"Íbamos a tener los días más felices en muchos años y vivimos los peores desde el 'Pepita Aurora"

La tragedia vuelve a golpear a los vecinos de Barbate, que lloran la muerte de dos "guardias", el abandono político en la lucha contra la cultura de la droga y el injusto estigma de 'narcopueblo' que empezaban a superar

Vecinos de Barbate, que viven sus peores días los peores desde el 'Pepita Aurora, se concentran en la puerta del cuartel de la guardia civil.
Vecinos de Barbate, que viven sus peores días los peores desde el 'Pepita Aurora, se concentran en la puerta del cuartel de la guardia civil. JUAN CARLOS TORO

En la noche del viernes, casi festiva, estaba Cádiz, el litoral y el que vive a menos de una hora de la costa —lo que suma casi todo— pendiente de algunos pasatiempos, de sus pasiones de juguete, de sus afanes de mentira.

Los últimos detalles del tipo, quién gana un concurso de coplas, un equipo de fútbol que se va a segunda, a ver si mañana llueve, cena con amigos delante de la tele, qué ver en Netflix. De repente, como siempre sucede lo peor, a muchos de sus habitantes se les ocurrió coger el móvil. Otra vez. Sin motivo.

El código de desbloqueo, como si fuera una postilla, se rasca con nervio. Se abre el cacharro. Se ilumina. Aparecen alertas, titulares y vídeos en la pantalla. Debajo de la costra seca aparece una mancha negra.

Parece poca cosa pero al hurgar con los dedos, se ve más grande, y más grande. La gangrena es gorda. Lleva mucho tiempo creciendo bajo cuerda. Coge toda la pierna. El brazo. Toda la costa, de Sotogrande a Huelva.

Barbateños aplauden a los guardia civiles tras la concentración en el ayuntamiento
Vecinos de Barbate aplauden a los guardia civiles tras la concentración en el ayuntamiento.   JUAN CARLOS TORO

"Que de algo hay que vivir, que los chavales se tienen que ganar la vida de alguna forma, que no se les da salida, que la grifa no mata a nadie, esa, esa es la enfermedad. Así seguimos, justificando a esos criminales", clama José Luis, jubilado, en el kiosco de los churros desde el que se ve ya el mar a dos pasos, la playa del Carmen, con el mar aún bien cabreado.

El día después de la muerte de dos guardias civiles en el puerto, del "asesinato" según opinión unánime, el pueblo es un funeral discreto y colectivo. Por todo, por los caídos, por la gente, por su fama, por su historia, por esos que jalearon y hunden en el desánimo a todos.

"Bueno, pero primero habrá que pensar en esas criaturas, en sus hijos, en sus mujeres, en sus familias, a ver si ahora nos van a dar pena los cabrones que han hecho eso", media una mujer muy joven, con ropa deportiva, teñida de rubio, que ni quiere dar su nombre ni recibe a los medios con amabilidad. "Ya estáis por aquí ¿no?, ahora vendrán las cámaras otra vez a contar que esto es el culo del mundo, que todo es una mierda ¿verdad?".

De la Venta Pinto al Plata o plomo

Al vacío y el silencio propios de un ocioso sábado por la mañana, se une la sensación de rabia nueva. O la antigua, reutilizada. Llueve a ratos, temporal, unos pocos haciendo deporte, el primer café a refugio de la cantina del puerto y los primeros paseos de abuelas y abuelos hasta el mercado de abastos.

El agobio por lo sucedido y por lo que vendrá, por lo que fue y lo que supone, está por todas partes pero ni se ve, ni se oye ni se toca. La Venta Pinto, aunque muy vejeriega, es paso obligatorio para todos los que llegan del Norte buscando el entorno de Barbate en fin de semana.

Decoración carnavalera en el interior del mercado de abastos de Barbate
Decoración carnavalera en el interior del mercado de abastos. JUAN CARLOS TORO

El templo del lomo en manteca está lleno aunque acabe de amanecer. En el pantallón, el bucle informativo 24 horas de la televisión pública. La muerte de los dos guardias civiles, con uno herido grave, el vídeo del miserable rodeo, aparece en la pantalla, abre ya el microtelediario infinito.

Todo el ruido de charlas, tostadas y cafés queda paralizado. Todas las cabezas se giran. Ojos más abiertos. Rictus de atención. En cuanto termina la pieza en la tele, alguien con prisa por hablar suelta alto: "Ya los han cogido, por lo visto, son moros".

Difamar, precipitarse, mentir, prejuzgar es gratis, cómodo y divertido, por lo visto. Millones de personas lo hacen a diario, cada vez más. Algo tendrá de adictivo. El comentario de cafetería, con toda su mugre, desvela un punto clave en el día después: hay que buscar culpables.

