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Margarita Robles, en Ceuta: el valor de algo tan simple como hablar con los vecinos en la calle

Escucha insultos, pero también recibe el reconocimiento de ser la única ministra del Gobierno que ha visitado la ciudad tras la crisis migratoria y que ha bajado un momento a dar la cara

  • Margarita Robles habla con una vecina ceutí... algo insólito entre los ministros del Gobierno.

La ministra de Defensa, Margarita Robles, tiene fama de ser –un poco, no vamos a exagerar– el verso libre del Gobierno de Pedro Sánchez. Lo de verso libre, en otros países, suele ser algo positivo cuando se habla de política, en España no está tan claro... de hecho, si no una crítica abierta, suele llevar carga irónica. No es una loa, suele ser más bien una disculpa.

El caso es que Robles ha ido hoy a Ceuta y ha sido la única ministra, hasta ahora, que se ha parado a hablar con la gente en la calle. La han insultado, claro, pero no demasiado, hay que tener en cuenta que es la jefa de los militares, y los militares, de alguna manera, siguen mandando mucho en la plaza. Una vez recibidos varios insultos ha escuchado a una señora que, entre lágrimas, expresaba su hartazgo por la situación, ver que pasan los días y todos esos miles de jóvenes migrantes –una tontería decir una cifra, porque de 2.000 a 10.000 ya me dirán, la horquilla– siguen deambulando por su ciudad mientras que el Gobierno no solo no hace nada, sino que se ve incapaz incluso de mandar un mensaje claro a la ciudadanía sobre lo que va a hacer. Eso sí: tras abrazar a la señora, Robles, si no aplausos, sí ha recibido relativas muestras de cariño de los ceutíes por "dar la cara", algo que en la política española parece que todavía cotiza.

Es que al Gobierno, según se ha ido sabiendo, no le montaron el pollo en aquella reunión de ministros de Interior de la Unión Europea no porque fuera agosto y 'qué pereza, ya hablamos en septiembre', sino porque España se ha comprometido per se a encontrar una solución a la crisis migratoria sin que el tema salpique lo más mínimo a los socios comunitarios... pero todavía no ha decidido nada. Eclipse total. La solución tipo, la fácil, sería la de 'diluir' en la península a buena parte de los miles de migrantes adultos, pero al Gobierno le han dicho en Europa que por ahí no. Si España lo hiciera, seguramente Francia, que está muy atenta a esta crisis, se pondría en 'modo Italia' y eso ya sí que sería un problema. Pero pasan los días y no hay soluciones, ni siquiera ideas, encima de la mesa: cada despertar, como el dinosaurio del cuento de Monterroso, los miles de migrantes siguen ahí, en Ceuta. 

Más allá de los matices

Repasemos, por ejemplo, lo que dicen los ministros. Ayer, José Manuel Albares, titular de Exteriores afirmaba: "estamos comprometidos en que hasta la última persona que ha entrado irregularmente en España vuelva a Marruecos". Hoy, Grande-Marlaka, ministro de Interior: "para los inmigrantes irregulares que en Ceuta estén involucrados en actos delictivos se solicitará su expulsión inmediata"... que no es lo mismo y no solo por el matiz del acto delictivo. La primera frase hace referencia a una solución más o menos global (menores y subsaharianos seguramente aparte) al problema, mientras que la segunda deja a las claras que el futuro a corto plazo pasa por la 'normalización' de lo que podríamos llamar 'Ceuta+10.000', que suena a programa electoral y ya veremos si no lo es, de partida. 

Pero vamos a acabar con Margarita Robles, el verso líbre 'parcial' que ha terminado diciendo que Ceuta y Melilla son no españolas, sino "españolísimas", eso sí, añadiendo justo antes ese casposillo "lo siguiente"... Robles ha bajado a escuchar a la gente –parafraseando al presidente Kennedy en el Berlín del Muro ha estado a punto de decir "soy una ceutí"–, días atrás había apuntado a la responsabilidad de Marruecos, al menos por omisión, y desautorizado a Marlaska al decir que había informes del CNI que hablaban de la entrada multitudinaria de inmigrantes (eso sí, no ha dado detalles ni de su contenido ni de qué se hizo con ellos). Ahora va y deja en el aire si el día 18 irá al Senado a hablar de la crisis (y se enfrentará abiertamente a Moncloa), que parece que es lo que le pide el cuerpo, o vuelve al redil, en este caso de dinosaurios... 

