La disponibilidad de agua no es el único factor que determina quién consigue beber en la naturaleza. La posición que ocupa cada animal dentro de su grupo también puede marcar importantes diferencias. Así lo demuestra una investigación liderada por científicos de la Universidad de Cádiz con mirlos capiblancos en el Parque Nacional del Teide.
Según comparte la UCA en una nota, el estudio concluye que los ejemplares dominantes visitan con mayor frecuencia los puntos de agua, beben más veces y consumen mayores cantidades diariamente que los individuos subordinados. Una diferencia especialmente relevante en ecosistemas donde la sequía y la creciente aridez reducen un recurso imprescindible para la supervivencia.
La investigación ha sido desarrollada por Tamara Burgos, Juan P. González-Varo y Beatriz Rumeu, del departamento de Biología y del INMAR de la Universidad de Cádiz, junto a Juan Carlos Illera, de la Universidad de Oviedo, y Manuel Nogales, del IPNA-CSIC. Los resultados se han publicado en Integrative Zoology.
Cada invierno, unas pocas decenas de mirlos capiblancos (Turdus torquatus) procedentes del norte de Europa llegan al Parque Nacional del Teide. Allí desempeñan un papel ecológico destacado al actuar como uno de los principales dispersores de semillas del cedro canario, una especie endémica amenazada.
Seguimiento de nueve ejemplares
Para analizar su comportamiento, los investigadores siguieron a nueve ejemplares marcados durante el invierno de 2022-2023. Cámaras automáticas colocadas en tres puntos de agua permitieron registrar miles de visitas y estudiar cuánto bebía cada ave, el tiempo que permanecía en el lugar y sus interacciones sociales.
Los resultados fueron significativos. Los individuos dominantes llegaron a consumir diariamente una cantidad de agua cercana al 30% de su propio peso, mientras que los subordinados redujeron alrededor de un 75% la cantidad ingerida cuando coincidían con ellos.
Las diferencias no estaban relacionadas con el sexo, la edad o el tamaño corporal, sino con la propia jerarquía del grupo. Además, factores como la sombra, el refugio o la presencia de alimento también modificaron el uso de los distintos puntos de agua.
El trabajo advierte así de que estudiar únicamente el comportamiento medio de una población puede ocultar diferencias individuales relevantes. Incorporar estas desigualdades, sostienen los autores, puede contribuir a diseñar estrategias de conservación más eficaces frente al cambio climático, especialmente para especies que cumplen funciones esenciales como la dispersión de semillas.
La disponibilidad de agua no es el único factor que determina quién consigue beber en la naturaleza. La posición que ocupa cada animal dentro de su grupo también puede marcar importantes diferencias. Así lo demuestra una investigación liderada por científicos de la Universidad de Cádiz con mirlos capiblancos en el Parque Nacional del Teide.
Según comparte la UCA en una nota, el estudio concluye que los ejemplares dominantes visitan con mayor frecuencia los puntos de agua, beben más veces y consumen mayores cantidades diariamente que los individuos subordinados. Una diferencia especialmente relevante en ecosistemas donde la sequía y la creciente aridez reducen un recurso imprescindible para la supervivencia.
La investigación ha sido desarrollada por Tamara Burgos, Juan P. González-Varo y Beatriz Rumeu, del departamento de Biología y del INMAR de la Universidad de Cádiz, junto a Juan Carlos Illera, de la Universidad de Oviedo, y Manuel Nogales, del IPNA-CSIC. Los resultados se han publicado en Integrative Zoology.
Cada invierno, unas pocas decenas de mirlos capiblancos (Turdus torquatus) procedentes del norte de Europa llegan al Parque Nacional del Teide. Allí desempeñan un papel ecológico destacado al actuar como uno de los principales dispersores de semillas del cedro canario, una especie endémica amenazada.
Seguimiento de nueve ejemplares
Para analizar su comportamiento, los investigadores siguieron a nueve ejemplares marcados durante el invierno de 2022-2023. Cámaras automáticas colocadas en tres puntos de agua permitieron registrar miles de visitas y estudiar cuánto bebía cada ave, el tiempo que permanecía en el lugar y sus interacciones sociales.
Los resultados fueron significativos. Los individuos dominantes llegaron a consumir diariamente una cantidad de agua cercana al 30% de su propio peso, mientras que los subordinados redujeron alrededor de un 75% la cantidad ingerida cuando coincidían con ellos.
Las diferencias no estaban relacionadas con el sexo, la edad o el tamaño corporal, sino con la propia jerarquía del grupo. Además, factores como la sombra, el refugio o la presencia de alimento también modificaron el uso de los distintos puntos de agua.
El trabajo advierte así de que estudiar únicamente el comportamiento medio de una población puede ocultar diferencias individuales relevantes. Incorporar estas desigualdades, sostienen los autores, puede contribuir a diseñar estrategias de conservación más eficaces frente al cambio climático, especialmente para especies que cumplen funciones esenciales como la dispersión de semillas.
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