Pedro de Estopiñán y Virués, el jerezano que tomó Melilla hace 530 años y su ciudad no recuerda
Protagonizó el 17 de septiembre de 1497 una expedición que incorporó la plaza norteafricana a la Corona de Castilla, acompañado por 40 hombres de mar, en su mayoría naturales de Jerez
Pedro de Estopiñán y Virués, el jerezano que tomó Melilla hace 530 años y su ciudad no recuerda.
Álvar Núñez Cabeza de Vaca, Cristóbal de la CuevayVillavicencio, Francisco de la Cueva y Villacreces, Juan de Ampudia, Francisco de Jerez y casi una veintena de nombres más reconocidos por la Historia forman parte de los relatos de conquista protagonizados por caballeros jerezanos en América, el norte de África y otros territorios hasta donde llegó la acción de estos hombres.
Entre todos ellos destaca una efeméride que tiene como protagonista a otro jerezano, Pedro de Estopiñán y Virués, vinculado a uno de los episodios más significativos de la presencia castellana en el norte de África. Este 17 de septiembre se han cumplido 530 años de la conquista de Melilla, una expedición encabezada por Estopiñán, al que casi nadie recuerda en su ciudad natal, que desembocó en la toma de la plaza para la Corona de Castilla.
Estopiñán protagonizó la ocupación de Melilla tras la llegada de una expedición enviada para hacerse con este enclave, entonces prácticamente abandonado y en ruinas. A su lado viajaron 40 hombres de mar, en su mayoría jerezanos, una unidad cuya tradición militar continúa en el siglo XXI vinculada al Ejército de Tierra bajo la denominación de Compañías de Mar, con presencia en Ceuta y Melilla.
Es la consecuencia militar, varios siglos después, de aquel grupo de hombres que participaron en la expedición y tomaron para la Corona de Castilla lo que entonces constituía un reducto de piratas.
La preocupación por las incursiones desde el norte de África
El contexto de aquella expedición se encuentra en los años posteriores a la conquista de Granada, culminada en 1492. Las incursiones y ataques procedentes del norte de África constituían entonces una preocupación para las poblaciones costeras andaluzas.
En ese escenario, la Casa de Medina Sidonia planteó la ocupación de un punto estratégico situado en la costa norteafricana. Los Reyes Católicos autorizaron la operación y el duque de Medina Sidonia puso al frente de la expedición a Pedro de Estopiñán.
La elección del jerezano situó a uno de los caballeros procedentes de la ciudad al frente de una empresa que terminaría incorporando Melilla a los dominios de la Corona de Castilla.
Cuadro que recrea la toma de Melilla con el jerezano en primer término.
Museo del Ejército
El 17 de septiembre de 1497, la expedición llegó a Melilla. Sin embargo, la toma de la plaza no respondió al relato clásico de una conquista mediante una gran batalla o un asalto convencional. La ciudad se encontraba prácticamente abandonada y en ruinas, por lo que la ocupación se produjo sin un enfrentamiento de grandes dimensiones.
El Museo del Ejército sitúa la toma de posesión de la plaza al atardecer de aquel 17 de septiembre y señala que los expedicionarios desembarcaron con hombres, caballos, artillería y personal especializado.
530 años después, la huella de aquella expedición
La efeméride devuelve a la actualidad el nombre de Pedro de Estopiñán y Virués y, con él, el de los hombres que participaron en aquella expedición procedentes de Jerez. De hecho en Melilla se levanta un monumentos a este jerezano y en su ciudad una calle e la barriada de la Plata lleva su nombre. Historiadores locales, sin embargo, reclaman para este caballero jerezano un reconocimiento más notorio en las calles como sucede con Álvar Núñez Cabeza de Vaca con un monumento en la calle Ancha.
Entre los 40 hombres de mar que acompañaron al conquistador jerezano, eran en en su mayoría naturales de la ciudad. Su presencia conecta aquel episodio de finales del siglo XV con una tradición militar que todavía permanece vinculada a Ceuta y Melilla a través de las actuales Compañías de Mar del Ejército de Tierra.
