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Muere Enrique Soto 'Sordera', voz esencial del flamenco jerezano

El cantaor, nacido en el barrio de Santiago en 1952, destacó por su dominio del compás, su trabajo con grandes figuras del baile y la defensa del legado familiar

  • Enrique Soto 'Sordera', junto a Eva Yerbabuena en una imagen reciente durante la gala de entrega de los Premios Nacionales de Flamenco de la Cátedra de Flamencología de Jerez -

El mundo del flamenco en genera — y en jerezano en particular— vuelve a vestirse de luto, tras correr como la pólvora en las redes sociales la noticia del fallecimiento de Enrique Soto Baera, Enrique Sorderaen la tarde del hoy jueves 27 de agosto de 2026, a la edad de 74 años. Nacido en el barrio de Santiago, fue uno de los principales representantes de una histórica dinastía flamenca y desarrolló una extensa carrera en tablaos, compañías de baile, giras, recitales y grabaciones.

Hijo mayor del cantaor Manuel Soto Monje, «Sordera de Jerez» —1927-2001— y de Rafaela Barea Carrasco, Enrique Soto perteneció a una de las familias fundamentales del flamenco jerezano, vinculada genealógicamente con figuras como Paco La Luz y el Niño Gloria. Fue hermano de Vicente Soto Sordera, Manuel Soto El Bo y José Soto Sorderita — cofundador de Ketama—, además de familiar cercano de José Mercé.

Su pertenencia a esta estirpe no fue únicamente un dato biográfico. La familia ejerció como su primera escuela artística: el cante, el compás y los códigos de la interpretación flamenca se transmitían mediante la convivencia, las fiestas familiares y la escucha directa de los mayores. Durante su juventud, su familia se trasladó a Madrid, donde Enrique convirtió aquella formación doméstica en una profesión.

  • Imagen del archivo familiar de los Sordera. De izquierda a derecha, José Soto 'Sorderita', Enrique Soto, Vicente Soto y Manuel Soto 'El Bo'
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De los tablaos madrileños a las grandes compañías

Su carrera comenzó en algunos de los principales tablaos madrileños de la época: Corral de la Morería, Corral de la Pacheca, Los Canasteros, Las Brujas y Café de Chinitas. Allí compartió escenario con intérpretes como Merche Esmeralda y Chato de la Isla, en un aprendizaje cotidiano que ampliaría su repertorio y definiría una de las grandes cualidades de su trayectoria.

Enrique Soto Sordera sobresalió por su capacidad para cantar para el baile, adaptándose con precisión al ritmo, la coreografía y las necesidades expresivas de cada bailaor. A comienzos de los años ochenta alcanzó su consolidación profesional y, en 1983, ingresó en la compañía de Manuela Vargas. Más tarde trabajó con el ballet de Cristina Hoyos en el espectáculo Sueños andaluces y realizó una gira por Estados Unidos con José Greco.

A lo largo de esta vertiente profesional acompañó a figuras como Antonio El Bailarín, Mario Maya, Eduardo Serrano El Güito, Merche Esmeralda, Manuela Vargas, Cristina Hoyos, Manuela Carrasco y Eva Yerbabuena. Su prolongada dedicación al acompañamiento explica en parte que su discografía en solitario fuera relativamente breve.

Enrique Soto cimentó buena parte de su prestigio dentro de las compañías de danza, donde el cantaor debe dominar el compás, reaccionar a las variaciones del baile y sostener dramáticamente la escena. La prensa especializada destacó su capacidad para los cantes rítmicos y su dominio del difícil oficio de cantar atrás.

Su colaboración con Eva Yerbabuena adquirió una continuidad especial. Formó parte de su entorno artístico durante años y participó en giras internacionales del Ballet Flamenco Eva Yerbabuena. Una crítica de Los Angeles Times documentó, por ejemplo, su intervención en una actuación de la compañía en Los Ángeles en 2008.

