La pandemia desnudó un sistema que no atendía los cuidados ni a sus trabajadoras. Miles de mujeres también tuvieron que convivir con su maltratador. Hacen balance los colectivos feministas
Un grupo de mujeres que se sienta a la fresquita para charlar sobre sus cosas. Una madre, una tía y una abuela que preparan pestiños junto a la nieta, mientras barruntan el porvenir. Las amigas que van juntas a comprar los mandaos a la plaza, o dos hermanas que salen a pasear para despejarse y bajar la merienda. Hay un patio de vecinas que desde hace décadas funciona como sistema de cuidados y apoyo. Esta es la resistencia de lo cotidiano.
Existe un feminismo alejado de ensayos y de academicismos, que pone la vida y los cuerpos en el centro. La provincia de Cádiz alberga esos saberes entre sus mujeres. Diversas, sororas, trabajadoras, combativas e imperfectas. Gaditanas de nacimiento o adopción impregnadas de ese feminismo andaluz resiliente, con la alegría y el puchero por delante. Muchas en sus casas, en sus trabajos, labrando los campos, con la josifa en la mano, cuidando o enseñando. Otras, de igual modo, se organizan desde sus pueblos y ciudades para hacer visible su lucha.
La coordinadora de colectivos feministas de la provincia de Cádiz acoge a 15 grupos organizados de manera asamblearia. A raíz de un encuentro en 2016 para conectar a los colectivos feministas del territorio, y con la lucha contra la(s) violencia(s) machista(s) como nexo, pronto encontraron lugares comunes como la coeducación, la precariedad laboral, la xenofobia o el racismo, desde la interseccionalidad. Ya van cuatro ediciones desde que ese mismo año organizaron la I Marcha Provincial de Puerto Real a El Puerto de Santa María.
Se cumple un año del inicio de una pandemia que evidenció algo que las feministas denunciaban desde hace mucho: la violencia estructural en un sistema fallido que obvia los cuidados e invisibiliza a sus principales trabajadoras, las mujeres precarizadas, en su mayoría migrantes, racializadas y pobres. La llegada de un 8 de marzo digital cumplirá con las exigencias sanitarias, también para recordarnos que, hace un año, la derecha y la ultraderecha pretendieron criminalizar la legítima lucha feminista para atentar, una vez más, contra los derechos de la mujer. Una estrategia de odio fallida, generada del miedo ante la fuerza movilizadora y de transformación social del feminismo. 2020 obligó además a muchas mujeres a convivir con su maltratador y constató la no conciliación para muchas otras. Más dolor, hastío y motivos por los que luchar.
'El Papel de La Voz', la revista de lavozdelsur.es, renace en versión papel y 'online' este 28 de febrero. Los suscriptores anuales de este periódico digital recibirán un ejemplar gratis en casa
2021 será diferente, aunque similar en cuanto a poderío. La coordinadora plantea un “8M combativo” donde “las reivindicaciones se multiplican”. Evitarán actos masivos pero dejarán su impronta en las calles. Habrá acciones en redes que apuntarán a esas labores imprescindibles y no reconocidas: “Necesitamos visibilizar la condición de esos trabajos y denunciar la precariedad existente”. Las trabajadoras del hogar, en residencias o a domicilio, las limpiadoras, lavanderas, vendedoras y cajeras, son recordadas desde la coordinadora.
Critican los recortes de las instituciones andaluzas en políticas de igualdad y contra la violencia machista: “Han tratado de invisibilizar esta realidad confundiéndola con otras violencias intrafamiliares”. Pero se sienten optimistas y ven en el 2021 una oportunidad para “conseguir una provincia más feminista en la que sean revalorizados los trabajos tradicionalmente feminizados”. Una sociedad donde “se dé la corresponsabilidad en las tareas domésticas para que más mujeres dediquen tiempo a cuestiones políticas o comunitarias”. Y bajo este propósito, las integrantes de la coordinadora seguirán “presentes, independientes y activas para luchar contra todas las formas de opresión y eliminar los privilegios”.
Feminismo como puedas
Kódigo Malva se constituye como asociación en Chiclana de la Frontera el 21 de enero de 2014, coincidiendo con el cumpleaños de Lola Flores. Está formada por un grupo intergeneracional de 10-12 mujeres y 32 socias, con una visión de trabajo desde lo local, haciendo “feminismo como puedas”. Viven su activismo como un proceso transformador, ya que para ellas “no hay una única forma de hacer feminismo”, sino que “cada una lo hace con sus fallos y potencialidades”. Se reconocen transfeministas y no se sienten representadas en ningún feminismo hegemónico “de los que te dan el carnet”. Son “perfectas-imperfectas” y aunque chiclaneras la mayoría, tienen compañeras por diferentes ciudades.
