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Volver al Jerez de la guerra y la posguerra para entender la verdadera naturaleza del franquismo

Este trabajo está dedicado a la memoria del desaparecido profesor e investigador Francisco Herrera Rodríguez, catedrático de EU de la Facultad de Enfermería y Fisioterapia de la Universidad de Cádiz al que Jerez debe agradecer sus documentados y numerosos trabajos sobre diversos aspectos sanitarios y sociales de nuestra ciudad en la posguerra

  • Fachada del Laboratorio Municipal de Higiene de Jerez.

Frente a la tendencia observada tan solo algunos años después de la muerte del dictador, e incluso antes, a valorar y enjuiciar el carácter de este régimen poniendo el foco del análisis en la imagen que el país, su economía, su sociedad, ofrecía casi cuarenta años después de finalizada la Guerra Civil, el desaparecido historiador catalán Josep Fontana en su introducción al libro colectivo España bajo el Franquismo (1986) afirmaba que para comprender la verdadera naturaleza del franquismo y las consecuencias que este tuvo para la sociedad española que lo padeció se hace necesario comenzar por la propia guerra e inmediata posguerra, cuando este régimen dictatorial mostraba sin tapujos y sin disimulo su verdadero rostro y sus verdaderos objetivos fundacionales. (2)

Ya antes de su fallecimiento un tardofranquismo seguro de sí mismo por algunos de sus éxitos económicos había pretendido hacer desaparecer de la Historia del país las verdaderas causas políticas, económicas y sociales que habían llevado durante la larga posguerra a la mayoría de la población española a unas críticas condiciones de vida caracterizadas por la escasez, el hambre más atroz, las enfermedades y la muerte. (3) En este sentido, con estas páginas que siguen solo hemos querido reunir algunas notas y comentarios sobre la “cara” que ofrecía aquel primer franquismo en nuestra ciudad y algunas de las repercusiones que este tuvo para la salud y las condiciones de vida de una gran parte de sus vecinos.

Cuando en el Pleno Municipal extraordinario celebrado por la Gestora Municipal en los primeros días de noviembre de 1939 fue nombrado alcalde de la ciudad el dirigente falangista José Mora-Figueroa, este reconocía que la más urgente y acuciante preocupación a la que tendría que enfrentarse en su gestión sería el grave problema que representaba la escasez y la carestía del abastecimiento de productos básicos, de alimentación sobre todo, para una población en una gran parte al borde de la subsistencia.(4) Y un año y medio más tarde, en el Pleno Municipal celebrado para informar de su dimisión como alcalde, este debía reconocer su rotundo fracaso en la solución de ese gravísimo problema y se justificaba afirmando que cuando se hizo cargo de la Alcaldía en 1939 esa tarea presentaba caracteres tan enormes que desde ese mismo momento ya sabía que solo podría aspirar -decía-, si acaso, a que la distribución de los productos intervenidos y sometidos a racionamiento que se asignaran a Jerez fuera lo más justa posible.(5) Algo que, en general, tampoco se llegó a conseguir casi nunca, ni en Jerez ni en otros lugares, porque lo normal fue que las cantidades distribuidas finalmente no fueran las que oficialmente se habían previsto, reduciéndose la mayor parte de los productos asignados a la población a la mitad de lo fijado por los organismos de intervención y abastecimiento provinciales.(6)

Aunque ni el alcalde Mora-Figueroa ni la gestora municipal que presidía reconocieron nunca, explícitamente, este fracaso político y personal, la conciencia del mismo no podía quedar más patente para él: así, cuando al finalizar su intervención en el ya citado Pleno Municipal sobre su dimisión de agosto de 1941, este se expresaba ante los presentes en unos términos tan amargos que no dejaban lugar a dudas: triste es, para quienes tras angustiosas jornadas precursoras del amanecer glorioso de un 18 de julio, y seguidas de otras no menos gloriosas de tres años de lucha, verse reducidos de momento al prosaico e impopular papel de administradores de la escasa ración de un pueblo ya hambriento en gran parte antes de ahora, cuando nuestras ideas políticas tienen por lema la Patria, el pan y la justicia.(7) 

No solo hambre: viviendas insalubres, hacinamiento y enfermedades

Pero aunque el problema del abastecimiento de la población y la carestía de los escasos artículos disponibles para las clases trabajadoras y populares era el más apremiante y urgente de todos, este no era el único. En ese mismo Pleno Municipal de agosto de 1941 el alcalde Mora-Figueroa tenía que reconocer igualmente que otra de las necesidades de la ciudad que con mayor perentoriedad exigía una solución rápida y que, según confesaba, tampoco se había acometido durante su mandato al frente del Ayuntamiento era el de la falta de viviendas para esos mismos sectores sociales. Según sus propias palabras, en Jerez no se había construido casi en lo que iba de siglo y desde luego lo que se había hecho en este terreno había sido en mucha menor proporción que las necesidades. 

Debía admitir que durante su etapa de gobierno municipal solo se había iniciado, muy tímidamente, la construcción de los primeros grupos de viviendas en la ciudad, aunque ello a un ritmo muy lento debido sobre todo a las severas dificultades y restricciones que la propia política de autarquía económica adoptada por el régimen imponía al abastecimiento de los materiales necesarios, entre ellos el cemento y el combustible necesario para el transporte de los mismos. Al poco de comenzar la Guerra, efectivamente, se había empezado a construir una barriada de casas baratas para empleados en los terrenos de la antigua Huerta de Terry, la actual Barriada España y en 1941 se inició la de otra de casas “ultrabaratas” para obreros, con fondos del Ayuntamiento y la aportación del 4% sobre sueldos y jornales, pero hasta la fecha de su dimisión en agosto de 1941 solo se habían construido 14 de ellas. Mientras tanto, en algunas núcleos o “barriadas rurales” como San José del Valle sus vecinos aún tenían que vivir en las numerosas chozas que existían en el pueblo. (8)

  • Sello de una postulación del Auxilio Social falangista
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Según la rectificación del padrón de habitantes de finales de diciembre de 1938, la población de hecho de Jerez era de 78.725 habitantes, 55.221 de los cuales residían en la propia ciudad. Apenas dos años más tarde, en 1940, la ciudad y los núcleos rurales de su término habían llegado ya a los casi 90.000 habitantes (89.525), es decir, que en esos dos años había experimentado un incremento poblacional de casi el 14% (13,7%).(9) Jerez era una ciudad en continuo crecimiento que se enfrentaba a un pavoroso problema de vivienda que obligaba a sus obreros, empleados y demás clases trabajadoras a vivir, en gran parte, en locales impropios de seres humanos” según afirmaba el propio alcalde  de  Mora-Figueroa.(10)

