A las ocho de la mañana empieza a contar el cronómetro. No es una forma de hablar. Para las camareras de pisos –o kellys, como también se las conoce en el sector–, cada jornada, durante la temporada alta de verano, está marcada por un documento que determina buena parte de lo que ocurrirá durante sus siguientes ocho horas de trabajo: el estadillo.
Ahí aparecen las habitaciones que deben limpiar, el tipo de servicio que necesita cada una y si se trata de una salida, una entrada o una habitación ocupada por huéspedes que continuarán alojados.
Después empieza la carrera. Una habitación ocupada puede disponer de unos 25 minutos para quedar lista. Una habitación de salida estándar, aquella en la que el cliente se ha marchado y debe prepararse completamente para el siguiente, puede disponer de 50 minutos. Y eso cuando las condiciones son las que figuran sobre el papel. Porque detrás de cada puerta puede aparecer una habitación perfectamente ordenada o un pequeño campo de batalla.
"Correr sí que es verdad que corremos, porque es un trabajo contrarreloj y no sabes qué habitación te vas a encontrar", explica Ana de Lepiani, camarera de pisos de 37 años que trabaja en un hotel de Sancti Petri y que lleva dedicada a esta profesión desde los 23.

- Vista aérea de zonas de turismo en Chiclana.
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Su testimonio acerca una realidad durante años asociada a una de las caras más desconocidas de la industria turística: la de las mujeres que entran en una habitación cuando el huésped ya se ha marchado y que tienen que conseguir, en cuestión de minutos, que parezca que por allí no ha pasado nadie.
Afortunadamente, Ana explica que las condiciones en este sector están cambiando poco a poco a mejor, en buena medida, por las reivindicaciones ejercida por las propias trabajadoras y por las campañas de Inspección de Trabajo.
Menos habitaciones que hace dos años
Ana recuerda perfectamente cómo era su jornada antes de que comenzaran a aplicarse esos cambios. En 2024 podía encontrarse con 14 ó 15 habitaciones en su estadillo, dependiendo de la tipología y de las circunstancias de cada día. "Ahí no parábamos a comer, desde que empezabas hasta que terminabas casi ni bebíamos agua", recuerda.
Ahora la situación en su hotel es diferente. La carga se ha reducido y Ana asegura que hace menos habitaciones. Pero tampoco quiere presentar su caso como la realidad de todos los hoteles de la provincia. "Me parece injusto decir que porque ahora hago 12 habitaciones al día está todo mejor, cuando hay compañeras que hacen 19 ó 20 en otros hoteles", explica.
La diferencia entre unas trabajadoras y otras varía, como también lo es la dificultad de cada habitación.

- Elementos de playa, en la terraza de un hotel.
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- MANU GARCÍA
No es lo mismo entrar en una en la que el cliente continúa alojado que limpiar una de salida. En esta última hay que retirar toda la ropa de cama, cambiar las toallas, limpiar a fondo, aspirar, retirar mobiliario cuando es necesario, revisar armarios, reponer productos y dejar preparado cada detalle para el siguiente huésped.
Y luego están las triples, las suites y las habitaciones que requieren un repaso. Por eso, el número de habitaciones por sí solo no siempre cuenta todo el trabajo que hay detrás para estas profesionales.
El estadillo manda
El estadillo es, por así decirlo, el mapa de la jornada. Pero también puede convertirse en una particular cuenta atrás para las camareras de piso.
Para Ana, que trabaja ocho horas –de ocho de la mañana a cuatro de la tarde– cinco días a la semana, su tiempo está distribuido en función de las habitaciones que aparecen en ese documento.
En su hotel, una habitación estándar ocupada tiene asignados 25 minutos. Una salida, 50. Las suites disponen de más tiempo. Sin embargo, en otros establecimientos hoteleros, cuenta, esos tiempos pueden reducirse a 10 ó 15 minutos para una habitación ocupada y unos 30 para una salida.
Ahí aparece una de las reivindicaciones históricas del colectivo: que el tiempo asignado tenga en cuenta realmente qué trabajo hay que hacer. Porque el estado de una habitación puede variar sustancialmente de una habitación a otra, sobre todo si los huéspedes son más o menos desordenados –y por qué no decirlo, más o menos guarros–. "Cuando abres la puerta de una habitación no sabes qué te vas a encontrar", resume Ana.

