Un ingeniero argentino fue asesinado a puñaladas en su vivienda de un lujoso barrio de Las Tablas, en Madrid, y el presunto autor del crimen, quien sospechaba que su esposa mantenía una aventura con la víctima, se suicidó poco después. El caso, conocido en España como el crimen del gas pimienta, ha impactado por la violencia del ataque y su desenlace.
La víctima fue identificada como Facundo Rico, de 37 años, quien residía en el sexto piso del bloque E de una urbanización situada en el número 4 de la calle de Cirauqui. El hallazgo se produjo el martes 14 de julio, cuando efectivos de la Policía Nacional acudieron al edificio tras recibir un aviso por los gritos que provenían del domicilio, a lo que se sumó un fuerte olor a un producto químico detectado en el inmueble. Al entrar en la vivienda, los agentes encontraron a Rico tendido en el suelo de la cocina con 13 puñaladas en el abdomen, la espalda y uno de sus omóplatos.
Un ingeniero con una carrera internacional
El argentino llevaba viviendo en España desde hacía más de una década. Antes de instalarse en Madrid había residido en Extremadura y, según relató el portero del edificio, ocupaba la vivienda donde fue hallado desde hacía tres o cuatro años. El mismo portero señaló que Rico trabajaba como ingeniero experto en energías renovables y que alquilaba la vivienda. Según el diario El Mundo, el argentino llevaba un alto nivel de vida y mantenía una intensa actividad social, por lo que sus vecinos estaban acostumbrados a las visitas de desconocidos y a las fiestas que organizaba en el lugar.
Rico había cursado dos másteres y obtenido un doctorado en la Universidad Complutense de Madrid centrado en la optimización de la limpieza de plantas fotovoltaicas, su principal campo de especialización. A lo largo de su carrera había ocupado cargos como responsable de proyectos eólicos y fotovoltaicos en países como Uzbekistán, y apenas dos meses antes del crimen había cambiado de puesto de trabajo.
El ataque y la investigación policial
El presunto autor del crimen fue identificado como Alberto Juan, de 65 años y de nacionalidad española. Según la investigación, la mañana del martes 14 de julio se presentó en la vivienda de Rico y, cuando este abrió la puerta, lo roció con gas pimienta para inmovilizarlo antes de atacarlo.
Los primeros datos de la investigación descartaron el robo como móvil del crimen, ya que la puerta de entrada no presentaba signos de haber sido forzada y no se detectó la falta de objetos de valor en el domicilio. La víctima, que no tenía antecedentes policiales y vivía sola desde hacía varios años, aparentemente conocía a su atacante y le permitió el acceso de forma voluntaria.
La identificación del sospechoso se facilitó gracias al testimonio del portero del edificio, quien declaró haberse cruzado en el hall con un hombre de contextura "robusta y gruesa" que abandonaba el edificio con rapidez poco después de escucharse los gritos de auxilio. A esto se sumaron las grabaciones de cámaras de seguridad públicas y de comercios vecinos, que registraron a un hombre con gorra y gafas de sol subiendo a un coche rojo estacionado frente a una clínica cercana.
La investigación, a cargo del Grupo V de Homicidios, se centró rápidamente en el entorno de la víctima bajo la hipótesis de una "motivación sentimental". Según el periódico El País, el presunto agresor habría actuado movido por la sospecha de que su esposa, una mujer de unos 50 años, mantenía una relación con el ingeniero. Aunque este vínculo no ha sido confirmado oficialmente, los investigadores comprobaron que la mujer del sospechoso y Rico coincidían habitualmente en un gimnasio cercano al domicilio de la víctima.
Tras el ataque, Alberto Juan se dirigió en su coche hacia el municipio de La Adrada, en la provincia de Ávila, donde el matrimonio poseía una segunda vivienda. Según el relato de su esposa, el hombre llegó al lugar alegando haber estado realizando "gestiones" en Madrid. Sin embargo, el miércoles 15 de julio, tras la difusión de los detalles del crimen en los medios de comunicación, el sospechoso se dirigió al paraje natural conocido como el Charco de la Olla, donde fue visto por una pareja antes de quitarse la vida saltando por una garganta.
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