 Esta escasez de viviendas y los consiguientes problemas de hacinamiento, agravados por la carencia de unas mínimas condiciones higiénicas y de salubridad en la mayor parte de las que habitaban esos sectores populares y clases trabajadoras, junto a la malnutrición crónica que estos padecían, tuvieron unas graves consecuencias para la salud. Unas condiciones de vida que estuvieron en el origen de la persistencia y del incremento de determinadas enfermedades y de la aparición de algunos brotes epidémicos, sobre todo de aquellas de carácter infecto-contagioso como la tuberculosis o el tifus. Y así lo tenía que reconocer también el alcalde en marzo de 1941 al manifestar que entre los más graves problemas de la posguerra contra los que su Ayuntamiento tuvo que lidiar se encontraba el de la elevada mortalidad consecuencia de la depauperación y de las epidemias reinantes.(11)  

En numerosos casos el hacinamiento en que vivían los grupos sociales más empobrecidos y necesitados de Jerez era extremo: así, en la primavera de 1941, cuando ya se conocían algunos casos de tifus en la ciudad, el casero y propietario de la finca número 7 de la Plaza Aladro denunciaba ante la alcaldía que en una accesoria (una habitación) de la misma casa que tenía arrendada a una mujer esta había albergado, sin autorización suya, a su hija viuda, con una hija de 13 años, y a otros dos hijos casados acompañados de sus respectivas esposas y el primero con 3 hijos menores, es decir, que 10 personas “vivían” en una sola habitación. El casero denunciaba que todos ellos se hallaban en malas condiciones de higiene y que constituían un grave peligro para el vecindario. (12) 

A la pobreza padecida en esos años de posguerra por amplios sectores de la población jerezana había que añadir, efectivamente, la aterradora cifra de 785 tuberculosos contagiosos y 1.558 más con lesiones no evolutivas existentes en 1941 en la ciudad en tratamiento en el Dispensario Antituberculoso.(13) Desde 1936 la tuberculosis pulmonar era ya, con diferencia, la principal causa de mortalidad en Jerez debida a enfermedades, manteniéndose para los años de la Guerra Civil en una media de 96 muertes al año, cifras que se elevaron considerablemente durante los años primeros años de la posguerra: las muertes por esta causa alcanzan ya las 168 muertes en 1942 y 147 en 1943, destacando especialmente el año 1941 que registró 206 muertes, unos números que arrojan una media de casi 174 fallecimientos al año, es decir, un crecimiento medio desorbitado respecto de los años de la Guerra.(14) 

No menos importante resultaba la incidencia de las fiebres tifoideas para la salud de la población de Jerez, una enfermedad estrechamente relacionada con las graves deficiencias que al comienzo de la posguerra aún presentaba el sistema de eliminación de las aguas residuales de la ciudad: así, a mediados de 1939 aún se consideraba como una tarea sanitaria de “inaplazable ejecución” las obras encaminadas a completar, reformar y mejorar el alcantarillado de la ciudad y, sobre todo, las de recubrimiento y revestimiento de 8 de los colectores. La mayoría de ellos desembocaban libremente en las inmediaciones de la ciudad, permitiendo que esas aguas residuales se utilizaran para el riego de terrenos sembrados, de huertas sobre todo, una circunstancia que según se reconocía a finales de 1939 era responsable de la difusión de fiebres tíficas, casi endémicas en la ciudad.(15) 

En 1941 el Alcalde tuvo que sancionar con elevadas multas a pequeños agricultores por regar sus sembrados de hortalizas con esas aguas residuales, como la que se impuso al vecino J. Galisteo por regar con ellas las cebollas que tenía sembradas en su propiedad de Playas de San Telmo.(16) En cuanto a esta última enfermedad se refiere, debe destacarse el brote epidémico de tifoideas que se produjo en 1945 en la barriada rural de San José del Valle que registró 36 casos y dos defunciones, aunque en este caso dicho brote pudo tener su origen en la presencia de un forastero ya enfermo y con fiebre que se había hospedado en una posada durante quince días, contagiando primero a los familiares del hospedero e irradiando luego el contagio hasta las chozas de la zona cercana.(17)

Algunos datos y comentarios sobre la mortalidad en el Jerez de posguerra

 En cuanto a la mortalidad general debida a enfermedades, durante los primeros años de la posguerra, entre 1939 y 1942, Jerez alcanzó una media de casi 1.600 muertes anuales, destacando especialmente el durísimo año de 1941 en el que los fallecimientos por esta causa fue, nada menos, de 2.303 fallecimientos, es decir, un incremento de casi el 44% respecto a la media antes citada.  

Pero más significativo y relevante que esta información sobre la mortalidad general absoluta en Jerez debida a enfermedades resulta atender a la relación existente entre ella y la elevada mortalidad causada por enfermedades infecto-contagiosas características de sociedades en crisis como era España y Jerez en esos años. Para el conjunto de esos cuatro años de posguerra una media del 34% de las muertes anuales se debieron a enfermedades infecto-contagiosas, llegándose a casi al 38% en 1940. Y aunque no tenemos información precisa para 1943, sí sabemos que este año se produjo igualmente un aumento de la morbilidad y mortalidad por enfermedades infecciosas. Ya durante el quinquenio 1936-1940 la gráfica evolutiva del coeficiente de mortalidad general por enfermedades infecciosas mostraba una línea claramente ascendente: 37/10.000 (37 muertes por cada 10.000 habitantes) en 1936; 62/10.000 en 1937; 75/10.000 en 1938; 76/10.000 en 1940  y un 64,4/10.000 en 1941. (18)

