Adiós a 106 años de historia de Arcos en apenas seis minutos: "Mi puente ya no está"
La histórica estructura de hierro ha sido derribada este lunes después de casi dos años cerrada, entre la emoción de los vecinos, la resignación del alcalde arcensa, y las críticas del PSOE por la demora en la gestión del futuro nuevo puente de San Miguel
Durante más de un siglo, el Puente de San Miguel ha formado parte del paisaje de Arcos de la Frontera hasta el punto de convertirse en algo más que una infraestructura para cruzar el río Guadalete. Era una estampa en postales, un punto de encuentro para los vecinos y el escenario de fotografías para arcenses y visitantes. Para muchos, simplemente, era el puente viejo. Hasta este lunes 7 de septiembre.
A las ocho de la mañana comenzaban los trabajos de derribo controlados de la estructura de hierro. A esa hora eran muchos los curiosos que se acercaban para decirle adiós al puente, "su puente", como han reconocido varios vecinos a lavozdelsur.es.
La operación, realizada con una grúa especializada con una pinza, ha sido muy rápida, 'mordiéndose' elcordón comprimido del arranque del puente, lo que ha provocado que se viniera abajo en apenas lo que se tarda en contar un chiste, como definía una de las vecinas a este medio. De esta manera se venían abajo 106 años de historia. Para el alcalde de Arcos, Miguel Rodríguez, el derribo era ya la única salida razonable ante el deterioro de la estructura.
"El hecho de intentar recuperar este puente suponía un gasto desmesurado y además íbamos a seguir teniendo un puente dañado y con defectos en la estructura, por lo tanto, la mejor decisión que se ha podido tomar entendemos que es esta", señalaba un par de horas después de su derribo.
El puente pesaba alrededor de 360 toneladas, según explicó el alcalde. El responsable del estudio de alternativas y del desmontaje, el ingeniero Miguel Ángel Jurado, explicó el procedimiento empleado para debilitar el arranque de la estructura hasta hacer que perdiera su efecto de arco.
El resultado fue el final de un puente de hierro que hasta hoy había sobrevivido durante más de un siglo a crecidas del Guadalete, cambios urbanos y a generaciones de vecinos.
"Escalofríos" y "pelos de punta"
Quienes acudieron este lunes a presenciar el derribo pensaban que la operación iba a tardar más tiempo en llevarse a cabo. Sin embargo, todo transcurrió en unos seis minutos.
Ana María Saborido, vecina de Arcos, es gráfica al señalar que "ha sido todo muy rápido, en un chiste". Los minutos posteriores al derribo del puente los describe con emoción. "Se me han puesto los vellos de punta", y recuerda las veces que ha cruzado el puente, las primeras veces cuando era una niña, para ir al campo, en tiempos en que el entorno no estaba aún urbanizado. Desde que lo cerraron, cuenta incluso que dejó de acudir al Barrio Bajo. Y entonces pronuncia con un tono melancólico una frase tan sencilla como contundente: "Mi puente ya no está".
A pocos metros, otra generación, mucho más joven, vivía la misma escena. Ángela Barranco Sánchez, a punto de cumplir 18 años, habla de "muchos escalofríos" y "pelos de punta" entre quienes contemplaron la caída de la estructura.
Ana María Saborido, vecina de Arcos, con el puente de San Miguel de fondo, ya derribado
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JUAN CARLOS TORO
A pesar de que, por su edad, sus recuerdos son más limitados en el tiempo, reconoce que "la lagrimilla esa siempre está. Y más si has estado viendo el puente toda tu vida".
Mucho más que un puente
Cristóbal Serrano, de 75 años, no llegó a tiempo para contemplar el derribo. Sabía que estaba previsto a las ocho de la mañana, pero pensó que la operación se demoraría algo más. Cuando llegó, el puente ya estaba sobre el Guadalete.
"He sentido un poco de melancolía, porque claro, estoy acostumbrado a ver el puente en toda su magnitud, con el arco que tenía, y verlo caído en el suelo, pues te entra un poco de pena".
