Andalucía tiene cerca de una treintena de municipios en alerta por circulación del virus del Nilo Occidental (VNO), concentrados en su amplia mayoría en la provincia de Sevilla, y también hay uno en Huelva.
Son más de 50 los casos detectados en humanos hasta la fecha este año 2026, de los que 35 han presentado una enfermedad leve y 16 han desarrollado enfermedad neuroinvasiva. Ha habido un fallecido y 19 ingresos hospitalarios.
A pesar de que son peores cifras que las registradas en 2025, cuando en la comunidad andaluza se registraron cinco casos, el experto Jordi Figuerola, profesor de investigación en la Estación Biológica de Doñana del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), aclara que la comparación directa entre temporadas puede inducir a error.
Explica Figuerola, en declaraciones a lavozdelsur.es, que este año, por primera vez, se están contabilizando también los casos leves de la enfermedad, algo que en ejercicios anteriores no se hacía. Según detalla, se está dedicando un esfuerzo específico a detectar esos cuadros más leves con el objetivo de entender mejor por qué unas personas desarrollan síntomas más graves que otras.
El virus del Nilo es un patógeno que forma parte de la lista de enfermedades propias del verano en Andalucía desde hace seis años. En 2010 se registró un caso puntual y otro en 2016, pero los 70 casos de 2020 supusieron un antes y un después. El peor año fue 2024, cuando se registraron 118 contagios y once muertes.
Más casos, pero por un motivo distinto al de 2024
Por ese motivo, insiste Jordi Figuerola, no se pueden equiparar sin más los casos notificados este año con las cifras de temporadas pasadas, ya que estas últimas no incluían los casos leves.
Figuerola pone como ejemplo que en 2025 se registraron en Andalucía cinco casos, todos ellos graves, mientras que esta temporada se contabilizan ya 16 casos graves. Es decir, reconoce que hay más casos graves que el año pasado, pero subraya que la cifra actual está muy lejos de los más de 110 casos graves —en torno a 118— que se produjeron en 2024, año del gran brote epidémico.
A su juicio, no hay motivo para la alarma, sino que simplemente se está contabilizando mejor la incidencia real de la enfermedad.
Cómo se transmite el virus del Nilo
El investigador describe el ciclo de transmisión del virus como una rueda continua entre aves y mosquitos. Según explica, el virus se replica en las aves, y cuando un mosquito infectado se alimenta de un ave sin anticuerpos previos, esta se infecta y amplifica el virus, que puede transmitirse después a otros mosquitos.
Figuerola señala que el virus es endémico en Andalucía, es decir, que está presente todo el año, aunque circula menos en invierno. Con la llegada de la primavera, el aumento de las temperaturas favorece la proliferación de mosquitos y coincide con la eclosión de aves jóvenes que aún no han desarrollado anticuerpos, lo que acelera el ciclo de transmisión.
El investigador de la Estación Biológica de Doñana del CSIC explica que, ocasionalmente, algunos de esos mosquitos infectados pican a caballos o a personas. En el caso de los humanos, precisa que el 80% de las infecciones son asintomáticas, es decir, que la persona ni siquiera llega a notar que ha pasado el virus. Un 19% de los infectados desarrolla lo que define como una "gripe de verano" —fiebre leve, malestar general y erupciones cutáneas—, y menos del 1% de los casos desarrolla sintomatología neuroinvasiva —encefalitis o meningoencefalitis— y, de ese grupo, un 10% puede llegar a fallecer.
Preguntado sobre los factores de riesgo para desarrollar formas graves, apunta que suelen ser personas mayores, con el sistema inmunitario debilitado —por ejemplo, por haber recibido un trasplante de órganos y tomar inmunosupresores— o con otras patologías previas.
Qué ha cambiado en la lucha contra el mosquito
Consultado sobre los avances registrados en los últimos años, Figuerola sitúa el punto de inflexión en 2024. Recuerda que ya en 2020 las administraciones empezaron a ser conscientes de la necesidad de actuar contra los mosquitos.
Desde entonces, señala, algunos municipios mantienen activos sus planes de control de mosquitos durante todo el año, incluido el invierno, mientras que otros solo actúan en primavera y verano, aunque también hay otras instituciones, como la Diputación de Sevilla —la sevillana es la provincia con mayor riesgo de Andalucía—, que realiza labores preventivas varios meses antes de la llegada de los meses más calurosos.