  • D. José Estrade Camúñez, Director del Laboratorio Municipal de Higiene de Jerez
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Y si centramos la atención en la elevada mortalidad infantil en nuestra ciudad, uno de los parámetros sanitarios característicos de ese tipo de sociedades en crisis más útiles como indicador de las condiciones de salud  y de vida de una determinada población, los datos que este tipo de mortalidad arroja en Jerez en esos primeros años de posguerra  (1939 a 1942) no dejan lugar a dudas: en 1939: 168,52; en 1940: 129, 41; en 1941: 211,76; en 1942: 123,23. Es decir, una media para esos cuatro años de 158,23 niños y niñas muertos antes de cumplir un año de edad por cada mil nacidos vivos. Las memorias de los trabajos realizados en el Laboratorio Municipal de Higiene de Jerez redactadas por su director, en las que nos apoyamos para ofrecer la información anterior, dan información sobre mortalidad infantil a partir del año 1937 y por ello no podemos establecer comparaciones entre la mortalidad infantil en Jerez de antes de la Guerra Civil y la  de esos cuatro años de posguerra. No obstante, debe tenerse en cuenta que la media de la tasa española de mortalidad infantil para el quinquenio 1941-1945 era de 103,8. (20)

Resultaba evidente además la estrecha relación existente entre la mortalidad infantil de niños/niñas, sobre todo de entre 2 y 4-6 años, y la falta de una alimentación adecuada para esas edades en una situación de penuria económica y de pobreza como la que sufrían las familias más necesitadas de la ciudad, es decir, la que sufrían  aquellos que, por decirlo con las cínicas palabras del Delegado de la Junta de Beneficencia creada por el entonces alcalde Eduardo Delage Atané, estaban peor situados por la lotería del vivir diario (21): a mediados de abril de 1941 el periódico Ayer informaba que en la reunión celebrada por esta Junta Benéfica Local se había tratado de la urgente necesidad de establecer en la ciudad comedores para niños de edades comprendidas entre 2 y 6 años a fin de atenderlos con alimentación adecuada, principalmente -se reconocía- en los meses de verano para evitar la mortalidad que todos los años se notaba en los niños de esas edades.(22)

El brote epidémico de tifus de 1941-42 en Jerez

En los años 1941-42 nuestra ciudad fue escenario de un brote de tifus exantemático que causó la muerte de 27 personas iniciado en el mes de mayo de 1941 (con algún caso antes) y que se detectó y afectó principalmente entre los presos de la Prisión de Partido de la ciudad. Todo apunta a que en este último caso se trató de un brote importado desde Algeciras y de Sevilla, seguramente por presos trasladados a la prisión de Jerez. (23)

A partir del 24 de mayo de 1941 el médico de la prisión, Sebastián Guerrero, denunció que en una visita de inspección a la cárcel había detectado la existencia de hasta 88 casos de tifus, razón por la cual, como primera medida, se acordó trasladar a los reclusos a la Plaza de Toros. (24) Según los propios servicios sanitarios y epidemiológicos municipales la prisión de Jerez carecía en absoluto de instalaciones sanitarias y de higiene. Apresuradamente se tuvo que improvisar en ella unas primitivas y rudimentarias duchas, cámaras de gases para las desinfectaciones y proceder a despiojar a toda la población reclusa. 

A nuestro juicio, la aparición del tifus exantemático en esta institución penitenciaria revela con claridad la íntima relación existente entre estos primeros brotes de tifus en la ciudad y la política represiva implementada contra los vencidos por el régimen franquista desde los primeros momentos. Uno de los principales elementos de esa política represiva fue la creación de una tupida red de centros carcelarios y concentracionarios donde recluir, en unas condiciones deplorables, a los derrotados seguidores y simpatizantes republicanos. Aunque las instalaciones de la Prisión de Partido de Jerez estaban previstas para albergar a una población reclusa de no mucho más de 100 prisioneros, sin embargo desde finales de 1940 se hacinaban en ellas más de 600 personas. A nuestro juicio también, este enorme incremento de la población prisionera  solo puede explicarse por la propia intensidad represiva que siguió a la terminación de la Guerra y a la consiguiente incapacidad para albergar a tantos detenidos en los depósitos municipales de la comarca y de otras zonas de la provincia. (25)

Muchos de los presos recluidos en 1940-41 en la prisión de Jerez eran detenidos a disposición de la Auditoría de Guerra en espera de la instrucción de algún procedimiento o diligencia judicial militar y en el caso de otros se trataba de vecinos de poblaciones cercanas a Jerez, entre ellas poblaciones de la sierra gaditana, en espera de que se ejecutara la condena a muerte dictada por consejos de guerra ya celebrados. Entre 1940  y 1941, por ejemplo, en Jerez fueron ejecutados en los alrededores de la plaza de Toros 16 condenados a muerte. 

Este hacinamiento en las cárceles de la posguerra y la ausencia en ellas de las más elementales medidas de higiene, junto a la escasa ración de hambre que recibían los reclusos, constituían el perfecto caldo de cultivo para la aparición de enfermedades infecto-contagiosas, entre ellas el tifus exantemático, que no en balde era conocido también con el nombre de tifus carcelario. Además del aislamiento y la desinfección de los contagiados, otra de las primeras medidas puestas en práctica para evitar su propagación fue la creación de lo que en la documentación se denomina en ocasiones un “campo de concentración” en las instalaciones del Balneario de San Telmo para recluir allí a los mendigos transeúntes. 

  • El investigador y profesor catedrático de la EU de la Facultad de Enfermería y Fisioterapia de la Universidad de Cádiz

Esta medida tenía su origen en una circular gubernativa publicada en el Boletín Oficial de la Provincia de Cádiz de junio de 1941 que disponía la organización en los pueblos de centros de desinfección de los mendigos donde estos eran pelados, despiojados y desinfectada toda su ropa antes de ser remitidos a sus lugares de origen conducidos por la Guardia Civil, para evitar la burla de estas medidas. (26) Y esta, a su vez, no hacía más que cumplir lo ordenado en una orden circular del Ministerio de la Gobernación publicada dos meses antes que mandaba limitar la movilidad y controlar a determinados grupos sociales persiguiendo la circulación de vagos, mendigos, gitanos y otras gentes igualmente peligrosas...(27)

Se trataba de la ya vieja y conocida práctica de criminalizar y achacar la responsabilidad de la extensión de las enfermedades y epidemias precisamente a los grupos sociales más castigados por la pobreza y penuria económica y no, como en este caso, a una política económica autárquica creadora de miseria, escasez y desnutrición. Una  práctica que, al igual que en Jerez, fue adoptada también en otros lugares como en Málaga, que fue  una de las ciudades andaluzas más afectadas por esta epidemia de tifus.(28) Según la información proporcionada por las Memorias del Laboratorio Municipal de Higiene de esos años,  y con ello terminamos, entre 1941 y 1942 en sus instalaciones se registraron un total de 181 contagiados (162 en 1941 y 19 más en 1942), con el resultado de 26 fallecidos en 1941 y 1 más en 1942, siendo necesario crear dos centros u hospitales de aislamiento para los contagiados, uno en la finca La Atalaya y otro en la Casa Cuna para los presos contagiados. 


