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Motomami's Club, el primer club LBT de Cádiz para "que las mujeres no se sientan solas": salir del armario y encontrar un espacio seguro

Sara Bermejo, de 30 años, es la creadora de Motomami’s Club, comunidad a la que se han unido Almudena García (37), Lola Cruz (27), Lucía Treceño (31) y otras decenas de participantes para combatir la soledad no deseada en la provincia de Cádiz

  • Lola Cruz, Sara Bermejo, Lucía Treceño y Almudena García, integrantes del Motomami’s Club. -

"Al final nunca se deja de salir del armario porque en distintos ámbitos hay una heteronormatividad. Todo el mundo se presupone hetero hasta que se demuestra lo contrario". Es una realidad que Lucía Treceño Fernández conoce bien. Esta isleña de 31 años comparte una historia que no es ajena a quienes deciden ser ellas mismas con libertad. Empezó con 22 años después de atravesar una crisis personal que la llevó a replantearse muchas cosas.

Almudena García Chacón, de 37 años y natural de Puerto Real, vivió ese proceso antes. Con 15 años se lo contó a sus dos mejores amigos y, con 17, a su familia. Lola Cruz Jurado, gaditana de 27 años, siempre lo llevó con naturalidad. "Salí del armario con 16 años, lo comenté en mi círculo de amistades, pero con mi familia fue algo más tarde, a los 19 años, cuando tuve a mi primera pareja, que era una chica", expresa. 

Son tres mujeres que, este 11 de octubre, Día Internacional para Salir del Armario (Coming Out Day), reivindican con sus experiencias la libertad de vivir la identidad sexual o de género sin sufrir violencia, discriminación ni vejaciones. Un dardo directo a las conciencias que todavía hay que remover en una jornada donde el foco apunta a los derechos humanos de la comunidad LGTBI+ desde 1988. 

Ese ansiado espacio seguro donde sentirse arropadas existe desde este verano para estas jóvenes. No se conocían de nada, pero sus caminos, y el de otras cientos de mujeres de distintas procedencias y edades, se han cruzado gracias a Motomami’s Club.

Combatir la soledad no deseada

Es Sara Bermejo Cruz, de 30 años, la culpable de que hayan acabado un día cualquiera delante del Castillo de San Marcos de El Puerto hablando de inquietudes, miedos, aficiones y sueños. Natural de Almagro, en Ciudad Real, esta joven es la impulsora de esta iniciativa que nace para combatir la soledad no deseada entre mujeres lesbianas, bisexuales y trans (LBT). Ahora existe en la provincia de Cádiz una red comunitaria con Mujeres LBT con distintas realidades basada en el encuentro, la participación social, el ocio saludable y la generación de vínculos significativos. Juegan al pádel, hacen rutas de senderismo, hacen escalada o salen de fiesta.

  • Sara Bermejo, fundadora de la iniciativa Motomami’s Club de mujeres LBT.
  • -

"Yo salí del armario con 24 años, después de haber tenido una relación muy larga con un chico, fue como mi persona más cercana y me permitió ser yo", recuerda Sara.

"Poco se habla de lo difícil que es salir del armario con una misma, las barreras que nos ponemos para cumplir lo que se espera de nosotras en la sociedad, en la familia o en el entorno que sea. Qué difícil es y qué bien encaja todo cuando realmente es mover una pieza tan sencilla. Para mí, salir del armario es de las mejores cosas que me han pasado en la vida, era una parte de mí que yo misma me estaba negando, y eso es lo más complicado", dice esta mujer que, tras vivir durante siete años en Madrid, en febrero de este año se mudó a esta ciudad donde quería echar raíces. 

Durante su etapa madrileña se había acostumbrado a relacionarse con otras mujeres LBT. Era un ambiente donde se sentía cómoda, segura y podía desenvolverse con naturalidad. Sin embargo, al trasladarse a la provincia de Cádiz, se encontró con una escena distinta. "Yo echaba en falta los círculos LBT", reconoce. Por ello, buscó alternativas, habló con otras mujeres y descubrió que no era la única que necesitaba un lugar así. 

"Como no llegaba a sentir del todo que tuviera ese espacio, decidí crearlo yo misma", comenta. Para ello, se inspiró en Bichotas Lab, una comunidad de Almería impulsada por una amiga suya que había comenzado su actividad a principios de verano.

La idea llevaba tiempo rondándole la cabeza. En agosto, comenzó a preparar el nombre, el logotipo y otros detalles del proyecto, y pronto encontró una oportunidad para darlo a conocer: la fiesta Melocotón, que se celebró el 14 de agosto en Cádiz, un encuentro sáfico y LGTBIQ+ dirigido especialmente a mujeres.