Sus recuerdos del puente de San Miguel van más allá de su icónica imagen. Para él, el puente es también parte de su Semana Santa y de "las mañanas de Jesús" de cada Viernes Santo, de las reuniones con sus amigos y de una imagen que se ha repetido durante décadas.
Aun así, Cristóbal tampoco cree que el puente de hierro tuviera necesariamente que perpetuarse. De hecho, reconoce que nunca terminó de gustarle y que siempre habría preferido otra solución. "Veía un arco que ocupaba mucho espacio de la cuenca visual. Y a mí siempre me hubiese gustado más un puente de sillería, un puente de piedra que se hubiera asemejado mejor con la parte antigua de Arcos".
Del intento de salvarlo a la decisión de derribarlo
Si bien el puente de San Miguel es ya historia, su final no se presentía hasta aquel 10 de diciembre de 2024 cuando, tras oír algunos vecinos un fuerte crujido, se detectaron daños en una de sus vigas.
Si bien el Ayuntamiento decidió cerrar la infraestructura por seguridad, en los primeros meses de 2025 todavía se hablaba de recuperarlo. Se encargaron estudios técnicos y en marzo de aquel año se aprobó por unanimidad una partida de más de 100.000 euros para afianzar, apuntalar y evitar desplazamientos o deformaciones en el puente mientras se buscaba una solución definitiva.
Pero la situación cambió con las fuertes lluvias del pasado invierno. La crecida del Guadalete provocó nuevos daños en los apoyos y obligó a ejecutar trabajos de emergencia para evitar un posible colapso y que la estructura pudiera bloquear el cauce. Fue entonces cuando el Ayuntamiento comenzó a apostar definitivamente por un puente nuevo.
El alcalde defiende que prolongar la vida del antiguo puente no era una opción razonable. "Hemos corrido todo lo que hemos podido, hemos respetado los tiempos lo máximo posible". Y, tras el derribo, reconoce que "hemos quitado un peligro enorme".
El PSOE critica que "ha estado un año y medio abandonado"
Desde la oposición, el PSOE no cuestiona que el viejo puente tuviera que desaparecer. La crítica de la portavoz socialista Ana Carrera se centra en el tiempo transcurrido desde su cierre porque, considera, "ha estado un año y medio abandonado" y piensa que el Consistorio debería haber aprovechado este tiempo "para avanzar en paralelo en el proyecto y la licitación de ejecución del nuevo puente".
El puente de hierro, ya sobre el Guadalete. Al fondo, la icónica estampa de la parte vieja de Arcos.
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JUAN CARLOS TORO
Pero el reproche de Carrera va más allá de la ya desaparecida infraestructura y lo convierte en un ejemplo de lo que considera una "falta de gestión" y de "desidia del gobierno de Miguel Rodríguez, que está más en tapar los cuatro boquetes del día a día, pero no en los grandes proyectos". Además, recuerda que los comerciantes de la zona han sufrido "pérdidas inasumibles" durante los meses que el puente ha estado cerrado al tráfico.
El alcalde, por su parte, ha rechazado responder a Carrera, habla de "gestión" y asegura que se ha trabajado "para cumplir los trámites y garantizar que el derribo se realizara con todas las garantías".
Del pasado, al futuro
El Puente de San Miguel, también conocido como el Puente de Hierro, fue inaugurado en 1920, sustituyendo a otro de cantería levantado en 1868 y destruido por una riada en 1917.
Tras su derribo, el Ayuntamiento ya trabaja por devolver a Arcos el que será un nuevo puente de San Miguel. Sostiene que la financiación está garantizada y que ya se trabaja en el diseño del nuevo puente.
La futura infraestructura responderá, según el alcalde, a necesidades que el puente de 1920 no podía contemplar, como la doble circulación de vehículos, un paso peatonal adecuado y accesibilidad para personas con movilidad reducida.
Además, el futuro nuevo puente recordará al ya derribado. "Tendrá un arco, porque así nos lo exige Patrimonio y también nuestra intención era que se mantuviera la foto clásica, el skyline de Arcos de la Frontera".
La siguiente fase será redactar el proyecto, licitarlo y ejecutar la obra. El Ayuntamiento asegura que quiere hacerlo "lo antes posible", pero todavía queda por delante todo ese proceso.