NOTAS:

(1) El profesor Herrera Rodríguez fue el primero en utilizar en sus investigaciones las Memorias del Laboratorio Municipal de Higiene de Jerez redactadas por su director José Estrade Camúñez (Tipografía Municipal). Gracias a la generosidad de la familia del director Estrade estas memorias pueden consultarse hoy en la Biblioteca Auxiliar de Archivo Municipal de Jerez de la Frontera Municipal (AMJF)  

(2) FONTANA LÁZARO, J. (ed.): España bajo el franquismo, Editorial Crítica, 1986, pp. 9-38.

(3) ARCO BLANCO, M. A. del (2006): Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, 5, p. 246. 

(4) AMJF, Actas de Pleno Municipal, sesión de 7-11-1939.  

(5) Sobre el reconocimiento de su fracaso, AMJF, Actas de Pleno, sesión de 11-8-1941. 

(6) MARTÍNEZ PEREDA, L: El Pan y la Cruz. Hambre y Auxilio Social durante el primer franquismo, Editorial Biblioteca Nueva, Madrid, 2017, p.103.  

(7) AMJF, Actas de Pleno, sesión de 11-8-1941

(8) Sus vecinos aún tendrían que esperar a 1945 para que empezara a construirse un bloque de 201 viviendas en la margen derecha del pueblo. Véase: Memoria del Laboratorio de Higiene Municipal, año 1945. 

(9) La población de Jerez en 1938, en AMJF, legajo 573, expediente 13514.

(10) AMJF, Legajo 573, Expediente 13514.

(11) AMJF, Legajo 573, Expediente 13514.

(12) Protocolo Municipal, tomo 676, Beneficencia, año 1941. 

(13) Sobre el número de enfermos de tuberculosis en ese año, periódico Ayer de 2-3-1941.

(14) La evolución de los fallecidos por tuberculosis entre 1936 y 1943, en Memorias del Laboratorio Municipal de Higiene correspondientes a esos años: Biblioteca Auxiliar del AMJF. 

(15) AMJF, legajo 573, expediente 13514. 

(16) AMJF, legajo 1094, expediente 23953. En este mismo legajo pueden consultarse  otros  expedientes más de multas gubernativas impuestas por ese motivo a pequeños agricultores. 

(17) En estas fechas, 1945, este núcleo rural todavía carecía de alcantarillado y agua corriente y la mayoría de las viviendas carecían también de una fosa séptica, de tal manera que las deyecciones y la basura se vertían en la parte posterior de sus viviendas. Tampoco disponía de teléfono, electricidad o telégrafo. Todo esto último en la Memoria del Laboratorio de Higiene Municipal del año 1945. 

(18) Información recogida en las Memorias de Laboratorio Municipal de Higiene correspondientes a esos años

(19) Una amplia síntesis biográfica y profesional del director Estrade Camúñez, en HERRERA-RODRÍGUEZ, F. (2021): “La obra sanitaria de José Estrade Camúñez (1904-1973) en el Laboratorio Municipal de Higiene de Jerez de la Frontera”, Temperamentvm, 17, http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1699-60112021000100005&lng=es&tlng=es. Puede verse también ESTRADE PANDO, M.S.: “El Dr. Estrade Camúñez y el Laboratorio Municipal de Higiene”, en La Alcubilla. Boletín Digital de Historia de Jerez, número 3, octubre 2017 y ORELLANA GÓNZÁLEZ, C: “José Estrade Camúñez, Dr. del Laboratorio Municipal de Higiene (1904-1973)”, en https://memoriahistoricadejerez.blogspot.com/2021/05/jose-estrade-camunez-dr-del-laboratorio.html?m=1 (20) La información sobre mortalidad infantil en Jerez de 1939 a 1942, en las Memorias del Laboratorio Municipal de Higiene correspondientes a esos años. Para la media de mortalidad infantil en España en el quinquenio 1941-1945, DOPICO G. DEL ARROYO, F.: “Desarrollo económico y social y mortalidad infantil. Diferencias regionales (1900-1950)”, en Crisis, autonomías y desarrollo regional: IX Reunión de Estudios Regionales / Asociación Galega de Ciencia Rexional (AGCR) (aut.), Vol. 1 / coord. por Xaime Isla Couto, Jaime García-Lombardero y Viñas, 1985, págs. 357-372.

(21) Diario Ayer de 14-8-1942. 

(22) Periódico Ayer de 19-4-1941

(23) El profesor Francisco Herrera Rodríguez ya llevó a cabo en 2020 un extenso, completo y detallado estudio sobre esta epidemia y a él remitimos a los interesados en profundizar sobre este tema. Hoy nosotros nos vamos a limitar a tratar otros aspectos de esta epidemia y a realizar algunos comentarios basados, principalmente, en la documentación existente en el Archivo Municipal de Jerez que fue también ampliamente manejada por el citado profesor: HERRERA RODRÍGUEZ,  F. (2020): “El tifus exantemático en Jerez de la Frontera (1941-1942)”., Cultura de los Cuidados (Edición digital), 24 (57),  http://dx.doi.org/10.14198/cuid.2020.57.08F. Sobre los diferentes aspectos relacionados con esta epidemia de tifus de 1941-42 en Jerez pueden verse  además las Memorias del Laboratorio Municipal de Higiene de esos años y AMJF, protocolo Municipal, tomo 676, Sanidad, año 1941.  

(24) AMJF, protocolo Municipal, tomo 676, Sanidad, año 1941. 

(25) Para el número de presos en la Prisión de Partido de Jerez a finales de 1940, AMJF, Padrón de Habitantes, tomo 1179, cárcel, año 1940.  

(26) AMJF, protocolo Municipal, tomo 676, Sanidad, año 1941.

(27) AMJF, protocolo Municipal, tomo 676, Sanidad, año 1941.

