Boxear para dejar de hacer "cosas malas"

Paco García regenta un club de boxeo en El Puerto en el que entrena de forma gratuita a jóvenes procedentes de familias vulnerables que ven en este deporte una motivación para reorientar su comportamiento

Jesús Ruiz, uno de los boxeadores que entrena Paco García en su club.
Jesús Ruiz, uno de los boxeadores que entrena Paco García en su club. JUAN CARLOS TORO

Jaime Romero, de 23 años, cuenta que tuvo una “infancia traumática”. A su padre no llegó a conocerlo. Su madre murió cuando él apenas tenía ocho años. Entonces, empezó a hacer “cosas que no debía en sitios que no debía”. Hasta que conoció a Paco García. Ambos vivían en Los Frailes, una humilde barriada de El Puerto por la que Paco veía “callejear” a Jaime. “Era un granujilla y me enganchó. Menos mal que me cogió por la oreja”, dice el joven, cuando lo recuerda. Entonces tenía 14 años y Paco vio en él la “chispa”, como él la describe, que hace falta para poder progresar en el boxeo. Tuvo buen ojo. Los campeonatos ganados desde entonces, hace ya ocho años, le dan la razón.

“Me ha salvado el boxeo”, asegura Jaime, que acto seguido matiza. "Y Paco. Más Paco que el boxeo”. Después de un año duro, con el confinamiento y la suspensión de las competiciones, está deseando volver a enfundarse los guantes en un ring. Ya cuenta los días para hacerlo, en un campeonato de España para el que lleva meses preparándose. “Vamos a por el oro”, dice. Más de 50 peleas contabiliza ya Jaime Romero, uno de los boxeadores que entrena Paco García en su club, donde da cobijo a jóvenes procedentes de familias humildes a los que así “saca de la calle”.

Un día, hablando con un asistente social en su gimnasio, le propuso la idea. “Preséntame un proyecto”, le dijo, y eso hizo. Gracias a ese acuerdo, entrena a chavales de barrios vulnerables de El Puerto, aunque también vienen de localidades de toda la provincia. No todos —y todas, que también hay mujeres— proceden de entornos “conflictivos”, como los llama Paco, pero sí muchos de ellos. En época de prepandemia llegó a tener 120 socios, ahora apenas llega a 80, para cumplir con las medidas impuestas durante la pandemia, y porque muchos se han borrado.

“Llegué a un pacto con la asistenta social, si van bien en los estudios entrenan, si van mal se les corta el deporte”, cuenta Francisco José García, conocido por todos como Paco. “No me gusta castigar con el deporte, porque si no están aquí van a estar en la calle, aunque esa es una forma de motivarlos”, reseña. “Hemos sacado a gente del barrio que han llegado a ser campeones de Andalucía. Uno ha sido olímpico”, dice, orgulloso de sus logros. “Mejoran como personas”, agrega Paco, quien los ayuda a “llevar el camino derecho, para que no se desvíen”. “Es un orgullo que con el tiempo haya chavales que mejoren y formen una familia, me vengan con sus hijos…”, señala.

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Jaime Romero golpea un saco de boxeo ante la atenta mirada de su entrenador Paco García. JUAN CARLOS TORO

Jaime es uno de ellos. “He sido granuja en la calle”, se confiesa, pero desde que el boxeo entró en su vida, cambió. “Nunca había entrenado para otro deporte, soy súper flojo, en el sentido de que para no pelear, no entreno. Pero ahora tengo objetivos, que es lo que no tenía antes en la vida”. ¿Qué le aporta el boxeo? “Mucha disciplina. Y valores. Aparte de los que me inculca Paco, que es mi padre deportivo”, responde el joven. Si no llega a ser por el deporte, “no te puedo decir dónde estaría porque no lo sé, pero haciendo cosas malas seguro”, señala Jaime, que se dedica en cuerpo y alma a un deporte en el que “si quieres llegar a algo tienes que darlo todo”.

En una nave de un polígono industrial de El Puerto de Santa María, rodeado de talleres o empresas de suministros, hay un pequeño espacio en el que se abre paso el deporte, ese en el que uno de los más grandes de su historia animó a flotar como una mariposa y picar como una abeja. Cruzando una pequeña puerta de chapa se accede al club de boxeo García, que lleva siete años en esta ubicación, en la calle Sedería del polígono El Palmar.

