cultura

"Las mujeres del Lyceum demostraron que podían ocupar el espacio público igual que los hombres"

La escritora Eva Cosculluela habla en El Jardín de Berta sobre 'La creación literaria de las mujeres del siglo XX en España', tema que trata en 'El club de las modernas', el libro que ha dedicado al Lyceum Club Femenino Español

  • Eva Cosculluela y Nati Montaño en el Jardin de Berta. -

La tarde del pasado jueves, la escritora Eva Cosculluela habló en El jardín de Berta sobre el Lyceum Club Femenino Español. El título de la charla era La creación literaria de las mujeres del siglo XX en España, una de las cuatro actividades del ciclo literario organizado por la Diputación de Cádiz, la Asociación Cultural El Jardín de Berta y la librería La Luna Nueva. Nati Montaño explicó que en el Club de lectura de mujeres escritoras vieron muy oportuno llevar a cabo un encuentro literario con la autora de El club de las modernas (Seix Barral). Necesitaban saber más sobre nuestras escritoras. Necesitaban más información.

A pesar de haber sido librera durante muchos años y de haber realizado Filología Hispánica, Nati Montaño no se había encontrado nunca con información sobre todas esas intelectuales y escritoras del Lyceum, fundado en 1926. ¿Quiénes eran? ¿Por qué no hemos sabido casi nada de ellas? Con este libro, Eva Cosculluela ha cubierto muy bien ese vacío en el ámbito académico y editorial. Eva es periodista cultural en varios medios, traductora y escritora. Fue librera durante quince años en Zaragoza. Su librería Los portadores de sueños recibió el Premio Librería Cultural en 2012. Desde 2019 dirige el club de lectura feminista “Sin género de dudas” en la Universidad de Zaragoza.

Eva Cosculluela explicó, en primer lugar, cómo surgió El club de las modernas. “He escrito el libro llevada por la rabia y la tristeza de no encontrar ninguna información sobre esas mujeres en ningún sitio”. Todo empezó cuando visitó en 2015 la exposición sobre la Residencia de Señoritas en Madrid, en la Residencia de Estudiantes. En el catálogo de esa muestra había un capítulo dedicado a la relación entre la Residencia de Señoritas y el Lyceum Club Femenino Español. Nunca había oído hablar de ese Club. “Si de la residencia de Señoritas había poca información, del Lyceum no había nada”.

  • Portada del libro de Eva Cosculluela.
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Así que se puso a investigar y descubrió que en 1926  había surgido una asociación feminista que había luchado por la igualdad, por los derechos de la mujer, por la presencia pública, por la formación y la cultura, una asociación de la que nos sabíamos nada. Apenas encontró un capítulo en un libro ya descatalogado, una pequeña mención en unas memorias… “Me puse a bucear en los archivos y las hemerotecas, y lo que descubrí fue que en 1926 un grupo de mujeres (cultas, intelectuales) deciden juntarse, tomando como modelo el Lyceum Club de Londres, para formar esta asociación, este Lyceum Club Femenino Español, situada en la calle Infantas de Madrid”.

Querían ser el hogar de la intelectualidad. Se pusieron manos a la obra. Y discutieron mucho, porque era un grupo muy heterogéneo. No todas pensaban lo mismo. Había de todo, republicanas, monárquicas, de izquierdas, de  derechas, católicas, ateas... Sin embargo, todas tenían el mismo objetivo. Dejaron a un lado las diferencias y se centraron en lo que las unía. “Que hace cien años esta mujeres se pusieran de acuerdo me parece un ejemplo muy valioso hoy en día, donde reina la crispación y la confrontación”, subrayó Eva Cosculluela. Entre las fundadoras estaban María de Maeztu, María Martos, Carmen Baroja, Victoria Kent, Zenobia Camprubí, Isabel Oyarzábal, María Lejárraga…

  • Eva Cosculluela en Jardin de Berta.
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Todas ellas creían, como manifestó María Teresa León, que la cultura y la formación adelantaría el reloj del país. La cultura sería el motor del país, de la nación, no solo de las mujeres. “Querían que toda la sociedad progresara”. Y para ello era imprescindible que la condición social de la mujer cambiara. Había que acabar con la desigualdad de derechos entre hombres y mujeres. Querían una sociedad mejor. Para llevar a cabo esta tarea crearon seis secciones de trabajo (social, musical, artes plásticas, literatura, ciencias, internacional), varios proyectos y un intenso programa de actividades.

Uno de sus principales proyectos fue cambiar las leyes que discriminaban a la mujer. Tanto el código civil como el penal discriminaban a la mujer. “La mujer debe obediencia al marido y el marido debe proteger a la mujer”, este era el espíritu de la ley. El artículo 438 del código penal establecía penas muy diferentes para el hombre y la mujer en caso de adulterio. Gracias al trabajo de concienciación y sus protestas, pudieron modificar estas leyes. Otro proyecto fue el Comité del libro para el ciego. Crearon una sección de libros en braille en la Biblioteca Nacional. La cultura y la educación podían acabar con la alta tasa de mendicidad entre la población invidente. Y también crearon la Casa de los niños, precursora de las guarderías públicas. Las mujeres obreras podían dejar allí a sus hijos toda la jornada, donde recibían tres comidas y atención educativa. Evidentemente, los conservadores y la Iglesia se echaron encima.

