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Crónica en la insólita ciudad que tiene dos primaveras: "No podemos vivir sólo del turismo; te lo digo yo que vivo del turismo"

Tras el verano, que echa a la gente de las calles, Córdoba recupera su apogeo hasta el mes de mayo, como si fuera una eterna primavera salvo algunos días de frío de invierno que llegarán en enero. Es una de las pocas ciudades turísticas donde predominan empleados locales y no extranjeros

  • Una turista fotografía la Mezquita desde el Puente Romano. -

Una vez nevó en Córdoba, en la capital. Duró unos minutos y lo recuerda toda una generación. Un día de enero de esos de frío completo. Jugaba el Córdoba en el Arcángel y hubo que suspender. Fue en 2010, prácticamente antes de ayer. Es un episodio recordado. Un "dónde te pilló a ti aquel día". Una rareza, porque Córdoba, que fue capital del mundo en el pasado, como un Nueva York intercultural, apenas tiene más que un poco de invierno. Es por eso que Córdoba, capital también del calor del Guadalquivir, no tiene una sola primavera de 6 meses, porque unos días se empeñan en obligar a sacar el abrigo.

Y es por eso que Córdoba tiene dos primaveras. El verano dura más o menos desde la Feria de mayo y termina cuando la rareza climatológica quiera. Como este año, cuenta un hostelero junto a la Mezquita, no ha habido otros veranos tan largos en un tiempo. El puente del 12 de octubre seguía siendo asfixiante si te calentabas al sol unos minutos. Pero justo ya de ya, este fin de semana según las previsiones, comienza la segunda primavera cordobesa, el otoño que enlaza con unos días de invierno hacia la que es primavera para el resto del mundo.

  • El interior de la Mezquita.
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Es primavera no en un sentido meteorológico necesariamente. Es así sobre todo para el turismo. Córdoba vive en parte de él gracias a sus condiciones propias. Un patrimonio gigantesco. Son cuatro las distinciones de la Unesco de Patrimonio de la Humanidad: la Mezquita, el casco histórico, la Fiesta de los Patios y Medina Azahara. Además, va a favor de obra la especialmente buena conexión. Porque para un visitante extranjero, el AVE convierte a Córdoba en una especie de área metropolitana de Madrid o de Sevilla o de Málaga. Una visita no muy lejos, equivalente a coger una línea de metro en una gran capital, apenas una o dos horas de viaje. Con esto en mente, hay muchísimos grupos de turistas que o bien aparcan su autobús al otro lado del puente romano o toman el tren y alguna conexión rápida desde la estación, que hoy es la de Julio Anguita. Es hasta primavera porque el pasado fin de semana arrancaba Flora, un festival internacional con exhibiciones desde el 16 de octubre y que se remata con una guerra floral el día 22.

Y todo esto significa que salvo el verano, el de los más de 40 grados día sí mes también, casi todo el año es primavera, agradable, refrescante, y llena de gente que busca patrimonio. Quién diría que cuando el moro se puso a ponerle arcos a la mezquita para impresionar al de enfrente, generaría lo que viene a llamarse hoy fomo, fear of missing out, miedo a no perdértelo. El turista que viene a España debe acudir a Córdoba porque es la Roma del medievo islámico, y un verdadero amante del patrimonio (llamémosle patrimonier) debe acudir a tener su propio stendhalazo, su síndrome de Stendhal, de verse completamente sobrepasado por la belleza del interior de la Mezquita o en el mero sentir que ese arco que ves lo vieron los abuelos de los abuelos de los abuelos de los cordobeses un milenio más allá.

  • Un caballo en el entorno turístico.
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Con esas cartas juega Córdoba, que justo ha inaugurado esta primera primavera tras el gélido verano. Que había alguna gente por la noche, al caer el sol, si se quedaban en hoteles, o en las horas centrales si se bajaban del AVE o del bus. Pero nada que ver con lo que se inaugura ahora.

Este pasado jueves, a las 12 de la mañana, en el casco histórico de Córdoba había ambiente de turismo por el que montones de campañas en capitales de este país matarían en un día top. Aquí es un día básico, normal. Uno que en algún momento hasta te impide caminar. Son las calles alrededor de la imponente Mezquita, que además tiene su patio al interior completamente público, dentro del recinto, el Patio de los Naranjos, abarrotado. "Ni un cordobés, claro". En intensas ferias del turismo se pelea con multitud de destinos por una porción de este que es un día más aquí.

