Lo cierto es que la Unión Europea (UE) está cansada de España en lo que se refiere a la política migratoria y no es una cuestión de ahora. Es imposible saber en qué medida se le hace saber al Gobierno español por parte del resto de los socios en las cumbres de la UE, si se le dice explícitamente o se soslaya, pero es algo que está ahí. Se esté de acuerdo o no –no vamos a entrar ahí– la UE ha intentado establecer un mínimo de política de inmigración común –sobre todo después del Brexit, de la marcha del Reino Unido, obsesionado con retomar el control de sus fronteras– que España no solo no atiende sino que ha decidido abiertamente ir por libre. Es así de simple.
En Europa hay acuerdo en modular (bien, es cierto, léase restringir) los ciclos migratorios, mientras que el Gobierno de España ha decidido hacer política nacional con un tema que en la UE se considera especialmente sensible. Varios países europeos ya mostraron su desacuerdo con la regulación de migrantes irregulares, que al final ha alcanzado a más de un millón de personas, y que ahora se encuentran con las impresionantes imágenes de lo acaecido en Ceuta. Visto desde España es cierto que no es tan sencillo establecer un cordón umbilical, una causa-efecto entre ambos hechos con la rapidez que se ha hecho en distintos países europeos, que inmediatamente han relacionado la regulación de inmigrantes con la 'invasión' –por ahora con comillas– de Ceuta por decenas de miles de marroquíes y algunos grupos de subsaharianos, de hecho en España, a tenor precisamente de lo ocurrido con la 'invasión' de 2021 (con la admisión hospitalaria en España de un líder del Frente Polisario), es fácil disociar ambos sucesos.
El primer país en alzar la voz ha sido Italia, pero no ha sido la presidenta, Giorgia Meloni. Es importante resaltar que ha sido su vicepresidente y ministro de Exteriores, Antonio Tajani, el que ha pedido cerrar la libre circulación del espacio Schengen a España, tras los acontecimientos de Ceuta. No debemos olvidarnos de que Tajani (Forza Italia) esta en el PP europeo, es una persona moderada y con prestigio en toda Europa, y que fue quien vino a España a recoger el Premio Príncipe de Asturias a la Concordia en 2017, en su calidad de presidente, por entonces, del Parlamento Europeo. Al cierre de estas líneas, Italia ha anunciado finalmente que suspende el acuerdo de Schengen por la crisis de Ceuta, una decisión que, sin duda, tendrá consecuencias en sus relaciones diplomáticas con España y que no tiene precedentes desde la entrada en vigor del tratado en 1995.
Finlandia se ha unido a la idea lanzada por Italia, y Francia, que en algunos momentos ha dado a entender su hastío por la políticas migratorias de su vecino del sur (España), ha manifestado que se está pensando la posibilidad de suspender también el acuerdo de Schengen. De hecho, Francia ya había anunciado sus reservas respecto a los 'papeles' que España estaba concediendo en la regulación, dando a entender que no los va a reconocer, que por lo que a ella respecta se trata de unos papeles, digamos, B. También Estados Unidos ha advertido a España de que asuma responsabilidades apelando, ni más ni menos, a que "está en juego su propia desaparición".
Todo esto se produce (escribimos un poco sobre la marcha, son las siete de la tarde) cuando el Ministerio de Interior ha señalado que más de 48.000 de los 50.000 migrantes que entraron en Ceuta han decidido volver a Marruecos, a la vez que se reconocen 57 muertos en aguas ceutíes.
Queda en el aire confirmar si, en efecto, quedan en Ceuta unos 2.000 migrantes, y si esa cifra, infinitamente más manejable, haría que se replantearan su posición –visto así, un tanto precipitada– los países europeos que se han pronunciado abiertamente contra España. En cualquier caso, no deja de ser un serio aviso de la UE hacia las políticas del Gobierno de Pedro Sánchez...
Lo cierto es que la Unión Europea (UE) está cansada de España en lo que se refiere a la política migratoria y no es una cuestión de ahora. Es imposible saber en qué medida se le hace saber al Gobierno español por parte del resto de los socios en las cumbres de la UE, si se le dice explícitamente o se soslaya, pero es algo que está ahí. Se esté de acuerdo o no –no vamos a entrar ahí– la UE ha intentado establecer un mínimo de política de inmigración común –sobre todo después del Brexit, de la marcha del Reino Unido, obsesionado con retomar el control de sus fronteras– que España no solo no atiende sino que ha decidido abiertamente ir por libre. Es así de simple.
En Europa hay acuerdo en modular (bien, es cierto, léase restringir) los ciclos migratorios, mientras que el Gobierno de España ha decidido hacer política nacional con un tema que en la UE se considera especialmente sensible. Varios países europeos ya mostraron su desacuerdo con la regulación de migrantes irregulares, que al final ha alcanzado a más de un millón de personas, y que ahora se encuentran con las impresionantes imágenes de lo acaecido en Ceuta. Visto desde España es cierto que no es tan sencillo establecer un cordón umbilical, una causa-efecto entre ambos hechos con la rapidez que se ha hecho en distintos países europeos, que inmediatamente han relacionado la regulación de inmigrantes con la 'invasión' –por ahora con comillas– de Ceuta por decenas de miles de marroquíes y algunos grupos de subsaharianos, de hecho en España, a tenor precisamente de lo ocurrido con la 'invasión' de 2021 (con la admisión hospitalaria en España de un líder del Frente Polisario), es fácil disociar ambos sucesos.
El primer país en alzar la voz ha sido Italia, pero no ha sido la presidenta, Giorgia Meloni. Es importante resaltar que ha sido su vicepresidente y ministro de Exteriores, Antonio Tajani, el que ha pedido cerrar la libre circulación del espacio Schengen a España, tras los acontecimientos de Ceuta. No debemos olvidarnos de que Tajani (Forza Italia) esta en el PP europeo, es una persona moderada y con prestigio en toda Europa, y que fue quien vino a España a recoger el Premio Príncipe de Asturias a la Concordia en 2017, en su calidad de presidente, por entonces, del Parlamento Europeo. Al cierre de estas líneas, Italia ha anunciado finalmente que suspende el acuerdo de Schengen por la crisis de Ceuta, una decisión que, sin duda, tendrá consecuencias en sus relaciones diplomáticas con España y que no tiene precedentes desde la entrada en vigor del tratado en 1995.
Finlandia se ha unido a la idea lanzada por Italia, y Francia, que en algunos momentos ha dado a entender su hastío por la políticas migratorias de su vecino del sur (España), ha manifestado que se está pensando la posibilidad de suspender también el acuerdo de Schengen. De hecho, Francia ya había anunciado sus reservas respecto a los 'papeles' que España estaba concediendo en la regulación, dando a entender que no los va a reconocer, que por lo que a ella respecta se trata de unos papeles, digamos, B. También Estados Unidos ha advertido a España de que asuma responsabilidades apelando, ni más ni menos, a que "está en juego su propia desaparición".
Todo esto se produce (escribimos un poco sobre la marcha, son las siete de la tarde) cuando el Ministerio de Interior ha señalado que más de 48.000 de los 50.000 migrantes que entraron en Ceuta han decidido volver a Marruecos, a la vez que se reconocen 57 muertos en aguas ceutíes.
Queda en el aire confirmar si, en efecto, quedan en Ceuta unos 2.000 migrantes, y si esa cifra, infinitamente más manejable, haría que se replantearan su posición –visto así, un tanto precipitada– los países europeos que se han pronunciado abiertamente contra España. En cualquier caso, no deja de ser un serio aviso de la UE hacia las políticas del Gobierno de Pedro Sánchez...
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