"Barbate es un pueblo con problemas de autoestima. Durante mucho tiempo estuvo acomplejado y ahora empezaba a remontar"

"Mira, Barbate es un pueblo con problemas de autoestima. Durante muchos años estuvo acomplejado por la fama de la droga y de los niñatos en moto campando por el pueblo. Ahora empezaba a remontar", entiende un estudiante universitario que vuelve por carnaval. Nada más llegar al centro del municipio.

"Aquí no ha pasado nunca nada que no pase Conil o en Tarifa, no te digo ya La Línea, Algeciras o Sanlúcar, hasta Chiclana y Cádiz. El problema lo tenemos todos, la costa entera pero la mala fama y el complejo se lo lleva Barbate". Es la tesis de Antonio, ya en la calle principal del pueblo, en un bar de nombre con gracia discutible un día como este: Plata o plomo.

Cafeteria "plata o plomo" en Barbate
Cafeteria 'Plata o plomo' en Barbate.  JUAN CARLOS TORO

Forma parte de un grupo que iba a recuperar el carnaval callejero este sábado 10 de febrero. El paseo de las chirigotas más improvisadas estaba suspendido desde que la pandemia obligó a parar en 2020. Ahora iba a reaparecer con fuerza y alegría, "hasta seis grupos había", pero todo ha quedado suspendido. No hay ánimo casi ni para levantarse de la cama o de la mesa. "Iban a ser los días más felices en muchos años y mira, son los peores desde, qué se yo, desde el Pepita Aurora [naufragio de un pesquero que costó la vida a ocho marineros en 2008] aunque aquello fuera muy distinto".

Un compañero de otro grupo, ligado a la asociación El Quinto Pino, que también tenía planes de carnaval tercia en el debate que a las 10 de la mañana del sábado ya es común a todas las personas que están fuera de su casa en Barbate.

"Aquí estaba la cosa más tranquila con la droga desde hace muchos años. Aquello del atún y chocolate, del Antón paseando el tigre o el león, de las ventas de quads y motitos altas de España... Aquello había pasado. El daño que hizo la televisión fue muy grande pero de todo eso hace 30 años y ahora volvemos a caer", añade Jesús.

Por cada petición de clemencia frente al tópico y al estigna de narcopueblo, aparece también un vecino con autocrítica: "Es verdad que esto no pasa aquí nada más pero hubo mucho niñato que fue muy carajote, que hacía exhibición, de las cadenas, del perro por la calle. Al final, nos llevamos la fama por eso, por tontos".

Cerca del Mercado Central, en la calle peatonal que conduce a ese pasillo decorado con atunes azules, F. G. trata de dar su versión. Prefiere no dar su nombre porque es periodista, aunque no ejerce. Nacido en Sevilla, se crió en Barbate. "Es el pueblo de mi vida, si pudiera, no saldría nunca de aquí. Es el paraíso".

Con apenas 34 años, formación universitaria, quizás maneja algunos datos más que otros vecinos: "Más del 70% del suelo del término municipal no está en manos del pueblo, es militar, en El Retín, o es parque natural. Cuando la pesca y el campo se vinieron abajo, otros ayuntamientos de la costa pudieron tirar del turismo pero aquí es más difícil. El Ayuntamiento está arruinado, la gente lleva 50 años pensando que aquí y los jóvenes crecen con esa sensación. Que te vas, o te metes en la droga, no hay tercer camino".

En la puerta del Mercado Central se forma una tertulia muy dolida que contesta a esos argumentos: "El que quiere vivir honrado, vive honrado. Eso de que se tienen que buscar la vida de alguna forma me parece una excusa de sinvergüenza. Más hambre pasábamos en mis tiempos y no robábamos", casi grita Santiago, septuagenario, desde su silla de ruedas electrónica.

una vecina de Barbate reprocha a los políticos durante el acto
una vecina de Barbate reprocha a los políticos durante el acto.  JUAN CARLOS TORO

La fama, la vergüenza y el dolor

Pero el crudo análisis vecinal sobre la mala fama, su origen y el merecimiento es secundario. El primer dolor, el mayor, es por las víctimas. "Cómo pudieron salir con esa goma [embarcación neumática] a parar esas lanchas del demonio. Es como querer parar un trailer con una moto. Es que los dejan tirados, los dejan solos, la Guardia Civil está tirada en Barbate ¿tú has visto la casa cuartel? Anda, vete para allá y haz fotos, que está que se cae. No tienen gente ni barcos, ni nada".