  • Turistas entrando en el Patio de los Naranjos.
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Esto último no es del todo exacto. Ni un cordobés entre los visitantes, pero es una forma de hablar porque claro que hay cordobeses. Hay que decir que a diferencia de lo que ocurre en algunas grandes ciudades, aquí el empleado del turismo es local y no migrante. El desempleo en Córdoba está, más o menos, en la media andaluza. No es tan atractiva como para atraer gente de fuera, ni es mal sitio para ganarse la vida, comparado con otros entornos de Andalucía. Una cordobesa es Pilar, que tiene un curioso emprendimiento turístico, sencillo, callejero. Pilar es maestra y tiene una bicicleta con una impresora donde antiguamente llevaban los tornos los afiladores, instalada detrás. Vestida a un estilo periodista de cine negro de los 40, ofrece fotos insertadas en una portada de prensa. "Tengo algunos decorados, un paraguas de parasol, sombreritos. Se llama La Turista y se llevan un recuerdo con la foto además de la receta del salmorejo cordobés o de la portada de la feria de 1920", señala.

  • La cámara de fotos con la Mezquita al fondo.
  • -

Pilar es maestra y ha vuelto ahora después del verano. Está dedicada a esto por las mañanas y toma las imágenes con la Mezquita de fondo, una estampa que no falla. Solo está por las mañanas, cuenta, porque es el horario de su hijo en el instituto. "Aquí viene mucha excursión que cruza el puente porque aparcan allí el autobús", dice señalando al Campo de la Verdad, al sur de la ciudad. "Pero el turista que viene en grupo no se suele parar tanto, porque va corriendo a lo que tenga reservado con entrada, siempre lleva prisa". Con un permiso del Ayuntamiento, cobra la voluntad por esta hojita de recuerdo, además de ofrecer en una tarjeta su servicio para eventos como bodas o comuniones. Con lo que mejor le va, en cualquier caso, es el turismo nacional, el de fin de semana. "Ahora es cuando van a estar viniendo", sentencia.

  • Repartiendo flyers de un restaurante.
  • -

Encarna trabaja en una heladería cerca de la Puerta del Puente, la plaza del Triunfo. Se da el curioso fenómeno turístico, dice, de que de repente vienen muchos o bien de una provincia o bien de un país. El puente del 12 de octubre fue el de los valencianos. Porque el 9, viernes, era festivo. "De pronto ves mucho italiano, mucho francés...". Y en esas oleadas siempre está Córdoba como uno de esos destinos. Hasta en enero se venden aquí helados, aunque menos, claro, pero porque "es en febrero, después de Navidad, cuando se empieza a recuperar". 

  • Un conocido altar ubicado en el exterior de la Mezquita.
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No todo es que sea de color de rosa, dice, sobre el turismo. Ella trabaja de cara a eso y considera siempre que es buena noticia. Pero, claro, a ella le afecta como cordobesa. "No podemos vivir solamente del turismo, y te lo digo yo que vivo del turismo. En mi barrio cada vez hay más locales que se han convertido en alojamientos turísticos". En barrios cerca pero no casco histórico.

Una curiosidad de Córdoba es que el casco histórico, "en realidad", apunta, no es centro. Centro es las Tendillas, el entorno del Corte Inglés de Gran Capitán, Ronda de Tejares o hasta Paseo de la Victoria. Las 'afueras' del centro medieval. En ese centro sí hay cordobeses. Empleados de banca, abogados, funcionarios, de las tiendas, comercio local y comercio de grandes cadenas, hostelería, hoteles... Pero alrededor de la Mezquita son otros. Y no siempre era así. Ella paraba, cuenta, de joven. "Mi adolescencia la pasaba por aquí, salíamos, íbamos a un grupo parroquial, a los bares...".