Hasta entonces, faltarán años para llenar el vacío y los recuerdos que deja entre los vecinos. Y como bien dice Ana María Saborido, "así no vamos a estar, sin puente".
Durante más de un siglo, el Puente de San Miguel ha formado parte del paisaje de Arcos de la Frontera hasta el punto de convertirse en algo más que una infraestructura para cruzar el río Guadalete. Era una estampa en postales, un punto de encuentro para los vecinos y el escenario de fotografías para arcenses y visitantes. Para muchos, simplemente, era el puente viejo. Hasta este lunes 7 de septiembre.
A las ocho de la mañana comenzaban los trabajos de derribo controlados de la estructura de hierro. A esa hora eran muchos los curiosos que se acercaban para decirle adiós al puente, "su puente", como han reconocido varios vecinos a lavozdelsur.es.
La operación, realizada con una grúa especializada con una pinza, ha sido muy rápida, 'mordiéndose' elcordón comprimido del arranque del puente, lo que ha provocado que se viniera abajo en apenas lo que se tarda en contar un chiste, como definía una de las vecinas a este medio. De esta manera se venían abajo 106 años de historia. Para el alcalde de Arcos, Miguel Rodríguez, el derribo era ya la única salida razonable ante el deterioro de la estructura.
"El hecho de intentar recuperar este puente suponía un gasto desmesurado y además íbamos a seguir teniendo un puente dañado y con defectos en la estructura, por lo tanto, la mejor decisión que se ha podido tomar entendemos que es esta", señalaba un par de horas después de su derribo.
El puente pesaba alrededor de 360 toneladas, según explicó el alcalde. El responsable del estudio de alternativas y del desmontaje, el ingeniero Miguel Ángel Jurado, explicó el procedimiento empleado para debilitar el arranque de la estructura hasta hacer que perdiera su efecto de arco.
El resultado fue el final de un puente de hierro que hasta hoy había sobrevivido durante más de un siglo a crecidas del Guadalete, cambios urbanos y a generaciones de vecinos.
"Escalofríos" y "pelos de punta"
Quienes acudieron este lunes a presenciar el derribo pensaban que la operación iba a tardar más tiempo en llevarse a cabo. Sin embargo, todo transcurrió en unos seis minutos.
Ana María Saborido, vecina de Arcos, es gráfica al señalar que "ha sido todo muy rápido, en un chiste". Los minutos posteriores al derribo del puente los describe con emoción. "Se me han puesto los vellos de punta", y recuerda las veces que ha cruzado el puente, las primeras veces cuando era una niña, para ir al campo, en tiempos en que el entorno no estaba aún urbanizado. Desde que lo cerraron, cuenta incluso que dejó de acudir al Barrio Bajo. Y entonces pronuncia con un tono melancólico una frase tan sencilla como contundente: "Mi puente ya no está".
A pocos metros, otra generación, mucho más joven, vivía la misma escena. Ángela Barranco Sánchez, a punto de cumplir 18 años, habla de "muchos escalofríos" y "pelos de punta" entre quienes contemplaron la caída de la estructura.
Ana María Saborido, vecina de Arcos, con el puente de San Miguel de fondo, ya derribado
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JUAN CARLOS TORO
A pesar de que, por su edad, sus recuerdos son más limitados en el tiempo, reconoce que "la lagrimilla esa siempre está. Y más si has estado viendo el puente toda tu vida".
Mucho más que un puente
Cristóbal Serrano, de 75 años, no llegó a tiempo para contemplar el derribo. Sabía que estaba previsto a las ocho de la mañana, pero pensó que la operación se demoraría algo más. Cuando llegó, el puente ya estaba sobre el Guadalete.
"He sentido un poco de melancolía, porque claro, estoy acostumbrado a ver el puente en toda su magnitud, con el arco que tenía, y verlo caído en el suelo, pues te entra un poco de pena".
Sus recuerdos del puente de San Miguel van más allá de su icónica imagen. Para él, el puente es también parte de su Semana Santa y de "las mañanas de Jesús" de cada Viernes Santo, de las reuniones con sus amigos y de una imagen que se ha repetido durante décadas.