(28) Véase JIMÉNEZ LUCENA, L.: El tifus en la Málaga de la postguerra. Un estudio histórico médico en torno a una enfermedad colectiva, Universidad de Málaga, 1990, pp. 44-69 y especialmente pp. 45-47.

Frente a la tendencia observada tan solo algunos años después de la muerte del dictador, e incluso antes, a valorar y enjuiciar el carácter de este régimen poniendo el foco del análisis en la imagen que el país, su economía, su sociedad, ofrecía casi cuarenta años después de finalizada la Guerra Civil, el desaparecido historiador catalán Josep Fontana en su introducción al libro colectivo España bajo el Franquismo (1986) afirmaba que para comprender la verdadera naturaleza del franquismo y las consecuencias que este tuvo para la sociedad española que lo padeció se hace necesario comenzar por la propia guerra e inmediata posguerra, cuando este régimen dictatorial mostraba sin tapujos y sin disimulo su verdadero rostro y sus verdaderos objetivos fundacionales. (2)

Ya antes de su fallecimiento un tardofranquismo seguro de sí mismo por algunos de sus éxitos económicos había pretendido hacer desaparecer de la Historia del país las verdaderas causas políticas, económicas y sociales que habían llevado durante la larga posguerra a la mayoría de la población española a unas críticas condiciones de vida caracterizadas por la escasez, el hambre más atroz, las enfermedades y la muerte. (3) En este sentido, con estas páginas que siguen solo hemos querido reunir algunas notas y comentarios sobre la “cara” que ofrecía aquel primer franquismo en nuestra ciudad y algunas de las repercusiones que este tuvo para la salud y las condiciones de vida de una gran parte de sus vecinos.

Cuando en el Pleno Municipal extraordinario celebrado por la Gestora Municipal en los primeros días de noviembre de 1939 fue nombrado alcalde de la ciudad el dirigente falangista José Mora-Figueroa, este reconocía que la más urgente y acuciante preocupación a la que tendría que enfrentarse en su gestión sería el grave problema que representaba la escasez y la carestía del abastecimiento de productos básicos, de alimentación sobre todo, para una población en una gran parte al borde de la subsistencia.(4) Y un año y medio más tarde, en el Pleno Municipal celebrado para informar de su dimisión como alcalde, este debía reconocer su rotundo fracaso en la solución de ese gravísimo problema y se justificaba afirmando que cuando se hizo cargo de la Alcaldía en 1939 esa tarea presentaba caracteres tan enormes que desde ese mismo momento ya sabía que solo podría aspirar -decía-, si acaso, a que la distribución de los productos intervenidos y sometidos a racionamiento que se asignaran a Jerez fuera lo más justa posible.(5) Algo que, en general, tampoco se llegó a conseguir casi nunca, ni en Jerez ni en otros lugares, porque lo normal fue que las cantidades distribuidas finalmente no fueran las que oficialmente se habían previsto, reduciéndose la mayor parte de los productos asignados a la población a la mitad de lo fijado por los organismos de intervención y abastecimiento provinciales.(6)

Aunque ni el alcalde Mora-Figueroa ni la gestora municipal que presidía reconocieron nunca, explícitamente, este fracaso político y personal, la conciencia del mismo no podía quedar más patente para él: así, cuando al finalizar su intervención en el ya citado Pleno Municipal sobre su dimisión de agosto de 1941, este se expresaba ante los presentes en unos términos tan amargos que no dejaban lugar a dudas: triste es, para quienes tras angustiosas jornadas precursoras del amanecer glorioso de un 18 de julio, y seguidas de otras no menos gloriosas de tres años de lucha, verse reducidos de momento al prosaico e impopular papel de administradores de la escasa ración de un pueblo ya hambriento en gran parte antes de ahora, cuando nuestras ideas políticas tienen por lema la Patria, el pan y la justicia.(7) 

No solo hambre: viviendas insalubres, hacinamiento y enfermedades

Pero aunque el problema del abastecimiento de la población y la carestía de los escasos artículos disponibles para las clases trabajadoras y populares era el más apremiante y urgente de todos, este no era el único. En ese mismo Pleno Municipal de agosto de 1941 el alcalde Mora-Figueroa tenía que reconocer igualmente que otra de las necesidades de la ciudad que con mayor perentoriedad exigía una solución rápida y que, según confesaba, tampoco se había acometido durante su mandato al frente del Ayuntamiento era el de la falta de viviendas para esos mismos sectores sociales. Según sus propias palabras, en Jerez no se había construido casi en lo que iba de siglo y desde luego lo que se había hecho en este terreno había sido en mucha menor proporción que las necesidades. 

Debía admitir que durante su etapa de gobierno municipal solo se había iniciado, muy tímidamente, la construcción de los primeros grupos de viviendas en la ciudad, aunque ello a un ritmo muy lento debido sobre todo a las severas dificultades y restricciones que la propia política de autarquía económica adoptada por el régimen imponía al abastecimiento de los materiales necesarios, entre ellos el cemento y el combustible necesario para el transporte de los mismos. Al poco de comenzar la Guerra, efectivamente, se había empezado a construir una barriada de casas baratas para empleados en los terrenos de la antigua Huerta de Terry, la actual Barriada España y en 1941 se inició la de otra de casas “ultrabaratas” para obreros, con fondos del Ayuntamiento y la aportación del 4% sobre sueldos y jornales, pero hasta la fecha de su dimisión en agosto de 1941 solo se habían construido 14 de ellas. Mientras tanto, en algunas núcleos o “barriadas rurales” como San José del Valle sus vecinos aún tenían que vivir en las numerosas chozas que existían en el pueblo. (8)

  • Sello de una postulación del Auxilio Social falangista
  • -

Según la rectificación del padrón de habitantes de finales de diciembre de 1938, la población de hecho de Jerez era de 78.725 habitantes, 55.221 de los cuales residían en la propia ciudad. Apenas dos años más tarde, en 1940, la ciudad y los núcleos rurales de su término habían llegado ya a los casi 90.000 habitantes (89.525), es decir, que en esos dos años había experimentado un incremento poblacional de casi el 14% (13,7%).(9) Jerez era una ciudad en continuo crecimiento que se enfrentaba a un pavoroso problema de vivienda que obligaba a sus obreros, empleados y demás clases trabajadoras a vivir, en gran parte, en locales impropios de seres humanos” según afirmaba el propio alcalde  de  Mora-Figueroa.(10)