 

Al Lyceum acudían artistas, poetas, músicos… Los periódicos reflejaban a diario esa efervescencia cultural. Había un programa de formación para que las mujeres fueran conscientes de sus derechos, conocieran su cuerpo y tuvieran más capacitaciones profesionales. Así que esa actividad cultural pronto “levantó ampollas”. Eran mujeres independientes que salían de casa y ocupaban los espacios públicos, que hasta entonces estaban monopolizados por los hombres. Rompían con el rol de perfecta ama de casa establecido por la sociedad de entonces. “Estas mujeres demostraron con sus actividades que podían ocupar el espacio público igual que los hombres”. Podían pensar, escribir, publicar, crear, organizar, protestar… Hay que recordar que era una sociedad en la que se pensaba que la mujer era inferior (Teoría de Moebius). Había grande sabios, como Marañón y Ortega y Gasset, que pensaban que la mujer no era inferior, pero era “diferente”… Según ellos, no servían para crear en el ámbito intelectual. Eso sí, eran muy aptas para obedecer y dedicarse a la maternidad...

  • Eva Cosculluela acompañada por muchas lectoras en el Jardin de Berta
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Así que estas mujeres del Lyceum recibieron muchos ataques en los periódicos. Decían que abandonaban a sus hijos, que solo querían disfrutar, que destetaban a sus niños con cerveza, que enseñaban las piernas, que pegaban a sus maridos al llegar a casa… Y utilizaban expresiones despectivas como “el club de las maridas”, “el club de las descontentas”. “Para el poder conservador de la sociedad, estas mujeres estaban subvirtiendo el orden social”, remarcó Eva Cosculluela. En el Lyceum se promovió la creación literaria. Organizaban un torneo poético en el que se leían poemas de autoras consagradas y escritoras jóvenes.

El Lyceum dio visibilidad a las mujeres que escribían. Aportaba medios, un espacio, apoyo mutuo y contactos profesionales e intelectuales. Muchas de ellas no podían mostrar lo que escribían o tenían que firmar con el nombre de su marido, como María Lejárraga. Y las que conseguían publicar y ganar dinero pronto eran objeto de celos y envidia, incluso por sus maridos, como el caso de Elena Fortún. En las primeras antologías de la poesía del 27 no aparecen las mujeres. Como mucho se menciona a dos o tres: Concha Méndez, Ernestina de Champourcin y Josefina de la Torre. Hoy sabemos que eran muchísimas más. Uno de los primeros en quejarse de esta injusticia literaria fue Juan Ramón Jiménez, que se lo dice bien claro a Gerardo Diego.

La tarde del pasado jueves, la escritora Eva Cosculluela habló en El jardín de Berta sobre el Lyceum Club Femenino Español. El título de la charla era La creación literaria de las mujeres del siglo XX en España, una de las cuatro actividades del ciclo literario organizado por la Diputación de Cádiz, la Asociación Cultural El Jardín de Berta y la librería La Luna Nueva. Nati Montaño explicó que en el Club de lectura de mujeres escritoras vieron muy oportuno llevar a cabo un encuentro literario con la autora de El club de las modernas (Seix Barral). Necesitaban saber más sobre nuestras escritoras. Necesitaban más información.

A pesar de haber sido librera durante muchos años y de haber realizado Filología Hispánica, Nati Montaño no se había encontrado nunca con información sobre todas esas intelectuales y escritoras del Lyceum, fundado en 1926. ¿Quiénes eran? ¿Por qué no hemos sabido casi nada de ellas? Con este libro, Eva Cosculluela ha cubierto muy bien ese vacío en el ámbito académico y editorial. Eva es periodista cultural en varios medios, traductora y escritora. Fue librera durante quince años en Zaragoza. Su librería Los portadores de sueños recibió el Premio Librería Cultural en 2012. Desde 2019 dirige el club de lectura feminista “Sin género de dudas” en la Universidad de Zaragoza.

Eva Cosculluela explicó, en primer lugar, cómo surgió El club de las modernas. “He escrito el libro llevada por la rabia y la tristeza de no encontrar ninguna información sobre esas mujeres en ningún sitio”. Todo empezó cuando visitó en 2015 la exposición sobre la Residencia de Señoritas en Madrid, en la Residencia de Estudiantes. En el catálogo de esa muestra había un capítulo dedicado a la relación entre la Residencia de Señoritas y el Lyceum Club Femenino Español. Nunca había oído hablar de ese Club. “Si de la residencia de Señoritas había poca información, del Lyceum no había nada”.

  • Portada del libro de Eva Cosculluela.
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Así que se puso a investigar y descubrió que en 1926  había surgido una asociación feminista que había luchado por la igualdad, por los derechos de la mujer, por la presencia pública, por la formación y la cultura, una asociación de la que nos sabíamos nada. Apenas encontró un capítulo en un libro ya descatalogado, una pequeña mención en unas memorias… “Me puse a bucear en los archivos y las hemerotecas, y lo que descubrí fue que en 1926 un grupo de mujeres (cultas, intelectuales) deciden juntarse, tomando como modelo el Lyceum Club de Londres, para formar esta asociación, este Lyceum Club Femenino Español, situada en la calle Infantas de Madrid”.