Recomendaciones para reducir el riesgo de picaduras
El investigador insiste en que la responsabilidad de controlar la proliferación de mosquitos no recae solo en las administraciones. A su juicio, buena parte de la cría de mosquitos se produce en el ámbito privado: viviendas, jardines y fincas particulares.
Entre las recomendaciones que traslada para reducir los focos de cría en el entorno doméstico cita revisar y vaciar de platos bajo las macetas, donde los mosquitos ponen sus huevos; vigilar la condensación y cualquier recipiente, bote o bandeja que pueda acumular agua; mantener las piscinas cloradas y bien mantenidas; comprobar los sistemas de riego automático en busca de acumulaciones de agua; y revisar que no quede agua estancada tras las lluvias en espacios mal cubiertos.
A esto añade Jordi Figuerola medidas de protección personal: instalar mosquiteras en ventanas y tiras de goma en las puertas, y utilizar manga larga y repelente al salir a primera o última hora del día, cuando los mosquitos son más activos.
Figuerola quiere rebajar el tono alarmista de estas recomendaciones, señalando que se trata de medidas razonables para reducir el riesgo de picaduras en general, más allá de la circulación del virus, ya que los mosquitos también provocan molestias y reacciones alérgicas.
Sin vacuna humana a la vista, sí disponible para caballos
Consultado sobre la posibilidad de una vacuna humana, Figuerola indica que existen varios prototipos en desarrollo, algunos de los cuales ya han superado las dos primeras fases de ensayo, pero que ninguno ha llegado todavía a la fase 3.
El principal obstáculo, explica, es que este tipo de ensayos requiere vacunar a un número elevado de personas que además estén expuestas al virus, y la circulación de este varía mucho de un año a otro y de una zona a otra, lo que dificulta reunir las condiciones necesarias para completar los ensayos.
En cambio, sí existe una vacuna disponible para caballos, y atribuye la falta de una vacuna humana fundamentalmente a un problema de viabilidad económica y logística de los ensayos.
Andalucía tiene cerca de una treintena de municipios en alerta por circulación del virus del Nilo Occidental (VNO), concentrados en su amplia mayoría en la provincia de Sevilla, y también hay uno en Huelva.
Son más de 50 los casos detectados en humanos hasta la fecha este año 2026, de los que 35 han presentado una enfermedad leve y 16 han desarrollado enfermedad neuroinvasiva. Ha habido un fallecido y 19 ingresos hospitalarios.
A pesar de que son peores cifras que las registradas en 2025, cuando en la comunidad andaluza se registraron cinco casos, el experto Jordi Figuerola, profesor de investigación en la Estación Biológica de Doñana del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), aclara que la comparación directa entre temporadas puede inducir a error.
Explica Figuerola, en declaraciones a lavozdelsur.es, que este año, por primera vez, se están contabilizando también los casos leves de la enfermedad, algo que en ejercicios anteriores no se hacía. Según detalla, se está dedicando un esfuerzo específico a detectar esos cuadros más leves con el objetivo de entender mejor por qué unas personas desarrollan síntomas más graves que otras.
El virus del Nilo es un patógeno que forma parte de la lista de enfermedades propias del verano en Andalucía desde hace seis años. En 2010 se registró un caso puntual y otro en 2016, pero los 70 casos de 2020 supusieron un antes y un después. El peor año fue 2024, cuando se registraron 118 contagios y once muertes.
Más casos, pero por un motivo distinto al de 2024
Por ese motivo, insiste Jordi Figuerola, no se pueden equiparar sin más los casos notificados este año con las cifras de temporadas pasadas, ya que estas últimas no incluían los casos leves.
Figuerola pone como ejemplo que en 2025 se registraron en Andalucía cinco casos, todos ellos graves, mientras que esta temporada se contabilizan ya 16 casos graves. Es decir, reconoce que hay más casos graves que el año pasado, pero subraya que la cifra actual está muy lejos de los más de 110 casos graves —en torno a 118— que se produjeron en 2024, año del gran brote epidémico.
A su juicio, no hay motivo para la alarma, sino que simplemente se está contabilizando mejor la incidencia real de la enfermedad.