Fue en la sala Kings & Queens donde Sara pegó carteles y presentó su iniciativa a los asistentes. "Al día siguiente, casi todo el mundo de la fiesta estaba en la comunidad", dice.

Una comunidad muy diversa

Según explica su fundadora, este club funciona a través de WhatsApp, donde las participantes se reúnen tanto en un grupo general como en otros más específicos según los intereses de cada una. Existe Motomamis Women, destinado a mujeres más adultas que prefieren compartir experiencias con personas de una etapa vital similar; Motomamis University, para las universitarias; o Motomamis Olimpicus, para quienes disfrutan del deporte.

También hay sitio para el Carnaval, con Motomamis al 3x4, y para los videojuegos, a través de Motomamis Gamers, donde las mujeres han creado un espacio en Discord para charlar mientras juegan.

  • Lucía y Sara comparten sus experiencias con lavozdelsur.es.
  • -
  • Almudena García, de 37 años y natural de Puerto Real.
  • -

"El objetivo que buscamos es que la gente no se sienta sola, que pueda tener esa libertad para unirse a los planes que les apetezca", explica Sara.

Además, las conversaciones previas ayudan a superar ese momento incómodo de llegar a una actividad sin conocer a nadie. En los grupos se intercambian opiniones, surgen debates y comienzan amistades antes incluso del primer encuentro presencial.

Almudena es una de las que se ha sumado a esta propuesta. La conoció porque seguía a la organización de la fiesta Melocotón, aunque ella no terminó yendo porque "no tenía con quien ir". "Yo venía de una etapa personal bastante complicada y, aunque yo sentía el apoyo de mis familias y de amigos más cercanos, al final ellos tienen su vida, tienen su trabajo y sus compromisos y es normal, pero en muchas ocasiones yo me sentía sola", relata.

Había comenzado a realizar numerosas actividades por su cuenta, aunque deseaba compartirlas con otras personas. Buscaba nuevas amistades con gustos similares y, entonces, apareció Motomami’s Club. "Aunque yo soy bastante tímida, me suele costar entrar en grupos así, creo que vi el momento oportuno y me lancé a unirme", dice.

Lola sí asistió a esa fiesta y, por curiosidad, escaneó en código QR de los carteles que Sara había colocado. "Al final yo creo que las asociaciones se quedan en algo como más institucional, este club viene como desde abajo, por decirlo de una forma, es como más social", comenta.

Una de cada tres mujeres LBT experimenta soledad no deseada

Detrás de esta iniciativa también existe una reivindicación: combatir la invisibilidad de las mujeres LBT, tanto en determinados espacios feministas como dentro del propio movimiento LGTBI+.

  • Lola Cruz, gaditana de 27 años.
  • -

"Hay mucho movimiento LGBT en general y está genial, porque es verdad que se nos incluye en esos espacios, pero el hecho de que tengamos espacios no significa que nuestras necesidades queden cubiertas", sostiene.

En su opinión, muchos de esos lugares terminan teniendo una presencia predominantemente masculina. "Nuestras necesidades quedan más relegadas a un segundo plano y por eso era interesante que pudiéramos tener una comunidad de chicas", añade.

Los datos que acompañan a esta realidad son significativos. Según el Barómetro de la Soledad No Deseada en España 2024, la prevalencia de la soledad no deseada alcanza el 21,4% entre las mujeres heterosexuales, frente al 33,5% de las mujeres LBT. Es decir, aproximadamente una de cada tres mujeres lesbianas, bisexuales o trans la experimenta.

Ellas explican que no siempre se trata de carecer de amigos o de apoyo familiar. Simplemente falta un entorno en el que compartir experiencias con personas que hayan atravesado situaciones parecidas. 

Lola nunca ha tenido dificultades para hacer amistades. Sin embargo, sentía que su círculo era muy heteronormativo y que había experiencias que no podía compartir de la misma manera. "Por mucho que tus amigos sean muy abiertos y no tengan ningún problema con eso, el círculo no es lo mismo", explica.

Comentarios que duelen

Salir del armario, a veces, acarrea una serie de situaciones de discriminación que todavía sufren las mujeres LBT. "En un principio la familia no lo encaja bien, ha costado su tiempo, pero sí que es verdad que a veces en grupos te sientes un poco que no encajas del todo", reconoce Almudena.

Lola también recuerda haber recibido comentarios "fuera de lugar por la calle", aunque asegura que dentro de su grupo de amistades no ha tenido que lidiar con eso.