Reivindican el folclore y la alegría ante “esas inercias de caras serias y puños en alto”. Y en sus ‘Verbenas Feministas’ bailan sevillanas performativas en círculo y recuperan espacios de encuentro como la cocina, la playa o la casapuerta, para charlar ‘A la fresquita’. El ‘do it your self’ a la chiclanera lo ejecutaron con unos cuantos de cubos al son de los ritmos de la tierra. Y aunque el confinamiento fue un tiempo “jugoso” para la asociación, “el grupo sostuvo y mantuvo a las miembras en los saberes, emociones y necesidades”. Las videollamadas son aún sus grandes aliadas y la vía para compartir una cervecita. Cada ‘San miércoles bendito’ se reúnen en asamblea, además de realizar formaciones en ensayo, cinefórum feminista o club del libro.
La vulnerabilidad y la precariedad las unió, además de animarlas a investigar sobre la que consideraron la peor parada de esta crisis: la ancianidad. Empleo en el hogar, trabajo sexual o mujer en el deporte, son ejemplos en su eje de trabajo anual, cuyas memorias está disponible en su blog. Prefieren tener incidencia desde lugares no institucionales, después de años de participación en el Consejo Municipal. 2020 les ha hecho “ser conscientes de sus privilegios, respetar y conocer otras realidades”. Para ellas ha sido “un año doloroso que ha demostrado que el feminismo solo vale desde los cuidados y la inclusividad”. Y han visto “cómo las instituciones se han desposeído tanto de los servicios públicos como de quienes ponían el cuerpo para cuidar. Por eso, o salimos colectivamente o desde el individualismo no podremos”, concluyen.
Las comares de Kódigo Malva durante una verbena feminista
Una mirada inclusiva y comarcal
Marea Violeta Campo de Gibraltar nace como necesidad política después del 15M y se constituye como asamblea comarcal, integrada por entre 15 y 20 mujeres, aunque sean ocho las activas. Se definen transinclusivas e interseccionales y sienten el feminismo como una lucha presente en todo lo que hacen. Se van moviendo según sus exigencias, ya que cada una vive en una localidad: Algeciras, San Roque, Tarifa, La Línea… Pero juntas forman un espacio de aprendizaje, entendimiento y acompañamiento. Su realidad territorial, con una bahía fuertemente industrializada, hace que tengan una conciencia ecologista asociada; o la complejidad de ser zona fronteriza con África y Gibraltar, y albergar barrios catalogados como desfavorecidos a nivel europeo. La mirada afrofeminista la aporta una compañera dominicana-andaluza, y pretenden llegar a las mujeres de los barrios para una mayor diversidad. Aunque se han adaptado a las asambleas digitales, durante el confinamiento han echado de menos los abrazos.
Ralentizar los tiempos les ha permitido reflexionar y programar nuevas acciones: un debate al mes o invitaciones a especialistas para ampliar conocimientos sobre feminismo andaluz, maternidad y crianza feminista, nuevas masculinidades, feminismo transinclusivo, afrofeminismo, lenguaje inclusivo, diversidad corporal, feminismo anticapacitista, trabajo sexual… Siempre destacando las acciones de barrio o ‘Cómete el micro’, un ejercicio de empoderamiento para hablar en público. Además, trabajan en red con otros colectivos y tienen prevista una investigación sobre las mujeres campogibraltareñas. Para el 8M quieren decorar diferentes puntos de la comarca con motivos morados e infografías, que visibilicen los perfiles profesionales invisibilizados y feminizados en primera línea de trabajo, además de elaborar un video-protesta para redes. Como colectivo sostienen que la pandemia “ha puesto en el centro las necesidades básicas y le ha dado una hostia al sistema neoliberal”, y tienen “la esperanza de que la gente entienda esta realidad y empiece a cambiar”.
Libres e independientes
La primera aparición oficial de Mujeres feministas de Cádiz, un grupo de amigas que “no podían quedarse quietas” y decidieron hacer un colectivo independiente de partidos políticos, fue en La Noche Violeta de 2019. 20 mujeres que se reconocen diversas: lesbianas, heterosexuales, sindicalistas, pensionistas, jubiladas... Unas defienden la abolición de la prostitución y los vientres de alquiler a diferencia de otras, pero el respeto es fundamental para todas, porque sienten su activismo como “una lucha diaria y constante en defensa de los derechos de la mujer y contra cualquier violencia de género”. Algunas se muestran críticas con la Ley Trans, pero existe unidad en “la concienciación del grado de problemas de las mujeres ante el machismo”.
Los índices de paro y el empobrecimiento femenino les atraviesa como colectivo, ya que la vulnerabilidad, dicen, se ha acrecentado tras el confinamiento. La prostitución es otra realidad que abordan, ya que “sacar a las mujeres de la prostitución es difícil con la situación económica y laboral de Cádiz”. Durante la pandemia se han coordinado a través de WhatsApp y videoconferencia. “Tenemos compañeras que trabajan en comedores sociales, otras ayudan a mujeres que han sufrido violencia machista, sindicalistas dentro de los comités de empresas para contribuir en los planes de igualdad, el fin de la brecha salarial o del techo de cristal”, explican.
