Tres días después del aluvión de casi 50.000 personas que cruzaron de forma irregular desde Marruecos, Ceuta empieza a respirar. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, se ha desplazado este sábado hasta la ciudad autónoma para hacer balance y ha lanzado un mensaje optimista: "En menos de 48 horas, la situación en Ceuta no tiene nada que ver y la normalidad se está consiguiendo". El ministro insiste en que "enseguida se pusieron en marcha los medios y recursos necesarios" y ha defendido la gestión del Gobierno frente a las críticas.
Según sus datos, de las cerca de 50.000 personas que entraron entre el jueves y el viernes, más de 48.000 ya han regresado a Marruecos en menos de dos días. El Ejecutivo remarca, además, que nadie ha logrado salir hacia la Península. La cifra de fallecidos, eso sí, sigue creciendo: la Guardia Civil ha localizado nuevos cuerpos en la zona del espigón del Tarajal, y el balance total ya asciende a 67 muertos.
La jornada del sábado arrancó con la instalación, a primera hora, de una barrera de contención de 500 metros en el propio espigón, pensada para frenar nuevas entradas a nado. Se trata de una estructura neumática de hasta un metro de profundidad, reforzada con boyas de la Armada y un canal para el paso de las embarcaciones de la Guardia Civil. Según fuentes oficiales, la madrugada transcurrió "con normalidad", sin incidentes y con las entradas completamente detenidas.
El cambio se nota también en las calles. Los comercios han vuelto a levantar la persiana. El tráfico circula sin problemas y las gasolineras funcionan con normalidad, una estampa bien distinta a la vivida apenas 48 horas antes.
Mientras tanto, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, trasladaba el pulso de la crisis al terreno diplomático. En una carta enviada a Bruselas, dirigida a Ursula von der Leyen y Antonio Costa, el jefe del Ejecutivo expresó su "profunda preocupación" por la reacción de varios socios europeos ante lo sucedido en Ceuta y reivindicó que España había logrado restablecer el control fronterizo con "muy escaso apoyo" de otros Estados miembros. Sánchez aprovechó también para pedir una videoconferencia urgente de los ministros de Interior de la UE, con el objetivo de coordinar una respuesta común ante este tipo de situaciones.
La recuperación no se limita a Ceuta. Pasadas las 11 de la mañana, el Gobierno anunció también la reapertura gradual de la frontera de Melilla, en el paso de Beni Enzar, aunque de momento solo para el tránsito de vehículos vinculados a la Operación Paso del Estrecho, en grupos escalonados de veinte coches.
Para Marlaska, lo ocurrido en los últimos días fue directamente "un ataque a la integridad de Ceuta", y defendió que frenar la llegada irregular de migrantes "es salvar vidas". Un mensaje con el que el Gobierno trata de cerrar, al menos institucionalmente, una de las crisis migratorias más graves sufridas por España en los últimos años.
Tres días después del aluvión de casi 50.000 personas que cruzaron de forma irregular desde Marruecos, Ceuta empieza a respirar. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, se ha desplazado este sábado hasta la ciudad autónoma para hacer balance y ha lanzado un mensaje optimista: "En menos de 48 horas, la situación en Ceuta no tiene nada que ver y la normalidad se está consiguiendo". El ministro insiste en que "enseguida se pusieron en marcha los medios y recursos necesarios" y ha defendido la gestión del Gobierno frente a las críticas.
Según sus datos, de las cerca de 50.000 personas que entraron entre el jueves y el viernes, más de 48.000 ya han regresado a Marruecos en menos de dos días. El Ejecutivo remarca, además, que nadie ha logrado salir hacia la Península. La cifra de fallecidos, eso sí, sigue creciendo: la Guardia Civil ha localizado nuevos cuerpos en la zona del espigón del Tarajal, y el balance total ya asciende a 67 muertos.
La jornada del sábado arrancó con la instalación, a primera hora, de una barrera de contención de 500 metros en el propio espigón, pensada para frenar nuevas entradas a nado. Se trata de una estructura neumática de hasta un metro de profundidad, reforzada con boyas de la Armada y un canal para el paso de las embarcaciones de la Guardia Civil. Según fuentes oficiales, la madrugada transcurrió "con normalidad", sin incidentes y con las entradas completamente detenidas.
El cambio se nota también en las calles. Los comercios han vuelto a levantar la persiana. El tráfico circula sin problemas y las gasolineras funcionan con normalidad, una estampa bien distinta a la vivida apenas 48 horas antes.
Mientras tanto, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, trasladaba el pulso de la crisis al terreno diplomático. En una carta enviada a Bruselas, dirigida a Ursula von der Leyen y Antonio Costa, el jefe del Ejecutivo expresó su "profunda preocupación" por la reacción de varios socios europeos ante lo sucedido en Ceuta y reivindicó que España había logrado restablecer el control fronterizo con "muy escaso apoyo" de otros Estados miembros. Sánchez aprovechó también para pedir una videoconferencia urgente de los ministros de Interior de la UE, con el objetivo de coordinar una respuesta común ante este tipo de situaciones.
La recuperación no se limita a Ceuta. Pasadas las 11 de la mañana, el Gobierno anunció también la reapertura gradual de la frontera de Melilla, en el paso de Beni Enzar, aunque de momento solo para el tránsito de vehículos vinculados a la Operación Paso del Estrecho, en grupos escalonados de veinte coches.
Para Marlaska, lo ocurrido en los últimos días fue directamente "un ataque a la integridad de Ceuta", y defendió que frenar la llegada irregular de migrantes "es salvar vidas". Un mensaje con el que el Gobierno trata de cerrar, al menos institucionalmente, una de las crisis migratorias más graves sufridas por España en los últimos años.
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