Sin excepción, todos los barbateños a los que se les pregunta o escucha coinciden en que "esas lanchas no eran de aquí". La percepción de que "el puerto es el refugio de las lanchas de la droga de otros sitios cuando hay temporal desde hace muchos años". Es una percepción sin excepciones en todo el pueblo. Pero nada cambia de la tragedia.

La reclamación, muy extendida entre los habitantes de Barbate, de más personal y material en la vieja lucha contra el narcotráfico lleva enseguida a la solidaridad con los fallecidos, con sus familias, con sus amigos: "Mira, yo soy gitana, y ya sabes lo que se dice de los gitanos y los guardias civiles. Pues aquí, en Barbate, todos me han ayudado, siempre, todos, cada vez que he necesitado algo. Eso no se puede hacer. Eso no se puede hacer", proclama casi entre lágrimas una mujer que vende espárragos y tagarninas sobre una mesita de camping junto al Mercado Central.

"El dinero de la droga está por todas partes, en toda la costa es igual. Está en viviendas ilegales, en chiringuitos, en urbanizaciones pero los de Barbate somos los tontos"

Un funcionario jubilado. Enrique, que compra pescado trata de eludir la conversación con cara de fastidio pero acaba por meterse: "Mira, el dinero de la droga está por todas partes y en todos los sitios, en toda la costa es igual. Hay un montón de viviendas ilegales que se usan para esconder droga, hay chiringuitos, restaurantes, metidos con el negocio del narcotráfico, o para blanquear, como en urbanizaciones y pisos que se construyen. Eso lo sabemos todos. Eso es así hace 40 años pero los de Barbate somos los tontos que nos llevamos la fama".

Las imágenes de jóvenes jaleando, vitoreando, el ataque mortal a los guardias civiles termina de encender la disputa verbal. Para María del Carmen, Mari para los clientes del bar, "no hay perdón posible, qué asco y qué vergüenza, ahí riéndose mientras mataban a unos trabajadores en su cara. Porque eso es lo que son, unos trabajadores que se están buscando la vida".

Barbate luto  27
Un cartel en un negocio anuncia el cierre para apoyar la concentración contra el narcotráfico.  JUAN CARLOS TORO

Un parroquiano trata de añadir que "tampoco hay que exagerar. Serían 30 niñatos, la mitad no tendrían ni 15 años, tampoco sabían que estaban matando a nadie". Al último orador le cae una tormenta como Karlotta. Todos los presentes en el bar se le echan encima y sentencian que nada de disculpas. "Esos que dices de 13 años siguen igual cuando tienen 33, que tú y yo los conocemos", grita otro.

La enfermedad de la tierra y el mar está extendida, la gangrena fronteriza, por toda la costa de Cádiz, incluso hacia el interior. Pero la herida ha vuelto a abrirse en Barbate. El tratamiento no llega. Hace mucho que es dolencia crónica y avanza implacable aunque durante muchos meses no haya síntomas visibles.

Ahora, aliada con el signo de los tiempos, con el agravante digital. El grupo de El Quinto Pino concluye con una anécdota: "Estábamos todos cenando, hablando de dónde íbamos a cantar al día siguiente con la chirigota y empezaron a sonar los móviles, fue como un capítulo de Black Mirror, todos los cogimos, vimos esos vídeos y ya está. Se nos cambió la cara. Se acabó todo. Ya estamos como siempre".

Sobre el autor:

Afot

José Landi

Nacido en Cádiz, en 1968. Inicia su trayectoria en 1990. Desde entonces, columnista, editorialista, redactor, colaborador, corresponsal o jefe de área en 'El Periódico de la Bahía de Cádiz', 'Cádiz Información', 'Marca', 'El Mundo' y 'La Voz de Cádiz'. Ha colaborado en 'magacines' o integrado tertulias de Canal Sur Radio, Cadena SER, Canal Sur Televisión, Onda Cero y COPE.

Premio Paco Navarro de la Asociación de la Prensa de Cádiz en 1997 y 2012 (a título colectivo). Premio Andalucía 2008 a la mejor labor en internet (colectivo). Ganador del I Premio de Relatos Café de Levante. Autor de la obra de autoficción ("no sabía que existiera ese género", dice) 'Ya vendrán tiempos peores' (Editorial Cazador, 2016). 

Puso en marcha el proyecto de periodismo gastronómico 'Gurmé Cádiz' y mantuvo durante diez años blog como 'El Obélix de San Félix' y 'L'Obeli'. Forma parte del equipo que realiza el 'podcast' de divagación cinematográfica 'A mitad de sala'.

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