'El Turronero', de vender garbanzos y avellanas a dar nombre al recinto ferial de Ubrique con un 'fiestón': "Me ha costado 63 años cruzar la calle"
José Luis López Fernández convierte el pregón de la Feria de su pueblo en un recorrido por su vida, desde sus comienzos como feriante hasta su éxito empresarial, ante 8.000 personas y rodeado de amigos y caras conocidas
José Luis López Fernández nació prácticamente en una feria. Y, 63 años después, volvió a una para contar su vida. Y nada menos que la de su pueblo, Ubrique, a la que define como "la mejor del mundo".
No necesitó papeles. Tampoco fue un pregón al uso. Al ubriqueño más conocido de España le bastó con tirar de corazón y de memoria esta pasada noche de viernes. De aquella que huele a turrón, a algodón de azúcar, a caseta, a sevillanas y a carretera. A la memoria de un niño de Ubrique que, de recorrer las ferias con dos espuertas colgadas del cuerpo vendiendo garbanzos y avellanas, terminó convirtiéndose en uno de los grandes empresarios y filántropos de este país.
Lo de este pasado viernes, decíamos, no fue exactamente un pregón. Fue una conversación íntima con su pueblo, a pesar de las 8.000 personas que llenaban el recinto de la plaza de toros. Una historia contada en primera persona, con la naturalidad de quien ha pasado buena parte de su vida en ferias y sabe que, cuando hay que animar una fiesta, siempre queda una sorpresa más.
El tendido de la plaza de toros de Ubrique, a rebosar desde minutos antes del comienzo del evento.
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MANU GARCÍA
La fiesta del Turronero en Ubique.
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MANU GARCÍA
Y en esta ocasión, como de costumbre cuando El Turronero está presente, hubo unas cuantas.
Gran expectación y caras conocidas
Que el pregón iba a ser multitudinario se sabía desde hacía días, cuando las invitaciones para acceder al espectáculo se agotaron rápidamente en la Fundación López Mariscal, auténtico punto de peregrinación para quienes querían estar presentes en una noche para la historia.
José Luis López, con el torero Juan José Padilla, en el photocall.
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MANU GARCÍA
Y es que, el Ayuntamiento había aprobado que el recinto ferial llevara desde ahora el nombre de José Luis López Fernández 'El Turronero', un reconocimiento que contó con el respaldo de los diferentes grupos municipales así como de otros tantos colectivos y entidades de la localidad y que el propio empresario había recibido con especial emoción.
Por la plaza de toros desfilaron muchas de las personas que forman parte del particular universo de El Turronero, aunque como reconoció minutos antes de que comenzara el evento, fueron bastantes menos de los que nos tiene acostumbrados porque, esta vez, quería que los auténticos protagonistas fueran sus paisanos de Ubrique.
Aun así, se pudo ver a Bertín Osborne, uno de sus grandes amigos, y también a Pedro Pacheco. El exalcalde de Jerezsaludó de manera efusiva a Bertín a su llegada a la plaza, 40 años después de la célebre frase "la justicia es un cachondeo" a cuenta de la polémica por el derribo del chalé del cantante. El tiempo, además de poner a cada uno en su sitio, también sirve para limar asperezas.
Las fotos para el inicio del evento.
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MANU GARCÍA
Paco Candela bromea con José Luis López, antes del inicio del evento.
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MANU GARCÍA
Paco Candela, Juan José Padilla o Toñi Moreno fueron otras de las caras conocidas que se sumaron en persona a la noche –aunque otros famosos también quisieron dar la enhorabuena a López por vídeo–. La periodista Susana Griso, además, acompañó a José Luis durante su intervención, ejerciendo de cómplice de un pregonero que tenía claro desde el principio que, en lugar de leer, quería contar.
El saludo entre Pacheco y Bertín Osborne.
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MANU GARCÍA
Unos inicios entre turrones y seguros de feria
"Yo nací en la feria, con mis padres, en un puesto de turrón", comenzó José Luis, sentado en un chéster verde sobre el escenario de la plaza de toros. Una frase que resumía perfectamente lo que iba a ser su intervención. Porque si alguien podía hablar de ferias en Ubrique, en Jerez, en Sevilla o en cualquier otro rincón de Andalucía, era él.
A los diez años ya trabajaba. Recorría las ferias con dos espuertas colgando, vendiendo garbanzos y avellanas. Era el hijo de una familia humilde de feriantes y aprendió desde pequeño que detrás de cada fiesta hay muchas horas de trabajo. Pero también descubrió que una feria podía ser mucho más que un lugar donde ganarse la vida.
Toñi Moreno, sobre el escenario, uno de tantos rostros conocidos en Ubrique este pasado viernes.
