Nesa Lubart, la escritora que siembra historias en las aulas: "Quiero que los niños descubran que tienen algo que contar"
En 2022 Vanesa Domínguez convirtió en realidad su sueño de iniciar una carrera literaria que ya suma diez libros. Ahora compagina esa faceta con 'Semillas Literarias', un proyecto nacido en los colegios que busca despertar la creatividad y la confianza de los más pequeños
Nesa Lubart, en la Alameda Vieja, de Jerez, con su última novela, 'Error 404' -
Durante años, Vanesa Domínguez (Jerez, 1980) tuvo una novela escondida. Estaba escrita, terminada, pero no encontraba el momento —o quizá el valor— para publicarla. "Siempre tenía muchísima vergüenza. Nunca veía la oportunidad, recuerda. Hasta que decidió dejar de esperar. En 2022 aquella historia salió del cajón, se convirtió en Yo a ti más y cambió su vida. La publicó por su cuenta, a través de Amazon, y vendió más de un millar de ejemplares. Después llegó una segunda novela. Aquella historia terminó convertida en saga y, cuatro años después, ya son diez los libros publicados bajo el seudónimo de Nesa Lubart.
Ahora acaba de recibir un nuevo espaldarazo. El pasado septiembre consiguió en Córdoba el primer premio de Literatura del I Concurso Internacional Cultural Mujer y Poder por su relato La Tormenta, una historia inspirada en la peripecia de su suegra, judía estadounidense que llegó a Jerez atraída por el flamenco. El certamen, organizado por la Asociación Cultural Mujer y Poder, reunió trabajos de creadoras de diferentes disciplinas y procedencias.
"Es el premio más importante que he conseguido hasta ahora", reconoce. "Creo que ha venido muy fuerte y me ha abierto muchas puertas". La autora eligió para el relato una historia familiar marcada por el amor al flamenco y las dificultades que tuvo que afrontar aquella mujer por seguirlo. Quizá no sea casualidad que La Tormenta haya terminado siendo reconocida ahora. "A veces hay que atreverse a ser tormenta", dijo al recoger el premio.
Nesa Lubart, durante la entrevista.
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MANU GARCÍA
Cuando Vanesa se convirtió en Nesa
Entre Vanesa y Nesa hay una diferencia que ella misma explica como "una especie de yin y yang". Vanesa es la mujer, madre, esposa y trabajadora, la que durante años fue prudente y tuvo miedo de exponerse. Nesa es otra cosa: "Mi yo sinvergüenza", dice. Una escritora que se permite mirar de frente a las injusticias, cuestionar las etiquetas y escribir sobre aquello que verdaderamente ve y siente.
Aunque, a decir verdad, reconoce que le costó asumir que podía llamarse escritora. "Se escucha de todo: que eso no es importante, que no te va a dar dinero…". Pero sus libros fueron llegando uno tras otro, también sus lectores –muchos de ellos de Hispanoamérica– y una comunidad que fue creciendo alrededor de sus historias. Y entonces, su inicial ilusión por la escritura dejó de ser una aspiración para convertirse en una certeza.
Su camino literario tampoco se ha quedado en un género. Comenzó con la novela y, a partir de una petición de su hijo pequeño —que quería un cuento que pudiera leer él—, entró en la literatura infantil y juvenil. Desde entonces, explica, sus historias juveniles suelen abordar alguna temática social concreta.
Es precisamente en ese territorio donde parece haber encontrado ahora su lugar. "El mejor público que he tenido ha sido el infantil", asegura. Los niños, dice, son sinceros y objetivos. Además, piensa que cuando un adulto lee una novela, quizá ya tiene adquirido el hábito. Cuando lo hace un niño, puede estar construyéndolo.
Portada de su novela 'Error 404'.
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MANU GARCÍA
"Estás intentando que tu historia lo haga meterse de lleno en un mundo diferente al que él vive", explica en este sentido. Y de ahí surge su proyecto más especial, que busca que la literatura se convierta en una puerta hacia la libertad y el pensamiento propio de los más pequeños.
