El castañero de la Alameda Cristina de Jerez que vende 40 kilos diarios con más de 30 grados: "Este veranillo es del 'membrillazo"
David mantiene viva una tradición familiar que comenzó su padre Romualdo hace 50 años, y afronta una temporada marcada por un calor poco habitual para estas fechas
David, el castañero de Alameda Cristina que heredó el puesto de su padre. -
Aunque parezca mentira, porque el termómetro sigue superando los 30 grados en muchas jornadas, y las castañas se asocian al inicio de los días con frío, Ángel vende entre 30 y 40 kilos diarios desde el histórico puesto ubicado en la Alameda Cristina, en la confluencia con la calle Larga de Jerez.
Es histórico porque fue su padre Romualdo quien empezó a vender castañas en este punto exacto hace 50 años. Y su hijo Ángel lleva ya 15 años al frente del puesto, vendiendo castañas cuando se asoma el otoño. Este año, empezando en septiembre.
El castañero de Alameda Cristina, preparando castañas a 30 grados.
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JUAN CARLOS TORO
Su historia está ligada a un puesto que lleva medio siglo en el mismo lugar. Allí continúa una tradición familiar que comenzó mucho antes de que David tomara el relevo. “Yo llevo aquí ya desde que mi padre no está”, explica a lavozdelsur.es. Romualdo falleció, pero su recuerdo permanece ligado a este trabajo.
David reconoce que la temporada de este año está marcada por unas temperaturas que no parecen propias del otoño. “Más calor que este, ninguno”, comenta cuando recuerda cómo ha comenzado la campaña.
El castañero de Alameda Cristina, preparando castañas a 30 grados.
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JUAN CARLOS TORO
"Este veranillo es del 'membrillazo", dice David
El propio castañero tiene una forma particular de definir estas temperaturas. “Este veranillo es, cómo yo digo, del membrillazo. No es del membrillo”, explica entre bromas. Las temperaturas de septiembre, cuenta, han mantenido un ambiente prácticamente veraniego, y octubre tampoco ha comenzado con el frío que suele acompañar a la temporada de castañas.
David recuerda que en los últimos años también ha percibido cambios. Sitúa especialmente el inicio de una etapa diferente alrededor de 2019, cuando llegó a vivir una temporada en la que el calor se prolongó durante buena parte del otoño.
David prepara un cartucho de castañas para un cliente.
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JUAN CARLOS TORO
“Hubo aquí una temporada que hasta el 20 de diciembre estuvo aquí la gente llegando en calzonas a comprar castañas”, recuerda. Desde entonces percibe un cambio. El calor también influye en el ambiente que rodea al puesto. David espera que llegue algo de lluvia y humedad para que cambie la atmósfera y aparezca uno de los grandes atractivos de estas fechas: el olor de las castañas asadas.
Aun con las temperaturas actuales, las ventas ya han comenzado. “En el ratito que estoy hablando contigo ya vendí unas pocas”, cuenta. La cantidad que puede vender depende de la jornada y, especialmente, de cómo responda el público. David calcula que normalmente pueden salir entre 30 y 40 kilos al día, aunque reconoce que todavía están tanteando cómo se comporta la clientela con este calor.
La calidad del producto es clave
Pero si hay algo que David considera fundamental para mantener las ventas es la calidad del producto. Las castañas que vende son portuguesas y destacan especialmente por su tamaño y sus características.
“De calidad suprema”, afirma mientras muestra una de ellas. Según explica, se trata de una variedad con muy buen sabor, dulce, fácil de pelar y de comer. También destaca el tamaño: “Es un castañón”. Para David, el tamaño tiene además una ventaja a la hora de asarla: “Se hace mejor que una chiquitita esta aguanta más”.
David asa castañas en los dos peroles que utiliza en su puesto.
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JUAN CARLOS TORO
El castañero reconoce que existe la idea de que las castañas más pequeñas pueden ser más dulces, pero defiende que la variedad que vende no tiene nada que envidiarles. Detrás de cada tanda de castañas también hay una técnica que David aprendió de su padre. En el puesto utiliza dos peroles, una elección que responde a la necesidad de controlar la altura y conseguir que el calor llegue en el punto adecuado.
El proceso tiene su técnica y parte de ella procede directamente de las enseñanzas de Romualdo. “Yo aprendí de mi padre y, claro, muchas veces al final tienes que darle ese toquecito o aprender un poco de cómo lo hacía él”, cuenta.