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MANU GARCÍA
En una de aquellas primeras etapas apareció una persona que le cambió la manera de mirar aquel mundo. Un hombre que le tomó cariño y que, desde la casa de los Lamela, donde su padre tenía un kiosco, se lo llevó a la Feria de Jerez. Allí, dijo, empezó a ver la feria "de otra manera".
Después llegó La Petaquita, la caseta que montó cuando tenía 20 años y que, según reconoció con la naturalidad que le caracteriza, le hizo perder dinero. Pero José Luis, que nunca ha sido demasiado amigo de quedarse quieto ante un problema, contó que montó luego una tienda de juguetes para recuperar las pérdidas de la caseta.
Hasta los 30 años, recordó, vivió prácticamente de feria en feria. Trabajó en los seguros, viajando de un sitio a otro, hasta que poco a poco empezó a disfrutar de aquel mundo y a ganar dinero con otras actividades.
José Luis López, emocionado tras descubrirse su busto, reflejado en una pantalla gigante en el escenario.
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MANU GARCÍA
Y entonces llegó el gran salto. De vender turrones a tener una de las casetas más conocidas de la Feria de Sevilla. De recorrer las calles ofreciendo garbanzos y avellanas a recibir a empresarios, artistas y personajes conocidos. De ganarse la vida en la calle a convertirse en anfitrión.
José Luis lo resumió recordando la pregunta que le hizo un hombre en la pasada Feria de Abril, sobre cómo se sentía teniendo en su caseta a tantísimos rostros conocidos del mundo de los negocios, los medios de comunicación o la cultura. "¿Cómo me iba a sentir, si en la calle de ahí enfrente vendía yo los turrones?", le respondió. Y añadió: "Fíjate lo que me ha costado cruzar la calle, 63 años de mi vida trabajando para llegar a esto".
José Luis continuó su pregón presumiendo de sus orígenes y de su pueblo. Porque para él la de Ubrique es "la mejor Feria del mundo", pero también definió a los ubriqueños como una gente "trabajadora, generosa, abierta y capaz de disfrutar de lo que consigue con su esfuerzo".
José Luis López, durante su pregón, junto a Susana Griso.
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MANU GARCÍA
Además, quiso acordarse de quienes le han acompañado durante todos estos años. De los compañeros de trabajo que tuvo y de los que tiene. De las personas que, de una forma u otra, han contribuido a que haya llegado hasta donde está. "Todos son partícipes de mi éxito", dijo.
Muchas sorpresas
Si algo tenía claro El Turronero es que un pregón suyo no podía limitarse a un discurso. La Fundación López Mariscal y el Ayuntamiento habían preparado una noche cargada de sorpresas.
El evento había comenzado con El Arrebato, que puso música a los primeros compases de una velada que continuaría con el encendido del alumbrado de la feria. Y, con las luces encendidas, llegó otro de los homenajes de la noche.
El Arrebato, durante la actuación que abrió el evento.
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MANU GARCÍA
Los hijos de José Luis descubrieron un busto de su padre instalado en el recinto ferial que desde ahora lleva su nombre y que, de alguna manera, es también un homenaje a sus abuelos, esos vendedores ambulantes de turrón que recorrieron las ferias andaluzas y que acabaron dejando en José Luis López una especial forma de entender la vida.
Pero todavía quedaba lo mejor porque, tratándose de El Turronero, una noche no podía terminar sin regalos. Y no precisamente fueron pequeños.
Los nietos de José Luis se convirtieron en las manos inocentes encargadas de poner emoción a un sorteo que repartió un coche, dos motos y un apartamento de dos habitaciones en Ubrique.
Cantores de Híspalis, un grupo mítico sobre el escenario de la plaza de toros de Ubrique.
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MANU GARCÍA
El recinto, abarrotado.
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MANU GARCÍA
El público, disfrutando.
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MANU GARCÍA
La plaza de toros, ya convertida definitivamente en una enorme fiesta, vivió así momentos de ilusión y nervios propios de los que esperaban que su papeleta fuera la agraciada.
Y cuando parecía que la noche ya había dado todo lo que podía dar, apareció otra sorpresa. Los Cantores de Híspalis, presentados por José Luis como "los reyes de las sevillanas", irrumpieron en escena para terminar de poner en efervescencia al público. Y eso que todavía faltaba Camela.
Camela cerró el evento pasadas las dos de la madrugada.
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MANU GARCÍA
El mítico grupo madrileño puso el broche musical a una noche que terminó convertida en una auténtica fiesta, en la que Ubrique homenajeó a uno de sus vecinos más queridos y en la que José Luis López Fernández pudo reencontrarse, ante 8.000 paisanos, con aquel niño que empezó vendiendo turrón por las ferias andaluzas y que ahora da nombre al recinto ferial de su pueblo.
