Flamenco y coronavirus: fatigas dobles

Los artistas y creadores Manuel Liñán, María del Mar Moreno, David Lagos y Jesús Méndez reflexionan con lavozdelsur.es, desde sus respectivos confinamientos, sobre presente y futuro del arte jondo ante la incertidumbre desatada por la pandemia

De izda. a dcha., Jesús Méndez, Manuel Liñán, María del Mar Moreno y David Lagos. FOTOS: CEDIDAS
De izda. a dcha., Jesús Méndez, Manuel Liñán, María del Mar Moreno y David Lagos. FOTOS: CEDIDAS

El pasado Festival de Jerez fue uno de los eventos a.C. (antes del coronavirus) que primero lidió en España con la que se venía encima. Pese a que más de medio centenar de cursillistas procedentes de China (a primeros de febrero pasado) e Italia (a finales del mismo mes) comunicaron a la organización la cancelación de su llegada a la ciudad como consecuencia de la pandemia que ya azotaba a sus respectivos países de origen, en este rincón al sur de Europa se arremolinaban cada noche artistas, público, alumnos, críticos... de más de treinta países del mundo. Todos apretujados, y sin mascarilla, en torno al hecho escénico de la danza y lo flamenco. Ajenos, o como mucho mirando de reojo, a lo que estaba por venir.

Más de un mes de confinamiento después de aquello, el bailaor y coreógrafo granadino Manuel Liñán (1980), uno de los grandes triunfadores de la última muestra jerezana, donde se alzó con el Premio de la Crítica por su aclamado espectáculo ¡Viva!, y durante la que incluso posó para New York Times en un amplio reportaje con motivo de la gira que tenía preparada por Estados Unidos, confiesa ahora, ante la pregunta de cómo lo lleva, que "hay días mejores que otros". Este domingo tendría que haber ofrecido la última de las funciones programadas en los Teatros del Canal, en Madrid, pero sin embargo, es probable que se pase la jornada leyendo, viendo algún documental, haciendo ejercicio, esbozando algún trabajo de mesa sobre un nuevo proyecto, o simplemente cocinando —"me gusta mucho la cocina"—. Es lo que toca en estos tiempos de pandemia global.

David Lagos, en su estudio, en septiembre de 2018. FOTO: JUAN CARLOS TORO

Ocupar el tiempo para pasar el trance y pensar en el futuro. Como todos. "No sé cuándo voy a poder bailar", afirma Liñán a lavozdelsur.es. Y pone el acento en la "incertidumbre constante en la que vive nuestro sector". "Esto —reflexiona— nos va a afectar mucho porque solemos trabajar en sitios donde se congrega mucha gente y porque, además, el flamenco es un arte que se exporta mucho. Y ahora mismo, ni se puede viajar, ni sabemos dónde nos tienen permitida la entrada. Es muy triste". Este era un año importante para el arte jondo, acostumbrado por otra parte a pasar fatigas, a cantarle y bailarle a la tragedia para, de cuando en cuando, sentir el temblor de la fiesta. Este año se cumple una década de la declaración por la Unesco del flamenco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Este año hay Bienal de Flamenco en Sevilla, y este 2020, en definitiva, era un buen momento para seguir abriendo fronteras y derribando prejuicios y clichés, como suele hacer el granadino en sus trabajos.

El cantaor jerezano Jesús Méndez (1984), desde su casa, explica que preparaba nuevo disco (con sus correspondientes presentaciones), y que entre el mes pasado y el próximo verano ha aplazado ya unos 25 bolos, entre recitales en peñas e incursiones en festivales. Su voz, heredera del mejor cante de la Plazuela, sobrino de Francisca Méndez La Paquera, dejará de sonar en directo durante mucho tiempo, para lamento de sus muchos seguidores y de los buenos aficionados al cante por derecho. "Espero que el Gobierno nos ayude un poco y no nos deje en la cuneta como está haciendo; más aún, en un momento en el que se está viviendo lo importante que es el arte en el día a día para sobrellevar esta situación", cuenta un artista que reconoce el poco tiempo que le dejan a lo largo de cada día de cuarentena sus dos hijos pequeños: "Ahora no tengo tiempo para mí; me gustaría hacer muchas cosas, pero no puedo porque ellos se llevan casi todo el tiempo".

María del Mar Moreno, en la pasada Fiesta de la Bulería. FOTO: MANU GARCÍA

Miedo, miedo, nos vienen vendiendo miedo, y compramos mucho miedo... esta letra es parte del Pregón del miedo, una revisión del pregón de Macandé que el cantaor David Lagos (Jerez, 1973) grabó el año pasado en su último disco, Hodierno. Hace más de un mes que ha cobrado sentido en toda su dimensión. La realidad de la tragedia actual se funde con quienes aprovechan la misma para inocular el virus del miedo, un poderoso patógeno con el que es más fácil "manipularnos y manejarnos", reflexiona un artista, Lámpara Minera en La Unión, muy reclamado entre las compañías de baile y que ha visto, como todos sus compañeros, paralizada toda su agenda de bolos para este año. Y ahora, claro, hay más miedo que nunca a qué sucederá cuando todo esto pase...

