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Los 400 vecinos de una zona de El Puerto que siguen viviendo entre vandalismo y botellones

Los residentes de 13 bloques aseguran que los problemas de vandalismo, consumo de drogas y falta de mantenimiento continúan cuatro años después de que empezaran a denunciar la situación en la plaza El Molino

  • Plaza El Molino en El Puerto, en una imagen de archivo, similar a la que se encuentran los vecinos según sus testimonios. -

Las bolsas de basura y las papelinas continúan formando parte del paisaje habitual de la plaza El Molino, en El Puerto. Los vecinos denuncian que la situación apenas ha cambiado durante los últimos años y aseguran estar cansados de convivir con suciedad, botellones, ruido, consumo de drogas y desperfectos en el pavimento.

En esta zona residen alrededor de 400 personas distribuidas en 13 bloques, construidos a finales de la década de los noventa junto a la barriada de Los Milagros. María José, que lleva más de 20 años, vuelve a alzar la voz ante lo que considera un "estado de abandono".

“Es inhumano tener que vivir así”, sostiene la vecina, que no entiende por qué quienes residen en estos edificios, pese a pagar sus impuestos como el resto de ciudadanos, tienen que hacerlo “rodeados de delincuencia y suciedad".

Los residentes comenzaron a denunciar públicamente esta situación hace cuatro años. Desde entonces, según explica María José a lavozdelsur.es, se produjo algún avance. El Ayuntamiento dio el visto bueno a instalar puertas de acceso pese a tratarse de un espacio público, al entender que existía una problemática vinculada a la barriada cercana y que era necesario tomar alguna medida.

La vecina señala que algunos residentes están “boicoteando el plan, mientras que los telefonillos siguen sin colocarse". “Las condiciones de la plaza son las mismas que eran hace cuatro años”, lamenta.

Acerado levantado y limpieza intermitente

Los desperfectos también afectan al acerado. Según comparte, hay zonas levantadas, baldosas que faltan y socavones que, según los vecinos, suponen un riesgo especialmente importante para las numerosas personas mayores que viven en los bloques.

La vecina relata que una mujer de avanzada edad introdujo el pie en uno de esos huecos mientras caminaba por la plaza y sufrió una caída hasta el punto que tuvo que ser atendida por los servicios de emergencia. "En la foto que compartieron por el grupo de vecinos podía apreciarse un charco de sangre en el suelo", dice.

El Ayuntamiento ha realizado algunas actuaciones, como la instalación de más papeleras. También se refuerza la limpieza cuando los vecinos insisten, aunque la residente sostiene que esa atención dura solo unos días antes de volver a disminuir.

“Vivimos en un total estado de abandono”, afirma. Los residentes se consideran “ciudadanos de segunda o de tercera”.

Dos llamadas a la Policía en una misma tarde

La situación, asegura María José, obliga a los residentes a contactar frecuentemente con las fuerzas de seguridad. La vecina explica que recientemente tuvo que llamar dos veces a la Policía Nacional durante una misma jornada.

“Ayer mismo llamé dos veces yo a la Policía. Una a las ocho de la tarde, porque había un grupo de personas haciendo botellón, sentado en la plaza con las botellas de alcohol y de refresco, los hielos y los vasos de cristal”, relata. Según su testimonio, "tenían unas conversaciones sobre venta de drogas”.

La segunda llamada se produjo a medianoche. “A las doce de la noche tuvimos que volver a llamar porque en la galería de la plaza había cuatro personas consumiendo drogas con papel de plata”, afirma.

La residente asegura que también había mujeres que ejercían la prostitución mientras se sucedían los gritos y las peleas. “Es increíble seguir viviendo así”, lamenta.

Los vecinos sostienen que la única respuesta que reciben es que avisen a la Policía Nacional cada vez que se produzca un incidente. “Como vecinos no podemos estar todo el día llamando a la Policía Nacional. Saben que hay una problemática real en este barrio”, denuncian.

Refuerzo de mantenimiento y seguridad

La situación ya motivó una intervención municipal en mayo de 2025, cuando el Ayuntamiento instaló nuevas puertas en el acceso a la plazoleta central. La medida respondía a esta reivindicación vecinal y contemplaba que el espacio permaneciera abierto entre las 10.00 y las 20.00 horas y cerrado durante la noche para evitar concentraciones y actos incívicos. "Pusimos puertas pero la plaza es pública y, por tanto, no puede estar siempre cerrada", explica el Consistorio a este medio.

En aquel momento, el Ayuntamiento informó de que se habían reforzado los patrullajes en coordinación con la Policía Local y la Policía Nacional, además de la imposición de sanciones ante comportamientos que alterasen la convivencia. También anunció trabajos para mejorar el alumbrado, reforzar la limpieza y adecentar el entorno urbano.

“El Ayuntamiento está cumpliendo su compromiso con los vecinos de El Molino”, afirmó entonces Germán Beardo, que aseguró que el gobierno local trabajaba para recuperar la zona y mejorar la seguridad. “Los vecinos de El Molino no están solos”, concluyó el alcalde durante aquella visita.