Este 8M lanzarán un video reivindicativo en redes y harán un llamamiento para poner pañuelos y telas moradas en los balcones. Del 2020 destacan la carga del teletrabajo para muchas mujeres y apelan a la corresponsabilidad como única solución. Como el resto de compañeras, la mirada ha estado en las mujeres que han tenido que convivir con su maltratador.
Mujeres feministas de Cádiz en el 8M de 2020.
Feministas y de pueblo
La Marea Violeta Sierra de Cádiz comenzó en 2018 en una caravana de coches que organizaron para acudir al 8M de Jerez. Al año siguiente, en el encuentro de mujeres rurales en Bornos, algunas de las asistentes que no se nombraban feministas hasta entonces, empezaron el diálogo y sintieron que “ya no estábamos solas”. Las edades son dispares (jóvenes, mayores y madres que, con sus hijas e hijos, también se incorporan al movimiento). El contexto de sierra complica su coordinación por sobrecarga laboral, precarización o falta de vehículo. Están “desorganizadamente organizadas” y las nuevas tecnologías les han favorecido, aunque existe un sesgo generacional que impide a algunas compañeras sumarse a las videoconferencias. Buscan visibilizar la diversidad existente en los pueblos –mujeres lesbianas, solteras, divorciadas– y aseguran que nombrarse feminista en el entorno rural es un reto, ya que “puede ir muy en contra de las concepciones tradicionales de los pueblos”.
Aún no se atreven a gritar en las concentraciones de la zona y, aunque anónimas, todos saben quiénes son. “Hacemos acciones de guerrilla: pegada de carteles, puesta de lazos… Y optamos por la creatividad y la concienciación”. Han sido pregoneras del Orgullo Serrano 2019 y realizaron un corto para visibilizar a las mujeres LGTBI en La Sierra. Los pueblos que comprenden son Bornos-Coto de Bornos, Ubrique, Puerto Serrano, El Bosque-Benamahoma, Alcalá del Valle, Algar, Villamartín y Arcos, con dos representantes por localidad. “Estamos deseando vernos las caras y tomar un café juntas”, reconocen algo cansadas del mundo digital. Se han concentrado sobre todo por la violencia machista y lamentan que el 2020 haya destapado “la cruel realidad de tantas mujeres conviviendo con sus maltratadores”.
Entre sus acciones destacan la tertulia feminista a través de la lectura o los talleres ecofeministas. En ‘Mi cuerpo, mi templo’ trabajan la conciencia, en ‘El machismo. ¡Qué cruz!, aprovechan las cruces de mayo, en su ‘Buñuelá empoderá’ intercambian experiencias en vivo y se adaptan al contexto digital con los ‘Viernes de comadreo’. 2020 les hizo parar y repensarse, pero a nivel interno están fortaleciéndose “en vista de lo difícil que se está poniendo la situación para las mujeres”. Para el 8M plantean más pegadas de carteles, concentraciones simbólicas y acciones concretas. “Esperamos que esta nueva forma de pensarnos a nivel sierra nos ayude a hacer más cosas en nuestro territorio, y tener mayor incidencia política y reconocimiento de nuestra conciudadanía”, recalcan.
Marea Violeta Sierra de Cádiz en la concentración del pasado 8M en Arcos.
Las del perejil y el pasacalle
La Marea Violeta de Sanlúcar surge en 2014 en la plaza del Cabildo –cuando la polémica de la Ley Gallardón– con un grupo de mujeres repartiendo perejil en una suerte de protesta-recordatorio del aborto clandestino. “Queremos concienciar a la sociedad de que tenemos una igualdad formal que no es real, pues desde que nacemos nos educan en función de un sexo hacia un género u otro”, afirma este grupo de mujeres que sostienen que, desde ese momento, se instaura “la desigualdad y el binomio”. Se consideran un colectivo intergeneracional formado por 14 mujeres de entre 20 y 70 años, con experiencias propias de distintas edades, ámbitos laborales y situaciones diversas. Sanlúcar de Barrameda se encuentra en un entorno rural de fuerte paro y marginalidad poblacional. “Nos atraviesa de manera especial el tema de la calle, por eso queremos acercarnos a las mujeres que van a la plaza a comprar”, aclaran.
La violencia de género, como en otros pueblos pequeños, está muy oculta, por eso crearon un pasacalle para visualizar a las mujeres asesinadas por violencia machista. Además, los 25N organizan un micro abierto donde las mujeres salen a la plaza a contar sus experiencias. Están centradas en la lucha contra la violencia machista, pero también organizan talleres en los institutos, monólogos, teatros o presentaciones de libros. Para el 8M están preparando un mural que destape los trabajos esenciales, que siguen igual de precarizados, con la intención de llevarlo a los institutos del pueblo. Denuncian a su vez el intento de la derecha de criminalizar al movimiento feminista con tal de atacar, una vez más, los derechos de las mujeres. Y ponen la vista en los cuidados y en la trampa del teletrabajo: su deseo para 2021 radica en el reconocimiento de los trabajos esenciales y en un reparto corresponsable del trabajo doméstico.