Una semilla que nació de siete niños
Semillas Literarias es un proyecto que nació casi de casualidad. De siete niños que querían que Nesa leyera sus cuentos.
En 2024, coincidiendo con el Día del Libro, Nesa acude al colegio San Juan de Dios, de Jerez, para presentar su cuento Vuela alto y explicarles de paso a los alumnos cómo se escribe un libro y cuál es el proceso hasta que llega físicamente a las manos del lector. Al día siguiente, la directora del centro la llamó para contarle que siete niños estaban escribiendo historias en clase de Lengua para que ella las leyera.
"Ahí se me despertó algo. Muchos de ellos quieren escribir, lo que pasa es que quizás no tienen las herramientas o la seguridad para hacerlo", afirma.
Vanesa organiza entonces su primer certamen de Semillas Literarias en el mismo centro de San Juan de Dios, en el que participan 12 alumnos de quinto de Primaria Algunas historias hablaban de bullying, otras de animales o de familiares convertidos en superhéroes. Otras abordaban situaciones mucho más delicadas que los propios niños no siempre expresaban directamente, como los malos tratos.
Pero, sobre todo, encontró niños y niñas con miedo ante un folio en blanco, que no saben cómo empezar o terminar una historia, que tienen dificultades de expresión escrita y oral, pero también una capacidad de imaginación enorme.
Nesa, en otro momento de la entrevista.
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MANU GARCÍA
"Ponerse a la altura de un niño es escucharlo", afirma. "Hoy vamos con mucha prisa y no llegamos nunca a escuchar sus necesidades. Ellos, a través de la escritura, han visto una puerta abierta".
El concurso, que ya ha cumplido tres ediciones, ha crecido hasta alcanzar 71 relatos deonce colegios de Jerez, además de centros de Cádiz, Chiclana y Rota. Su intención es que la iniciativa siga creciendo, pero para eso hace falta un pequeño empujón.
De vocación a un proyecto
Y ese empujón se llama The Break Andalucía, un programa de impulso al emprendimiento femenino en el que Semillas Literarias ha sido seleccionado este año. La iniciativa ofrece formación, acompañamiento y mentorización para convertir proyectos en propuestas con capacidad de crecimiento.
Y a pesar de las tres ediciones de Semillas Literarias y del crecimiento que ha experimentado, The Break le ha servido para creerse de verdad que su proyecto puede llegar lejos. "Me dije a mí misma; 'si te han elegido entre tantas personas es que vale'". Ahora quiere convertir aquella idea que nació de siete niños en un programa sostenible, capaz de llegar a más centros. Su idea, explica, terminó convertida en una vocación y en emprendimiento. Ahora busca que sea sostenible económicamente en el tiempo.
La escritora, posando con su última novela junto a las murallas del Alcázar de Jerez.
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MANU GARCÍA
El proceso también le ha obligado a enfrentarse a sus propias dudas. "Yo solo sé escribir", pensó cuando supo que había sido seleccionada entre más de 4.000 mujeres para representar a Cádiz. A partir de ahí llega un periodo de formación, mentorías, un viaje a Viena, presentar su proyecto –ella prefiere llamarlo "programa"– en inglés y el reto de presentarlo en noviembre en Málaga ante posibles inversores. A partir de ahí, tocará esperar. "Si gusta y hay inversores que les atrae, pueden salir muchas cosas. Que no, pues seguiré luchando".
Escribir para que otros encuentren su voz
Vanesa, que empezó escribiendo para encontrar su propia voz,ha terminado ayudando a otros a encontrar la suya. En estos años señala que incluso ha acompañado a algunos de los participantes del concurso en la creación de sus propios relatos.
Una de las ganadoras escribió una historia sobre el mundo gitano que terminó convirtiéndose, junto a Nesa, en Alma Gitana. Este verano ha trabajado con otro alumno que quería escribir un cuento con ella. Él eligió los personajes y la historia; ella le ayudó a corregir y darle forma.
De Semillas Literarias quién sabe si saldrá algún joven con vocación de escritor "o de editor, periodista, de algo relacionado con este mundo de la escritura", se pregunta. Lo que tiene claro es que, en una época de pantallas y del estímulo inmediato que ofrece un móvil, reivindica el valor de que un niño se siente ante un folio y se pregunte qué quiere contar.