 Esta escasez de viviendas y los consiguientes problemas de hacinamiento, agravados por la carencia de unas mínimas condiciones higiénicas y de salubridad en la mayor parte de las que habitaban esos sectores populares y clases trabajadoras, junto a la malnutrición crónica que estos padecían, tuvieron unas graves consecuencias para la salud. Unas condiciones de vida que estuvieron en el origen de la persistencia y del incremento de determinadas enfermedades y de la aparición de algunos brotes epidémicos, sobre todo de aquellas de carácter infecto-contagioso como la tuberculosis o el tifus. Y así lo tenía que reconocer también el alcalde en marzo de 1941 al manifestar que entre los más graves problemas de la posguerra contra los que su Ayuntamiento tuvo que lidiar se encontraba el de la elevada mortalidad consecuencia de la depauperación y de las epidemias reinantes.(11)  

En numerosos casos el hacinamiento en que vivían los grupos sociales más empobrecidos y necesitados de Jerez era extremo: así, en la primavera de 1941, cuando ya se conocían algunos casos de tifus en la ciudad, el casero y propietario de la finca número 7 de la Plaza Aladro denunciaba ante la alcaldía que en una accesoria (una habitación) de la misma casa que tenía arrendada a una mujer esta había albergado, sin autorización suya, a su hija viuda, con una hija de 13 años, y a otros dos hijos casados acompañados de sus respectivas esposas y el primero con 3 hijos menores, es decir, que 10 personas “vivían” en una sola habitación. El casero denunciaba que todos ellos se hallaban en malas condiciones de higiene y que constituían un grave peligro para el vecindario. (12) 

A la pobreza padecida en esos años de posguerra por amplios sectores de la población jerezana había que añadir, efectivamente, la aterradora cifra de 785 tuberculosos contagiosos y 1.558 más con lesiones no evolutivas existentes en 1941 en la ciudad en tratamiento en el Dispensario Antituberculoso.(13) Desde 1936 la tuberculosis pulmonar era ya, con diferencia, la principal causa de mortalidad en Jerez debida a enfermedades, manteniéndose para los años de la Guerra Civil en una media de 96 muertes al año, cifras que se elevaron considerablemente durante los años primeros años de la posguerra: las muertes por esta causa alcanzan ya las 168 muertes en 1942 y 147 en 1943, destacando especialmente el año 1941 que registró 206 muertes, unos números que arrojan una media de casi 174 fallecimientos al año, es decir, un crecimiento medio desorbitado respecto de los años de la Guerra.(14) 

No menos importante resultaba la incidencia de las fiebres tifoideas para la salud de la población de Jerez, una enfermedad estrechamente relacionada con las graves deficiencias que al comienzo de la posguerra aún presentaba el sistema de eliminación de las aguas residuales de la ciudad: así, a mediados de 1939 aún se consideraba como una tarea sanitaria de “inaplazable ejecución” las obras encaminadas a completar, reformar y mejorar el alcantarillado de la ciudad y, sobre todo, las de recubrimiento y revestimiento de 8 de los colectores. La mayoría de ellos desembocaban libremente en las inmediaciones de la ciudad, permitiendo que esas aguas residuales se utilizaran para el riego de terrenos sembrados, de huertas sobre todo, una circunstancia que según se reconocía a finales de 1939 era responsable de la difusión de fiebres tíficas, casi endémicas en la ciudad.(15) 

En 1941 el Alcalde tuvo que sancionar con elevadas multas a pequeños agricultores por regar sus sembrados de hortalizas con esas aguas residuales, como la que se impuso al vecino J. Galisteo por regar con ellas las cebollas que tenía sembradas en su propiedad de Playas de San Telmo.(16) En cuanto a esta última enfermedad se refiere, debe destacarse el brote epidémico de tifoideas que se produjo en 1945 en la barriada rural de San José del Valle que registró 36 casos y dos defunciones, aunque en este caso dicho brote pudo tener su origen en la presencia de un forastero ya enfermo y con fiebre que se había hospedado en una posada durante quince días, contagiando primero a los familiares del hospedero e irradiando luego el contagio hasta las chozas de la zona cercana.(17)

Algunos datos y comentarios sobre la mortalidad en el Jerez de posguerra

 En cuanto a la mortalidad general debida a enfermedades, durante los primeros años de la posguerra, entre 1939 y 1942, Jerez alcanzó una media de casi 1.600 muertes anuales, destacando especialmente el durísimo año de 1941 en el que los fallecimientos por esta causa fue, nada menos, de 2.303 fallecimientos, es decir, un incremento de casi el 44% respecto a la media antes citada.  

Pero más significativo y relevante que esta información sobre la mortalidad general absoluta en Jerez debida a enfermedades resulta atender a la relación existente entre ella y la elevada mortalidad causada por enfermedades infecto-contagiosas características de sociedades en crisis como era España y Jerez en esos años. Para el conjunto de esos cuatro años de posguerra una media del 34% de las muertes anuales se debieron a enfermedades infecto-contagiosas, llegándose a casi al 38% en 1940. Y aunque no tenemos información precisa para 1943, sí sabemos que este año se produjo igualmente un aumento de la morbilidad y mortalidad por enfermedades infecciosas. Ya durante el quinquenio 1936-1940 la gráfica evolutiva del coeficiente de mortalidad general por enfermedades infecciosas mostraba una línea claramente ascendente: 37/10.000 (37 muertes por cada 10.000 habitantes) en 1936; 62/10.000 en 1937; 75/10.000 en 1938; 76/10.000 en 1940  y un 64,4/10.000 en 1941. (18)

  • D. José Estrade Camúñez, Director del Laboratorio Municipal de Higiene de Jerez
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Y si centramos la atención en la elevada mortalidad infantil en nuestra ciudad, uno de los parámetros sanitarios característicos de ese tipo de sociedades en crisis más útiles como indicador de las condiciones de salud  y de vida de una determinada población, los datos que este tipo de mortalidad arroja en Jerez en esos primeros años de posguerra  (1939 a 1942) no dejan lugar a dudas: en 1939: 168,52; en 1940: 129, 41; en 1941: 211,76; en 1942: 123,23. Es decir, una media para esos cuatro años de 158,23 niños y niñas muertos antes de cumplir un año de edad por cada mil nacidos vivos. Las memorias de los trabajos realizados en el Laboratorio Municipal de Higiene de Jerez redactadas por su director, en las que nos apoyamos para ofrecer la información anterior, dan información sobre mortalidad infantil a partir del año 1937 y por ello no podemos establecer comparaciones entre la mortalidad infantil en Jerez de antes de la Guerra Civil y la  de esos cuatro años de posguerra. No obstante, debe tenerse en cuenta que la media de la tasa española de mortalidad infantil para el quinquenio 1941-1945 era de 103,8. (20)