"Fíjate lo que me ha costado cruzar la calle, 63 años de mi vida trabajando para llegar a esto", había dicho horas antes. Esta vez, la calle la cruzó rodeado de los suyos y con toda Ubrique volcada con él.
José Luis López Fernández nació prácticamente en una feria. Y, 63 años después, volvió a una para contar su vida. Y nada menos que la de su pueblo, Ubrique, a la que define como "la mejor del mundo".
No necesitó papeles. Tampoco fue un pregón al uso. Al ubriqueño más conocido de España le bastó con tirar de corazón y de memoria esta pasada noche de viernes. De aquella que huele a turrón, a algodón de azúcar, a caseta, a sevillanas y a carretera. A la memoria de un niño de Ubrique que, de recorrer las ferias con dos espuertas colgadas del cuerpo vendiendo garbanzos y avellanas, terminó convirtiéndose en uno de los grandes empresarios y filántropos de este país.
Lo de este pasado viernes, decíamos, no fue exactamente un pregón. Fue una conversación íntima con su pueblo, a pesar de las 8.000 personas que llenaban el recinto de la plaza de toros. Una historia contada en primera persona, con la naturalidad de quien ha pasado buena parte de su vida en ferias y sabe que, cuando hay que animar una fiesta, siempre queda una sorpresa más.
El tendido de la plaza de toros de Ubrique, a rebosar desde minutos antes del comienzo del evento.
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La fiesta del Turronero en Ubique.
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Y en esta ocasión, como de costumbre cuando El Turronero está presente, hubo unas cuantas.
Gran expectación y caras conocidas
Que el pregón iba a ser multitudinario se sabía desde hacía días, cuando las invitaciones para acceder al espectáculo se agotaron rápidamente en la Fundación López Mariscal, auténtico punto de peregrinación para quienes querían estar presentes en una noche para la historia.
José Luis López, con el torero Juan José Padilla, en el photocall.
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MANU GARCÍA
Y es que, el Ayuntamiento había aprobado que el recinto ferial llevara desde ahora el nombre de José Luis López Fernández 'El Turronero', un reconocimiento que contó con el respaldo de los diferentes grupos municipales así como de otros tantos colectivos y entidades de la localidad y que el propio empresario había recibido con especial emoción.
Por la plaza de toros desfilaron muchas de las personas que forman parte del particular universo de El Turronero, aunque como reconoció minutos antes de que comenzara el evento, fueron bastantes menos de los que nos tiene acostumbrados porque, esta vez, quería que los auténticos protagonistas fueran sus paisanos de Ubrique.
Aun así, se pudo ver a Bertín Osborne, uno de sus grandes amigos, y también a Pedro Pacheco. El exalcalde de Jerezsaludó de manera efusiva a Bertín a su llegada a la plaza, 40 años después de la célebre frase "la justicia es un cachondeo" a cuenta de la polémica por el derribo del chalé del cantante. El tiempo, además de poner a cada uno en su sitio, también sirve para limar asperezas.
Las fotos para el inicio del evento.
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MANU GARCÍA
Paco Candela bromea con José Luis López, antes del inicio del evento.
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MANU GARCÍA
Paco Candela, Juan José Padilla o Toñi Moreno fueron otras de las caras conocidas que se sumaron en persona a la noche –aunque otros famosos también quisieron dar la enhorabuena a López por vídeo–. La periodista Susana Griso, además, acompañó a José Luis durante su intervención, ejerciendo de cómplice de un pregonero que tenía claro desde el principio que, en lugar de leer, quería contar.
El saludo entre Pacheco y Bertín Osborne.
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MANU GARCÍA
Unos inicios entre turrones y seguros de feria
"Yo nací en la feria, con mis padres, en un puesto de turrón", comenzó José Luis, sentado en un chéster verde sobre el escenario de la plaza de toros. Una frase que resumía perfectamente lo que iba a ser su intervención. Porque si alguien podía hablar de ferias en Ubrique, en Jerez, en Sevilla o en cualquier otro rincón de Andalucía, era él.
A los diez años ya trabajaba. Recorría las ferias con dos espuertas colgando, vendiendo garbanzos y avellanas. Era el hijo de una familia humilde de feriantes y aprendió desde pequeño que detrás de cada fiesta hay muchas horas de trabajo. Pero también descubrió que una feria podía ser mucho más que un lugar donde ganarse la vida.
Toñi Moreno, sobre el escenario, uno de tantos rostros conocidos en Ubrique este pasado viernes.
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MANU GARCÍA
En una de aquellas primeras etapas apareció una persona que le cambió la manera de mirar aquel mundo. Un hombre que le tomó cariño y que, desde la casa de los Lamela, donde su padre tenía un kiosco, se lo llevó a la Feria de Jerez. Allí, dijo, empezó a ver la feria "de otra manera".
