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Un embarazo oculto y 73 años de mentiras en Tarifa: Curra y Benito ya son madre e hijo

Al quedarse embarazada "joven, soltera y sin recursos propios", su vástago fue inscrito en el Registro Civil como su hermano

  • Imagen de archivo de las manos de una mujer mayor.

El 3 de abril de 1953 llegó al mundo en Tarifa Benito, que fue inscrito en el Registro Civil de esta localidad gaditana como hijo de sus abuelos maternos. ¿El motivo? Su madre era entonces “una mujer joven, soltera y sin recursos propios” que, como recoge la demanda que en su día interpuso en su nombre el despacho de abogados de Jesús Odériz, había quedado embarazada tras tener una relación sentimental esporádica. Eran otros tiempos. 

La demanda detalla que “ante el temor del que irán, las estrictas costumbres sociales de la época y la posible marginación social por haber quedado embarazada fuera del matrimonio, sus padres decidieron ocultar el embarazo de su hija”. Para mantenerlo en secreto, Curra, la madre de Benito, permaneció “recluida en su domicilio durante toda la gestación y evitando cualquier contacto con el exterior”. 

Curra aceptó el silencio impuesto

Una vez que Benito nació y tras ser inscripto en el registro, se convirtió oficialmente en hijo de sus abuelos y hermano de su verdadera madre. Curra aceptó el “silencio impuesto, asumiendo con dolor que no podría reconocer públicamente a su hijo”. Durante aquellos años solo pudo estar presente en la vida de Benito en “el rol que le fue asignado”. 

Pero 73 años después, un juzgado ha reconocido, tras la referida demanda, que Curra y Benito son madre e hijo. Un hecho que ha provocado una gran alegría, tal y como comenta a EFE Benito: “Estamos muy contentos. Ella quería tener los papeles de que yo era su niño pequeño. Va a ser beneficioso para los dos”. 

"Mi madre estaba sufriendo con esto y no quería que muriera con esa pena"

No fue hasta cuando tenía unos 14 años cuando Benito empezó a intuir que su hermana Curra era algo más que eso. “Siempre sospeché que era mi madre porque eso tira. Tenía una forma de comportarse conmigo. Siempre trataba de verme, me hacía regalos cuando podía, era mi hermana especial”, detalla. 

Curra se casó, tuvo más hijos y se fue a vivir a Ceuta, pero no dejó atrás a Benito, al que se llevó también. “Ello poco a poco me lo dijo”, relata. Una prueba de ADN puso fin a esta historia, logrando que un juzgado reconozca a Benito como hijo biológico de Curra, que por fin ha podido quitarse esa espina que le llevaba provocando un gran dolor durante 73 años: “Mi madre estaba sufriendo con eso. Decidimos mover los papeles para que no muriera con esa pena. Se ha podido cerrar una herida”

El 3 de abril de 1953 llegó al mundo en Tarifa Benito, que fue inscrito en el Registro Civil de esta localidad gaditana como hijo de sus abuelos maternos. ¿El motivo? Su madre era entonces “una mujer joven, soltera y sin recursos propios” que, como recoge la demanda que en su día interpuso en su nombre el despacho de abogados de Jesús Odériz, había quedado embarazada tras tener una relación sentimental esporádica. Eran otros tiempos. 

La demanda detalla que “ante el temor del que irán, las estrictas costumbres sociales de la época y la posible marginación social por haber quedado embarazada fuera del matrimonio, sus padres decidieron ocultar el embarazo de su hija”. Para mantenerlo en secreto, Curra, la madre de Benito, permaneció “recluida en su domicilio durante toda la gestación y evitando cualquier contacto con el exterior”. 

Curra aceptó el silencio impuesto

Una vez que Benito nació y tras ser inscripto en el registro, se convirtió oficialmente en hijo de sus abuelos y hermano de su verdadera madre. Curra aceptó el “silencio impuesto, asumiendo con dolor que no podría reconocer públicamente a su hijo”. Durante aquellos años solo pudo estar presente en la vida de Benito en “el rol que le fue asignado”. 

Pero 73 años después, un juzgado ha reconocido, tras la referida demanda, que Curra y Benito son madre e hijo. Un hecho que ha provocado una gran alegría, tal y como comenta a EFE Benito: “Estamos muy contentos. Ella quería tener los papeles de que yo era su niño pequeño. Va a ser beneficioso para los dos”. 

"Mi madre estaba sufriendo con esto y no quería que muriera con esa pena"

No fue hasta cuando tenía unos 14 años cuando Benito empezó a intuir que su hermana Curra era algo más que eso. “Siempre sospeché que era mi madre porque eso tira. Tenía una forma de comportarse conmigo. Siempre trataba de verme, me hacía regalos cuando podía, era mi hermana especial”, detalla. 

Curra se casó, tuvo más hijos y se fue a vivir a Ceuta, pero no dejó atrás a Benito, al que se llevó también. “Ello poco a poco me lo dijo”, relata. Una prueba de ADN puso fin a esta historia, logrando que un juzgado reconozca a Benito como hijo biológico de Curra, que por fin ha podido quitarse esa espina que le llevaba provocando un gran dolor durante 73 años: “Mi madre estaba sufriendo con eso. Decidimos mover los papeles para que no muriera con esa pena. Se ha podido cerrar una herida”

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