  • Encarna, en la heladería donde trabaja.
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El problema de la vivienda va cerca de este problema. En la hostelería cordobesa, dice una trabajadora, no se gana mal si tienes suerte. Te da para vivir. Pero al final "acabas compartiendo piso, y no vives ni cerca de esta parte". El precio del metro cuadrado no está disparado como en Málaga o Sevilla, pero sí sigue creciendo al ritmo de lo que hacen el resto de capitales andaluzas. La variación anual del precio de compraventa ha sido de alrededor del 10% respecto al mismo mes del año pasado. Cifra casi idéntica al aumento de coste del alquiler. Hay zonas que están creciendo, especialmente hacia el Norte, donde se proyecta un barrio completamente nuevo a las espaldas de la ronda, actualmente en obras y que mejorará la movilidad. Pero, con todo, el sueldo medio de una persona de menos de 40 años a duras penas alcanza para adquirir si no es con algún tipo de ayuda familiar.

Vivir del turismo sin tener viviendas

Álvaro está al otro lado del mostrador de una tienda de suvenires, en ese espacio top entre la Mezquita y la Judería. En este local trabajaba su abuelo la pasamanería, hilos de todo tipo. "Empezaron a ofrecerle en los 70 que vendiera postales, como en Torremolinos". Poco a poco fue transformándose el negocio, como por ejemplo revelado de fotos. Hoy está al 100% en el turismo en recuerdos de Córdoba. "Mi padre trabajó en una central nuclear como ingeniero pero acabó viniéndose a la tienda". Ahora es él quien se turna con su padre en la atención al público.

  • Álvaro, en su negocio familiar.
  • -

Hay que decir que hay grandes empresas que hasta están turistificando el negocio turístico. Por ejemplo, compite desde poco antes de la pandemia con Ale-Hop, la tienda de la vaca en la puerta que atrae por sus curiosidades y novedades continuas. Y lo que reclama Álvaro, que ha estado mirando para comprar vivienda, es "VPO también por aquí. Hay cero. Tienen solares por aquí, podrían hacer vivienda protegida, pero, ¿quién se viene aquí?". 

Una solución sería atraer a cordobeses a este entorno, pero claro, sin cochera, seguramente sin ascensor, con las dificultades propias de vivir por aquí. "En la zona de Hipercor van a hacer pisos y ya se venden, pero es que las listas para protección oficial tienen 7.000 en espera".

No es que Córdoba esté pensado para el turista, porque es suficientemente amplia en espacio -es uno de los mayores términos municipales de España- como para seguir creciendo. Pero entre las dificultades para rehabilitar en el centro, el aumento de población, el hecho de tener universitarios... Todo contribuye para dificultar las posibilidades de vivienda. Si la tendencia continúa, habrá más piso o apartamento turístico, más pernoctaciones y usos para las viviendas actuales...

  • La turística calle Deanes.
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Contribuye incluso que apenas tiene área metropolitana. Hay barriadas rurales a las afueras del núcleo municipal, está la opción de vivir en pueblos cerca como La Carlota, pero en realidad, si un chaval de Villanueva de Córdoba, por ejemplo, quiere estudiar en la universidad y luego tener un empleo de una profesión de lo que haya estudiado, quizás su futuro está en la capital. Así crece esta ciudad, nutrida de familias donde uno o ambos en una pareja son de algún pueblo. Entre 1960 y 1990, Córdoba pasó de menos de 200.000 residentes a los 300.000, llegando a rondar los 330.000 posteriormente. Por esta razón, muchos barrios populosos son de los 70, caso de Santa Rosa o muchos edificios en la zona del Levante. Fue una migración campo-ciudad muy acusada. Puntualmente, incluso aunque no recen como residentes, la relación de capital-provincia es continua.

Y eso, mientras que desde los 90 apenas se ganan metros cuadrados en el mapa. Tras ampliaciones como el entorno del Tablero, o aumento de la densidad de población en el Sector Sur, la expansión solo se realiza puntualmente con promociones al Norte, como el citado barrio que van a construir en esa zona del Hipercor situado en esa zona. 

  • Turistas por el casco histórico.
  • -

En esa dinámica, el crecimiento, mientras sigan viniendo visitantes, está garantizado. En todos los aspectos. Crecen las oportunidades, y crecerá seguramente el bolsillo de aquellos que viven directa o indirectamente de la industria turística. Al final, a golpe de esfuerzo, el mapa seguirá creciendo. ¿Quién no va a querer vivir aquí, en la ciudad donde siempre es primavera salvo el gélido verano, ese que impide a la gente salir y da ganas a uno de hibernar bajo un aire acondicionado? Ya acabó eso. Hay que salir de la madriguera. Las calles rebosan y las colas delante del Santos, el bar de las míticas tortillas junto a la Mezquita, vuelven. Con algún cordobés.

