jerez

Manhattan, un bar que quiere ser él mismo entre los recuerdos del mítico Antonio

Abre en el mismo local que albergó al bar Antonio (avenida de Torresoto con la Alcubilla), tantos años cerrado, lo que hace inevitable evocar este histórico establecimiento que estaba abierto las 24 horas y que fue un símbolo de las madrugadas –y los amaneceres– de Jerez en los años 80 y 90

  • José Santiago, nuevo propietario, en la puerta del bar Manhattan. -

Un bar que se llama Manhattan abre sus puertas en la avenida Torresoto, esquina (o casi) con la cuesta de la Alcubilla. Bueno, hasta aquí es algo que puede considerarse como cotidiano, un bar nuevo, con la cañita de Cruzpi a un euro, da el fútbol (Liga y Champions), bien... el caso es que Manhattan ocupa el mismo local que albergó otro bar que, a su manera, se puede considerar un pequeño mito de la hostelería jerezana: el bar Antonio.

Manhattan abrió sus puertas hace un par de semanas, y su propietario, un joven de 23 años que se llama José Santiago, a estas alturas sabe perfectamente la historia del bar que albergaron esas cuatro paredes. Puede que él supiera ya algo o se fuera enterando en lo que le daba vueltas a cogerlo (o no) finalmente. Lo cierto es que durante los días que el bar lleva abierto han sido muchos los clientes del antiguo Antonio que se han acercado a tomar algo, ver qué hay ahora y, por supuesto, impartir al joven una especie de máster en, digamos, Antoniología: un detalle tras otro de horarios, clientela y anecdotario del viejo Antonio, un bar, de verdad que este sí, muy peculiar.

  • Detalle de la cartelera y de los azulejos negros, muy 70.
  • -

A este cronista le viene perfecto que José Santiago tenga precisamente 23 años, que son los años que un cliente de toda la vida del bar Antonio, al que se ha consultado, dice que ha estado cerrado. Cerraría, perdón por la redundancia, un círculo. Pero los lectores saben –y si no se lo decimos– que el ideal cuando hay dudas es consultar con tres fuentes, así que faltan dos. Hemos levantado el teléfono y preguntado al respecto entre gente que sabemos que acudía a dicho local –y sabemos que iba por una simple razón: los periodistas de cierta edad también íbamos por allí– y, al final, no hemos sacado nada en claro. Un camarero del centro y vecino de la zona Sur nos ha dicho que no hace tanto que está cerrado, que no llega a veinte años. ¿Y José Santiago, sabe algo al respecto? Pues él tiene entendido que debe hacer bastante menos, unos doce años...

Todo el día abierto, muchos años cerrado

El caso es que Antonio y su mujer, ya fallecidos, dejaron el bar, pero lo llevó un hijo un período que no fue largo. Ahí puede que esté la duda entre gente que se desconectó tras el fin del período 'clásico' y esta etapa. En cualquier caso, este cronista, de ser fuente, hubiera dicho que sí, que en efecto, estaríamos hablando fácilmente de veinte años. Entre bromas, preguntamos a la IA y recibimos la inevitable (pero orientativa) respuesta diplomática: "hace décadas que está cerrado".

¿Pero qué tenía el bar Antonio, aparentemente un bar de barrio como otro cualquiera? De entrada, que durante un buen período de su vida abrió las 24 horas y eso, amigas y amigos, no hace falta decir que es mucho tiempo y que da pie a que pasen muchas cosas. Sobre todo de noche. Era un bar en el que se podía tomar algo a deshoras, bien un simple café, una copa o alguno de sus míticos bocadillos de filete y carné mechada (había algo de chacina también) que, hay que decirlo ya, han salvado bastantes vidas entre los jerezanos que ahora andan ahí en la horquilla de los 55-65 años.

  • Vista general del interior de Manhattan, el antiguo Antonio.
  • -

De día, el Antonio era un bar normal, al que iban vecinos del barrio: de la zona sur que subían y luego bajaban la cuesta o más de centro que la bajaban y después la subían, por resumir. Era, como ahora, un bar de paso... de paso en coche, queremos decir, con todo el tráfico que tienen esas dos calles y la dificultad para aparcar.