Precisamente ella, que tardó años en atreverse a sacar una historia de un cajón.
Durante años, Vanesa Domínguez (Jerez, 1980) tuvo una novela escondida. Estaba escrita, terminada, pero no encontraba el momento —o quizá el valor— para publicarla. "Siempre tenía muchísima vergüenza. Nunca veía la oportunidad, recuerda. Hasta que decidió dejar de esperar. En 2022 aquella historia salió del cajón, se convirtió en Yo a ti más y cambió su vida. La publicó por su cuenta, a través de Amazon, y vendió más de un millar de ejemplares. Después llegó una segunda novela. Aquella historia terminó convertida en saga y, cuatro años después, ya son diez los libros publicados bajo el seudónimo de Nesa Lubart.
Ahora acaba de recibir un nuevo espaldarazo. El pasado septiembre consiguió en Córdoba el primer premio de Literatura del I Concurso Internacional Cultural Mujer y Poder por su relato La Tormenta, una historia inspirada en la peripecia de su suegra, judía estadounidense que llegó a Jerez atraída por el flamenco. El certamen, organizado por la Asociación Cultural Mujer y Poder, reunió trabajos de creadoras de diferentes disciplinas y procedencias.
"Es el premio más importante que he conseguido hasta ahora", reconoce. "Creo que ha venido muy fuerte y me ha abierto muchas puertas". La autora eligió para el relato una historia familiar marcada por el amor al flamenco y las dificultades que tuvo que afrontar aquella mujer por seguirlo. Quizá no sea casualidad que La Tormenta haya terminado siendo reconocida ahora. "A veces hay que atreverse a ser tormenta", dijo al recoger el premio.
Nesa Lubart, durante la entrevista.
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MANU GARCÍA
Cuando Vanesa se convirtió en Nesa
Entre Vanesa y Nesa hay una diferencia que ella misma explica como "una especie de yin y yang". Vanesa es la mujer, madre, esposa y trabajadora, la que durante años fue prudente y tuvo miedo de exponerse. Nesa es otra cosa: "Mi yo sinvergüenza", dice. Una escritora que se permite mirar de frente a las injusticias, cuestionar las etiquetas y escribir sobre aquello que verdaderamente ve y siente.
Aunque, a decir verdad, reconoce que le costó asumir que podía llamarse escritora. "Se escucha de todo: que eso no es importante, que no te va a dar dinero…". Pero sus libros fueron llegando uno tras otro, también sus lectores –muchos de ellos de Hispanoamérica– y una comunidad que fue creciendo alrededor de sus historias. Y entonces, su inicial ilusión por la escritura dejó de ser una aspiración para convertirse en una certeza.
Su camino literario tampoco se ha quedado en un género. Comenzó con la novela y, a partir de una petición de su hijo pequeño —que quería un cuento que pudiera leer él—, entró en la literatura infantil y juvenil. Desde entonces, explica, sus historias juveniles suelen abordar alguna temática social concreta.
Es precisamente en ese territorio donde parece haber encontrado ahora su lugar. "El mejor público que he tenido ha sido el infantil", asegura. Los niños, dice, son sinceros y objetivos. Además, piensa que cuando un adulto lee una novela, quizá ya tiene adquirido el hábito. Cuando lo hace un niño, puede estar construyéndolo.
Portada de su novela 'Error 404'.
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MANU GARCÍA
"Estás intentando que tu historia lo haga meterse de lleno en un mundo diferente al que él vive", explica en este sentido. Y de ahí surge su proyecto más especial, que busca que la literatura se convierta en una puerta hacia la libertad y el pensamiento propio de los más pequeños.
Una semilla que nació de siete niños
Semillas Literarias es un proyecto que nació casi de casualidad. De siete niños que querían que Nesa leyera sus cuentos.
