Paquita Rodríguez Román ha fallecido esta semana a los 108 años y medio, según ha comunicado el Hospital San Juan Grande, cuya residencia de mayores había sido su hogar en los últimos tiempos. El centro ha trasladado su pésame a familiares y amigos y la ha recordado como un "ejemplo de fortaleza" y una muestra de que es posible acercarse a los 110 años con una vida plena y feliz. Paquita había celebrado recientemente sus 108 años rodeada de sus hijos, amigos y profesionales de la residencia, donde continuaba participando en actividades y conservaba una memoria especialmente precisa. Su longevidad iba acompañada de una historia marcada por el trabajo, la familia y la superación.
Natural de Las Cabezas de San Juan, en Sevilla, vivió algunos de los periodos más duros del siglo XX, entre ellos la Guerra Civil y años de pobreza y escasez. Desde muy joven tuvo que trabajar para ayudar a su familia y terminó encontrando en la costura su oficio.
Con el tiempo se convirtió en modista y compaginó durante décadas su actividad profesional con la crianza de cinco hijos: Manolo, Guillermo, Pepe Luis, María del Carmen y Eulalia. Elegía los encargos que le permitían obtener mayor rendimiento y organizaba sus jornadas para poder atender también las necesidades de su casa.
Una vida marcada por la constancia
A pesar de las dificultades atravesadas, Paquita prefería quedarse con los buenos recuerdos: haber visto crecer sanos a sus hijos y disfrutar de la compañía de familiares y amigos.
Los profesionales que la acompañaron durante su estancia en la residencia ya destacaban su extraordinaria vitalidad y llegaron a definirla como un "faro" y un "ejemplo a seguir". Ahora, San Juan Grande despide a una mujer cuya vida estuvo marcada por la familia, el trabajo y una fortaleza que mantuvo durante más de un siglo.
Paquita Rodríguez Román ha fallecido esta semana a los 108 años y medio, según ha comunicado el Hospital San Juan Grande, cuya residencia de mayores había sido su hogar en los últimos tiempos. El centro ha trasladado su pésame a familiares y amigos y la ha recordado como un "ejemplo de fortaleza" y una muestra de que es posible acercarse a los 110 años con una vida plena y feliz. Paquita había celebrado recientemente sus 108 años rodeada de sus hijos, amigos y profesionales de la residencia, donde continuaba participando en actividades y conservaba una memoria especialmente precisa. Su longevidad iba acompañada de una historia marcada por el trabajo, la familia y la superación.
Natural de Las Cabezas de San Juan, en Sevilla, vivió algunos de los periodos más duros del siglo XX, entre ellos la Guerra Civil y años de pobreza y escasez. Desde muy joven tuvo que trabajar para ayudar a su familia y terminó encontrando en la costura su oficio.
Con el tiempo se convirtió en modista y compaginó durante décadas su actividad profesional con la crianza de cinco hijos: Manolo, Guillermo, Pepe Luis, María del Carmen y Eulalia. Elegía los encargos que le permitían obtener mayor rendimiento y organizaba sus jornadas para poder atender también las necesidades de su casa.
Una vida marcada por la constancia
A pesar de las dificultades atravesadas, Paquita prefería quedarse con los buenos recuerdos: haber visto crecer sanos a sus hijos y disfrutar de la compañía de familiares y amigos.
Los profesionales que la acompañaron durante su estancia en la residencia ya destacaban su extraordinaria vitalidad y llegaron a definirla como un "faro" y un "ejemplo a seguir". Ahora, San Juan Grande despide a una mujer cuya vida estuvo marcada por la familia, el trabajo y una fortaleza que mantuvo durante más de un siglo.
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