Lucía sí que tuvo el apoyo de su familia desde el principio. Pero no en todos los entornos. "Comentarios fuera de lugar he sufrido algunos, en el instituto alguna vez me han llamado 'bollera de mierda'", sostiene la isleña, que además, ha tenido que escucharlos en su ámbito laboral.

  • Lucía Treceño, isleña de 31 años.
  • -

"A compañeras con las que tengo pleno confianza les conté que formaba parte de este grupo. Y dijeron 'bueno, pero el grupo ese, ¿a qué está enfocado? Porque tiene que haber mucho puterío'", dice mientras las demás cambian su expresión.

"Llega un momento que empezamos a normalizar ciertos comentarios... y piensas, por lo menos no me han matado por la calle. Realmente las vivencias son duras", añade Sara.

Ser referentes para las próximas generaciones

En Motomami’s Club se sienten seguras y libres. Cuentan con un apoyo y crean nuevos vínculos que vienen a aportar. Desde el club tenderán la mano a las nuevas generaciones, esas que, pese a las dificultades, están convencidas de que pueden hoy encontrar algo que a muchas mujeres de su edad les faltó cuando comenzaron a descubrir su identidad. "Yo sí que creo que van a tener referentes", dice Sara pensando en sus sobrinos y sobrinas.

En su familia no había tenido personas con las que identificarse en este sentido y ahora espera poder ocupar ese lugar para quienes vengan detrás. "Qué bien estar yo, aunque sea la oveja negra de la familia. Yo he sido totalmente transparente con ellos, y espero que ellos puedan sentir la libertad de mostrarse como son o como necesiten sentir", comenta.

Mientras tanto, Motomami’s Club continúa dando forma a esta nueva comunidad pionera en la zona que ha llegado para ofrecer compañía. No descartan constituirlo como asociación en un futuro y, de momento, han estrechado lazos con el Ayuntamiento de El Puerto. La concejala de Igualdad, Silvia Gómez, les ha trasladado la colaboración del área municipal, facilitando recursos y espacios para preparar actividades.

  • Las jóvenes participan en planes y comparten inquietudes en una comunidad donde se sienten seguras.
  • -

El club ya se ha dejado ver en algunos planes de la ciudad y en actividades organizadas por otras asociaciones como la Marcha Rosa, de la Asociación de Mujeres Cáncer Bahía. Quienes deseen conocer más, pueden explorar su Instagram, @motomamis.club, donde también está disponible el enlace para acceder a su WhatsApp.

Un modo de encontrar personas con las que poder sentirse una misma y seguir luchando por entornos físicos, sociales o digitales libres de acoso o violencia.

"Al final nunca se deja de salir del armario porque en distintos ámbitos hay una heteronormatividad. Todo el mundo se presupone hetero hasta que se demuestra lo contrario". Es una realidad que Lucía Treceño Fernández conoce bien. Esta isleña de 31 años comparte una historia que no es ajena a quienes deciden ser ellas mismas con libertad. Empezó con 22 años después de atravesar una crisis personal que la llevó a replantearse muchas cosas.

Almudena García Chacón, de 37 años y natural de Puerto Real, vivió ese proceso antes. Con 15 años se lo contó a sus dos mejores amigos y, con 17, a su familia. Lola Cruz Jurado, gaditana de 27 años, siempre lo llevó con naturalidad. "Salí del armario con 16 años, lo comenté en mi círculo de amistades, pero con mi familia fue algo más tarde, a los 19 años, cuando tuve a mi primera pareja, que era una chica", expresa. 

Son tres mujeres que, este 11 de octubre, Día Internacional para Salir del Armario (Coming Out Day), reivindican con sus experiencias la libertad de vivir la identidad sexual o de género sin sufrir violencia, discriminación ni vejaciones. Un dardo directo a las conciencias que todavía hay que remover en una jornada donde el foco apunta a los derechos humanos de la comunidad LGTBI+ desde 1988. 

Ese ansiado espacio seguro donde sentirse arropadas existe desde este verano para estas jóvenes. No se conocían de nada, pero sus caminos, y el de otras cientos de mujeres de distintas procedencias y edades, se han cruzado gracias a Motomami’s Club.

Combatir la soledad no deseada

Es Sara Bermejo Cruz, de 30 años, la culpable de que hayan acabado un día cualquiera delante del Castillo de San Marcos de El Puerto hablando de inquietudes, miedos, aficiones y sueños. Natural de Almagro, en Ciudad Real, esta joven es la impulsora de esta iniciativa que nace para combatir la soledad no deseada entre mujeres lesbianas, bisexuales y trans (LBT). Ahora existe en la provincia de Cádiz una red comunitaria con Mujeres LBT con distintas realidades basada en el encuentro, la participación social, el ocio saludable y la generación de vínculos significativos. Juegan al pádel, hacen rutas de senderismo, hacen escalada o salen de fiesta.