Una vez nevó en Córdoba, en la capital. Duró unos minutos y lo recuerda toda una generación. Un día de enero de esos de frío completo. Jugaba el Córdoba en el Arcángel y hubo que suspender. Fue en 2010, prácticamente antes de ayer. Es un episodio recordado. Un "dónde te pilló a ti aquel día". Una rareza, porque Córdoba, que fue capital del mundo en el pasado, como un Nueva York intercultural, apenas tiene más que un poco de invierno. Es por eso que Córdoba, capital también del calor del Guadalquivir, no tiene una sola primavera de 6 meses, porque unos días se empeñan en obligar a sacar el abrigo.

Y es por eso que Córdoba tiene dos primaveras. El verano dura más o menos desde la Feria de mayo y termina cuando la rareza climatológica quiera. Como este año, cuenta un hostelero junto a la Mezquita, no ha habido otros veranos tan largos en un tiempo. El puente del 12 de octubre seguía siendo asfixiante si te calentabas al sol unos minutos. Pero justo ya de ya, este fin de semana según las previsiones, comienza la segunda primavera cordobesa, el otoño que enlaza con unos días de invierno hacia la que es primavera para el resto del mundo.

  • El interior de la Mezquita.
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Es primavera no en un sentido meteorológico necesariamente. Es así sobre todo para el turismo. Córdoba vive en parte de él gracias a sus condiciones propias. Un patrimonio gigantesco. Son cuatro las distinciones de la Unesco de Patrimonio de la Humanidad: la Mezquita, el casco histórico, la Fiesta de los Patios y Medina Azahara. Además, va a favor de obra la especialmente buena conexión. Porque para un visitante extranjero, el AVE convierte a Córdoba en una especie de área metropolitana de Madrid o de Sevilla o de Málaga. Una visita no muy lejos, equivalente a coger una línea de metro en una gran capital, apenas una o dos horas de viaje. Con esto en mente, hay muchísimos grupos de turistas que o bien aparcan su autobús al otro lado del puente romano o toman el tren y alguna conexión rápida desde la estación, que hoy es la de Julio Anguita. Es hasta primavera porque el pasado fin de semana arrancaba Flora, un festival internacional con exhibiciones desde el 16 de octubre y que se remata con una guerra floral el día 22.

Y todo esto significa que salvo el verano, el de los más de 40 grados día sí mes también, casi todo el año es primavera, agradable, refrescante, y llena de gente que busca patrimonio. Quién diría que cuando el moro se puso a ponerle arcos a la mezquita para impresionar al de enfrente, generaría lo que viene a llamarse hoy fomo, fear of missing out, miedo a no perdértelo. El turista que viene a España debe acudir a Córdoba porque es la Roma del medievo islámico, y un verdadero amante del patrimonio (llamémosle patrimonier) debe acudir a tener su propio stendhalazo, su síndrome de Stendhal, de verse completamente sobrepasado por la belleza del interior de la Mezquita o en el mero sentir que ese arco que ves lo vieron los abuelos de los abuelos de los abuelos de los cordobeses un milenio más allá.

  • Un caballo en el entorno turístico.
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Con esas cartas juega Córdoba, que justo ha inaugurado esta primera primavera tras el gélido verano. Que había alguna gente por la noche, al caer el sol, si se quedaban en hoteles, o en las horas centrales si se bajaban del AVE o del bus. Pero nada que ver con lo que se inaugura ahora.

Este pasado jueves, a las 12 de la mañana, en el casco histórico de Córdoba había ambiente de turismo por el que montones de campañas en capitales de este país matarían en un día top. Aquí es un día básico, normal. Uno que en algún momento hasta te impide caminar. Son las calles alrededor de la imponente Mezquita, que además tiene su patio al interior completamente público, dentro del recinto, el Patio de los Naranjos, abarrotado. "Ni un cordobés, claro". En intensas ferias del turismo se pelea con multitud de destinos por una porción de este que es un día más aquí.