  • Enrique Soto 'Sordera' con su familiar en el Festival de Nimes 2016
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Una discografía breve y representativa

Su principal trabajo en solitario fue Como lo siento. Las fuentes no coinciden completamente sobre el año de publicación: algunas sitúan su primera aparición en 1993 o 1994, mientras que los catálogos discográficos registran una edición de Sohail en 1996. La diferencia probablemente responde a las distintas fechas de grabación, primera aparición y reedición.

El álbum reunió a un conjunto especialmente destacado de guitarristas, entre ellos Vicente Amigo, Enrique de Melchor, Moraíto Chico, Juan Habichuela, Quique Paredes y Niño Tupé. La participación de varios acompañantes permitió mostrar diferentes facetas de su cante sin apartarlo de su orientación tradicional. Su repertorio incluía piezas como Me duele la carne, Mi soledad, La fragua de mi pare, El capataz, A mi niña Lela y El agua de mi noria. La grabación fue posteriormente reeditada en plataformas digitales.

En su trayectoria también figuraron Compás o su participación en la colección Solo Compás, con Paco Jarana y centrada en estilos como seguiriyas y martinetes; A un patriarca, homenaje colectivo de la familia Soto a Manuel Soto Sordera de Jerez publicado en 1997, con la intervención de guitarristas como Moraíto y Pedro Peña; y Herencias, aparecido originalmente a comienzos de la década de 2000 y reeditado con posterioridad.

A esos trabajos se sumó Puro y jondo, registro audiovisual de 2002 protagonizado por miembros de la familia Sordera y Luis el Zambo, además de grabaciones vinculadas a la Royal Philharmonic Orchestra y a producciones flamencas de carácter internacional. En 1995 colaboró con la orquesta británica, una experiencia que mostró que su ortodoxia cantaora no le impedía participar en formatos musicales más amplios.

  • Foto de familia de los galardonados con los Premios Nacionales de Flamenco o la Copa Jerez este mediodía en el Museo de la Atalaya de Jerez.
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El eco de Jerez y la continuidad de los Sordera

Enrique Soto fue considerado uno de los intérpretes más ortodoxos de su generación familiar, mientras su hermano José Sorderita exploró decididamente la fusión y Vicente construyó una trayectoria solista más extensa, Enrique permaneció especialmente unido al cante tradicional y al acompañamiento del baile.

Destacó en tarantos, soleá por bulerías, bulerías, soleares, cantiñas, seguiriyas y martinetes. Su voz se caracterizó por un eco áspero, antiguo y profundamente jerezano, acompañado de sentido del compás, conocimiento de los distintos palos y capacidad para administrar la intensidad del cante en función del baile. Su interpretación no perseguía tanto el virtuosismo ornamental como la expresión directa, la tensión rítmica y la conservación del lenguaje heredado de su padre.

Aunque una parte importante de su carrera transcurrió en compañías de baile, también ofreció recitales en solitario, peñas flamencas y festivales. Con el paso del tiempo adquirió especial relevancia su participación en espectáculos destinados a preservar y presentar públicamente la herencia de los Sordera.

En febrero de 2024 actuó junto a Vicente Soto y Lela Soto en el Auditorio Nacional de Música, dentro del espectáculo La casa de los Sordera: herencia cantaora. Ese mismo año intervino en Casa de los Sordera, de Suma Flamenca, concebido como un recorrido desde los cantes primitivos de la familia hasta sus expresiones contemporáneas.

En 2025, la Cátedra de Flamencología de Jerez y Estudios Folclóricos Andaluces reconocía la trayectoria artística del mayor de los hermanos de la dinastía Sordera concediéndole la Copa Jerez de Cante por su labor de mantenimiento y conservación de los estilos más clásicos y ortodoxos del cante flamenco, así como la transmisión del legado recibido a las generaciones venideras.

La trayectoria de Enrique Soto no se midió únicamente por el número de discos publicados. Su prestigio se construyó en los tablaos, las compañías de baile, las giras y la transmisión oral: conservó los rasgos expresivos y rítmicos heredados de Manuel Soto, acompañó a algunas de las figuras más relevantes de la danza flamenca española y representó el enlace entre el patriarca de la familia, sus hermanos y las generaciones actuales, particularmente Lela Soto. Su carrera quedó definida por la tradición familiar, el dominio del compás y la conservación de una forma de cantar estrechamente vinculada a Jerez.