La ministra de Defensa, Margarita Robles, tiene fama de ser –un poco, no vamos a exagerar– el verso libre del Gobierno de Pedro Sánchez. Lo de verso libre, en otros países, suele ser algo positivo cuando se habla de política, en España no está tan claro... de hecho, si no una crítica abierta, suele llevar carga irónica. No es una loa, suele ser más bien una disculpa.

El caso es que Robles ha ido hoy a Ceuta y ha sido la única ministra, hasta ahora, que se ha parado a hablar con la gente en la calle. La han insultado, claro, pero no demasiado, hay que tener en cuenta que es la jefa de los militares, y los militares, de alguna manera, siguen mandando mucho en la plaza. Una vez recibidos varios insultos ha escuchado a una señora que, entre lágrimas, expresaba su hartazgo por la situación, ver que pasan los días y todos esos miles de jóvenes migrantes –una tontería decir una cifra, porque de 2.000 a 10.000 ya me dirán, la horquilla– siguen deambulando por su ciudad mientras que el Gobierno no solo no hace nada, sino que se ve incapaz incluso de mandar un mensaje claro a la ciudadanía sobre lo que va a hacer. Eso sí: tras abrazar a la señora, Robles, si no aplausos, sí ha recibido relativas muestras de cariño de los ceutíes por "dar la cara", algo que en la política española parece que todavía cotiza.

Es que al Gobierno, según se ha ido sabiendo, no le montaron el pollo en aquella reunión de ministros de Interior de la Unión Europea no porque fuera agosto y 'qué pereza, ya hablamos en septiembre', sino porque España se ha comprometido per se a encontrar una solución a la crisis migratoria sin que el tema salpique lo más mínimo a los socios comunitarios... pero todavía no ha decidido nada. Eclipse total. La solución tipo, la fácil, sería la de 'diluir' en la península a buena parte de los miles de migrantes adultos, pero al Gobierno le han dicho en Europa que por ahí no. Si España lo hiciera, seguramente Francia, que está muy atenta a esta crisis, se pondría en 'modo Italia' y eso ya sí que sería un problema. Pero pasan los días y no hay soluciones, ni siquiera ideas, encima de la mesa: cada despertar, como el dinosaurio del cuento de Monterroso, los miles de migrantes siguen ahí, en Ceuta. 

Más allá de los matices

Repasemos, por ejemplo, lo que dicen los ministros. Ayer, José Manuel Albares, titular de Exteriores afirmaba: "estamos comprometidos en que hasta la última persona que ha entrado irregularmente en España vuelva a Marruecos". Hoy, Grande-Marlaka, ministro de Interior: "para los inmigrantes irregulares que en Ceuta estén involucrados en actos delictivos se solicitará su expulsión inmediata"... que no es lo mismo y no solo por el matiz del acto delictivo. La primera frase hace referencia a una solución más o menos global (menores y subsaharianos seguramente aparte) al problema, mientras que la segunda deja a las claras que el futuro a corto plazo pasa por la 'normalización' de lo que podríamos llamar 'Ceuta+10.000', que suena a programa electoral y ya veremos si no lo es, de partida. 

Pero vamos a acabar con Margarita Robles, el verso líbre 'parcial' que ha terminado diciendo que Ceuta y Melilla son no españolas, sino "españolísimas", eso sí, añadiendo justo antes ese casposillo "lo siguiente"... Robles ha bajado a escuchar a la gente –parafraseando al presidente Kennedy en el Berlín del Muro ha estado a punto de decir "soy una ceutí"–, días atrás había apuntado a la responsabilidad de Marruecos, al menos por omisión, y desautorizado a Marlaska al decir que había informes del CNI que hablaban de la entrada multitudinaria de inmigrantes (eso sí, no ha dado detalles ni de su contenido ni de qué se hizo con ellos). Ahora va y deja en el aire si el día 18 irá al Senado a hablar de la crisis (y se enfrentará abiertamente a Moncloa), que parece que es lo que le pide el cuerpo, o vuelve al redil, en este caso de dinosaurios... 

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