  • Sara Bermejo, fundadora de la iniciativa Motomami’s Club de mujeres LBT.
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"Yo salí del armario con 24 años, después de haber tenido una relación muy larga con un chico, fue como mi persona más cercana y me permitió ser yo", recuerda Sara.

"Poco se habla de lo difícil que es salir del armario con una misma, las barreras que nos ponemos para cumplir lo que se espera de nosotras en la sociedad, en la familia o en el entorno que sea. Qué difícil es y qué bien encaja todo cuando realmente es mover una pieza tan sencilla. Para mí, salir del armario es de las mejores cosas que me han pasado en la vida, era una parte de mí que yo misma me estaba negando, y eso es lo más complicado", dice esta mujer que, tras vivir durante siete años en Madrid, en febrero de este año se mudó a esta ciudad donde quería echar raíces. 

Durante su etapa madrileña se había acostumbrado a relacionarse con otras mujeres LBT. Era un ambiente donde se sentía cómoda, segura y podía desenvolverse con naturalidad. Sin embargo, al trasladarse a la provincia de Cádiz, se encontró con una escena distinta. "Yo echaba en falta los círculos LBT", reconoce. Por ello, buscó alternativas, habló con otras mujeres y descubrió que no era la única que necesitaba un lugar así. 

"Como no llegaba a sentir del todo que tuviera ese espacio, decidí crearlo yo misma", comenta. Para ello, se inspiró en Bichotas Lab, una comunidad de Almería impulsada por una amiga suya que había comenzado su actividad a principios de verano.

La idea llevaba tiempo rondándole la cabeza. En agosto, comenzó a preparar el nombre, el logotipo y otros detalles del proyecto, y pronto encontró una oportunidad para darlo a conocer: la fiesta Melocotón, que se celebró el 14 de agosto en Cádiz, un encuentro sáfico y LGTBIQ+ dirigido especialmente a mujeres.

Fue en la sala Kings & Queens donde Sara pegó carteles y presentó su iniciativa a los asistentes. "Al día siguiente, casi todo el mundo de la fiesta estaba en la comunidad", dice.

Una comunidad muy diversa

Según explica su fundadora, este club funciona a través de WhatsApp, donde las participantes se reúnen tanto en un grupo general como en otros más específicos según los intereses de cada una. Existe Motomamis Women, destinado a mujeres más adultas que prefieren compartir experiencias con personas de una etapa vital similar; Motomamis University, para las universitarias; o Motomamis Olimpicus, para quienes disfrutan del deporte.

También hay sitio para el Carnaval, con Motomamis al 3x4, y para los videojuegos, a través de Motomamis Gamers, donde las mujeres han creado un espacio en Discord para charlar mientras juegan.

  • Lucía y Sara comparten sus experiencias con lavozdelsur.es.
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  • Almudena García, de 37 años y natural de Puerto Real.
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"El objetivo que buscamos es que la gente no se sienta sola, que pueda tener esa libertad para unirse a los planes que les apetezca", explica Sara.

Además, las conversaciones previas ayudan a superar ese momento incómodo de llegar a una actividad sin conocer a nadie. En los grupos se intercambian opiniones, surgen debates y comienzan amistades antes incluso del primer encuentro presencial.

Almudena es una de las que se ha sumado a esta propuesta. La conoció porque seguía a la organización de la fiesta Melocotón, aunque ella no terminó yendo porque "no tenía con quien ir". "Yo venía de una etapa personal bastante complicada y, aunque yo sentía el apoyo de mis familias y de amigos más cercanos, al final ellos tienen su vida, tienen su trabajo y sus compromisos y es normal, pero en muchas ocasiones yo me sentía sola", relata.

Había comenzado a realizar numerosas actividades por su cuenta, aunque deseaba compartirlas con otras personas. Buscaba nuevas amistades con gustos similares y, entonces, apareció Motomami’s Club. "Aunque yo soy bastante tímida, me suele costar entrar en grupos así, creo que vi el momento oportuno y me lancé a unirme", dice.

Lola sí asistió a esa fiesta y, por curiosidad, escaneó en código QR de los carteles que Sara había colocado. "Al final yo creo que las asociaciones se quedan en algo como más institucional, este club viene como desde abajo, por decirlo de una forma, es como más social", comenta.