El mundo del flamenco en genera — y en jerezano en particular— vuelve a vestirse de luto, tras correr como la pólvora en las redes sociales la noticia del fallecimiento de Enrique Soto Baera, Enrique Sorderaen la tarde del hoy jueves 27 de agosto de 2026, a la edad de 74 años. Nacido en el barrio de Santiago, fue uno de los principales representantes de una histórica dinastía flamenca y desarrolló una extensa carrera en tablaos, compañías de baile, giras, recitales y grabaciones.

Hijo mayor del cantaor Manuel Soto Monje, «Sordera de Jerez» —1927-2001— y de Rafaela Barea Carrasco, Enrique Soto perteneció a una de las familias fundamentales del flamenco jerezano, vinculada genealógicamente con figuras como Paco La Luz y el Niño Gloria. Fue hermano de Vicente Soto Sordera, Manuel Soto El Bo y José Soto Sorderita — cofundador de Ketama—, además de familiar cercano de José Mercé.

Su pertenencia a esta estirpe no fue únicamente un dato biográfico. La familia ejerció como su primera escuela artística: el cante, el compás y los códigos de la interpretación flamenca se transmitían mediante la convivencia, las fiestas familiares y la escucha directa de los mayores. Durante su juventud, su familia se trasladó a Madrid, donde Enrique convirtió aquella formación doméstica en una profesión.

  • Imagen del archivo familiar de los Sordera. De izquierda a derecha, José Soto 'Sorderita', Enrique Soto, Vicente Soto y Manuel Soto 'El Bo'
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De los tablaos madrileños a las grandes compañías

Su carrera comenzó en algunos de los principales tablaos madrileños de la época: Corral de la Morería, Corral de la Pacheca, Los Canasteros, Las Brujas y Café de Chinitas. Allí compartió escenario con intérpretes como Merche Esmeralda y Chato de la Isla, en un aprendizaje cotidiano que ampliaría su repertorio y definiría una de las grandes cualidades de su trayectoria.

Enrique Soto Sordera sobresalió por su capacidad para cantar para el baile, adaptándose con precisión al ritmo, la coreografía y las necesidades expresivas de cada bailaor. A comienzos de los años ochenta alcanzó su consolidación profesional y, en 1983, ingresó en la compañía de Manuela Vargas. Más tarde trabajó con el ballet de Cristina Hoyos en el espectáculo Sueños andaluces y realizó una gira por Estados Unidos con José Greco.

A lo largo de esta vertiente profesional acompañó a figuras como Antonio El Bailarín, Mario Maya, Eduardo Serrano El Güito, Merche Esmeralda, Manuela Vargas, Cristina Hoyos, Manuela Carrasco y Eva Yerbabuena. Su prolongada dedicación al acompañamiento explica en parte que su discografía en solitario fuera relativamente breve.

Enrique Soto cimentó buena parte de su prestigio dentro de las compañías de danza, donde el cantaor debe dominar el compás, reaccionar a las variaciones del baile y sostener dramáticamente la escena. La prensa especializada destacó su capacidad para los cantes rítmicos y su dominio del difícil oficio de cantar atrás.

Su colaboración con Eva Yerbabuena adquirió una continuidad especial. Formó parte de su entorno artístico durante años y participó en giras internacionales del Ballet Flamenco Eva Yerbabuena. Una crítica de Los Angeles Times documentó, por ejemplo, su intervención en una actuación de la compañía en Los Ángeles en 2008.

  • Enrique Soto 'Sordera' con su familiar en el Festival de Nimes 2016
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Una discografía breve y representativa

Su principal trabajo en solitario fue Como lo siento. Las fuentes no coinciden completamente sobre el año de publicación: algunas sitúan su primera aparición en 1993 o 1994, mientras que los catálogos discográficos registran una edición de Sohail en 1996. La diferencia probablemente responde a las distintas fechas de grabación, primera aparición y reedición.

