cara del toro, también marca de la casa, y una estocada entera y caída, fueron suficientes para cortar una oreja de poco peso.

  • Roca Rey, en la arena.

Contento, quinto de la tarde, fue un gran toro de Núñez, con movilidad y humillación, recibido por verónicas y al que el público tampoco quiso que se le picara. Roca, a la vista de las opciones que parecía ofrecer el animal, brindó al respetable. El toro se arrancaba de lejos y embestía con humillación y buen son. Roca estuvo poderoso y mandón, aunque no especialmente inspirado, siempre mejor por el derecho que por el izquierdo, pitón por el que no fue posible el acople. El público pareció enfriarse y se escucharon algunos tímidos pitos antes del final de la faena. Un gran volapié inclinó la balanza a favor de su segunda oreja de la tarde. Puerta Grande para Roca, que suma y sigue.

Pablo Aguado, la medida exquisita

Pablo Aguado llegaba a la Plaza Real con el marchamo de un toreo muy personal. Torero de arte, de hondo empaque y clasicismo que basa su concepto en la naturalidad, el temple y la despaciosidad, una quietud casi litúrgica que exige del toro condiciones muy determinadas pero que, cuando las encuentra, alumbra tardes memorables como la de hoy.

  • La corrida de toros de este 2 de agosto en El Puerto, con Morante de la Puebla, Roca Rey y Pablo Aguado.
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Galiano, tercero de la tarde, castaño, bien hecho pero justo de fuerzas, protagonizó una inolvidable faena de Pablo Aguado. Las verónicas con sabor frente a la Puerta Real fueron el preludio de una obra de arte, breve y bella. Aguado fue ovacionado por su garboso galleo al llevarlo al caballo y por su quite por tafalleras. El público, entre sorprendido y entusiasmado, jaleó con fuerza al sevillano en un tercio de banderillas en el que demostró conocimiento y valor, y que cerró con un añejo par al quiebro. Durante el mismo, la Banda rompió a tocar Chiclanera. Unas pocas tandas cortas y primorosas, al son de Dávila Miura, hicieron enloquecer, con razón, a un público que se frotaba los ojos ante una obra tan bella como aparentemente sencilla. Faena corta, plena de torería y gracia, que fue rematada por molinetes y ayudados por alto en la boca de riego. Una estocada efectiva hizo que las dos orejas fueran incontestables. Sonaron palmas por bulerías antes de que el diestro recibiera su merecidísimo premio, y el toro —quizás excesivamente generoso— el suyo, en forma de vuelta al ruedo. Puerta Grande para el sevillano, que nos deja con ganas de volver a verlo pronto.

Farfonillo, sexto y último de la tarde, deparó una faena sin historia. El voluminoso toro no ayudó en nada ni hizo posible el lucimiento, y tampoco tuvo suerte el sevillano a la hora de entrar a matar.

El resultado igualó a Roca y Aguado con dos orejas, merecedoras de Puerta Grande pero el toreo, sin embargo, marcó una gran diferencia. Aguado nos hizo entender nuevamente que la medida justa no consiste en hacer poco, sino en no hacer nada de más.

FICHA DEL FESTEJO:

Morante de la Puebla: ovación y oreja.
Roca Rey: oreja y oreja.
Pablo Aguado: dos orejas y sin premio.

Roca Rey y Pablo Aguado salieron a hombros. El tercero fue premiado con una vuelta al ruedo excesiva para un toro noble y colaborador pero que no fue picado.

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