David, además de mantener esta tradición familiar, trabaja en el sector de la limpieza. Ahora quiere ampliar sus opciones laborales y está intentando obtener para enero el título relacionado con la asistencia directa a personas mayores, con tareas como cuidarlas, limpiar y cocinar. Mientras, seguirá fiel a la cita con sus clientes en el puesto de Alameda Cristina.
Aunque parezca mentira, porque el termómetro sigue superando los 30 grados en muchas jornadas, y las castañas se asocian al inicio de los días con frío, Ángel vende entre 30 y 40 kilos diarios desde el histórico puesto ubicado en la Alameda Cristina, en la confluencia con la calle Larga de Jerez.
Es histórico porque fue su padre Romualdo quien empezó a vender castañas en este punto exacto hace 50 años. Y su hijo Ángel lleva ya 15 años al frente del puesto, vendiendo castañas cuando se asoma el otoño. Este año, empezando en septiembre.
El castañero de Alameda Cristina, preparando castañas a 30 grados.
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JUAN CARLOS TORO
Su historia está ligada a un puesto que lleva medio siglo en el mismo lugar. Allí continúa una tradición familiar que comenzó mucho antes de que David tomara el relevo. “Yo llevo aquí ya desde que mi padre no está”, explica a lavozdelsur.es. Romualdo falleció, pero su recuerdo permanece ligado a este trabajo.
David reconoce que la temporada de este año está marcada por unas temperaturas que no parecen propias del otoño. “Más calor que este, ninguno”, comenta cuando recuerda cómo ha comenzado la campaña.
El castañero de Alameda Cristina, preparando castañas a 30 grados.
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JUAN CARLOS TORO
"Este veranillo es del 'membrillazo", dice David
El propio castañero tiene una forma particular de definir estas temperaturas. “Este veranillo es, cómo yo digo, del membrillazo. No es del membrillo”, explica entre bromas. Las temperaturas de septiembre, cuenta, han mantenido un ambiente prácticamente veraniego, y octubre tampoco ha comenzado con el frío que suele acompañar a la temporada de castañas.
David recuerda que en los últimos años también ha percibido cambios. Sitúa especialmente el inicio de una etapa diferente alrededor de 2019, cuando llegó a vivir una temporada en la que el calor se prolongó durante buena parte del otoño.
David prepara un cartucho de castañas para un cliente.
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JUAN CARLOS TORO
“Hubo aquí una temporada que hasta el 20 de diciembre estuvo aquí la gente llegando en calzonas a comprar castañas”, recuerda. Desde entonces percibe un cambio. El calor también influye en el ambiente que rodea al puesto. David espera que llegue algo de lluvia y humedad para que cambie la atmósfera y aparezca uno de los grandes atractivos de estas fechas: el olor de las castañas asadas.
Aun con las temperaturas actuales, las ventas ya han comenzado. “En el ratito que estoy hablando contigo ya vendí unas pocas”, cuenta. La cantidad que puede vender depende de la jornada y, especialmente, de cómo responda el público. David calcula que normalmente pueden salir entre 30 y 40 kilos al día, aunque reconoce que todavía están tanteando cómo se comporta la clientela con este calor.
La calidad del producto es clave
Pero si hay algo que David considera fundamental para mantener las ventas es la calidad del producto. Las castañas que vende son portuguesas y destacan especialmente por su tamaño y sus características.
“De calidad suprema”, afirma mientras muestra una de ellas. Según explica, se trata de una variedad con muy buen sabor, dulce, fácil de pelar y de comer. También destaca el tamaño: “Es un castañón”. Para David, el tamaño tiene además una ventaja a la hora de asarla: “Se hace mejor que una chiquitita esta aguanta más”.
David asa castañas en los dos peroles que utiliza en su puesto.
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JUAN CARLOS TORO
El castañero reconoce que existe la idea de que las castañas más pequeñas pueden ser más dulces, pero defiende que la variedad que vende no tiene nada que envidiarles. Detrás de cada tanda de castañas también hay una técnica que David aprendió de su padre. En el puesto utiliza dos peroles, una elección que responde a la necesidad de controlar la altura y conseguir que el calor llegue en el punto adecuado.
El proceso tiene su técnica y parte de ella procede directamente de las enseñanzas de Romualdo. “Yo aprendí de mi padre y, claro, muchas veces al final tienes que darle ese toquecito o aprender un poco de cómo lo hacía él”, cuenta.
David, además de mantener esta tradición familiar, trabaja en el sector de la limpieza. Ahora quiere ampliar sus opciones laborales y está intentando obtener para enero el título relacionado con la asistencia directa a personas mayores, con tareas como cuidarlas, limpiar y cocinar. Mientras, seguirá fiel a la cita con sus clientes en el puesto de Alameda Cristina.
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