  • Turistas entrando en el Patio de los Naranjos.
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Esto último no es del todo exacto. Ni un cordobés entre los visitantes, pero es una forma de hablar porque claro que hay cordobeses. Hay que decir que a diferencia de lo que ocurre en algunas grandes ciudades, aquí el empleado del turismo es local y no migrante. El desempleo en Córdoba está, más o menos, en la media andaluza. No es tan atractiva como para atraer gente de fuera, ni es mal sitio para ganarse la vida, comparado con otros entornos de Andalucía. Una cordobesa es Pilar, que tiene un curioso emprendimiento turístico, sencillo, callejero. Pilar es maestra y tiene una bicicleta con una impresora donde antiguamente llevaban los tornos los afiladores, instalada detrás. Vestida a un estilo periodista de cine negro de los 40, ofrece fotos insertadas en una portada de prensa. "Tengo algunos decorados, un paraguas de parasol, sombreritos. Se llama La Turista y se llevan un recuerdo con la foto además de la receta del salmorejo cordobés o de la portada de la feria de 1920", señala.

  • La cámara de fotos con la Mezquita al fondo.
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Pilar es maestra y ha vuelto ahora después del verano. Está dedicada a esto por las mañanas y toma las imágenes con la Mezquita de fondo, una estampa que no falla. Solo está por las mañanas, cuenta, porque es el horario de su hijo en el instituto. "Aquí viene mucha excursión que cruza el puente porque aparcan allí el autobús", dice señalando al Campo de la Verdad, al sur de la ciudad. "Pero el turista que viene en grupo no se suele parar tanto, porque va corriendo a lo que tenga reservado con entrada, siempre lleva prisa". Con un permiso del Ayuntamiento, cobra la voluntad por esta hojita de recuerdo, además de ofrecer en una tarjeta su servicio para eventos como bodas o comuniones. Con lo que mejor le va, en cualquier caso, es el turismo nacional, el de fin de semana. "Ahora es cuando van a estar viniendo", sentencia.

  • Repartiendo flyers de un restaurante.
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Encarna trabaja en una heladería cerca de la Puerta del Puente, la plaza del Triunfo. Se da el curioso fenómeno turístico, dice, de que de repente vienen muchos o bien de una provincia o bien de un país. El puente del 12 de octubre fue el de los valencianos. Porque el 9, viernes, era festivo. "De pronto ves mucho italiano, mucho francés...". Y en esas oleadas siempre está Córdoba como uno de esos destinos. Hasta en enero se venden aquí helados, aunque menos, claro, pero porque "es en febrero, después de Navidad, cuando se empieza a recuperar". 

  • Un conocido altar ubicado en el exterior de la Mezquita.
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No todo es que sea de color de rosa, dice, sobre el turismo. Ella trabaja de cara a eso y considera siempre que es buena noticia. Pero, claro, a ella le afecta como cordobesa. "No podemos vivir solamente del turismo, y te lo digo yo que vivo del turismo. En mi barrio cada vez hay más locales que se han convertido en alojamientos turísticos". En barrios cerca pero no casco histórico.

Una curiosidad de Córdoba es que el casco histórico, "en realidad", apunta, no es centro. Centro es las Tendillas, el entorno del Corte Inglés de Gran Capitán, Ronda de Tejares o hasta Paseo de la Victoria. Las 'afueras' del centro medieval. En ese centro sí hay cordobeses. Empleados de banca, abogados, funcionarios, de las tiendas, comercio local y comercio de grandes cadenas, hostelería, hoteles... Pero alrededor de la Mezquita son otros. Y no siempre era así. Ella paraba, cuenta, de joven. "Mi adolescencia la pasaba por aquí, salíamos, íbamos a un grupo parroquial, a los bares...".

  • Encarna, en la heladería donde trabaja.
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El problema de la vivienda va cerca de este problema. En la hostelería cordobesa, dice una trabajadora, no se gana mal si tienes suerte. Te da para vivir. Pero al final "acabas compartiendo piso, y no vives ni cerca de esta parte". El precio del metro cuadrado no está disparado como en Málaga o Sevilla, pero sí sigue creciendo al ritmo de lo que hacen el resto de capitales andaluzas. La variación anual del precio de compraventa ha sido de alrededor del 10% respecto al mismo mes del año pasado. Cifra casi idéntica al aumento de coste del alquiler. Hay zonas que están creciendo, especialmente hacia el Norte, donde se proyecta un barrio completamente nuevo a las espaldas de la ronda, actualmente en obras y que mejorará la movilidad. Pero, con todo, el sueldo medio de una persona de menos de 40 años a duras penas alcanza para adquirir si no es con algún tipo de ayuda familiar.