Resultaba evidente además la estrecha relación existente entre la mortalidad infantil de niños/niñas, sobre todo de entre 2 y 4-6 años, y la falta de una alimentación adecuada para esas edades en una situación de penuria económica y de pobreza como la que sufrían las familias más necesitadas de la ciudad, es decir, la que sufrían  aquellos que, por decirlo con las cínicas palabras del Delegado de la Junta de Beneficencia creada por el entonces alcalde Eduardo Delage Atané, estaban peor situados por la lotería del vivir diario (21): a mediados de abril de 1941 el periódico Ayer informaba que en la reunión celebrada por esta Junta Benéfica Local se había tratado de la urgente necesidad de establecer en la ciudad comedores para niños de edades comprendidas entre 2 y 6 años a fin de atenderlos con alimentación adecuada, principalmente -se reconocía- en los meses de verano para evitar la mortalidad que todos los años se notaba en los niños de esas edades.(22)

El brote epidémico de tifus de 1941-42 en Jerez

En los años 1941-42 nuestra ciudad fue escenario de un brote de tifus exantemático que causó la muerte de 27 personas iniciado en el mes de mayo de 1941 (con algún caso antes) y que se detectó y afectó principalmente entre los presos de la Prisión de Partido de la ciudad. Todo apunta a que en este último caso se trató de un brote importado desde Algeciras y de Sevilla, seguramente por presos trasladados a la prisión de Jerez. (23)

A partir del 24 de mayo de 1941 el médico de la prisión, Sebastián Guerrero, denunció que en una visita de inspección a la cárcel había detectado la existencia de hasta 88 casos de tifus, razón por la cual, como primera medida, se acordó trasladar a los reclusos a la Plaza de Toros. (24) Según los propios servicios sanitarios y epidemiológicos municipales la prisión de Jerez carecía en absoluto de instalaciones sanitarias y de higiene. Apresuradamente se tuvo que improvisar en ella unas primitivas y rudimentarias duchas, cámaras de gases para las desinfectaciones y proceder a despiojar a toda la población reclusa. 

A nuestro juicio, la aparición del tifus exantemático en esta institución penitenciaria revela con claridad la íntima relación existente entre estos primeros brotes de tifus en la ciudad y la política represiva implementada contra los vencidos por el régimen franquista desde los primeros momentos. Uno de los principales elementos de esa política represiva fue la creación de una tupida red de centros carcelarios y concentracionarios donde recluir, en unas condiciones deplorables, a los derrotados seguidores y simpatizantes republicanos. Aunque las instalaciones de la Prisión de Partido de Jerez estaban previstas para albergar a una población reclusa de no mucho más de 100 prisioneros, sin embargo desde finales de 1940 se hacinaban en ellas más de 600 personas. A nuestro juicio también, este enorme incremento de la población prisionera  solo puede explicarse por la propia intensidad represiva que siguió a la terminación de la Guerra y a la consiguiente incapacidad para albergar a tantos detenidos en los depósitos municipales de la comarca y de otras zonas de la provincia. (25)

Muchos de los presos recluidos en 1940-41 en la prisión de Jerez eran detenidos a disposición de la Auditoría de Guerra en espera de la instrucción de algún procedimiento o diligencia judicial militar y en el caso de otros se trataba de vecinos de poblaciones cercanas a Jerez, entre ellas poblaciones de la sierra gaditana, en espera de que se ejecutara la condena a muerte dictada por consejos de guerra ya celebrados. Entre 1940  y 1941, por ejemplo, en Jerez fueron ejecutados en los alrededores de la plaza de Toros 16 condenados a muerte. 

Este hacinamiento en las cárceles de la posguerra y la ausencia en ellas de las más elementales medidas de higiene, junto a la escasa ración de hambre que recibían los reclusos, constituían el perfecto caldo de cultivo para la aparición de enfermedades infecto-contagiosas, entre ellas el tifus exantemático, que no en balde era conocido también con el nombre de tifus carcelario. Además del aislamiento y la desinfección de los contagiados, otra de las primeras medidas puestas en práctica para evitar su propagación fue la creación de lo que en la documentación se denomina en ocasiones un “campo de concentración” en las instalaciones del Balneario de San Telmo para recluir allí a los mendigos transeúntes. 

  • El investigador y profesor catedrático de la EU de la Facultad de Enfermería y Fisioterapia de la Universidad de Cádiz

Esta medida tenía su origen en una circular gubernativa publicada en el Boletín Oficial de la Provincia de Cádiz de junio de 1941 que disponía la organización en los pueblos de centros de desinfección de los mendigos donde estos eran pelados, despiojados y desinfectada toda su ropa antes de ser remitidos a sus lugares de origen conducidos por la Guardia Civil, para evitar la burla de estas medidas. (26) Y esta, a su vez, no hacía más que cumplir lo ordenado en una orden circular del Ministerio de la Gobernación publicada dos meses antes que mandaba limitar la movilidad y controlar a determinados grupos sociales persiguiendo la circulación de vagos, mendigos, gitanos y otras gentes igualmente peligrosas...(27)

Se trataba de la ya vieja y conocida práctica de criminalizar y achacar la responsabilidad de la extensión de las enfermedades y epidemias precisamente a los grupos sociales más castigados por la pobreza y penuria económica y no, como en este caso, a una política económica autárquica creadora de miseria, escasez y desnutrición. Una  práctica que, al igual que en Jerez, fue adoptada también en otros lugares como en Málaga, que fue  una de las ciudades andaluzas más afectadas por esta epidemia de tifus.(28) Según la información proporcionada por las Memorias del Laboratorio Municipal de Higiene de esos años,  y con ello terminamos, entre 1941 y 1942 en sus instalaciones se registraron un total de 181 contagiados (162 en 1941 y 19 más en 1942), con el resultado de 26 fallecidos en 1941 y 1 más en 1942, siendo necesario crear dos centros u hospitales de aislamiento para los contagiados, uno en la finca La Atalaya y otro en la Casa Cuna para los presos contagiados. 


