Cádiz vuelve a mirar hacia su pasado para explicar una parte de lo que es. La ciudad ha inaugurado este viernes Cádiz Emporio del Orbe, la tercera entrega del programa cultural Orgullos@s de Nuestra Historia, con Puerta de un nuevo mundo, un espectáculo que ha convertido la plaza de San Juan de Dios en escenario de algunos de los episodios que marcaron definitivamente el destino de la capital gaditana.
Ni el fuerte viento de Levante consiguió vaciar la plaza. Muchos gaditanos y visitantes se congregaron para asistir a un estreno que las ráfagas acompañaron durante toda la noche sin llegar a deslucir la representación. La imagen de San Juan de Dios llena, con el público ocupando cada rincón posible para seguir el montaje, volvió a confirmar una de las constantes de la capital: sus ganas de calle, de encuentro y de convertir los espacios públicos en lugares donde compartir algo más que el paso cotidiano.

- Una de las escenas con sonido de Cádiz en el espectáculo.
- José María Reyna

- Uno de los números que han compuesto 'Puerto de un nuevo mundo'.
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- José María Reyna
Puerta de un nuevo mundo ha servido así de punto de partida para un programa que pretende recuperar algunos de los momentos decisivos de la historia local a través de las artes escénicas, la música y las expresiones culturales más vinculadas a su identidad. El mismo enclave que el pasado año acogió el inicio de Cádiz Romana ha presentado ahora una disposición diferente, con un montaje concebido en formato 360 grados y el escenario instalado junto a la avenida del Puerto.
La propuesta ha reunido a las compañías L’Homme y Elementz, esta última especializada en producciones que combinan danza, acrobacias y recursos tecnológicos y que volverá a tener presencia en la clausura del festival. El resultado ha sido una puesta en escena dinámica, apoyada en buenos efectos visuales y en un ritmo que ha permitido recorrer varios siglos de historia sin perder el carácter entretenido de la propuesta.

- Manuel Tallafé, uno de los grandes protagonistas en la escena.
- José María Reyna

- La variedad de registros fue una de las notas destacadas.
- José María Reyna
La artista Samantha Ballentines y el actor Paco Clares han ejercido como narradores de una historia en la que han participado intérpretes locales bajo la dirección de Fernando Cueto. El gran Manuel Tallafé, Susana Rosado, Antonio Labajo, Jaime García y Blanca Puente han formado parte de un elenco que ha trasladado al escenario una historia hecha de conquistas, destrucciones, epidemias y renacimientos.
Porque este rincón del Atlántico no se entiende únicamente desde sus murallas o desde los grandes acontecimientos políticos que determinaron su futuro. El espectáculo ha querido incorporar también algunas de las manifestaciones culturales que forman parte de su personalidad colectiva. El flamenco ha estado representado por Samara Montañez, Adelaida Carrascosa, Gabriel Pérez y Ángel Pastor, mientras que el Carnaval ha vuelto a ocupar un lugar central con la participación de los coros de Luis Rivero, los Estudiantes, Nandi Migueles, Chiclana y José Manuel Pedrosa.

- La irreverencia y el humor estuvo presente en muchos momentos.
- José María Reyna
A ese recorrido artístico se han sumado los grupos folclóricos Adolfo de Castro y Ciudad de Cádiz, los tambores de la Agrupación Musical de la Salud, la soprano Rosina Montes y los niños de la Escolanía Municipal, creada durante la pasada edición del festival. Un conjunto de voces y disciplinas que ha tratado de reflejar, desde el escenario, la diversidad cultural de un enclave que durante siglos fue uno de los grandes puntos de conexión entre Europa y el mundo.
La complicación de contar la historia en la calle
La historia que sostiene Puerta de un nuevo mundo se articula especialmente en torno a dos fechas: 1493 y 1596. La primera remite a un momento decisivo para el futuro político y estratégico de la población. Aquel año, Beatriz Pacheco, viuda de Rodrigo Ponce de León, I Duque de Cádiz, cedió la plaza a los Reyes Católicos, reforzando el control de la Corona sobre un enclave llamado a desempeñar un papel fundamental en las rutas marítimas que estaban transformando el mundo conocido.
No era sencillo mantener la atención de los espectadores con un guion plagado de datos históricos, pero en buena medida se logró gracias a los recursos artísticos. Se hizo hincapié en que 1493 fue también el año en el que partió desde su puerto el segundo viaje de Cristóbal Colón. Aquel enclave comenzaba a consolidar entonces una posición que, con el paso de los siglos, lo convertiría en uno de los grandes centros de intercambio comercial, cultural y humano de su tiempo. Se abría al Atlántico cuando el Atlántico comenzaba también a cambiar la historia.
La segunda gran referencia del espectáculo es 1596, el año del asalto angloholandés a la Villa de Cádiz. El ataque dejó tras de sí un núcleo urbano profundamente dañado y marcó un punto de inflexión en su historia. La necesidad de proteger aquel enclave estratégico llevó a la Corona a impulsar su fortificación y a reforzar el único acceso terrestre, un proceso que acabaría dejando en su fisonomía algunos de sus símbolos más reconocibles.

- Los actores también estuvieron cerca de los espectadores.
- José María Reyna

- La luz y el sonido funcionaron de un modo impecable.
- José María Reyna
El recorrido no ha dejado fuera algunos de los capítulos más oscuros. Las epidemias, que golpearon con especial dureza a la población, han tenido también su espacio en la narración. Los médicos de la peste, convertidos en una de las imágenes más reconocibles de aquellos tiempos, han aparecido como símbolo de una lucha contra una enfermedad todavía incomprensible para buena parte de la sociedad. Junto a ellos, la fe y la devoción han ocupado un lugar destacado como refugio colectivo y como una de las formas a las que la población recurrió para intentar superar aquellos periodos de muerte e incertidumbre.
La Ilustración encontró igualmente en este puerto un terreno especialmente fértil, aunque la prosperidad convivió con algunos de los episodios más dramáticos de su historia. Dos epidemias de peste y una de fiebre amarilla dejaron una profunda huella y recordaron la fragilidad de una sociedad acostumbrada a mirar hacia fuera, pero obligada también a enfrentarse una y otra vez a sus propias crisis.
Etapas de esplendor y el Teatro Francés de la calle Ceballos
De la destrucción y las sucesivas adversidades surgieron, sin embargo, nuevas etapas de esplendor. La población volvió a crecer y a ocupar una posición destacada en el mundo de su tiempo, también desde el punto de vista cultural. Llegó a contar con tres importantes espacios teatrales —el teatro español, el teatro francés y el teatro italiano— que daban cuenta de una vida artística intensa, abierta al comercio, a las ideas y a las influencias que llegaban desde fuera. Se recordó el Teatro Francés de la calle Ceballos.
Ese es, en el fondo, el territorio que ha querido recuperar Puerta de un nuevo mundo: un lugar que fue puerto, frontera y fortaleza; punto de salida hacia otros continentes y de llegada de culturas, mercancías e ideas. Un espacio que conoció la destrucción y el esplendor, las epidemias y la prosperidad, y que aprendió a reinventarse después de cada golpe.
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