Era de madrugada y a primera hora de la mañana cuando el bar Antonio alcanzaba el punto de ebullición. A las tres o las cuatro siempre había gente que trabaja de noche haciendo un alto, era casi inevitable encontrarse con taxistas y policías, además de la chavalería que iba a reponer fuerzas o a tomar la última cuando en el centro de Jerez –son los años 80 y 90– no había, ni de lejos, tanta vida como en la actualidad, Los Dos Deditos y poco más. Más tarde, ya a primera hora de la mañana, sobre todo los fines de semana de verano y aprovechando la ubicación del bar (recuérdese que había menos carreteras y entradas y salidas de la ciudad), iba llegando gente que venía de pasar la noche en las discotecas de El Puerto y eran los momentos más llamativos: algo de pijerío, algún moelno y chicas guapas un poco desarmadas por la hora, pidiendo y devorando en la barra, después de toda la noche por ahí, un montaíto generoso acompañado de un café o, por qué no, de la última cerveza antes de irse a la cama con el sol ya bastante arriba...

  • José Santiago tras la barra del establecimiento.
  • -

Manhattan: lo que se dice un bar

Pero hablemos algo más de Manhattan, aunque resulta inevitable no volver sobre el Antonio. Todo el inmueble era de la familia, que de hecho vivía arriba. Se vendió hace ya tiempo y se ha llevado a cabo una importante remodelación, en la que se ha decidido recuperar el bar en la planta baja y destinar la parte de arriba a uso, en principio, turístico. Y ha quedado bien, la verdad, muy aparente por fuera. En lo que respecta al bar, hay que decir que apenas se ha tocado –el suelo, ahora con tarima es lo más novedoso– y los azulejos, que tal vez son su signo más distintivo (de hecho gente que no era de mucho salir pero que en algún momento recaló allí lo recuerda como 'el bar de los azulejos'), dando un punto retro, ahora ya abiertamente cool, a algo que seguro que lleva ahí desde los años 70 del siglo pasado. La barra también es la misma, después de un toquecito, y no se ha movido de sitio.

 Será por el espíritu del bar o por la fuerza de la reapertura, del bar nuevo, el caso es que 24 horas no, pero unas 17 horas sí que está abriendo Manhattan, de siete de la mañana o así a pasada la media noche, de los primeros cafés y desayunos a las primeras copas nocturnas. Hay tapas, la caña –ya decimos–, a un pavo, el fino por debajo de dos, y se pone el fútbol de pago. "Manhattan es un bar clásico, de toda la vida", dice José Santiago. Pues eso, lo que se dice un bar.

Un bar que se llama Manhattan abre sus puertas en la avenida Torresoto, esquina (o casi) con la cuesta de la Alcubilla. Bueno, hasta aquí es algo que puede considerarse como cotidiano, un bar nuevo, con la cañita de Cruzpi a un euro, da el fútbol (Liga y Champions), bien... el caso es que Manhattan ocupa el mismo local que albergó otro bar que, a su manera, se puede considerar un pequeño mito de la hostelería jerezana: el bar Antonio.

Manhattan abrió sus puertas hace un par de semanas, y su propietario, un joven de 23 años que se llama José Santiago, a estas alturas sabe perfectamente la historia del bar que albergaron esas cuatro paredes. Puede que él supiera ya algo o se fuera enterando en lo que le daba vueltas a cogerlo (o no) finalmente. Lo cierto es que durante los días que el bar lleva abierto han sido muchos los clientes del antiguo Antonio que se han acercado a tomar algo, ver qué hay ahora y, por supuesto, impartir al joven una especie de máster en, digamos, Antoniología: un detalle tras otro de horarios, clientela y anecdotario del viejo Antonio, un bar, de verdad que este sí, muy peculiar.

  • Detalle de la cartelera y de los azulejos negros, muy 70.
  • -

A este cronista le viene perfecto que José Santiago tenga precisamente 23 años, que son los años que un cliente de toda la vida del bar Antonio, al que se ha consultado, dice que ha estado cerrado. Cerraría, perdón por la redundancia, un círculo. Pero los lectores saben –y si no se lo decimos– que el ideal cuando hay dudas es consultar con tres fuentes, así que faltan dos. Hemos levantado el teléfono y preguntado al respecto entre gente que sabemos que acudía a dicho local –y sabemos que iba por una simple razón: los periodistas de cierta edad también íbamos por allí– y, al final, no hemos sacado nada en claro. Un camarero del centro y vecino de la zona Sur nos ha dicho que no hace tanto que está cerrado, que no llega a veinte años. ¿Y José Santiago, sabe algo al respecto? Pues él tiene entendido que debe hacer bastante menos, unos doce años...