Marea Violeta Sanlúcar homenajeando a las sufragistas.
Acompañamiento y arraigo en el territorio
Un grupo de mujeres de diferentes colectivos formaron en 2015 la asamblea Las Tres Rosas en El Puerto de Santa María. Actualmente son 20, tienen entre 68 y 23 años, y se representan en un feminismo de base, andaluz y con arraigada vocación municipalista. Desde una posición interseccional y antirracista defienden que su lucha “está en todas las desigualdades y opresiones que afectan a las mujeres en toda su diversidad”. Son críticas con lo normativo y con las instituciones, de la que hacen “un diagnóstico bastante intenso para incidir en sus medidas”. Con la pandemia comenzaron a reunirse telemáticamente cada viernes, y durante la semana continúan en contacto, compartiendo noticias y generando debates. Durante el confinamiento recibieron muchas llamadas de mujeres en situación de violencia machista, para las que se ofrecen como espacio seguro y de acompañamiento emocional –“no profesional”– basado en la escucha activa.
Las Tres Rosas persisten en la defensa de los servicios públicos de manera transversal. Y de cara al 8M están preparando una campaña en redes para visibilizar a los colectivos más castigados durante la pandemia “por su situación flagrante y la cantidad de derechos que se les está vulnerando”. El 2020, en su opinión, “puso de manifiesto una realidad cruda y violenta: las desigualdades sociales y de género siguen en aumento, así como el paro femenino, los sectores más precarizados son los desarrollados por la mujer y el teletrabajo ha multiplicado las responsabilidades y cargas de las mujeres en casa”. Los cuidados han sido vistos por las instituciones como una rémora, cuando ellas opinan que, “no es que sin cuidados no haya vida, sino que la vida misma son los cuidados”. Para este año apelan a la reformulación de estrategias y diagnósticos situados con el fin de “cambiar socialmente las cosas y mejorar la vida de las mujeres”.
Las Tres Rosas con su mural de referentes feministas.
Formación sin perder las calles
En 2014, un grupo de personas se manifestó en la jerezana plaza del Arenal ante la imposibilidad de asistir a las marchas contra la violencia machista de Madrid. A partir de ese encuentro se organizó una asamblea abierta que derivó en la constitución de la Marea Violeta Jerez: movimiento social, feminista, plural y abierto a todas las personas que, de manera individual, quisieran unirse a la lucha por la igualdad. Está formada por 20 mujeres de mediana edad organizadas en comisiones –organización, formación y comunicación–, que entienden su lucha como “reivindicativa, de calle y formativa”. Los altos índices de paro les atraviesan como problema estructural en su territorio, aunque reconocen que la situación geográfica de Jerez las hace privilegiadas en cuanto a comunicación y medios. Sin embargo, señalan la dificultad que tienen para llegar a la ciudadanía.
Entre sus acciones destacan la colocación de zapatos rojos en las plazas para reivindicar a las mujeres asesinadas por violencia machista, como ya hicieron las compañeras mexicanas, o las jornadas de música y comida comunitaria en sus multitudinarios 8M. Además, organizan hasta tres formaciones al año, “cafelitos debate” y talleres en los institutos, enfocados a desmontar el amor romántico y dotar a la juventud de vocabulario feminista. También promueven la campaña ‘La calle, la noche y la feria también son nuestras’ con el reparto de brazaletes morados, en colaboración con la caseta LGTBI, para hacer de esta fiesta un espacio más seguro. En el plano institucional forman parte del Consejo Local de la Mujer.
Para ellas el 2020 ha sido “el año que fortaleció la red de mujeres y en el que las instituciones no estuvieron a la altura”. Y esperan que “los gobiernos sigan apostando por políticas de igualdad que sean reales y estén dotadas de respaldo económico de cara a esta crisis”. Desconvocaron la concentración del 8M, pero tienen prevista su presencia en los medios locales, la grabación de un video cooperativo con mensajes feministas, la lectura del manifiesto a través de las redes y la realización de un mural para visibilizar a las mujeres de la zona sur, entre sus acciones más destacadas.
Marea Violeta en uno de sus actos protesta por los asesinatos machistas.
