El año que España no acude al Festival de Eurovisión porque Israel participa en el certamen —y esa ha sido la forma gubernamental de protestar contra el genocidio en Palestina— una chica de 30 años que llega del sur del Sur, del municipio sevillano que lleva años colocado en el mapa por sus famosos tomates y por ese triunvirato de futbolistas en lo más alto (Jesús Navas, Fabián Ruiz y Gavi), tiene bastantes posibilidades de hacerse con el premio: 150.000 euros, la grabación de un single y un buen corte de mangas al sistema tal y como estaba montado.
La chica se llama Rosalinda Galán Parrales —aunque en todas partes omitan el apellido de la madre que la parió—, y aunque nació en Los Palacios y Villafranca, no se ha caído de ningún tomatal de la noche a la mañana, sino que lleva media vida trabajando para hacerse un hueco en el difícil panorama del artisteo nacional.
Cuentan en su pueblo, y en su calle, que la niña empezó a cantar copla cuando solo tenía 5 años, y tal vez la culpa la tuvo su madre, Rosa, que desde siempre les tuvo apego a las inolvidables folclóricas de un país que durante una época les dio la espalda: desde Imperio Argentina hasta Marifé de Triana, pasando, por supuesto, por doña Concha Piquer.
Seguramente la formación de la joven Rosalinda, que se marchó a Madrid en cuanto cumplió la mayoría de edad para estudiar Interpretación y Arte Dramático, resultó la combinación perfecta para trazarse a sí misma un nuevo perfil desacomplejado de intelectual de su generación ataviada con bata de cola. Consciente del machismo que se había respirado entonces y ahora y encantada con sus propias propuestas de eclecticismo musical capaz de levantar la voz sin perder la armonía, no rechazó aquel primer papel protagonista que le ofreció el cineasta Ander Duque para la película Zoe (2016), ni el papel que le puso por delante más tarde Javier Fresser en Historias lamentables (2020). Incluso se metió en la piel de María Jiménez, tan en su onda, para la obra Quiero ser María Jiménez. En 2024 publicó su primera canción, “Cállate”, donde relataba, a golpe de copla electrónica, una experiencia de violencia de género con la que sacudió conciencias desde la ventana que le abrió Juan y Medio en su programa.
Una 'Mataora' de Los Palacios
Rosalinda llamó la atención en todo el proceso por el que han pasado los artistas aspirantes, y este pasado jueves pasó sin dificultades la segunda semifinal. De modo que a quien ahora definen en muchos foros televisivos como la nueva voz de la copla contemporánea no le faltan posibilidades esta noche, sino al contrario, y llega a defender, con potentes arreglos de techno, la versión más feminista posible de la Carmen de Merimée, una Mataora, como se titula la canción, de armas tomar.
La artista palaciega tendrá que competir con el resto de aspirantes a llevarse la gloria de este Benidorm Fest huérfano a mucha honra de Eurovisión: el consolidado dúo argentino Miranda y Bailamamá, ese príncipe de la bachata que es Dani J., el también jovencísimo sevillano Mayo (Tócame), The Quinquis, Asha, Izan Llunas, Kenneth (ese gallego de origen venezolano al que Bisbal le dio un empujón tan definitivo), Mikel Herzog Jr. (que ansía la independencia definitiva de su padre), KITAI, María León & Julia Medina y Tony Grox & Lucycalis, esa pareja de productor y cantante que arranca desde Cádiz la promesa de un próximo verano con el pegadizo T Amaré pase lo que pase esta noche.
El Ayuntamiento, con Rosalinda
El Ayuntamiento de Los Palacios y Villafranca le ha mostrado su apoyo incondicional a la artista desde que se conoció su participación en el Benidorm Fest de este año y considera la de esta noche “una cita histórica para nuestro pueblo, para la música y la para la cultura”. El Consistorio palaciego ha animado a través de todos sus canales a apoyar a la artista local y a votar por Rosalía a través de la aplicación oficial de RTVE. Además, ha montado un escenario como punto de encuentro en un céntrico bar de la localidad.