En lateral izquierdo hay sacos. Al fondo, un ring a ras de suelo, adaptado a los tiempos del covid, para que ocupe menos espacio y se pueda entrenar respetando la distancia de seguridad. Hay una decena de parejas entrenando, practicando golpes durante la hora escasa que duran los entrenamientos. En las paredes, muchas fotos de veladas y boxeadores del club que han llegado a ser profesionales, banderas de países con tradición boxeadora —EEUU, Costa Rica, Argentina, México… y también las de España y Andalucía—, o frases motivadoras, como “si crees que algo es imposible, lo harás imposible”, de Bruce Lee.

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Dos púgiles, en el ring del club de boxeo García.  JUAN CARLOS TORO

El logo del club se vislumbra desde la puerta, a gran tamaño, al fondo del gimnasio. La de los García es una saga de boxeadores que ya va por la tercera generación. La primera la inició Francisco José García Hermoso, Paco García, nacido en Cádiz en 1950, y quién llegó a ser campeón amateur de Andalucía y de España, de peso pluma —entre 54 y 57 kilos—, en la década de los 70 del siglo pasado. En los patios de la barriada de Astilleros, por García de Sola, dio sus primeros ganchos, pero poco después se trasladó a El Puerto con su familia.

Francisco José García, conocido como Paco García, como su padre, constituye la segunda generación de la saga. Durante la década que se dedicó profesionalmente al boxeo, entre 1991 y 2000, llegó a ser bronce en un campeonato de España y formó parte de la selección española. De hecho, estuvo entre los candidatos preolímpicos, aunque finalmente no entró. Zaira García, la hija de Paco, ha sido campeona de Andalucía y tercera de España, y aunque ahora ya no compite, sí amenaza con seguir prolongando la saga: “Cuando tenga hijos espero que la continúen”, dice. “A los tres años ya tenía un casco y unos guantes puestos”, cuenta Zaira. “Como para no gustarme el boxeo, lo he vivido desde pequeña”.

Paco García padre, que tiene ahora 71 años, aún se mantiene en forma, cuenta su hijo. “Yo soy viejo al lado suya”. De vez en cuando se pasa por el club y ejerce de entrenador. “Hoy no ha venido porque tenía cosas que hacer”, se justifica el segundo de la saga García, que a su llegada a El Puerto empezó entrenando a chavales en el recinto ferial, al aire libre, hasta que pudieron costearse un local. El club de boxeo García está ubicado en el polígono El Palmar desde 2014, aunque Paco García hijo no vive de él. “Es como un hobby”, dice. Por matar el gusanillo del boxeo. En realidad es celador, sin plaza fija, por lo que de momento va rotando por centros sanitarios de la provincia de Cádiz.

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Dos boxeadores, entrenando en el club de Paco García. JUAN CARLOS TORO
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Paco García, en el club de boxeo que regenta, en El Puerto.  JUAN CARLOS TORO

“Muchas veces pongo dinero de mi nómina para pagar el local”, cuenta. Desde que empezó la pandemia ha ocurrido en varias ocasiones. El rendimiento económico no es lo que motiva a Paco a continuar con el club, sino el deportivo, e incluso el sentimental. “He hecho ya cuatro veladas, es un orgullo verlos boxear en mi tierra”, cuenta. “Me motiva la competición, aunque yo no compita, pero está mi nombre sonando”. Y también los éxitos personales de los miembros del club que provienen de barrios vulnerables. “A ellos no les cobro. A chavales que conozco desde pequeños, que no tienen recursos, ¿cómo les voy a pedir 30 euros? Lo mismo ese dinero les vale para comer”.

Del fondo del gimnasio emerge la figura de Jesús Ruiz García, otro de los miembros del club. Él trabaja, en una panadería de Puerto Real en la que lleva cinco años. Unos dos lleva a las órdenes de Paco. En el boxeo empezó cerca de los 20 años, y ahora tiene 32. "Media vida", matiza. Aunque realmente primero probó con el full contact, pero el boxeo le enganchó. Jesús entrena de domingo a viernes, por las mañanas corre y por las tardes boxea, antes de irse a trabajar. "Si te gusta merece la pena, pero te tiene que gustar". Aún no ha competido desde que empezó la pandemia, y está deseando. "Estoy esperando que mi promotor me busque una pelea", dice.

Es la recompensa que esperan todos los miembros del club de boxeo García después de un año "duro". "Este deporte te tiene que gustar porque es muy duro, exige mucho a nivel físico", señala el entrenador Paco García. "El boxeo no es sólo pegar puñetazos, el boxeo es de listos. Hay que saber pegar sin que te peguen". "Éste es el deporte de la gente humilde", aporta Jaime Romero, uno de los boxeadores a los que ha formado Paco. "Decir a ese lo he hecho yo... es el orgullo que te llevas". Lo demás, es secundario.

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