Cómo se transmite el virus del Nilo
El investigador describe el ciclo de transmisión del virus como una rueda continua entre aves y mosquitos. Según explica, el virus se replica en las aves, y cuando un mosquito infectado se alimenta de un ave sin anticuerpos previos, esta se infecta y amplifica el virus, que puede transmitirse después a otros mosquitos.
Figuerola señala que el virus es endémico en Andalucía, es decir, que está presente todo el año, aunque circula menos en invierno. Con la llegada de la primavera, el aumento de las temperaturas favorece la proliferación de mosquitos y coincide con la eclosión de aves jóvenes que aún no han desarrollado anticuerpos, lo que acelera el ciclo de transmisión.
El investigador de la Estación Biológica de Doñana del CSIC explica que, ocasionalmente, algunos de esos mosquitos infectados pican a caballos o a personas. En el caso de los humanos, precisa que el 80% de las infecciones son asintomáticas, es decir, que la persona ni siquiera llega a notar que ha pasado el virus. Un 19% de los infectados desarrolla lo que define como una "gripe de verano" —fiebre leve, malestar general y erupciones cutáneas—, y menos del 1% de los casos desarrolla sintomatología neuroinvasiva —encefalitis o meningoencefalitis— y, de ese grupo, un 10% puede llegar a fallecer.
Preguntado sobre los factores de riesgo para desarrollar formas graves, apunta que suelen ser personas mayores, con el sistema inmunitario debilitado —por ejemplo, por haber recibido un trasplante de órganos y tomar inmunosupresores— o con otras patologías previas.
Qué ha cambiado en la lucha contra el mosquito
Consultado sobre los avances registrados en los últimos años, Figuerola sitúa el punto de inflexión en 2024. Recuerda que ya en 2020 las administraciones empezaron a ser conscientes de la necesidad de actuar contra los mosquitos.
Desde entonces, señala, algunos municipios mantienen activos sus planes de control de mosquitos durante todo el año, incluido el invierno, mientras que otros solo actúan en primavera y verano, aunque también hay otras instituciones, como la Diputación de Sevilla —la sevillana es la provincia con mayor riesgo de Andalucía—, que realiza labores preventivas varios meses antes de la llegada de los meses más calurosos.
Recomendaciones para reducir el riesgo de picaduras
El investigador insiste en que la responsabilidad de controlar la proliferación de mosquitos no recae solo en las administraciones. A su juicio, buena parte de la cría de mosquitos se produce en el ámbito privado: viviendas, jardines y fincas particulares.
Entre las recomendaciones que traslada para reducir los focos de cría en el entorno doméstico cita revisar y vaciar de platos bajo las macetas, donde los mosquitos ponen sus huevos; vigilar la condensación y cualquier recipiente, bote o bandeja que pueda acumular agua; mantener las piscinas cloradas y bien mantenidas; comprobar los sistemas de riego automático en busca de acumulaciones de agua; y revisar que no quede agua estancada tras las lluvias en espacios mal cubiertos.
A esto añade Jordi Figuerola medidas de protección personal: instalar mosquiteras en ventanas y tiras de goma en las puertas, y utilizar manga larga y repelente al salir a primera o última hora del día, cuando los mosquitos son más activos.
Figuerola quiere rebajar el tono alarmista de estas recomendaciones, señalando que se trata de medidas razonables para reducir el riesgo de picaduras en general, más allá de la circulación del virus, ya que los mosquitos también provocan molestias y reacciones alérgicas.
Sin vacuna humana a la vista, sí disponible para caballos
Consultado sobre la posibilidad de una vacuna humana, Figuerola indica que existen varios prototipos en desarrollo, algunos de los cuales ya han superado las dos primeras fases de ensayo, pero que ninguno ha llegado todavía a la fase 3.
El principal obstáculo, explica, es que este tipo de ensayos requiere vacunar a un número elevado de personas que además estén expuestas al virus, y la circulación de este varía mucho de un año a otro y de una zona a otra, lo que dificulta reunir las condiciones necesarias para completar los ensayos.
En cambio, sí existe una vacuna disponible para caballos, y atribuye la falta de una vacuna humana fundamentalmente a un problema de viabilidad económica y logística de los ensayos.
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