La posibilidad de que California sufra algún día el temido Big One, el gran terremoto asociado al sistema de fallas de San Andrés, vuelve a ocupar el centro de la atención científica. Una investigación reciente concluye que las fallas de San Andrés y San Jacinto acumulan una tensión tectónica que se encuentra entre las más elevadas de los últimos 1.000 años.
El hallazgo no significa que exista una fecha concreta para el terremoto ni que vaya a producirse de manera inminente. Los expertos pueden estudiar el comportamiento de las fallas y calcular probabilidades, pero no existe actualmente un método capaz de anticipar con precisión el día, la hora y el lugar exacto de un gran seísmo.
La situación, sin embargo, mantiene bajo vigilancia una de las regiones sísmicas más conocidas del planeta. La falla de San Andrés se extiende aproximadamente 1.300 kilómetros desde California hasta Baja California y marca el límite entre las placas tectónicas del Pacífico y Norteamericana, sometidas a una fricción constante.
Las fallas de San Andrés y San Jacinto, en "sobrecarga crítica"
La investigación liderada por Liliane Burkhard, de la Universidad de Berna, señala que la presión acumulada en ambos sistemas de fallas se encuentra en un nivel "histórico". Los investigadores utilizan el término "sobrecarga crítica" para describir la situación actual.
"Durante ese tiempo, la tensión tectónica se ha acumulado a lo largo de estas fallas, aumentando la probabilidad de una gran ruptura futura", señala el estudio.
La preocupación se concentra especialmente en Cajon Pass, al noreste de Los Ángeles y cerca de San Bernardino. En esta zona confluyen las fallas de San Andrés y San Jacinto y pasan importantes corredores de transporte, líneas ferroviarias e infraestructuras energéticas.
Según el análisis, este enclave podría actuar como una especie de "puerta sísmica", facilitando o limitando la propagación de una ruptura entre ambos sistemas. En un escenario extremo, una ruptura conectada podría afectar especialmente a Los Ángeles, San Bernardino, Riverside y el Valle de Coachella.
El denominado Big One se utiliza para describir un hipotético gran terremoto provocado por la ruptura de un tramo importante de San Andrés u otras fallas relacionadas. Algunas proyecciones contemplan un seísmo de magnitud 8 o superior, mientras que otro de los escenarios estudiados plantea una ruptura de magnitud 7,5.
El precedente de 1906 y el impacto de un gran terremoto
El gran referente histórico sigue siendo el terremoto de San Francisco del 18 de abril de 1906, estimado en magnitud 7,9. Destruyó buena parte del área de la Bahía y causó alrededor de 3.000 muertes.
Posteriormente, California sufrió otros grandes terremotos, como el de Kern en 1952, de magnitud 7,5, y el de Landers en 1992, de magnitud 7,3. Las estimaciones sobre las consecuencias de otro gran seísmo son considerables. Un terremoto de grandes dimensiones en esta parte de California podría provocar más de 1.800 muertos y 50.000 heridos, además de daños en edificios, infraestructuras y servicios públicos valorados en unos 200.000 millones de dólares.
Según el estudio HayWired del Servicio Geológico de Estados Unidos, durante los seis primeros meses posteriores a un gran terremoto podrían producirse además pérdidas de 44.000 millones de dólares del PIB de California, equivalentes al 4% de su economía.
La actividad sísmica, en cualquier caso, es permanente en todo el planeta. Según datos del USGS, cada año se registran más de 500.000 terremotos, aunque la mayoría son demasiado pequeños para ser percibidos. Aproximadamente 67.000 superan la magnitud 3, mientras que de media se producen unos 15 terremotos anuales de magnitud 7 o superior y alrededor de uno alcanza o supera la magnitud 8.
La posibilidad de que California sufra algún día el temido Big One, el gran terremoto asociado al sistema de fallas de San Andrés, vuelve a ocupar el centro de la atención científica. Una investigación reciente concluye que las fallas de San Andrés y San Jacinto acumulan una tensión tectónica que se encuentra entre las más elevadas de los últimos 1.000 años.
El hallazgo no significa que exista una fecha concreta para el terremoto ni que vaya a producirse de manera inminente. Los expertos pueden estudiar el comportamiento de las fallas y calcular probabilidades, pero no existe actualmente un método capaz de anticipar con precisión el día, la hora y el lugar exacto de un gran seísmo.
La situación, sin embargo, mantiene bajo vigilancia una de las regiones sísmicas más conocidas del planeta. La falla de San Andrés se extiende aproximadamente 1.300 kilómetros desde California hasta Baja California y marca el límite entre las placas tectónicas del Pacífico y Norteamericana, sometidas a una fricción constante.
Las fallas de San Andrés y San Jacinto, en "sobrecarga crítica"
La investigación liderada por Liliane Burkhard, de la Universidad de Berna, señala que la presión acumulada en ambos sistemas de fallas se encuentra en un nivel "histórico". Los investigadores utilizan el término "sobrecarga crítica" para describir la situación actual.
"Durante ese tiempo, la tensión tectónica se ha acumulado a lo largo de estas fallas, aumentando la probabilidad de una gran ruptura futura", señala el estudio.
La preocupación se concentra especialmente en Cajon Pass, al noreste de Los Ángeles y cerca de San Bernardino. En esta zona confluyen las fallas de San Andrés y San Jacinto y pasan importantes corredores de transporte, líneas ferroviarias e infraestructuras energéticas.
Según el análisis, este enclave podría actuar como una especie de "puerta sísmica", facilitando o limitando la propagación de una ruptura entre ambos sistemas. En un escenario extremo, una ruptura conectada podría afectar especialmente a Los Ángeles, San Bernardino, Riverside y el Valle de Coachella.
El denominado Big One se utiliza para describir un hipotético gran terremoto provocado por la ruptura de un tramo importante de San Andrés u otras fallas relacionadas. Algunas proyecciones contemplan un seísmo de magnitud 8 o superior, mientras que otro de los escenarios estudiados plantea una ruptura de magnitud 7,5.
El precedente de 1906 y el impacto de un gran terremoto
El gran referente histórico sigue siendo el terremoto de San Francisco del 18 de abril de 1906, estimado en magnitud 7,9. Destruyó buena parte del área de la Bahía y causó alrededor de 3.000 muertes.
Posteriormente, California sufrió otros grandes terremotos, como el de Kern en 1952, de magnitud 7,5, y el de Landers en 1992, de magnitud 7,3. Las estimaciones sobre las consecuencias de otro gran seísmo son considerables. Un terremoto de grandes dimensiones en esta parte de California podría provocar más de 1.800 muertos y 50.000 heridos, además de daños en edificios, infraestructuras y servicios públicos valorados en unos 200.000 millones de dólares.
Según el estudio HayWired del Servicio Geológico de Estados Unidos, durante los seis primeros meses posteriores a un gran terremoto podrían producirse además pérdidas de 44.000 millones de dólares del PIB de California, equivalentes al 4% de su economía.
La actividad sísmica, en cualquier caso, es permanente en todo el planeta. Según datos del USGS, cada año se registran más de 500.000 terremotos, aunque la mayoría son demasiado pequeños para ser percibidos. Aproximadamente 67.000 superan la magnitud 3, mientras que de media se producen unos 15 terremotos anuales de magnitud 7 o superior y alrededor de uno alcanza o supera la magnitud 8.
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