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El caso Lindsay Clancy, la mujer acusada de matar a sus tres hijos en un supuesto brote psicótico, termina sin respuesta

El juicio ha sido declarado nulo tras siete días de deliberaciones y sin unanimidad sobre su responsabilidad penal

  • Lindsay Clancy durante el juicio.

El caso de Lindsay Clancy, la enfermera estadounidense que mató a sus tres hijos en su casa de Duxbury, Massachusetts, vuelve prácticamente al punto de partida. Después de cinco semanas de juicio y siete días de deliberaciones, el juez William Sullivan ha declarado nulo el proceso ante la imposibilidad del jurado de alcanzar un veredicto unánime.

Según la versión ofrecida por la defensa, once de los doce miembros estaban dispuestos a considerarla no culpable por enfermedad mental, mientras uno mantenía una posición contraria. Las deliberaciones son secretas y ese reparto no constituye un veredicto oficial.

Tres niños muertos y una pregunta decisiva

Los hechos ocurrieron el 24 de enero de 2023. Cora, de cinco años, Dawson, de tres, y Callan, de ocho meses, fueron estrangulados por su madre. Los dos mayores murieron aquel día y el bebé falleció tres días después.

Clancy intentó posteriormente quitarse la vida saltando desde una ventana del segundo piso. Sobrevivió, aunque las lesiones sufridas en la médula espinal la dejaron paralizada de cintura para abajo.

Durante el juicio nunca se discutió que ella hubiera matado a sus hijos. La cuestión era otra: determinar si comprendía lo que estaba haciendo y podía ser considerada penalmente responsable.

"Una voz me ordenó matar a mis hijos"

Tras el nacimiento de Callan, Clancy había sufrido ansiedad, insomnio, depresión y pensamientos intrusivos. Entre el otoño de 2022 y enero de 2023 llegaron a recetarle trece medicamentos psiquiátricos distintos, aunque no los tomaba todos simultáneamente. También ingresó voluntariamente durante cinco días en un hospital psiquiátrico.

Después de las muertes afirmó: "Una voz me ordenó matar a mis hijos y después matarme yo".

La defensa sostuvo que padecía una grave enfermedad mental que anulaba su capacidad para comprender sus actos. La Fiscalía defendió lo contrario: que estaba deprimida, pero era consciente de lo que hacía y había preparado el momento enviando a su marido fuera de casa.

El desacuerdo ha dejado el caso sin condena y sin absolución. Los cargos continúan vigentes, la Fiscalía puede volver a juzgarla y Lindsay Clancy permanecerá vinculada al sistema psiquiátrico y judicial mientras se decide su futuro.

El caso de Lindsay Clancy, la enfermera estadounidense que mató a sus tres hijos en su casa de Duxbury, Massachusetts, vuelve prácticamente al punto de partida. Después de cinco semanas de juicio y siete días de deliberaciones, el juez William Sullivan ha declarado nulo el proceso ante la imposibilidad del jurado de alcanzar un veredicto unánime.

Según la versión ofrecida por la defensa, once de los doce miembros estaban dispuestos a considerarla no culpable por enfermedad mental, mientras uno mantenía una posición contraria. Las deliberaciones son secretas y ese reparto no constituye un veredicto oficial.

Tres niños muertos y una pregunta decisiva

Los hechos ocurrieron el 24 de enero de 2023. Cora, de cinco años, Dawson, de tres, y Callan, de ocho meses, fueron estrangulados por su madre. Los dos mayores murieron aquel día y el bebé falleció tres días después.

Clancy intentó posteriormente quitarse la vida saltando desde una ventana del segundo piso. Sobrevivió, aunque las lesiones sufridas en la médula espinal la dejaron paralizada de cintura para abajo.

Durante el juicio nunca se discutió que ella hubiera matado a sus hijos. La cuestión era otra: determinar si comprendía lo que estaba haciendo y podía ser considerada penalmente responsable.

"Una voz me ordenó matar a mis hijos"

Tras el nacimiento de Callan, Clancy había sufrido ansiedad, insomnio, depresión y pensamientos intrusivos. Entre el otoño de 2022 y enero de 2023 llegaron a recetarle trece medicamentos psiquiátricos distintos, aunque no los tomaba todos simultáneamente. También ingresó voluntariamente durante cinco días en un hospital psiquiátrico.

Después de las muertes afirmó: "Una voz me ordenó matar a mis hijos y después matarme yo".

La defensa sostuvo que padecía una grave enfermedad mental que anulaba su capacidad para comprender sus actos. La Fiscalía defendió lo contrario: que estaba deprimida, pero era consciente de lo que hacía y había preparado el momento enviando a su marido fuera de casa.

El desacuerdo ha dejado el caso sin condena y sin absolución. Los cargos continúan vigentes, la Fiscalía puede volver a juzgarla y Lindsay Clancy permanecerá vinculada al sistema psiquiátrico y judicial mientras se decide su futuro.

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