Reflexiones feriantes tras el sábado de reflexión: ¿qué Feria de Jerez queremos?
El fin de fiesta en el González Hontoria deja debates sobre la sensación de una pérdida de identidad de la Feria, de su modelo y sobre el tipo de Feria que quiere realmente Jerez en los próximos años
Y tal como llegó, se fue. La Feria del Caballo ya es historia. Se apagaron las luces del González Hontoria y Jerez vuelve a la rutina después de una semana en la que la ciudad volvió a exhibir al mundo su fiesta más universal. Una edición que se despidió con un sábado en el que el jerezano cedió nuevamente el protagonismo a los vecinos de la provincia y a los muchos madrileños que, aprovechando el puente de San Isidro, eligieron la ciudad para descubrir —o reencontrarse— con una Feria única.
Fue, además, un sábado de reflexión electoral. Quizás cuando lean estas líneas ya hayan pasado por las urnas, estén a punto de hacerlo o aún sigan dudando el sentido de su voto tras preferir apurar las últimas horas de Feria entre sevillanas y medias de fino en lugar de leer toda la propaganda electoral acumulada durante días en los buzones.
Quien firma este artículo aprovecha igualmente para echar la vista atrás y reflexionar sobre lo que ha dejado esta Feria del Caballo 2026.
La gran fiesta de Jerez
Si algo vuelve a demostrar esta semana es que la Feria del Caballo sigue siendo el gran escaparate de Jerez. La fiesta que mejor proyecta el nombre de la ciudad fuera de nuestras fronteras, la de mayor poder de convocatoria y, seguramente, la que más siente y disfruta el jerezano, cada uno dentro de sus posibilidades.
Un jinete, acompañado por una mujer vestida de gitana, este pasado sábado de Feria
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JUAN CARLOS TORO
La Feria más fresca que se recuerda
Si ha habido un protagonista inesperado este año, ese ha sido el tiempo. Pocas ferias se recuerdan tan frescas. Apenas se han registrado temperaturas altas en las horas centrales y, con el paso de los días y la llegada del poniente, las noches han obligado incluso a recuperar la manga larga.
La lluvia, que amenazaba seriamente una semana antes según los pronósticos, terminó siendo casi anecdótica. Solo hizo acto de presencia el primer sábado pero, para desgracia de todos, justo a la hora del alumbrado. El encendido fue lento, a trompicones y algo deslucido, aunque al menos pudieron salvarse los tradicionales fuegos artificiales.
Una Feria menos masificada
También ha sido recurrente durante toda la semana la sensación de una Feria menos abarrotada. Más allá de los llenazos del domingo, del miércoles y de la tarde-noche del viernes, se ha podido pasear sin grandes agobios por el González Hontoria. Solo en momentos concretos —almuerzos, cenas o actuaciones en casetas— se recuperaron las imágenes de grandes acumulaciones de personas.
Un grupo de amigas, pasándolo en grande este pasado sábado de Feria en Jerez
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JUAN CARLOS TORO
La duración de la Feria
Y ahí surge una reflexión inevitable: ¿tiene la Feria su duración ideal?
Bien es cierto que, más allá de adelantarse hace años el inicio a la noche del sábado, nunca ha existido en Jerez un debate sobre reducir los días de celebración, pero este año varios caseteros consultados por quien suscribe reconocen que, entre semana y pasada la medianoche, muchas casetas perdían ambiente de manera evidente.
Algunos incluso consultaron la posibilidad de cerrar antes de la hora permitida. Hay quien culpa de esto al frío nocturno, pero lo cierto es que el último sábado de Feria y en pleno mediodía ya había casetas cerradas, señal de que no hay cuerpo que aguante ocho días de Feria... ni cartera que lo soporte. Y aquí vamos a la siguiente reflexión.
Los precios, otra conversación obligatoria
Si ha habido otro comentario repetido en las tertulias improvisadas en el Real ha sido el de los precios. Ir a la Feria cuesta cada vez más. Y eso condiciona horarios de llegada y salida del González Hontoria, consumiciones y también la forma de disfrutarla.
Los caseteros y hosteleros recuerdan que levantar y mantener una caseta durante una semana implica asumir costes cada vez más elevados –suministros, licencias, seguros, personal o cotizaciones sociales– pero el resultado final es una Feria donde, según la caseta, algunos precios resultan prohibitivos.
No es casualidad que, un año más, tortillas, pinchitos y montaditos hayan sido los productos estrella: lo más económico para el cliente y, a la vez, de lo más rentable para quien lo vende. Lo cierto es que para una familia que cuente con niños, el día de Feria, con parada en los cacharritos incluida, puede salirle perfectamente por unos 150 euros.
El inigualable paseo de caballos de Jerez, este pasado sábado de Feria
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JUAN CARLOS TORO
El cumplimiento de la normativa
Hay asuntos que regresan cada Feria como un clásico inevitable. Uno de ellos es el cumplimiento de las normativas sobre música y acceso libre a las casetas.