Marea Violeta Sanlúcar - Marea Violeta Campo de Gibraltar - Marea Violeta Sierra de Cádiz - Asamblea Feminista Las Tres Rosas (El Puerto de Santa María) - Kódigo Malva (Chiclana) - Tertulia Feminista Arcense - La Faraona (Jerez) - Café Feminista de Cádiz - Café Feminista de San Fernando - Abrir Brecha (Jerez) - Mujeres Feministas de Cádiz - Colectivo Feminista Trebujena - Colectivo Ecofeminista de San Roque – Marea Violeta Jerez
Un grupo de mujeres que se sienta a la fresquita para charlar sobre sus cosas. Una madre, una tía y una abuela que preparan pestiños junto a la nieta, mientras barruntan el porvenir. Las amigas que van juntas a comprar los mandaos a la plaza, o dos hermanas que salen a pasear para despejarse y bajar la merienda. Hay un patio de vecinas que desde hace décadas funciona como sistema de cuidados y apoyo. Esta es la resistencia de lo cotidiano.
Existe un feminismo alejado de ensayos y de academicismos, que pone la vida y los cuerpos en el centro. La provincia de Cádiz alberga esos saberes entre sus mujeres. Diversas, sororas, trabajadoras, combativas e imperfectas. Gaditanas de nacimiento o adopción impregnadas de ese feminismo andaluz resiliente, con la alegría y el puchero por delante. Muchas en sus casas, en sus trabajos, labrando los campos, con la josifa en la mano, cuidando o enseñando. Otras, de igual modo, se organizan desde sus pueblos y ciudades para hacer visible su lucha.
La coordinadora de colectivos feministas de la provincia de Cádiz acoge a 15 grupos organizados de manera asamblearia. A raíz de un encuentro en 2016 para conectar a los colectivos feministas del territorio, y con la lucha contra la(s) violencia(s) machista(s) como nexo, pronto encontraron lugares comunes como la coeducación, la precariedad laboral, la xenofobia o el racismo, desde la interseccionalidad. Ya van cuatro ediciones desde que ese mismo año organizaron la I Marcha Provincial de Puerto Real a El Puerto de Santa María.
Se cumple un año del inicio de una pandemia que evidenció algo que las feministas denunciaban desde hace mucho: la violencia estructural en un sistema fallido que obvia los cuidados e invisibiliza a sus principales trabajadoras, las mujeres precarizadas, en su mayoría migrantes, racializadas y pobres. La llegada de un 8 de marzo digital cumplirá con las exigencias sanitarias, también para recordarnos que, hace un año, la derecha y la ultraderecha pretendieron criminalizar la legítima lucha feminista para atentar, una vez más, contra los derechos de la mujer. Una estrategia de odio fallida, generada del miedo ante la fuerza movilizadora y de transformación social del feminismo. 2020 obligó además a muchas mujeres a convivir con su maltratador y constató la no conciliación para muchas otras. Más dolor, hastío y motivos por los que luchar.
'El Papel de La Voz', la revista de lavozdelsur.es, renace en versión papel y 'online' este 28 de febrero. Los suscriptores anuales de este periódico digital recibirán un ejemplar gratis en casa
2021 será diferente, aunque similar en cuanto a poderío. La coordinadora plantea un “8M combativo” donde “las reivindicaciones se multiplican”. Evitarán actos masivos pero dejarán su impronta en las calles. Habrá acciones en redes que apuntarán a esas labores imprescindibles y no reconocidas: “Necesitamos visibilizar la condición de esos trabajos y denunciar la precariedad existente”. Las trabajadoras del hogar, en residencias o a domicilio, las limpiadoras, lavanderas, vendedoras y cajeras, son recordadas desde la coordinadora.
Critican los recortes de las instituciones andaluzas en políticas de igualdad y contra la violencia machista: “Han tratado de invisibilizar esta realidad confundiéndola con otras violencias intrafamiliares”. Pero se sienten optimistas y ven en el 2021 una oportunidad para “conseguir una provincia más feminista en la que sean revalorizados los trabajos tradicionalmente feminizados”. Una sociedad donde “se dé la corresponsabilidad en las tareas domésticas para que más mujeres dediquen tiempo a cuestiones políticas o comunitarias”. Y bajo este propósito, las integrantes de la coordinadora seguirán “presentes, independientes y activas para luchar contra todas las formas de opresión y eliminar los privilegios”.
Feminismo como puedas
Kódigo Malva se constituye como asociación en Chiclana de la Frontera el 21 de enero de 2014, coincidiendo con el cumpleaños de Lola Flores. Está formada por un grupo intergeneracional de 10-12 mujeres y 32 socias, con una visión de trabajo desde lo local, haciendo “feminismo como puedas”. Viven su activismo como un proceso transformador, ya que para ellas “no hay una única forma de hacer feminismo”, sino que “cada una lo hace con sus fallos y potencialidades”. Se reconocen transfeministas y no se sienten representadas en ningún feminismo hegemónico “de los que te dan el carnet”. Son “perfectas-imperfectas” y aunque chiclaneras la mayoría, tienen compañeras por diferentes ciudades.