El álbum reunió a un conjunto especialmente destacado de guitarristas, entre ellos Vicente Amigo, Enrique de Melchor, Moraíto Chico, Juan Habichuela, Quique Paredes y Niño Tupé. La participación de varios acompañantes permitió mostrar diferentes facetas de su cante sin apartarlo de su orientación tradicional. Su repertorio incluía piezas como Me duele la carne, Mi soledad, La fragua de mi pare, El capataz, A mi niña Lela y El agua de mi noria. La grabación fue posteriormente reeditada en plataformas digitales.

En su trayectoria también figuraron Compás o su participación en la colección Solo Compás, con Paco Jarana y centrada en estilos como seguiriyas y martinetes; A un patriarca, homenaje colectivo de la familia Soto a Manuel Soto Sordera de Jerez publicado en 1997, con la intervención de guitarristas como Moraíto y Pedro Peña; y Herencias, aparecido originalmente a comienzos de la década de 2000 y reeditado con posterioridad.

A esos trabajos se sumó Puro y jondo, registro audiovisual de 2002 protagonizado por miembros de la familia Sordera y Luis el Zambo, además de grabaciones vinculadas a la Royal Philharmonic Orchestra y a producciones flamencas de carácter internacional. En 1995 colaboró con la orquesta británica, una experiencia que mostró que su ortodoxia cantaora no le impedía participar en formatos musicales más amplios.

  • Foto de familia de los galardonados con los Premios Nacionales de Flamenco o la Copa Jerez este mediodía en el Museo de la Atalaya de Jerez.
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El eco de Jerez y la continuidad de los Sordera

Enrique Soto fue considerado uno de los intérpretes más ortodoxos de su generación familiar, mientras su hermano José Sorderita exploró decididamente la fusión y Vicente construyó una trayectoria solista más extensa, Enrique permaneció especialmente unido al cante tradicional y al acompañamiento del baile.

Destacó en tarantos, soleá por bulerías, bulerías, soleares, cantiñas, seguiriyas y martinetes. Su voz se caracterizó por un eco áspero, antiguo y profundamente jerezano, acompañado de sentido del compás, conocimiento de los distintos palos y capacidad para administrar la intensidad del cante en función del baile. Su interpretación no perseguía tanto el virtuosismo ornamental como la expresión directa, la tensión rítmica y la conservación del lenguaje heredado de su padre.

Aunque una parte importante de su carrera transcurrió en compañías de baile, también ofreció recitales en solitario, peñas flamencas y festivales. Con el paso del tiempo adquirió especial relevancia su participación en espectáculos destinados a preservar y presentar públicamente la herencia de los Sordera.

En febrero de 2024 actuó junto a Vicente Soto y Lela Soto en el Auditorio Nacional de Música, dentro del espectáculo La casa de los Sordera: herencia cantaora. Ese mismo año intervino en Casa de los Sordera, de Suma Flamenca, concebido como un recorrido desde los cantes primitivos de la familia hasta sus expresiones contemporáneas.

En 2025, la Cátedra de Flamencología de Jerez y Estudios Folclóricos Andaluces reconocía la trayectoria artística del mayor de los hermanos de la dinastía Sordera concediéndole la Copa Jerez de Cante por su labor de mantenimiento y conservación de los estilos más clásicos y ortodoxos del cante flamenco, así como la transmisión del legado recibido a las generaciones venideras.

La trayectoria de Enrique Soto no se midió únicamente por el número de discos publicados. Su prestigio se construyó en los tablaos, las compañías de baile, las giras y la transmisión oral: conservó los rasgos expresivos y rítmicos heredados de Manuel Soto, acompañó a algunas de las figuras más relevantes de la danza flamenca española y representó el enlace entre el patriarca de la familia, sus hermanos y las generaciones actuales, particularmente Lela Soto. Su carrera quedó definida por la tradición familiar, el dominio del compás y la conservación de una forma de cantar estrechamente vinculada a Jerez.

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