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Un premio para el bar de Cádiz que lleva más de 70 años sirviendo solo vino de Jerez

La Taberna La Manzanilla, en pleno centro de la ciudad, ha recibido el reconocimiento de la Diputación por una trayectoria familiar que se remonta a 1955

  • La Taberna La Manzanilla, premiada por la Diputación de Cádiz. -

La Taberna La Manzanilla, uno de los establecimientos vinculados a la tradición del vino en Cádiz, ha sido distinguida por el Patronato de Turismo de la Diputación Provincial de Cádiz en reconocimiento a su trayectoria. El negocio inició su actual etapa en 1955, aunque su historia se remonta a 1932, cuando Bodegas Barón, de Sanlúcar, abrió un despacho de vinos en el número 19 de la calle Feduchy.

El establecimiento que hoy mantiene la familia García es, por tanto, la continuación de aquella actividad iniciada en los años treinta. Pepe García, actual responsable del negocio, considera que el premio supone un reconocimiento a una forma de entender la taberna que ha pasado de una generación a otra. "Este premio es un reconocimiento a la cantidad de años aquí trabajado, no solamente los míos, sino el hecho de que mi abuelo y mi padre siguieran ese sueño", explica.

  • Pepe García, de La Manzanilla, en su negocio.
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Ese sueño familiar consistía en mantener un establecimiento dedicado exclusivamente al vino del Marco de Jerez, una apuesta que, con el paso de los años, se ha convertido en una rareza. La Manzanilla no sirve cerveza ni refrescos y mantiene como seña de identidad una oferta centrada en el vino. "Conseguir ese sueño que es vender solo vino del barco de Jerez, que es lo que antes era una cosa normal, que ahora es como una especie de algo raro", señala García.

La historia familiar al frente del negocio comenzó con su abuelo, que llegó en 1942 como empleado de la bodega. En 1955, su padre adquirió el establecimiento y transformó el despacho hasta darle la configuración que, con el paso de las décadas, ha llegado hasta nuestros días. García explica que antes la taberna tenía el suelo de arena y carecía de algunas de las instalaciones actuales, y que posteriormente él continuó el trabajo iniciado por su padre.

Mantener esa apuesta durante tantos años no fue sencillo. García recuerda especialmente las décadas de los sesenta, setenta y ochenta, cuando las nuevas generaciones comenzaron a decantarse por otras bebidas y el consumo tradicional de vino perdió terreno. Su padre resumía su filosofía con una frase que ha quedado en la memoria familiar: "Mi padre siempre decía solo creo en Dios y en La Manzanilla con el trabajo constante". La llegada de nuevas bebidas y la desaparición progresiva de los clientes habituales pusieron a prueba la continuidad del negocio.

  • García, sirviendo manzanilla a unos clientes.
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La situación cambió con el crecimiento del turismo en Cádiz. La ciudad comenzó a contar con más hoteles, visitantes de cruceros y una mayor presencia turística, mientras que las redes sociales y los medios facilitaron la difusión de establecimientos como La Manzanilla. Si antes el negocio dependía fundamentalmente del público local, ahora García asegura que vive "más del público de fuera que del local". En verano, la clientela nacional y extranjera adquiere especial peso, mientras que el público gaditano mantiene una mayor presencia durante el invierno.

El vino dulce como reclamo de los extranjeros

Los visitantes que llegan a La Manzanilla buscan, en muchos casos, descubrir por primera vez el vino de Jerez. García explica que los extranjeros demandan especialmente los vinos dulces, además de vinos viejos, amontillados y olorosos. El establecimiento ofrece también queso, jamón y anchoas, pero el principal atractivo para muchos clientes es probar los vinos directamente de los barriles. "Por primera vez muchos se acercan al vino de Jerez y sobre todo tomarlo de barril, que no tiene nada que ver tomarlo de una botella", relata.

  • Pepe García, preparando un pedido para un cliente.
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La propia configuración de la taberna forma parte de esa experiencia. El local conserva los mostradores y elementos tradicionales, con barriles y una decoración vinculada a su historia, además de un salón con mesas de madera y otro espacio con taburetes. La ubicación, en pleno centro de Cádiz, facilita además la llegada de turistas que buscan precisamente ese tipo de establecimiento. García explica que no se han planteado una modernización sustancial ni incorporar una cocina: "Uno de los secretos entonces es mantener las cosas en el tiempo". Durante la pandemia, cuando no pudieron abrir con normalidad, recurrieron al envío de vino por paquetería para mantener las ventas hasta que pudieron recuperar progresivamente la actividad.

Hoy, La Manzanilla mantiene intacta la filosofía que ha marcado su historia. Cuenta con 24 barriles con vinos del Marco de Jerez y no ofrece refrescos ni cerveza. "Y agua, nada más", resume García. Todos los vinos proceden de Sanlúcar y el establecimiento trabaja actualmente con bodegas como Hidalgo, La Gitana, Delgado, Zuleta y Barón. Más de siete décadas después de que su padre tomara las riendas en 1955, la familia continúa defendiendo el mismo modelo que convirtió aquella antigua venta de vinos en una de las señas de identidad de la taberna.