Reivindican el folclore y la alegría ante “esas inercias de caras serias y puños en alto”. Y en sus ‘Verbenas Feministas’ bailan sevillanas performativas en círculo y recuperan espacios de encuentro como la cocina, la playa o la casapuerta, para charlar ‘A la fresquita’. El ‘do it your self’ a la chiclanera lo ejecutaron con unos cuantos de cubos al son de los ritmos de la tierra. Y aunque el confinamiento fue un tiempo “jugoso” para la asociación, “el grupo sostuvo y mantuvo a las miembras en los saberes, emociones y necesidades”. Las videollamadas son aún sus grandes aliadas y la vía para compartir una cervecita. Cada ‘San miércoles bendito’ se reúnen en asamblea, además de realizar formaciones en ensayo, cinefórum feminista o club del libro.
La vulnerabilidad y la precariedad las unió, además de animarlas a investigar sobre la que consideraron la peor parada de esta crisis: la ancianidad. Empleo en el hogar, trabajo sexual o mujer en el deporte, son ejemplos en su eje de trabajo anual, cuyas memorias está disponible en su blog. Prefieren tener incidencia desde lugares no institucionales, después de años de participación en el Consejo Municipal. 2020 les ha hecho “ser conscientes de sus privilegios, respetar y conocer otras realidades”. Para ellas ha sido “un año doloroso que ha demostrado que el feminismo solo vale desde los cuidados y la inclusividad”. Y han visto “cómo las instituciones se han desposeído tanto de los servicios públicos como de quienes ponían el cuerpo para cuidar. Por eso, o salimos colectivamente o desde el individualismo no podremos”, concluyen.
Las comares de Kódigo Malva durante una verbena feminista
Una mirada inclusiva y comarcal
Marea Violeta Campo de Gibraltar nace como necesidad política después del 15M y se constituye como asamblea comarcal, integrada por entre 15 y 20 mujeres, aunque sean ocho las activas. Se definen transinclusivas e interseccionales y sienten el feminismo como una lucha presente en todo lo que hacen. Se van moviendo según sus exigencias, ya que cada una vive en una localidad: Algeciras, San Roque, Tarifa, La Línea… Pero juntas forman un espacio de aprendizaje, entendimiento y acompañamiento. Su realidad territorial, con una bahía fuertemente industrializada, hace que tengan una conciencia ecologista asociada; o la complejidad de ser zona fronteriza con África y Gibraltar, y albergar barrios catalogados como desfavorecidos a nivel europeo. La mirada afrofeminista la aporta una compañera dominicana-andaluza, y pretenden llegar a las mujeres de los barrios para una mayor diversidad. Aunque se han adaptado a las asambleas digitales, durante el confinamiento han echado de menos los abrazos.
Ralentizar los tiempos les ha permitido reflexionar y programar nuevas acciones: un debate al mes o invitaciones a especialistas para ampliar conocimientos sobre feminismo andaluz, maternidad y crianza feminista, nuevas masculinidades, feminismo transinclusivo, afrofeminismo, lenguaje inclusivo, diversidad corporal, feminismo anticapacitista, trabajo sexual… Siempre destacando las acciones de barrio o ‘Cómete el micro’, un ejercicio de empoderamiento para hablar en público. Además, trabajan en red con otros colectivos y tienen prevista una investigación sobre las mujeres campogibraltareñas. Para el 8M quieren decorar diferentes puntos de la comarca con motivos morados e infografías, que visibilicen los perfiles profesionales invisibilizados y feminizados en primera línea de trabajo, además de elaborar un video-protesta para redes. Como colectivo sostienen que la pandemia “ha puesto en el centro las necesidades básicas y le ha dado una hostia al sistema neoliberal”, y tienen “la esperanza de que la gente entienda esta realidad y empiece a cambiar”.
Libres e independientes
La primera aparición oficial de Mujeres feministas de Cádiz, un grupo de amigas que “no podían quedarse quietas” y decidieron hacer un colectivo independiente de partidos políticos, fue en La Noche Violeta de 2019. 20 mujeres que se reconocen diversas: lesbianas, heterosexuales, sindicalistas, pensionistas, jubiladas... Unas defienden la abolición de la prostitución y los vientres de alquiler a diferencia de otras, pero el respeto es fundamental para todas, porque sienten su activismo como “una lucha diaria y constante en defensa de los derechos de la mujer y contra cualquier violencia de género”. Algunas se muestran críticas con la Ley Trans, pero existe unidad en “la concienciación del grado de problemas de las mujeres ante el machismo”.
Los índices de paro y el empobrecimiento femenino les atraviesa como colectivo, ya que la vulnerabilidad, dicen, se ha acrecentado tras el confinamiento. La prostitución es otra realidad que abordan, ya que “sacar a las mujeres de la prostitución es difícil con la situación económica y laboral de Cádiz”. Durante la pandemia se han coordinado a través de WhatsApp y videoconferencia. “Tenemos compañeras que trabajan en comedores sociales, otras ayudan a mujeres que han sufrido violencia machista, sindicalistas dentro de los comités de empresas para contribuir en los planes de igualdad, el fin de la brecha salarial o del techo de cristal”, explican.