- Vista aérea de El Puerto de Santa María.
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Y ahí es donde aparece lo que desde el sindicato Comisiones Obreras denominan un "destajo implícito", ya que las trabajadoras sienten la presión de completar el estadillo dentro de su jornada.
Mayte López, responsable de Acción Sindical de Servicios de CCOO en Cádiz, asegura que ese continúa siendo uno de los principales problemas del colectivo. Las plantillas, explica, son en ocasiones demasiado ajustadas y las bajas no siempre se cubren con la rapidez necesaria, lo que puede incrementar la carga del resto. "Tenemos que conseguir que este trabajo se ponga en labor", reclama.
Lo que el cliente no ve
Desde fuera, hacer una habitación parece que solo se limita a tareas sencillas como hacer la cama, limpiar el baño, pasar la aspiradora o reponer los productos.
Pero desde dentro, la historia es otra. Porque realizar esfuerzos físicos como mover mobiliario, levantar colchones o agacharse continuamente provoca, a la larga, problemas físicos. Pero cuando hay que limpiar una habitación tras otra en un tiempo limitado, el cuerpo se acaba haciendo a todo. "Con la falta de tiempo y el vicio no piensas ni en cómo te tienes que agachar", cuenta Ana.
Luego, hay otra parte del trabajo que probablemente muchos clientes desconocen. Ana habla, por ejemplo, de los objetos personales que quedan entre las sábanas: unos auriculares que pasan inadvertidos, un bote de colonia colocado demasiado cerca del lavabo o cualquier pertenencia que puede terminar en un lugar inesperado durante la limpieza. Y hay huéspedes que, según cuenta, parecen olvidar que la persona que entra en la habitación "es una trabajadora del hotel y no alguien contratado para limpiar su vivienda y sus pertenencias".
Y al respecto, hay clientes que no guardan el mínimo escrúpulo en tirar cualquier cosa a la papelera, como los que arrojan agujas utilizadas para tratamientos médicos sin protección. Hace dos años, cuenta Ana, dos compañeras sufrieron pinchazos que les obligaron a llevar durante meses un seguimiento preventivo por el posible riesgo de contagio.
Las inspecciones cambian las cosas
En la provincia de Cádiz, CCOO lleva años reclamando medidas para controlar las cargas de trabajo y ha acompañado estas reivindicaciones con actuaciones ante la Inspección de Trabajo.
Las campañas han puesto el foco en los departamentos de pisos de algunas de las principales concentraciones hoteleras de la provincia –La Janda (Chiclana, Barbate y Conil, fundamentalmente), Costa Noroeste (Costa Ballena) y Jerez– y según el sindicato, los requerimientos de Inspección están obligando a las empresas a prestar más atención a las cargas de trabajo y a adaptar los partes diarios.
Así, desde 2024 las condiciones laborales de estas profesionales han mejorado, pero "no todo lo que quisiéramos", señala Ana, que considera necesario reducir aún más la carga de trabajo y eliminar determinadas tareas que, a su juicio, corresponden a otros departamentos, por ejemplo la reposición de determinados productos, como el agua de cortesía o las cafeteras, que considera que no deberían recaer sobre las camareras de piso, sino sobre el servicio de habitaciones.
De otro lado, el nuevo convenio colectivo provincial de Hostelería de Cádiz, con vigencia entre 2025 y 2028, incluye expresamente a las camareras de pisos y establece tablas salariales para los distintos grupos y tipos de establecimiento. Para 2026 contempla un incremento del 4,5%.
La tabla salarial fija, para 2026, cantidades que varían en función del grupo profesional y del tipo de establecimiento. En el grupo 4, por ejemplo, aparecen salarios base de 1.411,04 euros para hoteles de 3 y cuatro estrellas; de 1.277,17 para los de dos estrellas y de 1.253,89 euros mensuales para los catalogados con una estrella. A estas cantidades se pueden sumar conceptos como antigüedad y distintos pluses contemplados en el convenio.
Es una mejora que se suma a las reivindicaciones sobre las condiciones de trabajo, aunque para las camareras de pisos el problema no se soluciona únicamente con una nómina mayor.
Cuando falta una compañera
Y es que, otro de los problemas que pueden alterar completamente una jornada es una baja. En el hotel donde trabaja Ana, asegura que se cubren, aunque hacerlo de un día para otro no siempre resulta sencillo.
Una persona que nunca ha trabajado en ese establecimiento necesita conocer sus habitaciones, sus procedimientos y su ritmo. "Se les da dos días de formación y una semana de adaptación", explica. Sin embargo, recuerda que esto no se da en otros hoteles, por lo que cuando una baja no se cubre, la presión sobre el resto de la plantilla aumenta.
Precisamente, CCOO considera fundamental para mejorar las condiciones de las camareras de pisos el que se adecúen las plantillas a las necesidades reales de cada hotel.
"Yo quiero jubilarme bien"
Ana, que con 37 años lleva prácticamente toda su vida laboral dedicada a las habitaciones de hotel, afirma que "me encanta mi trabajo" y añade que su deseo es poder continuar haciéndolo sin que su oficio termine pasándole una factura que le impida llegar a la jubilación en buenas condiciones.
Por eso, reivindica el reconocimiento de determinadas enfermedades derivadas del trabajo que actualmente no se contemplan como accidente laboral, caso por ejemplo del lumbago, así como otros problemas físicos vinculados a años de esfuerzos y malas posturas.
"Hablan de jubilaciones a los 58 o 59 años. Yo no quiero jubilarme antes, quiero jubilarme bien, como una pera, y sin carga mental. Y sobre todo, que se nos reconozcan las enfermedades que no tenemos reconocidas", explica Ana.
Y es que, a pesar de los avances en el sector, todavía queda una distancia importante entre hacer una habitación y hacerla sin correr.
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