La conquista de Melilla queda así incorporada a esa relación de jerezanos que protagonizaron episodios de conquista y expansión en distintos territorios. Una nómina en la que figuran Álvar Núñez Cabeza de Vaca, Cristóbal de la Cueva y Villavicencio, Francisco de la Cueva y Villacreces, Juan de Ampudia y Francisco de Jerez, junto a casi una veintena de nombres más.
Álvar Núñez Cabeza de Vaca, Cristóbal de la CuevayVillavicencio, Francisco de la Cueva y Villacreces, Juan de Ampudia, Francisco de Jerez y casi una veintena de nombres más reconocidos por la Historia forman parte de los relatos de conquista protagonizados por caballeros jerezanos en América, el norte de África y otros territorios hasta donde llegó la acción de estos hombres.
Entre todos ellos destaca una efeméride que tiene como protagonista a otro jerezano, Pedro de Estopiñán y Virués, vinculado a uno de los episodios más significativos de la presencia castellana en el norte de África. Este 17 de septiembre se han cumplido 530 años de la conquista de Melilla, una expedición encabezada por Estopiñán, al que casi nadie recuerda en su ciudad natal, que desembocó en la toma de la plaza para la Corona de Castilla.
Estopiñán protagonizó la ocupación de Melilla tras la llegada de una expedición enviada para hacerse con este enclave, entonces prácticamente abandonado y en ruinas. A su lado viajaron 40 hombres de mar, en su mayoría jerezanos, una unidad cuya tradición militar continúa en el siglo XXI vinculada al Ejército de Tierra bajo la denominación de Compañías de Mar, con presencia en Ceuta y Melilla.
Es la consecuencia militar, varios siglos después, de aquel grupo de hombres que participaron en la expedición y tomaron para la Corona de Castilla lo que entonces constituía un reducto de piratas.
La preocupación por las incursiones desde el norte de África
El contexto de aquella expedición se encuentra en los años posteriores a la conquista de Granada, culminada en 1492. Las incursiones y ataques procedentes del norte de África constituían entonces una preocupación para las poblaciones costeras andaluzas.
En ese escenario, la Casa de Medina Sidonia planteó la ocupación de un punto estratégico situado en la costa norteafricana. Los Reyes Católicos autorizaron la operación y el duque de Medina Sidonia puso al frente de la expedición a Pedro de Estopiñán.
La elección del jerezano situó a uno de los caballeros procedentes de la ciudad al frente de una empresa que terminaría incorporando Melilla a los dominios de la Corona de Castilla.
Cuadro que recrea la toma de Melilla con el jerezano en primer término.
Museo del Ejército
El 17 de septiembre de 1497, la expedición llegó a Melilla. Sin embargo, la toma de la plaza no respondió al relato clásico de una conquista mediante una gran batalla o un asalto convencional. La ciudad se encontraba prácticamente abandonada y en ruinas, por lo que la ocupación se produjo sin un enfrentamiento de grandes dimensiones.
El Museo del Ejército sitúa la toma de posesión de la plaza al atardecer de aquel 17 de septiembre y señala que los expedicionarios desembarcaron con hombres, caballos, artillería y personal especializado.
530 años después, la huella de aquella expedición
La efeméride devuelve a la actualidad el nombre de Pedro de Estopiñán y Virués y, con él, el de los hombres que participaron en aquella expedición procedentes de Jerez. De hecho en Melilla se levanta un monumentos a este jerezano y en su ciudad una calle e la barriada de la Plata lleva su nombre. Historiadores locales, sin embargo, reclaman para este caballero jerezano un reconocimiento más notorio en las calles como sucede con Álvar Núñez Cabeza de Vaca con un monumento en la calle Ancha.
Entre los 40 hombres de mar que acompañaron al conquistador jerezano, eran en en su mayoría naturales de la ciudad. Su presencia conecta aquel episodio de finales del siglo XV con una tradición militar que todavía permanece vinculada a Ceuta y Melilla a través de las actuales Compañías de Mar del Ejército de Tierra.
La conquista de Melilla queda así incorporada a esa relación de jerezanos que protagonizaron episodios de conquista y expansión en distintos territorios. Una nómina en la que figuran Álvar Núñez Cabeza de Vaca, Cristóbal de la Cueva y Villavicencio, Francisco de la Cueva y Villacreces, Juan de Ampudia y Francisco de Jerez, junto a casi una veintena de nombres más.
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