NOTAS:

(1) El profesor Herrera Rodríguez fue el primero en utilizar en sus investigaciones las Memorias del Laboratorio Municipal de Higiene de Jerez redactadas por su director José Estrade Camúñez (Tipografía Municipal). Gracias a la generosidad de la familia del director Estrade estas memorias pueden consultarse hoy en la Biblioteca Auxiliar de Archivo Municipal de Jerez de la Frontera Municipal (AMJF)  

(2) FONTANA LÁZARO, J. (ed.): España bajo el franquismo, Editorial Crítica, 1986, pp. 9-38.

(3) ARCO BLANCO, M. A. del (2006): Pasado y Memoria. Revista de Historia Contemporánea, 5, p. 246. 

(4) AMJF, Actas de Pleno Municipal, sesión de 7-11-1939.  

(5) Sobre el reconocimiento de su fracaso, AMJF, Actas de Pleno, sesión de 11-8-1941. 

(6) MARTÍNEZ PEREDA, L: El Pan y la Cruz. Hambre y Auxilio Social durante el primer franquismo, Editorial Biblioteca Nueva, Madrid, 2017, p.103.  

(7) AMJF, Actas de Pleno, sesión de 11-8-1941

(8) Sus vecinos aún tendrían que esperar a 1945 para que empezara a construirse un bloque de 201 viviendas en la margen derecha del pueblo. Véase: Memoria del Laboratorio de Higiene Municipal, año 1945. 

(9) La población de Jerez en 1938, en AMJF, legajo 573, expediente 13514.

(10) AMJF, Legajo 573, Expediente 13514.

(11) AMJF, Legajo 573, Expediente 13514.

(12) Protocolo Municipal, tomo 676, Beneficencia, año 1941. 

(13) Sobre el número de enfermos de tuberculosis en ese año, periódico Ayer de 2-3-1941.

(14) La evolución de los fallecidos por tuberculosis entre 1936 y 1943, en Memorias del Laboratorio Municipal de Higiene correspondientes a esos años: Biblioteca Auxiliar del AMJF. 

(15) AMJF, legajo 573, expediente 13514. 

(16) AMJF, legajo 1094, expediente 23953. En este mismo legajo pueden consultarse  otros  expedientes más de multas gubernativas impuestas por ese motivo a pequeños agricultores. 

(17) En estas fechas, 1945, este núcleo rural todavía carecía de alcantarillado y agua corriente y la mayoría de las viviendas carecían también de una fosa séptica, de tal manera que las deyecciones y la basura se vertían en la parte posterior de sus viviendas. Tampoco disponía de teléfono, electricidad o telégrafo. Todo esto último en la Memoria del Laboratorio de Higiene Municipal del año 1945. 

(18) Información recogida en las Memorias de Laboratorio Municipal de Higiene correspondientes a esos años

(19) Una amplia síntesis biográfica y profesional del director Estrade Camúñez, en HERRERA-RODRÍGUEZ, F. (2021): “La obra sanitaria de José Estrade Camúñez (1904-1973) en el Laboratorio Municipal de Higiene de Jerez de la Frontera”, Temperamentvm, 17, http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1699-60112021000100005&lng=es&tlng=es. Puede verse también ESTRADE PANDO, M.S.: “El Dr. Estrade Camúñez y el Laboratorio Municipal de Higiene”, en La Alcubilla. Boletín Digital de Historia de Jerez, número 3, octubre 2017 y ORELLANA GÓNZÁLEZ, C: “José Estrade Camúñez, Dr. del Laboratorio Municipal de Higiene (1904-1973)”, en https://memoriahistoricadejerez.blogspot.com/2021/05/jose-estrade-camunez-dr-del-laboratorio.html?m=1 (20) La información sobre mortalidad infantil en Jerez de 1939 a 1942, en las Memorias del Laboratorio Municipal de Higiene correspondientes a esos años. Para la media de mortalidad infantil en España en el quinquenio 1941-1945, DOPICO G. DEL ARROYO, F.: “Desarrollo económico y social y mortalidad infantil. Diferencias regionales (1900-1950)”, en Crisis, autonomías y desarrollo regional: IX Reunión de Estudios Regionales / Asociación Galega de Ciencia Rexional (AGCR) (aut.), Vol. 1 / coord. por Xaime Isla Couto, Jaime García-Lombardero y Viñas, 1985, págs. 357-372.

(21) Diario Ayer de 14-8-1942. 

(22) Periódico Ayer de 19-4-1941

(23) El profesor Francisco Herrera Rodríguez ya llevó a cabo en 2020 un extenso, completo y detallado estudio sobre esta epidemia y a él remitimos a los interesados en profundizar sobre este tema. Hoy nosotros nos vamos a limitar a tratar otros aspectos de esta epidemia y a realizar algunos comentarios basados, principalmente, en la documentación existente en el Archivo Municipal de Jerez que fue también ampliamente manejada por el citado profesor: HERRERA RODRÍGUEZ,  F. (2020): “El tifus exantemático en Jerez de la Frontera (1941-1942)”., Cultura de los Cuidados (Edición digital), 24 (57),  http://dx.doi.org/10.14198/cuid.2020.57.08F. Sobre los diferentes aspectos relacionados con esta epidemia de tifus de 1941-42 en Jerez pueden verse  además las Memorias del Laboratorio Municipal de Higiene de esos años y AMJF, protocolo Municipal, tomo 676, Sanidad, año 1941.  

(24) AMJF, protocolo Municipal, tomo 676, Sanidad, año 1941. 

(25) Para el número de presos en la Prisión de Partido de Jerez a finales de 1940, AMJF, Padrón de Habitantes, tomo 1179, cárcel, año 1940.  

(26) AMJF, protocolo Municipal, tomo 676, Sanidad, año 1941.

(27) AMJF, protocolo Municipal, tomo 676, Sanidad, año 1941.

(28) Véase JIMÉNEZ LUCENA, L.: El tifus en la Málaga de la postguerra. Un estudio histórico médico en torno a una enfermedad colectiva, Universidad de Málaga, 1990, pp. 44-69 y especialmente pp. 45-47.

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