Después llegó La Petaquita, la caseta que montó cuando tenía 20 años y que, según reconoció con la naturalidad que le caracteriza, le hizo perder dinero. Pero José Luis, que nunca ha sido demasiado amigo de quedarse quieto ante un problema, contó que montó luego una tienda de juguetes para recuperar las pérdidas de la caseta.
Hasta los 30 años, recordó, vivió prácticamente de feria en feria. Trabajó en los seguros, viajando de un sitio a otro, hasta que poco a poco empezó a disfrutar de aquel mundo y a ganar dinero con otras actividades.
José Luis López, emocionado tras descubrirse su busto, reflejado en una pantalla gigante en el escenario.
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Y entonces llegó el gran salto. De vender turrones a tener una de las casetas más conocidas de la Feria de Sevilla. De recorrer las calles ofreciendo garbanzos y avellanas a recibir a empresarios, artistas y personajes conocidos. De ganarse la vida en la calle a convertirse en anfitrión.
José Luis lo resumió recordando la pregunta que le hizo un hombre en la pasada Feria de Abril, sobre cómo se sentía teniendo en su caseta a tantísimos rostros conocidos del mundo de los negocios, los medios de comunicación o la cultura. "¿Cómo me iba a sentir, si en la calle de ahí enfrente vendía yo los turrones?", le respondió. Y añadió: "Fíjate lo que me ha costado cruzar la calle, 63 años de mi vida trabajando para llegar a esto".
José Luis continuó su pregón presumiendo de sus orígenes y de su pueblo. Porque para él la de Ubrique es "la mejor Feria del mundo", pero también definió a los ubriqueños como una gente "trabajadora, generosa, abierta y capaz de disfrutar de lo que consigue con su esfuerzo".
José Luis López, durante su pregón, junto a Susana Griso.
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MANU GARCÍA
Además, quiso acordarse de quienes le han acompañado durante todos estos años. De los compañeros de trabajo que tuvo y de los que tiene. De las personas que, de una forma u otra, han contribuido a que haya llegado hasta donde está. "Todos son partícipes de mi éxito", dijo.
Muchas sorpresas
Si algo tenía claro El Turronero es que un pregón suyo no podía limitarse a un discurso. La Fundación López Mariscal y el Ayuntamiento habían preparado una noche cargada de sorpresas.
El evento había comenzado con El Arrebato, que puso música a los primeros compases de una velada que continuaría con el encendido del alumbrado de la feria. Y, con las luces encendidas, llegó otro de los homenajes de la noche.
El Arrebato, durante la actuación que abrió el evento.
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MANU GARCÍA
Los hijos de José Luis descubrieron un busto de su padre instalado en el recinto ferial que desde ahora lleva su nombre y que, de alguna manera, es también un homenaje a sus abuelos, esos vendedores ambulantes de turrón que recorrieron las ferias andaluzas y que acabaron dejando en José Luis López una especial forma de entender la vida.
Pero todavía quedaba lo mejor porque, tratándose de El Turronero, una noche no podía terminar sin regalos. Y no precisamente fueron pequeños.
Los nietos de José Luis se convirtieron en las manos inocentes encargadas de poner emoción a un sorteo que repartió un coche, dos motos y un apartamento de dos habitaciones en Ubrique.
Cantores de Híspalis, un grupo mítico sobre el escenario de la plaza de toros de Ubrique.
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MANU GARCÍA
El recinto, abarrotado.
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MANU GARCÍA
El público, disfrutando.
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La plaza de toros, ya convertida definitivamente en una enorme fiesta, vivió así momentos de ilusión y nervios propios de los que esperaban que su papeleta fuera la agraciada.
Y cuando parecía que la noche ya había dado todo lo que podía dar, apareció otra sorpresa. Los Cantores de Híspalis, presentados por José Luis como "los reyes de las sevillanas", irrumpieron en escena para terminar de poner en efervescencia al público. Y eso que todavía faltaba Camela.
Camela cerró el evento pasadas las dos de la madrugada.
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MANU GARCÍA
El mítico grupo madrileño puso el broche musical a una noche que terminó convertida en una auténtica fiesta, en la que Ubrique homenajeó a uno de sus vecinos más queridos y en la que José Luis López Fernández pudo reencontrarse, ante 8.000 paisanos, con aquel niño que empezó vendiendo turrón por las ferias andaluzas y que ahora da nombre al recinto ferial de su pueblo.
"Fíjate lo que me ha costado cruzar la calle, 63 años de mi vida trabajando para llegar a esto", había dicho horas antes. Esta vez, la calle la cruzó rodeado de los suyos y con toda Ubrique volcada con él.
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