Una de cada tres mujeres LBT experimenta soledad no deseada

Detrás de esta iniciativa también existe una reivindicación: combatir la invisibilidad de las mujeres LBT, tanto en determinados espacios feministas como dentro del propio movimiento LGTBI+.

  • Lola Cruz, gaditana de 27 años.
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"Hay mucho movimiento LGBT en general y está genial, porque es verdad que se nos incluye en esos espacios, pero el hecho de que tengamos espacios no significa que nuestras necesidades queden cubiertas", sostiene.

En su opinión, muchos de esos lugares terminan teniendo una presencia predominantemente masculina. "Nuestras necesidades quedan más relegadas a un segundo plano y por eso era interesante que pudiéramos tener una comunidad de chicas", añade.

Los datos que acompañan a esta realidad son significativos. Según el Barómetro de la Soledad No Deseada en España 2024, la prevalencia de la soledad no deseada alcanza el 21,4% entre las mujeres heterosexuales, frente al 33,5% de las mujeres LBT. Es decir, aproximadamente una de cada tres mujeres lesbianas, bisexuales o trans la experimenta.

Ellas explican que no siempre se trata de carecer de amigos o de apoyo familiar. Simplemente falta un entorno en el que compartir experiencias con personas que hayan atravesado situaciones parecidas. 

Lola nunca ha tenido dificultades para hacer amistades. Sin embargo, sentía que su círculo era muy heteronormativo y que había experiencias que no podía compartir de la misma manera. "Por mucho que tus amigos sean muy abiertos y no tengan ningún problema con eso, el círculo no es lo mismo", explica.

Comentarios que duelen

Salir del armario, a veces, acarrea una serie de situaciones de discriminación que todavía sufren las mujeres LBT. "En un principio la familia no lo encaja bien, ha costado su tiempo, pero sí que es verdad que a veces en grupos te sientes un poco que no encajas del todo", reconoce Almudena.

Lola también recuerda haber recibido comentarios "fuera de lugar por la calle", aunque asegura que dentro de su grupo de amistades no ha tenido que lidiar con eso.

Lucía sí que tuvo el apoyo de su familia desde el principio. Pero no en todos los entornos. "Comentarios fuera de lugar he sufrido algunos, en el instituto alguna vez me han llamado 'bollera de mierda'", sostiene la isleña, que además, ha tenido que escucharlos en su ámbito laboral.

  • Lucía Treceño, isleña de 31 años.
  • -

"A compañeras con las que tengo pleno confianza les conté que formaba parte de este grupo. Y dijeron 'bueno, pero el grupo ese, ¿a qué está enfocado? Porque tiene que haber mucho puterío'", dice mientras las demás cambian su expresión.

"Llega un momento que empezamos a normalizar ciertos comentarios... y piensas, por lo menos no me han matado por la calle. Realmente las vivencias son duras", añade Sara.

Ser referentes para las próximas generaciones

En Motomami’s Club se sienten seguras y libres. Cuentan con un apoyo y crean nuevos vínculos que vienen a aportar. Desde el club tenderán la mano a las nuevas generaciones, esas que, pese a las dificultades, están convencidas de que pueden hoy encontrar algo que a muchas mujeres de su edad les faltó cuando comenzaron a descubrir su identidad. "Yo sí que creo que van a tener referentes", dice Sara pensando en sus sobrinos y sobrinas.

En su familia no había tenido personas con las que identificarse en este sentido y ahora espera poder ocupar ese lugar para quienes vengan detrás. "Qué bien estar yo, aunque sea la oveja negra de la familia. Yo he sido totalmente transparente con ellos, y espero que ellos puedan sentir la libertad de mostrarse como son o como necesiten sentir", comenta.

Mientras tanto, Motomami’s Club continúa dando forma a esta nueva comunidad pionera en la zona que ha llegado para ofrecer compañía. No descartan constituirlo como asociación en un futuro y, de momento, han estrechado lazos con el Ayuntamiento de El Puerto. La concejala de Igualdad, Silvia Gómez, les ha trasladado la colaboración del área municipal, facilitando recursos y espacios para preparar actividades.

  • Las jóvenes participan en planes y comparten inquietudes en una comunidad donde se sienten seguras.
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El club ya se ha dejado ver en algunos planes de la ciudad y en actividades organizadas por otras asociaciones como la Marcha Rosa, de la Asociación de Mujeres Cáncer Bahía. Quienes deseen conocer más, pueden explorar su Instagram, @motomamis.club, donde también está disponible el enlace para acceder a su WhatsApp.

Un modo de encontrar personas con las que poder sentirse una misma y seguir luchando por entornos físicos, sociales o digitales libres de acoso o violencia.

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