Este lunes se cumplen trece años de la desaparición y posterior asesinato de Asunta Basterra, uno de los casos que más conmocionaron a España en la última década. Sus padres, Charo Porto y Alfonso Basterra, fueron condenados por la muerte de la niña, que tenía 12 años. Porto se suicidó en prisión en 2020, mientras que Basterra, condenado a 18 años de cárcel, permanece interno en el centro penitenciario de Topas (Salamanca).
Ahora, el padre de Asunta ha solicitado un permiso de salida de tres días. El juez de vigilancia penitenciaria estudia la petición después de que la Junta de Tratamiento de la prisión haya votado esta vez a favor de concedérselo. La decisión contrasta con su anterior solicitud, que contó con la oposición mayoritaria de este órgano y que finalmente fue denegada tras un recurso de la Fiscalía estimado el pasado mes de mayo por la Audiencia de Salamanca.
Basterra permanece en prisión desde septiembre de 2013. Fue detenido el día 25 de aquel mes e ingresó en prisión provisional dos días después, una situación en la que permaneció algo más de dos años. En noviembre de 2015, la Audiencia de A Coruña dictó la condena que posteriormente sería confirmada por el Tribunal Supremo. El juicio, celebrado con jurado popular, estuvo precedido por decenas de periciales y un centenar de interrogatorios, además de unas 90 horas de sesiones.
Las pruebas
El cadáver de Asunta fue encontrado el 22 de septiembre de 2013 por dos personas que caminaban por una cuneta del municipio coruñés de Teo, cerca de Santiago de Compostela. La menor había desaparecido el día anterior. Las contradicciones en los testimonios de sus padres hicieron que las sospechas se dirigieran rápidamente hacia ellos. Inicialmente fueron detenidos por homicidio, aunque posteriormente la acusación se endureció.
Entre las principales pruebas del caso estuvieron los análisis realizados a la víctima, que detectaron Lorazepam, un ansiolítico que alcanzó su mayor concentración en el organismo de Asunta el 21 de septiembre, el día de su desaparición. Los análisis también reflejaron cantidades significativas del medicamento durante julio, cuando dos de sus profesoras de música alertaron de que la niña presentaba un preocupante estado de somnolencia. Su familia lo atribuyó entonces a una supuesta alergia que estaría siendo tratada, una dolencia que su pediatra siempre negó.
La investigación sostuvo que Asunta había ingerido el tranquilizante en el domicilio de Alfonso Basterra, que estaba separado de Rosario Porto. Tras levantarse el secreto de sumario, el 19 de noviembre de 2013 trascendió un auto en el que se recogía la hipótesis de que ambos habían acordado acabar con la vida de la menor. Según esa reconstrucción, él se habría encargado de suministrarle la sustancia para dejarla aturdida y facilitar así una asfixia que ejecutaría ella. Finalmente, ambos fueron condenados por la muerte violenta de su hija, cuya vida había transcurrido prácticamente por completo junto a ellos después de ser adoptada en China.
Este lunes se cumplen trece años de la desaparición y posterior asesinato de Asunta Basterra, uno de los casos que más conmocionaron a España en la última década. Sus padres, Charo Porto y Alfonso Basterra, fueron condenados por la muerte de la niña, que tenía 12 años. Porto se suicidó en prisión en 2020, mientras que Basterra, condenado a 18 años de cárcel, permanece interno en el centro penitenciario de Topas (Salamanca).
Ahora, el padre de Asunta ha solicitado un permiso de salida de tres días. El juez de vigilancia penitenciaria estudia la petición después de que la Junta de Tratamiento de la prisión haya votado esta vez a favor de concedérselo. La decisión contrasta con su anterior solicitud, que contó con la oposición mayoritaria de este órgano y que finalmente fue denegada tras un recurso de la Fiscalía estimado el pasado mes de mayo por la Audiencia de Salamanca.
Basterra permanece en prisión desde septiembre de 2013. Fue detenido el día 25 de aquel mes e ingresó en prisión provisional dos días después, una situación en la que permaneció algo más de dos años. En noviembre de 2015, la Audiencia de A Coruña dictó la condena que posteriormente sería confirmada por el Tribunal Supremo. El juicio, celebrado con jurado popular, estuvo precedido por decenas de periciales y un centenar de interrogatorios, además de unas 90 horas de sesiones.
Las pruebas
El cadáver de Asunta fue encontrado el 22 de septiembre de 2013 por dos personas que caminaban por una cuneta del municipio coruñés de Teo, cerca de Santiago de Compostela. La menor había desaparecido el día anterior. Las contradicciones en los testimonios de sus padres hicieron que las sospechas se dirigieran rápidamente hacia ellos. Inicialmente fueron detenidos por homicidio, aunque posteriormente la acusación se endureció.
Entre las principales pruebas del caso estuvieron los análisis realizados a la víctima, que detectaron Lorazepam, un ansiolítico que alcanzó su mayor concentración en el organismo de Asunta el 21 de septiembre, el día de su desaparición. Los análisis también reflejaron cantidades significativas del medicamento durante julio, cuando dos de sus profesoras de música alertaron de que la niña presentaba un preocupante estado de somnolencia. Su familia lo atribuyó entonces a una supuesta alergia que estaría siendo tratada, una dolencia que su pediatra siempre negó.
La investigación sostuvo que Asunta había ingerido el tranquilizante en el domicilio de Alfonso Basterra, que estaba separado de Rosario Porto. Tras levantarse el secreto de sumario, el 19 de noviembre de 2013 trascendió un auto en el que se recogía la hipótesis de que ambos habían acordado acabar con la vida de la menor. Según esa reconstrucción, él se habría encargado de suministrarle la sustancia para dejarla aturdida y facilitar así una asfixia que ejecutaría ella. Finalmente, ambos fueron condenados por la muerte violenta de su hija, cuya vida había transcurrido prácticamente por completo junto a ellos después de ser adoptada en China.
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