Este 8M lanzarán un video reivindicativo en redes y harán un llamamiento para poner pañuelos y telas moradas en los balcones. Del 2020 destacan la carga del teletrabajo para muchas mujeres y apelan a la corresponsabilidad como única solución. Como el resto de compañeras, la mirada ha estado en las mujeres que han tenido que convivir con su maltratador.
Mujeres feministas de Cádiz en el 8M de 2020.
Feministas y de pueblo
La Marea Violeta Sierra de Cádiz comenzó en 2018 en una caravana de coches que organizaron para acudir al 8M de Jerez. Al año siguiente, en el encuentro de mujeres rurales en Bornos, algunas de las asistentes que no se nombraban feministas hasta entonces, empezaron el diálogo y sintieron que “ya no estábamos solas”. Las edades son dispares (jóvenes, mayores y madres que, con sus hijas e hijos, también se incorporan al movimiento). El contexto de sierra complica su coordinación por sobrecarga laboral, precarización o falta de vehículo. Están “desorganizadamente organizadas” y las nuevas tecnologías les han favorecido, aunque existe un sesgo generacional que impide a algunas compañeras sumarse a las videoconferencias. Buscan visibilizar la diversidad existente en los pueblos –mujeres lesbianas, solteras, divorciadas– y aseguran que nombrarse feminista en el entorno rural es un reto, ya que “puede ir muy en contra de las concepciones tradicionales de los pueblos”.
Aún no se atreven a gritar en las concentraciones de la zona y, aunque anónimas, todos saben quiénes son. “Hacemos acciones de guerrilla: pegada de carteles, puesta de lazos… Y optamos por la creatividad y la concienciación”. Han sido pregoneras del Orgullo Serrano 2019 y realizaron un corto para visibilizar a las mujeres LGTBI en La Sierra. Los pueblos que comprenden son Bornos-Coto de Bornos, Ubrique, Puerto Serrano, El Bosque-Benamahoma, Alcalá del Valle, Algar, Villamartín y Arcos, con dos representantes por localidad. “Estamos deseando vernos las caras y tomar un café juntas”, reconocen algo cansadas del mundo digital. Se han concentrado sobre todo por la violencia machista y lamentan que el 2020 haya destapado “la cruel realidad de tantas mujeres conviviendo con sus maltratadores”.
Entre sus acciones destacan la tertulia feminista a través de la lectura o los talleres ecofeministas. En ‘Mi cuerpo, mi templo’ trabajan la conciencia, en ‘El machismo. ¡Qué cruz!, aprovechan las cruces de mayo, en su ‘Buñuelá empoderá’ intercambian experiencias en vivo y se adaptan al contexto digital con los ‘Viernes de comadreo’. 2020 les hizo parar y repensarse, pero a nivel interno están fortaleciéndose “en vista de lo difícil que se está poniendo la situación para las mujeres”. Para el 8M plantean más pegadas de carteles, concentraciones simbólicas y acciones concretas. “Esperamos que esta nueva forma de pensarnos a nivel sierra nos ayude a hacer más cosas en nuestro territorio, y tener mayor incidencia política y reconocimiento de nuestra conciudadanía”, recalcan.
Marea Violeta Sierra de Cádiz en la concentración del pasado 8M en Arcos.
Las del perejil y el pasacalle
La Marea Violeta de Sanlúcar surge en 2014 en la plaza del Cabildo –cuando la polémica de la Ley Gallardón– con un grupo de mujeres repartiendo perejil en una suerte de protesta-recordatorio del aborto clandestino. “Queremos concienciar a la sociedad de que tenemos una igualdad formal que no es real, pues desde que nacemos nos educan en función de un sexo hacia un género u otro”, afirma este grupo de mujeres que sostienen que, desde ese momento, se instaura “la desigualdad y el binomio”. Se consideran un colectivo intergeneracional formado por 14 mujeres de entre 20 y 70 años, con experiencias propias de distintas edades, ámbitos laborales y situaciones diversas. Sanlúcar de Barrameda se encuentra en un entorno rural de fuerte paro y marginalidad poblacional. “Nos atraviesa de manera especial el tema de la calle, por eso queremos acercarnos a las mujeres que van a la plaza a comprar”, aclaran.
La violencia de género, como en otros pueblos pequeños, está muy oculta, por eso crearon un pasacalle para visualizar a las mujeres asesinadas por violencia machista. Además, los 25N organizan un micro abierto donde las mujeres salen a la plaza a contar sus experiencias. Están centradas en la lucha contra la violencia machista, pero también organizan talleres en los institutos, monólogos, teatros o presentaciones de libros. Para el 8M están preparando un mural que destape los trabajos esenciales, que siguen igual de precarizados, con la intención de llevarlo a los institutos del pueblo. Denuncian a su vez el intento de la derecha de criminalizar al movimiento feminista con tal de atacar, una vez más, los derechos de las mujeres. Y ponen la vista en los cuidados y en la trampa del teletrabajo: su deseo para 2021 radica en el reconocimiento de los trabajos esenciales y en un reparto corresponsable del trabajo doméstico.