En 2024, coincidiendo con el Día del Libro, Nesa acude al colegio San Juan de Dios, de Jerez, para presentar su cuento Vuela alto y explicarles de paso a los alumnos cómo se escribe un libro y cuál es el proceso hasta que llega físicamente a las manos del lector. Al día siguiente, la directora del centro la llamó para contarle que siete niños estaban escribiendo historias en clase de Lengua para que ella las leyera.
"Ahí se me despertó algo. Muchos de ellos quieren escribir, lo que pasa es que quizás no tienen las herramientas o la seguridad para hacerlo", afirma.
Vanesa organiza entonces su primer certamen de Semillas Literarias en el mismo centro de San Juan de Dios, en el que participan 12 alumnos de quinto de Primaria Algunas historias hablaban de bullying, otras de animales o de familiares convertidos en superhéroes. Otras abordaban situaciones mucho más delicadas que los propios niños no siempre expresaban directamente, como los malos tratos.
Pero, sobre todo, encontró niños y niñas con miedo ante un folio en blanco, que no saben cómo empezar o terminar una historia, que tienen dificultades de expresión escrita y oral, pero también una capacidad de imaginación enorme.
Nesa, en otro momento de la entrevista.
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MANU GARCÍA
"Ponerse a la altura de un niño es escucharlo", afirma. "Hoy vamos con mucha prisa y no llegamos nunca a escuchar sus necesidades. Ellos, a través de la escritura, han visto una puerta abierta".
El concurso, que ya ha cumplido tres ediciones, ha crecido hasta alcanzar 71 relatos deonce colegios de Jerez, además de centros de Cádiz, Chiclana y Rota. Su intención es que la iniciativa siga creciendo, pero para eso hace falta un pequeño empujón.
De vocación a un proyecto
Y ese empujón se llama The Break Andalucía, un programa de impulso al emprendimiento femenino en el que Semillas Literarias ha sido seleccionado este año. La iniciativa ofrece formación, acompañamiento y mentorización para convertir proyectos en propuestas con capacidad de crecimiento.
Y a pesar de las tres ediciones de Semillas Literarias y del crecimiento que ha experimentado, The Break le ha servido para creerse de verdad que su proyecto puede llegar lejos. "Me dije a mí misma; 'si te han elegido entre tantas personas es que vale'". Ahora quiere convertir aquella idea que nació de siete niños en un programa sostenible, capaz de llegar a más centros. Su idea, explica, terminó convertida en una vocación y en emprendimiento. Ahora busca que sea sostenible económicamente en el tiempo.
La escritora, posando con su última novela junto a las murallas del Alcázar de Jerez.
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MANU GARCÍA
El proceso también le ha obligado a enfrentarse a sus propias dudas. "Yo solo sé escribir", pensó cuando supo que había sido seleccionada entre más de 4.000 mujeres para representar a Cádiz. A partir de ahí llega un periodo de formación, mentorías, un viaje a Viena, presentar su proyecto –ella prefiere llamarlo "programa"– en inglés y el reto de presentarlo en noviembre en Málaga ante posibles inversores. A partir de ahí, tocará esperar. "Si gusta y hay inversores que les atrae, pueden salir muchas cosas. Que no, pues seguiré luchando".
Escribir para que otros encuentren su voz
Vanesa, que empezó escribiendo para encontrar su propia voz,ha terminado ayudando a otros a encontrar la suya. En estos años señala que incluso ha acompañado a algunos de los participantes del concurso en la creación de sus propios relatos.
Una de las ganadoras escribió una historia sobre el mundo gitano que terminó convirtiéndose, junto a Nesa, en Alma Gitana. Este verano ha trabajado con otro alumno que quería escribir un cuento con ella. Él eligió los personajes y la historia; ella le ayudó a corregir y darle forma.
De Semillas Literarias quién sabe si saldrá algún joven con vocación de escritor "o de editor, periodista, de algo relacionado con este mundo de la escritura", se pregunta. Lo que tiene claro es que, en una época de pantallas y del estímulo inmediato que ofrece un móvil, reivindica el valor de que un niño se siente ante un folio y se pregunte qué quiere contar.
Precisamente ella, que tardó años en atreverse a sacar una historia de un cajón.
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