Vivir del turismo sin tener viviendas

Álvaro está al otro lado del mostrador de una tienda de suvenires, en ese espacio top entre la Mezquita y la Judería. En este local trabajaba su abuelo la pasamanería, hilos de todo tipo. "Empezaron a ofrecerle en los 70 que vendiera postales, como en Torremolinos". Poco a poco fue transformándose el negocio, como por ejemplo revelado de fotos. Hoy está al 100% en el turismo en recuerdos de Córdoba. "Mi padre trabajó en una central nuclear como ingeniero pero acabó viniéndose a la tienda". Ahora es él quien se turna con su padre en la atención al público.

  • Álvaro, en su negocio familiar.
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Hay que decir que hay grandes empresas que hasta están turistificando el negocio turístico. Por ejemplo, compite desde poco antes de la pandemia con Ale-Hop, la tienda de la vaca en la puerta que atrae por sus curiosidades y novedades continuas. Y lo que reclama Álvaro, que ha estado mirando para comprar vivienda, es "VPO también por aquí. Hay cero. Tienen solares por aquí, podrían hacer vivienda protegida, pero, ¿quién se viene aquí?". 

Una solución sería atraer a cordobeses a este entorno, pero claro, sin cochera, seguramente sin ascensor, con las dificultades propias de vivir por aquí. "En la zona de Hipercor van a hacer pisos y ya se venden, pero es que las listas para protección oficial tienen 7.000 en espera".

No es que Córdoba esté pensado para el turista, porque es suficientemente amplia en espacio -es uno de los mayores términos municipales de España- como para seguir creciendo. Pero entre las dificultades para rehabilitar en el centro, el aumento de población, el hecho de tener universitarios... Todo contribuye para dificultar las posibilidades de vivienda. Si la tendencia continúa, habrá más piso o apartamento turístico, más pernoctaciones y usos para las viviendas actuales...

  • La turística calle Deanes.
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Contribuye incluso que apenas tiene área metropolitana. Hay barriadas rurales a las afueras del núcleo municipal, está la opción de vivir en pueblos cerca como La Carlota, pero en realidad, si un chaval de Villanueva de Córdoba, por ejemplo, quiere estudiar en la universidad y luego tener un empleo de una profesión de lo que haya estudiado, quizás su futuro está en la capital. Así crece esta ciudad, nutrida de familias donde uno o ambos en una pareja son de algún pueblo. Entre 1960 y 1990, Córdoba pasó de menos de 200.000 residentes a los 300.000, llegando a rondar los 330.000 posteriormente. Por esta razón, muchos barrios populosos son de los 70, caso de Santa Rosa o muchos edificios en la zona del Levante. Fue una migración campo-ciudad muy acusada. Puntualmente, incluso aunque no recen como residentes, la relación de capital-provincia es continua.

Y eso, mientras que desde los 90 apenas se ganan metros cuadrados en el mapa. Tras ampliaciones como el entorno del Tablero, o aumento de la densidad de población en el Sector Sur, la expansión solo se realiza puntualmente con promociones al Norte, como el citado barrio que van a construir en esa zona del Hipercor situado en esa zona. 

  • Turistas por el casco histórico.
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En esa dinámica, el crecimiento, mientras sigan viniendo visitantes, está garantizado. En todos los aspectos. Crecen las oportunidades, y crecerá seguramente el bolsillo de aquellos que viven directa o indirectamente de la industria turística. Al final, a golpe de esfuerzo, el mapa seguirá creciendo. ¿Quién no va a querer vivir aquí, en la ciudad donde siempre es primavera salvo el gélido verano, ese que impide a la gente salir y da ganas a uno de hibernar bajo un aire acondicionado? Ya acabó eso. Hay que salir de la madriguera. Las calles rebosan y las colas delante del Santos, el bar de las míticas tortillas junto a la Mezquita, vuelven. Con algún cordobés.

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