Querían ser el hogar de la intelectualidad. Se pusieron manos a la obra. Y discutieron mucho, porque era un grupo muy heterogéneo. No todas pensaban lo mismo. Había de todo, republicanas, monárquicas, de izquierdas, de  derechas, católicas, ateas... Sin embargo, todas tenían el mismo objetivo. Dejaron a un lado las diferencias y se centraron en lo que las unía. “Que hace cien años esta mujeres se pusieran de acuerdo me parece un ejemplo muy valioso hoy en día, donde reina la crispación y la confrontación”, subrayó Eva Cosculluela. Entre las fundadoras estaban María de Maeztu, María Martos, Carmen Baroja, Victoria Kent, Zenobia Camprubí, Isabel Oyarzábal, María Lejárraga…

  • Eva Cosculluela en Jardin de Berta.
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Todas ellas creían, como manifestó María Teresa León, que la cultura y la formación adelantaría el reloj del país. La cultura sería el motor del país, de la nación, no solo de las mujeres. “Querían que toda la sociedad progresara”. Y para ello era imprescindible que la condición social de la mujer cambiara. Había que acabar con la desigualdad de derechos entre hombres y mujeres. Querían una sociedad mejor. Para llevar a cabo esta tarea crearon seis secciones de trabajo (social, musical, artes plásticas, literatura, ciencias, internacional), varios proyectos y un intenso programa de actividades.

Uno de sus principales proyectos fue cambiar las leyes que discriminaban a la mujer. Tanto el código civil como el penal discriminaban a la mujer. “La mujer debe obediencia al marido y el marido debe proteger a la mujer”, este era el espíritu de la ley. El artículo 438 del código penal establecía penas muy diferentes para el hombre y la mujer en caso de adulterio. Gracias al trabajo de concienciación y sus protestas, pudieron modificar estas leyes. Otro proyecto fue el Comité del libro para el ciego. Crearon una sección de libros en braille en la Biblioteca Nacional. La cultura y la educación podían acabar con la alta tasa de mendicidad entre la población invidente. Y también crearon la Casa de los niños, precursora de las guarderías públicas. Las mujeres obreras podían dejar allí a sus hijos toda la jornada, donde recibían tres comidas y atención educativa. Evidentemente, los conservadores y la Iglesia se echaron encima.

 

Al Lyceum acudían artistas, poetas, músicos… Los periódicos reflejaban a diario esa efervescencia cultural. Había un programa de formación para que las mujeres fueran conscientes de sus derechos, conocieran su cuerpo y tuvieran más capacitaciones profesionales. Así que esa actividad cultural pronto “levantó ampollas”. Eran mujeres independientes que salían de casa y ocupaban los espacios públicos, que hasta entonces estaban monopolizados por los hombres. Rompían con el rol de perfecta ama de casa establecido por la sociedad de entonces. “Estas mujeres demostraron con sus actividades que podían ocupar el espacio público igual que los hombres”. Podían pensar, escribir, publicar, crear, organizar, protestar… Hay que recordar que era una sociedad en la que se pensaba que la mujer era inferior (Teoría de Moebius). Había grande sabios, como Marañón y Ortega y Gasset, que pensaban que la mujer no era inferior, pero era “diferente”… Según ellos, no servían para crear en el ámbito intelectual. Eso sí, eran muy aptas para obedecer y dedicarse a la maternidad...

  • Eva Cosculluela acompañada por muchas lectoras en el Jardin de Berta
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Así que estas mujeres del Lyceum recibieron muchos ataques en los periódicos. Decían que abandonaban a sus hijos, que solo querían disfrutar, que destetaban a sus niños con cerveza, que enseñaban las piernas, que pegaban a sus maridos al llegar a casa… Y utilizaban expresiones despectivas como “el club de las maridas”, “el club de las descontentas”. “Para el poder conservador de la sociedad, estas mujeres estaban subvirtiendo el orden social”, remarcó Eva Cosculluela. En el Lyceum se promovió la creación literaria. Organizaban un torneo poético en el que se leían poemas de autoras consagradas y escritoras jóvenes.

El Lyceum dio visibilidad a las mujeres que escribían. Aportaba medios, un espacio, apoyo mutuo y contactos profesionales e intelectuales. Muchas de ellas no podían mostrar lo que escribían o tenían que firmar con el nombre de su marido, como María Lejárraga. Y las que conseguían publicar y ganar dinero pronto eran objeto de celos y envidia, incluso por sus maridos, como el caso de Elena Fortún. En las primeras antologías de la poesía del 27 no aparecen las mujeres. Como mucho se menciona a dos o tres: Concha Méndez, Ernestina de Champourcin y Josefina de la Torre. Hoy sabemos que eran muchísimas más. Uno de los primeros en quejarse de esta injusticia literaria fue Juan Ramón Jiménez, que se lo dice bien claro a Gerardo Diego.

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