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Ángel Heredia pide mirar más allá de capataces y horarios en el debate sobre la nueva normativa

El exvicepresidente de la Unión de Hermandades reclama una lectura completa y serena de las 131 páginas del documento y plantea cambiar la pregunta: "No, ¿qué me quitan a mí?, sino ¿qué necesita la Iglesia de nuestras hermandades?"

  • Ángel Heredia, exvicepresidente del Consejo, exhermano mayor y excandidato a la presidencia de la Unión de Hermandades. -

El cofrade Ángel Heredia, exvicepresidente de la Unión de Hermandades de Jerez y antiguo hermano mayor, ha puesto sobre la mesa una reflexión sobre la controversia suscitada por algunos aspectos de las nuevas Normas Diocesanas sobre Piedad Popular y Hermandades y Cofradías, especialmente por aquellas cuestiones que afectan directamente a las funciones de los hermanos mayores, los capataces, las bandas o los horarios de las procesiones.

Bajo el título "El problema no son las normas, es la lectura interesada que hacemos de ellas. ¿Qué me quitan a mí? ¿Qué me dan a mí?", Heredia plantea en sus redes sociales una lectura más amplia del nuevo marco normativo y cuestiona que el debate se esté concentrando principalmente en aquellos artículos que afectan de manera directa a determinados intereses de las corporaciones.

"Solo nos interesan los capataces"

"Quizá esta sea una de las preguntas que más estamos escuchando ante las nuevas Normas Diocesanas sobre Piedad Popular y Hermandades y Cofradías", comienza su reflexión el que también fue candidato a presidente de la Unión de Hermandades en las recientes elecciones celebradas. 

Heredia recuerda que se trata de 131 páginas de normativa que afectan a numerosos ámbitos de la vida de las hermandades: "formación, culto, evangelización, gobierno, patrimonio, economía, procesiones, elecciones, música y tantos otros… y solo nos interesan los capataces…".

A partir de ahí, el exvicepresidente de la Unión de Hermandades considera que existe el riesgo de reducir todo el contenido de la normativa "a una cuestión de capataces, bandas, horarios o aquello que particularmente me afecta". Frente a esa perspectiva, propone cambiar la pregunta que está marcando buena parte de las reacciones: "No, ¿qué me quitan a mí?, sino ¿qué necesita la Iglesia de nuestras hermandades?".

Su reflexión parte de una consideración fundamental sobre la naturaleza de las corporaciones: "Porque una hermandad no es una realidad independiente que casualmente pertenece a la Iglesia. Es Iglesia".

Una llamada a asumir la dimensión eclesial de las hermandades

Heredia profundiza en esta idea y advierte de la contradicción que, a su juicio, supone reivindicar la identidad católica de las hermandades y, al mismo tiempo, cuestionar la autoridad de la Iglesia sobre ellas.

"Quien reivindica su identidad católica y, al mismo tiempo, rechaza la autoridad legítima de la Iglesia, incurre en una importante contradicción interna. El cofrade que pierde su dimensión eclesial termina olvidando lo que es", sostiene.

En este sentido, defiende que la tradición, las imágenes y las propias hermandades no pueden entenderse como una propiedad particular de los cofrades. "La tradición no es nuestra propiedad, las imágenes no son nuestras, la hermandad no es nuestra. Todo lo hemos recibido y todo debe conducirnos a Cristo", afirma.

Por ello, reclama que las nuevas normas sean "leídas completas y con tranquilidad, estudiadas serenamente y juzgadas desde la misión que la Iglesia nos encomienda".

La conclusión de su reflexión se resume en un cambio de perspectiva: "No desde 'lo que me quitan', sino desde 'qué podemos ofrecer'". Y añade: "No desde nuestros intereses particulares, sino desde Cristo y su Iglesia".

Heredia lamenta finalmente que buena parte de la controversia esté siendo planteada desde planteamientos que considera más propios "de una asociación cultural o de una organización civil que desde la conciencia de pertenecer a una realidad esencialmente eclesial".

El cofrade Ángel Heredia, exvicepresidente de la Unión de Hermandades de Jerez y antiguo hermano mayor, ha puesto sobre la mesa una reflexión sobre la controversia suscitada por algunos aspectos de las nuevas Normas Diocesanas sobre Piedad Popular y Hermandades y Cofradías, especialmente por aquellas cuestiones que afectan directamente a las funciones de los hermanos mayores, los capataces, las bandas o los horarios de las procesiones.

Bajo el título "El problema no son las normas, es la lectura interesada que hacemos de ellas. ¿Qué me quitan a mí? ¿Qué me dan a mí?", Heredia plantea en sus redes sociales una lectura más amplia del nuevo marco normativo y cuestiona que el debate se esté concentrando principalmente en aquellos artículos que afectan de manera directa a determinados intereses de las corporaciones.

"Solo nos interesan los capataces"

"Quizá esta sea una de las preguntas que más estamos escuchando ante las nuevas Normas Diocesanas sobre Piedad Popular y Hermandades y Cofradías", comienza su reflexión el que también fue candidato a presidente de la Unión de Hermandades en las recientes elecciones celebradas. 

Heredia recuerda que se trata de 131 páginas de normativa que afectan a numerosos ámbitos de la vida de las hermandades: "formación, culto, evangelización, gobierno, patrimonio, economía, procesiones, elecciones, música y tantos otros… y solo nos interesan los capataces…".

A partir de ahí, el exvicepresidente de la Unión de Hermandades considera que existe el riesgo de reducir todo el contenido de la normativa "a una cuestión de capataces, bandas, horarios o aquello que particularmente me afecta". Frente a esa perspectiva, propone cambiar la pregunta que está marcando buena parte de las reacciones: "No, ¿qué me quitan a mí?, sino ¿qué necesita la Iglesia de nuestras hermandades?".

Su reflexión parte de una consideración fundamental sobre la naturaleza de las corporaciones: "Porque una hermandad no es una realidad independiente que casualmente pertenece a la Iglesia. Es Iglesia".

Una llamada a asumir la dimensión eclesial de las hermandades

Heredia profundiza en esta idea y advierte de la contradicción que, a su juicio, supone reivindicar la identidad católica de las hermandades y, al mismo tiempo, cuestionar la autoridad de la Iglesia sobre ellas.

"Quien reivindica su identidad católica y, al mismo tiempo, rechaza la autoridad legítima de la Iglesia, incurre en una importante contradicción interna. El cofrade que pierde su dimensión eclesial termina olvidando lo que es", sostiene.

En este sentido, defiende que la tradición, las imágenes y las propias hermandades no pueden entenderse como una propiedad particular de los cofrades. "La tradición no es nuestra propiedad, las imágenes no son nuestras, la hermandad no es nuestra. Todo lo hemos recibido y todo debe conducirnos a Cristo", afirma.

Por ello, reclama que las nuevas normas sean "leídas completas y con tranquilidad, estudiadas serenamente y juzgadas desde la misión que la Iglesia nos encomienda".

La conclusión de su reflexión se resume en un cambio de perspectiva: "No desde 'lo que me quitan', sino desde 'qué podemos ofrecer'". Y añade: "No desde nuestros intereses particulares, sino desde Cristo y su Iglesia".

Heredia lamenta finalmente que buena parte de la controversia esté siendo planteada desde planteamientos que considera más propios "de una asociación cultural o de una organización civil que desde la conciencia de pertenecer a una realidad esencialmente eclesial".

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