"El miedo como arma de manipulación, eso también me tiene preocupado en estos tiempos", comenta Lagos al otro lado del WhatsApp. "De trabajo, evidentemente, me olvido durante un gran tiempo, pero gracias a Dios, de salud está toda la familia bien, y los ahorrillos, por el trabajo que uno ha ido haciendo a lo largo de tantos años, hacen que por unos meses uno se pueda valer, aunque lo que sí siguen corriendo son los gastos".

El cantaor Jesús Méndez en un momento de su actuación en la pasada Bienal de Cante de Jerez. FOTO: Bienal de Cante

A escasa distancia de David, vive su particular confinamiento la maestra bailaora María del Mar Moreno (Jerez, 1973). Acostumbrada a saltar cada mes por diferentes países de Europa y zonas de España debido a su academia de danza flamenca itinerante, ahora resiste con la confianza de que "a final de año podamos decir que nos hemos salvado del naufragio". "Yo siempre he pasado fatigas, llevo 20 años de autónoma", afirma la bailaora, que encaraba un año mágico para su compañía: "Salgo de una crisis mortal que vivimos hace nada como quien dice, luego me operaron y me retiré del ruedo un tiempo, y cuando empiezo a recuperarme desde el año pasado, con dos estrenos en un año, y teniendo por delante la Noche en Blanco de Córdoba; el Flamenco Festival de Londres; la Bienal de Sevilla; en noviembre, Los Ángeles... pasa esto. A nivel formativo, ni te cuento: la escuela de Jerez, cerrada; y las formaciones en el extranjero sin saber cuándo volverán a ser presenciales".

En esta coyuntura de enormes fatigas para la cultura, y especialmente para los flamencos, Liñán hace un llamamiento a las administraciones públicas para que se "acerquen y de verdad conozcan las necesidades que tenemos, cómo producimos, creamos y trabajamos; que sean conscientes de que la mayoría de los artistas no sabemos el trabajo que vamos a tener en octubre, o el año que viene..., ni siquiera en 2022". En esta línea, Lagos sostiene que "toda la vorágine en la que estamos inmersos nos hace recordar que el hombre no solo vive de pan, y por ello, las instituciones deben valorar la importancia que tiene lo que hacemos en nuestro día a día".

Manuel Liñán, en la recta final de '¡Viva!, que ha presentado anoche en el Festival de Jerez. FOTO: MANU GARCÍA

En este punto, se muestra crítico con la obsesión por los likes que estos días de estado de alarma llega al paroxismo. "En el futuro nadie tendrá más de un minuto de gloria", dice, en lo que él denomina el "virus del minuto de gloria, algo que hace también mucho mal a la cultura". Y reflexiona: "Vivimos en ese afán por conseguir pulgares hacia arriba, por lograr que un video que lances se haga viral, y mucha gente consume eso. Cuando se vuelva a la normalidad, se corre el peligro de que cuando digas a alguien que te dedicas al flamenco, a la cultura, al arte, pueda pensar: ah, éste se dedica a lo que se dedica la gente cuando no tiene nada mejor que hacer". Por ahora, solo Izquierda Andalucista, a nivel regional, ha hecho pública una batería de reivindicaciones concretas —fundamentalmente, en forma de ayudas directas— para apoyar al sector del flamenco. Adelante Andalucía canalizará la propuesta para elevarla al Parlamento de Andalucía.

Luchar contra esa minusvaloración del arte en general, del flamenco en particular, también es trabajo en tiempos de lucha contra los nocivos efectos sanitarios, económicos y sociales desencadenados por la Covid-19. "Ahora más que nunca se está notando lo necesario que es el arte", apostilla Méndez, quien recalca que "sin ver películas, sin escuchar música, sin leer libros... sin todo lo que conlleva el arte, la gente en sus casas tendría imposible llevar el día a día de esta forma, por eso espero que tomen medidas y nos ayuden". A nivel general, el Gobierno ha rectificado con el sector de la cultura en abstracto. Habrá que ver el detalle cuando vayan concretándose las ayudas. "Habrá una especie de posguerra —augura María del Mar Moreno— en la que tendremos que estar preparados para lo que sea, siendo muy humildes, solidarios... volveremos si hace falta al patio de vecinos a pedirnos sal. Habrá que sacar de esta crisis algo positivo, aunque una amiga me diga que soy repelentemente optimista (se ríe). Es un momento para entender que, en realidad, no necesitamos tanto".

"Y el flamenco como lo conocemos hoy se tendrá que reinventar como tantas cosas". Acabará reinventándose como hizo siempre. Saliendo adelante con su grandeza, pero también con sus miserias y sus fatigas dobles, con sus duquelas..., hasta proyectarse de nuevo en el mundo como lo que siempre fue, un arte patrimonio inmaterial de la humanidad. Así y todo, la bailaora relativiza: "Claro que, como todos, tengo la angustia como autónoma, toda esa incertidumbre social y económica, pero es que se están yendo muchas personas..., y cómo se están yendo, en esa soledad. Antes que todo lo demás, uno espera que su familia, sus amigos, su gente, su mundo, superen ya esto de una vez".

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