Marea Violeta Sanlúcar homenajeando a las sufragistas.
Acompañamiento y arraigo en el territorio
Un grupo de mujeres de diferentes colectivos formaron en 2015 la asamblea Las Tres Rosas en El Puerto de Santa María. Actualmente son 20, tienen entre 68 y 23 años, y se representan en un feminismo de base, andaluz y con arraigada vocación municipalista. Desde una posición interseccional y antirracista defienden que su lucha “está en todas las desigualdades y opresiones que afectan a las mujeres en toda su diversidad”. Son críticas con lo normativo y con las instituciones, de la que hacen “un diagnóstico bastante intenso para incidir en sus medidas”. Con la pandemia comenzaron a reunirse telemáticamente cada viernes, y durante la semana continúan en contacto, compartiendo noticias y generando debates. Durante el confinamiento recibieron muchas llamadas de mujeres en situación de violencia machista, para las que se ofrecen como espacio seguro y de acompañamiento emocional –“no profesional”– basado en la escucha activa.
Las Tres Rosas persisten en la defensa de los servicios públicos de manera transversal. Y de cara al 8M están preparando una campaña en redes para visibilizar a los colectivos más castigados durante la pandemia “por su situación flagrante y la cantidad de derechos que se les está vulnerando”. El 2020, en su opinión, “puso de manifiesto una realidad cruda y violenta: las desigualdades sociales y de género siguen en aumento, así como el paro femenino, los sectores más precarizados son los desarrollados por la mujer y el teletrabajo ha multiplicado las responsabilidades y cargas de las mujeres en casa”. Los cuidados han sido vistos por las instituciones como una rémora, cuando ellas opinan que, “no es que sin cuidados no haya vida, sino que la vida misma son los cuidados”. Para este año apelan a la reformulación de estrategias y diagnósticos situados con el fin de “cambiar socialmente las cosas y mejorar la vida de las mujeres”.
Las Tres Rosas con su mural de referentes feministas.
Formación sin perder las calles
En 2014, un grupo de personas se manifestó en la jerezana plaza del Arenal ante la imposibilidad de asistir a las marchas contra la violencia machista de Madrid. A partir de ese encuentro se organizó una asamblea abierta que derivó en la constitución de la Marea Violeta Jerez: movimiento social, feminista, plural y abierto a todas las personas que, de manera individual, quisieran unirse a la lucha por la igualdad. Está formada por 20 mujeres de mediana edad organizadas en comisiones –organización, formación y comunicación–, que entienden su lucha como “reivindicativa, de calle y formativa”. Los altos índices de paro les atraviesan como problema estructural en su territorio, aunque reconocen que la situación geográfica de Jerez las hace privilegiadas en cuanto a comunicación y medios. Sin embargo, señalan la dificultad que tienen para llegar a la ciudadanía.
Entre sus acciones destacan la colocación de zapatos rojos en las plazas para reivindicar a las mujeres asesinadas por violencia machista, como ya hicieron las compañeras mexicanas, o las jornadas de música y comida comunitaria en sus multitudinarios 8M. Además, organizan hasta tres formaciones al año, “cafelitos debate” y talleres en los institutos, enfocados a desmontar el amor romántico y dotar a la juventud de vocabulario feminista. También promueven la campaña ‘La calle, la noche y la feria también son nuestras’ con el reparto de brazaletes morados, en colaboración con la caseta LGTBI, para hacer de esta fiesta un espacio más seguro. En el plano institucional forman parte del Consejo Local de la Mujer.
Para ellas el 2020 ha sido “el año que fortaleció la red de mujeres y en el que las instituciones no estuvieron a la altura”. Y esperan que “los gobiernos sigan apostando por políticas de igualdad que sean reales y estén dotadas de respaldo económico de cara a esta crisis”. Desconvocaron la concentración del 8M, pero tienen prevista su presencia en los medios locales, la grabación de un video cooperativo con mensajes feministas, la lectura del manifiesto a través de las redes y la realización de un mural para visibilizar a las mujeres de la zona sur, entre sus acciones más destacadas.
Marea Violeta en uno de sus actos protesta por los asesinatos machistas.
Marea Violeta Sanlúcar - Marea Violeta Campo de Gibraltar - Marea Violeta Sierra de Cádiz - Asamblea Feminista Las Tres Rosas (El Puerto de Santa María) - Kódigo Malva (Chiclana) - Tertulia Feminista Arcense - La Faraona (Jerez) - Café Feminista de Cádiz - Café Feminista de San Fernando - Abrir Brecha (Jerez) - Mujeres Feministas de Cádiz - Colectivo Feminista Trebujena - Colectivo Ecofeminista de San Roque – Marea Violeta Jerez
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