Andalucía, el retablo de las maravillas de Juanma Moreno

El Parlamento acoge un encendido debate sobre el estado actual de una comunidad en la que el presidente de la Junta, que sigue intentando acercarse al PSOE-A, promete inversiones millonarias y bajadas de impuestos con una mano y se lamenta de la infrafinanciación andaluza con la otra

Juan Marín, vicepresidente de la Junta, saluda a Juan Manuel Moreno, presidente autonómico, antes de iniciarse el pleno en el Parlamento.
Juan Marín, vicepresidente de la Junta, saluda a Juan Manuel Moreno, presidente autonómico, antes de iniciarse el pleno en el Parlamento. JUAN LÓPEZ-CEPERO

Juan Manuel Moreno Bonilla ha dicho en un momento de su discurso que bajo ningún concepto quería caer en la autocomplacencia, pero a lo largo de las 19 páginas que ha leído pareciera instalado en un retablo de las maravillas que solo él ve. “Antes usaba un espejo retrovisor para hablar de la herencia recibida y ahora tiene un espejo delante suya que no le permite mirar a los ojos a esta tierra”, le ha reprochado la nueva portavoz del PSOE andaluz, Ángeles Férriz, en forma, con un punto de agresividad justo para no caer en el no por el no de Díaz, que se ha despedido rumbo al Senado, en ese nuevo tiempo político para la política andaluza que quiere exhibir Juan Espadas.

“Estoy de acuerdo en que hay que tener más centros de salud pero eso hay que pagarlo, y para eso necesitamos una financiación justa (…) Ustedes tendrán que demostrar si son útiles para Andalucía y no son una delegación del señor Sánchez en Andalucía”, le ha reprochado el presidente de la Junta, capaz de prometer inversiones millonarias en sanidad con una mano y quejarse con la otra de ese socorrido España nos roba.

En el pleno del Parlamento andaluz, que este miércoles ha radiografiado la situación general de la Andalucía que empieza a ver luz al final de la negra noche de la pandemia, Moreno ha desafiado una vez más las leyes de la coherencia y ha vuelto a intentar, a lo largo de un discurso inicial plagado de tópicos y buenas intenciones increíbles, que todos viésemos que el rey no va desnudo. Y que, como diría Bob Dylan, los tiempos (en Andalucía) están cambiando.

En el discurso de la Andalucía idílica de Moreno Bonilla, en contra de la amarga queja de hace unos días de Jesús Maetzu, Defensor del Pueblo Andaluz, no hay espacio para conceptos como exclusión social o pobreza infantil —no aparecen ni una sola vez— pero sí para inversión —una decena de veces— y bajada de impuestos. Si se bajan otra vez los impuestos —ya lo han hecho varias veces para remar a favor de los que más tienen— ya contará otro día cómo piensa resolver eso que forma parte, lo diga o no, de la gran tragedia social y económica andaluza. O cómo va a costear todas esas millonarias mejoras en sanidad, educación o dependencia.

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Moreno Bonilla, durante su primera intervención, a mediodía de este miércoles.   JUAN LÓPEZ-CEPERO

En su primer acto, Moreno dijo que no quería caer en la autocomplacencia. Menos mal. En el segundo, en los turnos de réplica, ha tratado de echar balones fuera para no enfadar mucho al socio capital, Vox, y mostrar buen talante y moderación con el nuevo PSOE de Espadas. Soplar y sorber, difícil mezcla, serio problema. Lo malo de Andalucía ya solo es culpa de la infrafinanciación o de la pandemia, lo bueno corresponde a un Gobierno del PP —Cs ya casi es convidado de piedra, y más después del último suspiro granaíno— que ha hecho y está haciendo milagros en dos años y medio.

"¿Qué Andalucía ve a través de la ventana de su despacho?", le ha preguntado el portavoz de Vox en el Parlamento, Manuel Gavira. Y ha proseguido: “Usted ve, escucha, lo que dicen los medios afines a su Gobierno, pero cuando usted rasca un poquito, la realidad es otra, y después de dos años y medio de legislatura su Gobierno ha cambiado poco Andalucía”. Paro estructural, fracaso escolar, sanidad en desmantelamiento, retraso en las infraestructuras… “El panorama casi idílico que ha retratado nos ha dejado un poquito preocupados”, ha arremetido Gavira, soltando la cuña de la auditoría de los chiringuitos. Tres millones de euros de gasto para los andaluces en el análisis de la administración paralela de la Junta que sigue sin ver la luz pública.

"Usted forma parte de los acuerdos de gobernabilidad, usted no puede criticar por un lado, decir que lo positivo es gracias a vosotros, y lo negativo es que este gobierno no es capaz de realizarlo; si esto ha cambiado poco es que su grupo poco ha tenido que ver, no es sensato”, se ha defendido el jefe del Ejecutivo andaluz, tan capaz de prometer planes e inversiones millonarias —850 millones en infraestructuras sanitarias; “26 millones en propaganda y publicidad”, le ha recordado Férriz— y decir que no tiene dinero ni para pipas por culpa de Pedro Sánchez.

Aun así, Moreno ha pedido “pasar de las palabras a los hechos” en posibles acuerdos con el PSOE andaluz porque le interesa desmarcarse de Vox —“líbrese del mal, no caiga en la tentación”, le ha aconsejado Gavira— y sabe que solo cierta apariencia de moderación le hará crecer en votantes. Al nuevo PSOE andaluz de Espadas le interesa acercarse a un punto de confluencia con Moreno porque la estrategia de oposición ha de ser diferente a la batalla a cara de perro del susanismo. Y saben que es la única forma de recuperar algo de credibilidad en el paraíso perdido de San Telmo. Por eso, le han propuesto tres pactos: sanidad, juventud y municipalismo, aunque saben que ahora mismo lo que más preocupa al Gobierno autonómico es cómo sacar adelante la nueva Ley del Suelo, capaz de desatascar 500 planeamientos urbanísticos y permitir la vuelta de la nueva edad dorada del pelotazo.

Porque tan capaz es este presidente de la Junta de ofrecer maravillas en forma de "revolución verde" como de desproteger el litoral para que vuelva el ladrillo más salvaje sin necesidad de estudio de impacto ambiental. Capaz es de anunciar que moderniza el Infoca como de escamotear cientos de miles de euros en ayudas para combatir los incendios forestales. A un lado y a otro del bipartidismo, con permiso de Vox, solo lucha por la supervivencia. Con Ciudadanos en descomposición y la izquierda fragmentada hasta el extremo y sin liderazgo alguno, el bipartidismo quiere ganar músculo para que, en las autonómicas de finales del próximo año, las losas de la ansiada gobernabilidad sean lo menos pesadas posible.

En esa ecuación también está en disputa saber quién es el más andalucista de todos y por ahora, Moreno sigue en cabeza. “Me siento más que autonomista, andalucista. Amo profundamente mi tierra. Amamos profundamente nuestra tierra y amamos profundamente España”. Y cabe suponer que eso también se lo juró y perjuró a los cántabros cuando fue diputado nacional por esta comunidad. O cuando fue recortador en tiempos del austericidio de Rajoy. Porque hay muchas formas de resolver las crisis y muchos indicios que indican si lo que uno ve es radicalmente contrario a lo que perciben los demás. Que los palmeros no te impidan ver el bosque. El sabio Tontonelo fabricó y compuso un retablo al que llamaban de las maravillas por las extraordinarias cosas que en él se mostraban. Ay de los malnacidos o con raza de confeso que no supieran verlas. Y así van cayendo los días.

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