La Taberna La Manzanilla, uno de los establecimientos vinculados a la tradición del vino en Cádiz, ha sido distinguida por el Patronato de Turismo de la Diputación Provincial de Cádiz en reconocimiento a su trayectoria. El negocio inició su actual etapa en 1955, aunque su historia se remonta a 1932, cuando Bodegas Barón, de Sanlúcar, abrió un despacho de vinos en el número 19 de la calle Feduchy.

El establecimiento que hoy mantiene la familia García es, por tanto, la continuación de aquella actividad iniciada en los años treinta. Pepe García, actual responsable del negocio, considera que el premio supone un reconocimiento a una forma de entender la taberna que ha pasado de una generación a otra. "Este premio es un reconocimiento a la cantidad de años aquí trabajado, no solamente los míos, sino el hecho de que mi abuelo y mi padre siguieran ese sueño", explica.

  • Pepe García, de La Manzanilla, en su negocio.
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Ese sueño familiar consistía en mantener un establecimiento dedicado exclusivamente al vino del Marco de Jerez, una apuesta que, con el paso de los años, se ha convertido en una rareza. La Manzanilla no sirve cerveza ni refrescos y mantiene como seña de identidad una oferta centrada en el vino. "Conseguir ese sueño que es vender solo vino del barco de Jerez, que es lo que antes era una cosa normal, que ahora es como una especie de algo raro", señala García.

La historia familiar al frente del negocio comenzó con su abuelo, que llegó en 1942 como empleado de la bodega. En 1955, su padre adquirió el establecimiento y transformó el despacho hasta darle la configuración que, con el paso de las décadas, ha llegado hasta nuestros días. García explica que antes la taberna tenía el suelo de arena y carecía de algunas de las instalaciones actuales, y que posteriormente él continuó el trabajo iniciado por su padre.

Mantener esa apuesta durante tantos años no fue sencillo. García recuerda especialmente las décadas de los sesenta, setenta y ochenta, cuando las nuevas generaciones comenzaron a decantarse por otras bebidas y el consumo tradicional de vino perdió terreno. Su padre resumía su filosofía con una frase que ha quedado en la memoria familiar: "Mi padre siempre decía solo creo en Dios y en La Manzanilla con el trabajo constante". La llegada de nuevas bebidas y la desaparición progresiva de los clientes habituales pusieron a prueba la continuidad del negocio.

  • García, sirviendo manzanilla a unos clientes.
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La situación cambió con el crecimiento del turismo en Cádiz. La ciudad comenzó a contar con más hoteles, visitantes de cruceros y una mayor presencia turística, mientras que las redes sociales y los medios facilitaron la difusión de establecimientos como La Manzanilla. Si antes el negocio dependía fundamentalmente del público local, ahora García asegura que vive "más del público de fuera que del local". En verano, la clientela nacional y extranjera adquiere especial peso, mientras que el público gaditano mantiene una mayor presencia durante el invierno.

El vino dulce como reclamo de los extranjeros

Los visitantes que llegan a La Manzanilla buscan, en muchos casos, descubrir por primera vez el vino de Jerez. García explica que los extranjeros demandan especialmente los vinos dulces, además de vinos viejos, amontillados y olorosos. El establecimiento ofrece también queso, jamón y anchoas, pero el principal atractivo para muchos clientes es probar los vinos directamente de los barriles. "Por primera vez muchos se acercan al vino de Jerez y sobre todo tomarlo de barril, que no tiene nada que ver tomarlo de una botella", relata.

  • Pepe García, preparando un pedido para un cliente.
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La propia configuración de la taberna forma parte de esa experiencia. El local conserva los mostradores y elementos tradicionales, con barriles y una decoración vinculada a su historia, además de un salón con mesas de madera y otro espacio con taburetes. La ubicación, en pleno centro de Cádiz, facilita además la llegada de turistas que buscan precisamente ese tipo de establecimiento. García explica que no se han planteado una modernización sustancial ni incorporar una cocina: "Uno de los secretos entonces es mantener las cosas en el tiempo". Durante la pandemia, cuando no pudieron abrir con normalidad, recurrieron al envío de vino por paquetería para mantener las ventas hasta que pudieron recuperar progresivamente la actividad.

Hoy, La Manzanilla mantiene intacta la filosofía que ha marcado su historia. Cuenta con 24 barriles con vinos del Marco de Jerez y no ofrece refrescos ni cerveza. "Y agua, nada más", resume García. Todos los vinos proceden de Sanlúcar y el establecimiento trabaja actualmente con bodegas como Hidalgo, La Gitana, Delgado, Zuleta y Barón. Más de siete décadas después de que su padre tomara las riendas en 1955, la familia continúa defendiendo el mismo modelo que convirtió aquella antigua venta de vinos en una de las señas de identidad de la taberna.

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