Hay olores capaces de devolver a cualquiera a otra época. En Venta de Cartuja, a orillas del Guadalete y la tercera venta más antigua de España, uno de ellos sale cada día del obrador: el del pan elaborado artesanalmente y horneado con leña, una tradición que este histórico establecimiento jerezano mantiene viva generación tras generación.
“¿Hueles eso?. Es el pan de siempre, el que elaboramos cada día artesanalmente en nuestro obrador de Venta de Cartuja”, explican desde el establecimiento. Cada pieza, añaden, nace “con el tiempo, la dedicación y el respeto por una forma de hacer pan que sigue conquistando generaciones”.
Especial protagonismo tienen sus teleras, convertidas en uno de los productos más reconocibles de una casa donde la harina forma parte de su propia historia.

- El Guadalete, a la altura de la Venta Cartuja, este viernes.
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- MANU GARCÍA
De molino hidráulico a una de las ventas más antiguas
Venta de Cartuja se encuentra junto al histórico puente de Cartuja, sobre la margen derecha del Guadalete. El establecimiento, cuya construcción data de finales del siglo XVI y se sitúa en 1592, se levantó sobre la casa-depósito de un antiguo molino hidráulico destinado a fabricar harina.
En sus orígenes funcionaba como una venta en un cruce de caminos donde se ofrecían productos básicos como pan, cachinas y vino. Más de cuatro siglos después, aquella relación con la harina continúa en su horno de leña.
La venta está considerada el restaurante más antiguo de Jerez y entre los tres más antiguos de España. Junto al puente de piedra forma además parte de un entorno declarado Bien de Interés Cultural.
Hoy mantiene una cocina basada en recetas tradicionales. A sus famosas teleras se unen desayunos de “rebaná de campo” con zurrapa de lomo, chicharrones caseros, guisos, carnes de caza y productos como queso de oveja en aceite, chorizos, salchichones ibéricos, caña de lomo, paletas y jamones.

- El conocido mollete de la Venta Cartuja desembarca en el Jerez urbano.
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Tres inundaciones desde 2010
Su larga historia tampoco ha estado libre de golpes. Rodrigo Valle ha vivido tres inundaciones en el negocio durante los últimos 16 años, todas desde 2010.
Su padre había permanecido 37 años en ese mismo lugar sin sufrir ninguna. Los “antiguos”, recuerda Valle, ya advertían de que estos episodios eran cíclicos.
Durante las borrascas del pasado invierno el agua volvió a entrar en el establecimiento. Valle relató que el agua comenzó alcanzando unos 20 centímetros y posteriormente llegó hasta aproximadamente metro y medio.
“Es ahora tiempo de mucho trabajo”, afirmaba entonces el propietario ante unos daños que obligaban de nuevo al negocio familiar a levantarse del barro.
Siglos después de su nacimiento, la esencia permanece prácticamente en el mismo sitio: harina, fuego, pan y recetas de siempre junto al Guadalete. Y el olor de las teleras recién horneadas continúa siendo una de las señas de identidad de esta histórica venta jerezana.
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