Un vecino de Sevilla ha logrado que la justicia admita a trámite su reclamación para ser reconocido como bisnieto de un aristócrata andaluz, en un proceso que podría otorgarle acceso a derechos hereditarios casi un siglo después de la muerte de su presunto bisabuelo. El juicio, que se celebrará el próximo mes de septiembre, buscará determinar si dicho aristócrata mantuvo una relación extramatrimonial de la que nació un hijo en 1900, vínculo que, según la parte demandante, se mantuvo en la discreción debido a las diferencias sociales entre ambos progenitores.
El caso, cuya documentación ha sido aportada por el abogado del reclamante, Fernando Osuna, sostiene que el hombre, de 60 años y residente en Sevilla, ha tenido que reconstruir la historia de su familia a través de testimonios recabados en distintas localidades de Sevilla, Cádiz, Córdoba y Madrid, así como en Francia e Italia.
Según la versión defendida por el demandante, el presunto bisabuelo llegó a ser alcalde de una relevante ciudad del oeste de Andalucía antes de la Guerra Civil y mantuvo una relación sentimental con una mujer de un estatus social inferior, quien quedó embarazada y dio a luz a un varón en 1900. Las diferencias de clase habrían impedido el matrimonio, aunque el vínculo entre ambos habría continuado con el tiempo. De hecho, se afirma que el aristócrata contribuyó económicamente al sustento de la madre y del hijo, llegando a adquirir una vivienda para ambos y a costear los estudios universitarios del joven.
Entre las pruebas incorporadas al procedimiento destacan más de medio centenar de cartas de contenido amoroso atribuidas a la pareja, así como diversas fotografías de la época que, según la parte demandante, permitirían reconstruir distintos momentos de aquella relación. A ello se suma el argumento del parecido físico que el reclamante atribuye al padre y al hijo, un extremo sobre el que también declararán varios testigos de edad avanzada durante el juicio.
No se pudo sacar ADN
Con el objetivo de aportar pruebas genéticas, se procedió incluso a la exhumación de los restos del aristócrata, aunque la antigüedad de los huesos —cercana al siglo— impidió extraer ADN válido para establecer la filiación. Pese a ello, la parte demandante defiende que el vínculo familiar puede acreditarse a través de otros medios probatorios e indicios, que corresponderá valorar al juzgado, el cual deberá determinar qué peso otorga al conjunto de cartas, fotografías, testimonios y demás documentación presentada.
La celebración del juicio llega tras casi una década de tramitación judicial, un periodo en el que, según el reclamante, el procedimiento ha sufrido numerosos retrasos en distintas fases procesales, lo que le ha llevado a presentar varios escritos solicitando el impulso de la causa. De su resultado dependerá que el demandante pueda acceder a una herencia de elevada cuantía, vinculada al reconocimiento de la filiación y a los derechos hereditarios que, de confirmarse el parentesco, habría ostentado el hijo nacido en 1900.
Un vecino de Sevilla ha logrado que la justicia admita a trámite su reclamación para ser reconocido como bisnieto de un aristócrata andaluz, en un proceso que podría otorgarle acceso a derechos hereditarios casi un siglo después de la muerte de su presunto bisabuelo. El juicio, que se celebrará el próximo mes de septiembre, buscará determinar si dicho aristócrata mantuvo una relación extramatrimonial de la que nació un hijo en 1900, vínculo que, según la parte demandante, se mantuvo en la discreción debido a las diferencias sociales entre ambos progenitores.
El caso, cuya documentación ha sido aportada por el abogado del reclamante, Fernando Osuna, sostiene que el hombre, de 60 años y residente en Sevilla, ha tenido que reconstruir la historia de su familia a través de testimonios recabados en distintas localidades de Sevilla, Cádiz, Córdoba y Madrid, así como en Francia e Italia.
Según la versión defendida por el demandante, el presunto bisabuelo llegó a ser alcalde de una relevante ciudad del oeste de Andalucía antes de la Guerra Civil y mantuvo una relación sentimental con una mujer de un estatus social inferior, quien quedó embarazada y dio a luz a un varón en 1900. Las diferencias de clase habrían impedido el matrimonio, aunque el vínculo entre ambos habría continuado con el tiempo. De hecho, se afirma que el aristócrata contribuyó económicamente al sustento de la madre y del hijo, llegando a adquirir una vivienda para ambos y a costear los estudios universitarios del joven.
Entre las pruebas incorporadas al procedimiento destacan más de medio centenar de cartas de contenido amoroso atribuidas a la pareja, así como diversas fotografías de la época que, según la parte demandante, permitirían reconstruir distintos momentos de aquella relación. A ello se suma el argumento del parecido físico que el reclamante atribuye al padre y al hijo, un extremo sobre el que también declararán varios testigos de edad avanzada durante el juicio.
No se pudo sacar ADN
Con el objetivo de aportar pruebas genéticas, se procedió incluso a la exhumación de los restos del aristócrata, aunque la antigüedad de los huesos —cercana al siglo— impidió extraer ADN válido para establecer la filiación. Pese a ello, la parte demandante defiende que el vínculo familiar puede acreditarse a través de otros medios probatorios e indicios, que corresponderá valorar al juzgado, el cual deberá determinar qué peso otorga al conjunto de cartas, fotografías, testimonios y demás documentación presentada.
La celebración del juicio llega tras casi una década de tramitación judicial, un periodo en el que, según el reclamante, el procedimiento ha sufrido numerosos retrasos en distintas fases procesales, lo que le ha llevado a presentar varios escritos solicitando el impulso de la causa. De su resultado dependerá que el demandante pueda acceder a una herencia de elevada cuantía, vinculada al reconocimiento de la filiación y a los derechos hereditarios que, de confirmarse el parentesco, habría ostentado el hijo nacido en 1900.
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