Todo el día abierto, muchos años cerrado

El caso es que Antonio y su mujer, ya fallecidos, dejaron el bar, pero lo llevó un hijo un período que no fue largo. Ahí puede que esté la duda entre gente que se desconectó tras el fin del período 'clásico' y esta etapa. En cualquier caso, este cronista, de ser fuente, hubiera dicho que sí, que en efecto, estaríamos hablando fácilmente de veinte años. Entre bromas, preguntamos a la IA y recibimos la inevitable (pero orientativa) respuesta diplomática: "hace décadas que está cerrado".

¿Pero qué tenía el bar Antonio, aparentemente un bar de barrio como otro cualquiera? De entrada, que durante un buen período de su vida abrió las 24 horas y eso, amigas y amigos, no hace falta decir que es mucho tiempo y que da pie a que pasen muchas cosas. Sobre todo de noche. Era un bar en el que se podía tomar algo a deshoras, bien un simple café, una copa o alguno de sus míticos bocadillos de filete y carné mechada (había algo de chacina también) que, hay que decirlo ya, han salvado bastantes vidas entre los jerezanos que ahora andan ahí en la horquilla de los 55-65 años.

  • Vista general del interior de Manhattan, el antiguo Antonio.
  • -

De día, el Antonio era un bar normal, al que iban vecinos del barrio: de la zona sur que subían y luego bajaban la cuesta o más de centro que la bajaban y después la subían, por resumir. Era, como ahora, un bar de paso... de paso en coche, queremos decir, con todo el tráfico que tienen esas dos calles y la dificultad para aparcar.

Era de madrugada y a primera hora de la mañana cuando el bar Antonio alcanzaba el punto de ebullición. A las tres o las cuatro siempre había gente que trabaja de noche haciendo un alto, era casi inevitable encontrarse con taxistas y policías, además de la chavalería que iba a reponer fuerzas o a tomar la última cuando en el centro de Jerez –son los años 80 y 90– no había, ni de lejos, tanta vida como en la actualidad, Los Dos Deditos y poco más. Más tarde, ya a primera hora de la mañana, sobre todo los fines de semana de verano y aprovechando la ubicación del bar (recuérdese que había menos carreteras y entradas y salidas de la ciudad), iba llegando gente que venía de pasar la noche en las discotecas de El Puerto y eran los momentos más llamativos: algo de pijerío, algún moelno y chicas guapas un poco desarmadas por la hora, pidiendo y devorando en la barra, después de toda la noche por ahí, un montaíto generoso acompañado de un café o, por qué no, de la última cerveza antes de irse a la cama con el sol ya bastante arriba...

  • José Santiago tras la barra del establecimiento.
  • -

Manhattan: lo que se dice un bar

Pero hablemos algo más de Manhattan, aunque resulta inevitable no volver sobre el Antonio. Todo el inmueble era de la familia, que de hecho vivía arriba. Se vendió hace ya tiempo y se ha llevado a cabo una importante remodelación, en la que se ha decidido recuperar el bar en la planta baja y destinar la parte de arriba a uso, en principio, turístico. Y ha quedado bien, la verdad, muy aparente por fuera. En lo que respecta al bar, hay que decir que apenas se ha tocado –el suelo, ahora con tarima es lo más novedoso– y los azulejos, que tal vez son su signo más distintivo (de hecho gente que no era de mucho salir pero que en algún momento recaló allí lo recuerda como 'el bar de los azulejos'), dando un punto retro, ahora ya abiertamente cool, a algo que seguro que lleva ahí desde los años 70 del siglo pasado. La barra también es la misma, después de un toquecito, y no se ha movido de sitio.

 Será por el espíritu del bar o por la fuerza de la reapertura, del bar nuevo, el caso es que 24 horas no, pero unas 17 horas sí que está abriendo Manhattan, de siete de la mañana o así a pasada la media noche, de los primeros cafés y desayunos a las primeras copas nocturnas. Hay tapas, la caña –ya decimos–, a un pavo, el fino por debajo de dos, y se pone el fútbol de pago. "Manhattan es un bar clásico, de toda la vida", dice José Santiago. Pues eso, lo que se dice un bar.

COMENTARIOS