De nuevo se ha escuchado música alejada de lo tradicional en horarios donde la normativa lo prohíbe. Y, del mismo modo, no han faltado las polémicas por casetas que han restringido la entrada al público alegando motivos difusos o recurriendo al ya habitual "día del socio". Una práctica que muchos consideran incompatible con el modelo de Feria abierta que siempre ha defendido Jerez.
El paseo de caballos, esencia irrenunciable
Si algo diferencia a la Feria del Caballo del resto es su paseo ecuestre. Elegante, con porte y profundamente ligado a la identidad de la ciudad y su fiesta.
La estética de las casetas, cualquier tiempo pasado fue mejor
Otra de las grandes características de la Feria del Caballo ha sido siempre la originalidad y la cuidada estética de las fachadas de sus casetas, así como de sus interiores. Y si bien esta premisa se mantiene, está claro que el nivel ha bajado mucho. Los primeros premios de los últimos tiempos, salvo alguna excepción, no habrían llegado ni a un accésit hace 20 años.
Un grupo de jóvenes, disfrutando de un paseo en coche de caballos por el Real de la Feria
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JUAN CARLOS TORO
¿Se ha perdido la esencia de la Feria de Jerez?
Y llegamos a la reflexión final, que quizás sea también la más importante.
Jerez cuenta desde hace poco menos de un año con una asociación de caseteros, Cafeje, que entre otras cosas, ha trabajado con el Ayuntamiento en dividir la Feria en casetas tradicionales y no tradicionales. Un trabajo que buscaba darle sitio a las casetas-discotecas sin perjudicar al resto. Sin embargo, si uno echa la vista atrás –básicamente antes de la pandemia–, uno se da cuenta que esas llamadas ahora casetas tradicionales ya no lo son tanto.
Da la sensación de que éstas se han transformado, en su mayoría, en simples bares, donde prima la reserva a la espontaneidad que siempre caracterizó a la Feria. Incluso ha desaparecido algo tan nuestro como compartir barra entre medias botellas y platos de chocos. Y otra cosa: ¿Tiene sentido que los servicios de comida se prolonguen hasta bien entrada la tarde y la noche impidiendo en muchas casetas algo tan básico como bailar sevillanas?
Uno recuerda esas Ferias en las que se podía ir de una caseta a otra picando, bebiendo y bailando. Y esos ambientes festivos en El Disco Rojo, Los Gallos, Casi Treinta… ¡Quién volviera a disfrutarlas!
Y tal como llegó, se fue. La Feria del Caballo ya es historia. Se apagaron las luces del González Hontoria y Jerez vuelve a la rutina después de una semana en la que la ciudad volvió a exhibir al mundo su fiesta más universal. Una edición que se despidió con un sábado en el que el jerezano cedió nuevamente el protagonismo a los vecinos de la provincia y a los muchos madrileños que, aprovechando el puente de San Isidro, eligieron la ciudad para descubrir —o reencontrarse— con una Feria única.
Fue, además, un sábado de reflexión electoral. Quizás cuando lean estas líneas ya hayan pasado por las urnas, estén a punto de hacerlo o aún sigan dudando el sentido de su voto tras preferir apurar las últimas horas de Feria entre sevillanas y medias de fino en lugar de leer toda la propaganda electoral acumulada durante días en los buzones.
Quien firma este artículo aprovecha igualmente para echar la vista atrás y reflexionar sobre lo que ha dejado esta Feria del Caballo 2026.
La gran fiesta de Jerez
Si algo vuelve a demostrar esta semana es que la Feria del Caballo sigue siendo el gran escaparate de Jerez. La fiesta que mejor proyecta el nombre de la ciudad fuera de nuestras fronteras, la de mayor poder de convocatoria y, seguramente, la que más siente y disfruta el jerezano, cada uno dentro de sus posibilidades.
Un jinete, acompañado por una mujer vestida de gitana, este pasado sábado de Feria
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JUAN CARLOS TORO
La Feria más fresca que se recuerda
Si ha habido un protagonista inesperado este año, ese ha sido el tiempo. Pocas ferias se recuerdan tan frescas. Apenas se han registrado temperaturas altas en las horas centrales y, con el paso de los días y la llegada del poniente, las noches han obligado incluso a recuperar la manga larga.
La lluvia, que amenazaba seriamente una semana antes según los pronósticos, terminó siendo casi anecdótica. Solo hizo acto de presencia el primer sábado pero, para desgracia de todos, justo a la hora del alumbrado. El encendido fue lento, a trompicones y algo deslucido, aunque al menos pudieron salvarse los tradicionales fuegos artificiales.