Aun así, Cristóbal tampoco cree que el puente de hierro tuviera necesariamente que perpetuarse. De hecho, reconoce que nunca terminó de gustarle y que siempre habría preferido otra solución. "Veía un arco que ocupaba mucho espacio de la cuenca visual. Y a mí siempre me hubiese gustado más un puente de sillería, un puente de piedra que se hubiera asemejado mejor con la parte antigua de Arcos".
Del intento de salvarlo a la decisión de derribarlo
Si bien el puente de San Miguel es ya historia, su final no se presentía hasta aquel 10 de diciembre de 2024 cuando, tras oír algunos vecinos un fuerte crujido, se detectaron daños en una de sus vigas.
Si bien el Ayuntamiento decidió cerrar la infraestructura por seguridad, en los primeros meses de 2025 todavía se hablaba de recuperarlo. Se encargaron estudios técnicos y en marzo de aquel año se aprobó por unanimidad una partida de más de 100.000 euros para afianzar, apuntalar y evitar desplazamientos o deformaciones en el puente mientras se buscaba una solución definitiva.
Pero la situación cambió con las fuertes lluvias del pasado invierno. La crecida del Guadalete provocó nuevos daños en los apoyos y obligó a ejecutar trabajos de emergencia para evitar un posible colapso y que la estructura pudiera bloquear el cauce. Fue entonces cuando el Ayuntamiento comenzó a apostar definitivamente por un puente nuevo.
El alcalde defiende que prolongar la vida del antiguo puente no era una opción razonable. "Hemos corrido todo lo que hemos podido, hemos respetado los tiempos lo máximo posible". Y, tras el derribo, reconoce que "hemos quitado un peligro enorme".
El PSOE critica que "ha estado un año y medio abandonado"
Desde la oposición, el PSOE no cuestiona que el viejo puente tuviera que desaparecer. La crítica de la portavoz socialista Ana Carrera se centra en el tiempo transcurrido desde su cierre porque, considera, "ha estado un año y medio abandonado" y piensa que el Consistorio debería haber aprovechado este tiempo "para avanzar en paralelo en el proyecto y la licitación de ejecución del nuevo puente".
El puente de hierro, ya sobre el Guadalete. Al fondo, la icónica estampa de la parte vieja de Arcos.
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JUAN CARLOS TORO
Pero el reproche de Carrera va más allá de la ya desaparecida infraestructura y lo convierte en un ejemplo de lo que considera una "falta de gestión" y de "desidia del gobierno de Miguel Rodríguez, que está más en tapar los cuatro boquetes del día a día, pero no en los grandes proyectos". Además, recuerda que los comerciantes de la zona han sufrido "pérdidas inasumibles" durante los meses que el puente ha estado cerrado al tráfico.
El alcalde, por su parte, ha rechazado responder a Carrera, habla de "gestión" y asegura que se ha trabajado "para cumplir los trámites y garantizar que el derribo se realizara con todas las garantías".
Del pasado, al futuro
El Puente de San Miguel, también conocido como el Puente de Hierro, fue inaugurado en 1920, sustituyendo a otro de cantería levantado en 1868 y destruido por una riada en 1917.
Tras su derribo, el Ayuntamiento ya trabaja por devolver a Arcos el que será un nuevo puente de San Miguel. Sostiene que la financiación está garantizada y que ya se trabaja en el diseño del nuevo puente.
La futura infraestructura responderá, según el alcalde, a necesidades que el puente de 1920 no podía contemplar, como la doble circulación de vehículos, un paso peatonal adecuado y accesibilidad para personas con movilidad reducida.
Además, el futuro nuevo puente recordará al ya derribado. "Tendrá un arco, porque así nos lo exige Patrimonio y también nuestra intención era que se mantuviera la foto clásica, el skyline de Arcos de la Frontera".
La siguiente fase será redactar el proyecto, licitarlo y ejecutar la obra. El Ayuntamiento asegura que quiere hacerlo "lo antes posible", pero todavía queda por delante todo ese proceso.
Hasta entonces, faltarán años para llenar el vacío y los recuerdos que deja entre los vecinos. Y como bien dice Ana María Saborido, "así no vamos a estar, sin puente".
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