Actualmente, según explican fuentes municipales, "se está haciendo un refuerzo de mantenimiento y seguridad".

Las bolsas de basura y las papelinas continúan formando parte del paisaje habitual de la plaza El Molino, en El Puerto. Los vecinos denuncian que la situación apenas ha cambiado durante los últimos años y aseguran estar cansados de convivir con suciedad, botellones, ruido, consumo de drogas y desperfectos en el pavimento.

En esta zona residen alrededor de 400 personas distribuidas en 13 bloques, construidos a finales de la década de los noventa junto a la barriada de Los Milagros. María José, que lleva más de 20 años, vuelve a alzar la voz ante lo que considera un "estado de abandono".

“Es inhumano tener que vivir así”, sostiene la vecina, que no entiende por qué quienes residen en estos edificios, pese a pagar sus impuestos como el resto de ciudadanos, tienen que hacerlo “rodeados de delincuencia y suciedad".

Los residentes comenzaron a denunciar públicamente esta situación hace cuatro años. Desde entonces, según explica María José a lavozdelsur.es, se produjo algún avance. El Ayuntamiento dio el visto bueno a instalar puertas de acceso pese a tratarse de un espacio público, al entender que existía una problemática vinculada a la barriada cercana y que era necesario tomar alguna medida.

La vecina señala que algunos residentes están “boicoteando el plan, mientras que los telefonillos siguen sin colocarse". “Las condiciones de la plaza son las mismas que eran hace cuatro años”, lamenta.

Acerado levantado y limpieza intermitente

Los desperfectos también afectan al acerado. Según comparte, hay zonas levantadas, baldosas que faltan y socavones que, según los vecinos, suponen un riesgo especialmente importante para las numerosas personas mayores que viven en los bloques.

La vecina relata que una mujer de avanzada edad introdujo el pie en uno de esos huecos mientras caminaba por la plaza y sufrió una caída hasta el punto que tuvo que ser atendida por los servicios de emergencia. "En la foto que compartieron por el grupo de vecinos podía apreciarse un charco de sangre en el suelo", dice.

El Ayuntamiento ha realizado algunas actuaciones, como la instalación de más papeleras. También se refuerza la limpieza cuando los vecinos insisten, aunque la residente sostiene que esa atención dura solo unos días antes de volver a disminuir.

“Vivimos en un total estado de abandono”, afirma. Los residentes se consideran “ciudadanos de segunda o de tercera”.

Dos llamadas a la Policía en una misma tarde

La situación, asegura María José, obliga a los residentes a contactar frecuentemente con las fuerzas de seguridad. La vecina explica que recientemente tuvo que llamar dos veces a la Policía Nacional durante una misma jornada.

“Ayer mismo llamé dos veces yo a la Policía. Una a las ocho de la tarde, porque había un grupo de personas haciendo botellón, sentado en la plaza con las botellas de alcohol y de refresco, los hielos y los vasos de cristal”, relata. Según su testimonio, "tenían unas conversaciones sobre venta de drogas”.

La segunda llamada se produjo a medianoche. “A las doce de la noche tuvimos que volver a llamar porque en la galería de la plaza había cuatro personas consumiendo drogas con papel de plata”, afirma.

La residente asegura que también había mujeres que ejercían la prostitución mientras se sucedían los gritos y las peleas. “Es increíble seguir viviendo así”, lamenta.

Los vecinos sostienen que la única respuesta que reciben es que avisen a la Policía Nacional cada vez que se produzca un incidente. “Como vecinos no podemos estar todo el día llamando a la Policía Nacional. Saben que hay una problemática real en este barrio”, denuncian.

Refuerzo de mantenimiento y seguridad

La situación ya motivó una intervención municipal en mayo de 2025, cuando el Ayuntamiento instaló nuevas puertas en el acceso a la plazoleta central. La medida respondía a esta reivindicación vecinal y contemplaba que el espacio permaneciera abierto entre las 10.00 y las 20.00 horas y cerrado durante la noche para evitar concentraciones y actos incívicos. "Pusimos puertas pero la plaza es pública y, por tanto, no puede estar siempre cerrada", explica el Consistorio a este medio.

En aquel momento, el Ayuntamiento informó de que se habían reforzado los patrullajes en coordinación con la Policía Local y la Policía Nacional, además de la imposición de sanciones ante comportamientos que alterasen la convivencia. También anunció trabajos para mejorar el alumbrado, reforzar la limpieza y adecentar el entorno urbano.

“El Ayuntamiento está cumpliendo su compromiso con los vecinos de El Molino”, afirmó entonces Germán Beardo, que aseguró que el gobierno local trabajaba para recuperar la zona y mejorar la seguridad. “Los vecinos de El Molino no están solos”, concluyó el alcalde durante aquella visita.

Actualmente, según explican fuentes municipales, "se está haciendo un refuerzo de mantenimiento y seguridad".

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