Una Feria menos masificada
También ha sido recurrente durante toda la semana la sensación de una Feria menos abarrotada. Más allá de los llenazos del domingo, del miércoles y de la tarde-noche del viernes, se ha podido pasear sin grandes agobios por el González Hontoria. Solo en momentos concretos —almuerzos, cenas o actuaciones en casetas— se recuperaron las imágenes de grandes acumulaciones de personas.
Un grupo de amigas, pasándolo en grande este pasado sábado de Feria en Jerez
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JUAN CARLOS TORO
La duración de la Feria
Y ahí surge una reflexión inevitable: ¿tiene la Feria su duración ideal?
Bien es cierto que, más allá de adelantarse hace años el inicio a la noche del sábado, nunca ha existido en Jerez un debate sobre reducir los días de celebración, pero este año varios caseteros consultados por quien suscribe reconocen que, entre semana y pasada la medianoche, muchas casetas perdían ambiente de manera evidente.
Algunos incluso consultaron la posibilidad de cerrar antes de la hora permitida. Hay quien culpa de esto al frío nocturno, pero lo cierto es que el último sábado de Feria y en pleno mediodía ya había casetas cerradas, señal de que no hay cuerpo que aguante ocho días de Feria... ni cartera que lo soporte. Y aquí vamos a la siguiente reflexión.
Los precios, otra conversación obligatoria
Si ha habido otro comentario repetido en las tertulias improvisadas en el Real ha sido el de los precios. Ir a la Feria cuesta cada vez más. Y eso condiciona horarios de llegada y salida del González Hontoria, consumiciones y también la forma de disfrutarla.
Los caseteros y hosteleros recuerdan que levantar y mantener una caseta durante una semana implica asumir costes cada vez más elevados –suministros, licencias, seguros, personal o cotizaciones sociales– pero el resultado final es una Feria donde, según la caseta, algunos precios resultan prohibitivos.
No es casualidad que, un año más, tortillas, pinchitos y montaditos hayan sido los productos estrella: lo más económico para el cliente y, a la vez, de lo más rentable para quien lo vende. Lo cierto es que para una familia que cuente con niños, el día de Feria, con parada en los cacharritos incluida, puede salirle perfectamente por unos 150 euros.
El inigualable paseo de caballos de Jerez, este pasado sábado de Feria
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JUAN CARLOS TORO
El cumplimiento de la normativa
Hay asuntos que regresan cada Feria como un clásico inevitable. Uno de ellos es el cumplimiento de las normativas sobre música y acceso libre a las casetas.
De nuevo se ha escuchado música alejada de lo tradicional en horarios donde la normativa lo prohíbe. Y, del mismo modo, no han faltado las polémicas por casetas que han restringido la entrada al público alegando motivos difusos o recurriendo al ya habitual "día del socio". Una práctica que muchos consideran incompatible con el modelo de Feria abierta que siempre ha defendido Jerez.
El paseo de caballos, esencia irrenunciable
Si algo diferencia a la Feria del Caballo del resto es su paseo ecuestre. Elegante, con porte y profundamente ligado a la identidad de la ciudad y su fiesta.
La estética de las casetas, cualquier tiempo pasado fue mejor
Otra de las grandes características de la Feria del Caballo ha sido siempre la originalidad y la cuidada estética de las fachadas de sus casetas, así como de sus interiores. Y si bien esta premisa se mantiene, está claro que el nivel ha bajado mucho. Los primeros premios de los últimos tiempos, salvo alguna excepción, no habrían llegado ni a un accésit hace 20 años.
Un grupo de jóvenes, disfrutando de un paseo en coche de caballos por el Real de la Feria
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JUAN CARLOS TORO
¿Se ha perdido la esencia de la Feria de Jerez?
Y llegamos a la reflexión final, que quizás sea también la más importante.
Jerez cuenta desde hace poco menos de un año con una asociación de caseteros, Cafeje, que entre otras cosas, ha trabajado con el Ayuntamiento en dividir la Feria en casetas tradicionales y no tradicionales. Un trabajo que buscaba darle sitio a las casetas-discotecas sin perjudicar al resto. Sin embargo, si uno echa la vista atrás –básicamente antes de la pandemia–, uno se da cuenta que esas llamadas ahora casetas tradicionales ya no lo son tanto.
Da la sensación de que éstas se han transformado, en su mayoría, en simples bares, donde prima la reserva a la espontaneidad que siempre caracterizó a la Feria. Incluso ha desaparecido algo tan nuestro como compartir barra entre medias botellas y platos de chocos. Y otra cosa: ¿Tiene sentido que los servicios de comida se prolonguen hasta bien entrada la tarde y la noche impidiendo en muchas casetas algo tan básico como bailar sevillanas?
Uno recuerda esas Ferias en las que se podía ir de una caseta a otra picando, bebiendo y bailando. Y esos ambientes festivos en El Disco Rojo, Los Gallos, Casi Treinta… ¡Quién volviera a disfrutarlas!
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