Weisshorn, la destilería sanluqueña para 'frikis' de la música: "Envejecemos los espirituosos con canciones"

A golpe de rock y flamenco, esta empresa sanluqueña consigue transformar la ciencia de los destilados en romance. En sus botas de roble de palo cortado envejecen sus brandies y ginebras con horas de música, consiguiendo un resultado diferente con cada melodía

Roberto Payá y María Eugenia Rodríguez, dueños de la destilería sanluqueña Weisshorn
Roberto Payá y María Eugenia Rodríguez, dueños de la destilería sanluqueña Weisshorn MANU GARCÍA

En una pequeña sala, un alambique de cobre trabaja sin cesar para poder sacar la primera prueba del destilado que están preparando. Roberto Payá (Sevilla, 51) y María Eugenia Rodríguez (Sanlúcar, 47), dueños de la destilería sanluqueña Weisshorn, mecen el resultado en una copa asegurando que todos los matices estén presentes en cada sorbo.

Todo aquel que beba tiene que encontrar Sanlúcar al saborearlo, porque quieren que la esencia de su tierra sea el componente principal de su producto. Solo su nombre ya lleva parte de la historia de la ciudad: Weisshorn es como se llamaba el famoso barco del arroz encallado a las puertas de la desembocadura del Guadalquivir. Un accidente histórico que se ha convertido en un símbolo insustituible del atardecer sanluqueño.

Situado en el enigmático Barrio Alto, abrieron la empresa en 2019. Primero empezaron con una ginebra a la que bautizaron Luciferi, que significa luz divina. Así era como llamaban en la época tartésica el templo levantado a orillas del lago Ligustino, que se identifica con los orígenes de la actual ciudad de Sanlúcar. “Queríamos hacer una ginebra clásica, utilizando los botánicos de Doñana y envejeciéndolo en barriles de palo cortados”, narra Rodríguez y explica que su meta es hacer Whisky, “pero ahora hemos comenzado con los brandies”.

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Roberto Payá trabajando en la destilería Weisshorn.   MANU GARCÍA

En la tierra del vino y el velo de flor, ellos apostaron por embotellar espirituosos. Una tradición que se había perdido en la ciudad desde hace un siglo, cuando cada bodega disponía de un alambique. Sin embargo, querían darle más carácter y dotarlo de un toque vanguardista  para diferenciarlo de los destilados típicos de la zona. “En lugar de utilizar un vino joven, lo hacemos con materias primas ya con una alta calidad como es el oloroso. Lo destilamos y obtenemos una bebida que ya arrastra una vejez y unos aromas diferentes”, expone María Eugenia Rodríguez.

“Hacemos lotes de muy poca cantidad porque todo es muy artesanal”, aclara la sanluqueña y avanza que no es fácil enfrascar la esencia de una tierra en una tierra como Sanlúcar, pero todo está en los detalles. Para ello pone de ejemplo su último producto de edición limitada: “Hemos cogido la manzanilla, junto a fumet de langostinos, con sal de la salina y hierbas botánicas de Doñana. Todo eso junto da lugar a una ginebra única. Es irrepetible”.  

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María Eugenia Rodríguez catando un destilado.    MANU GARCÍA

El ingenio y empuje de este matrimonio le llevaron a ir más allá y mezclar sus dos pasiones en un solo producto: la música y la ciudad a la que ambos aman. De estos amores nació el proyecto Soundcask, una técnica propia que consiste en realizar destilados a partir de vinos del Marco de Jerez y envejecerlo cada día con ondas de una canción diferente. “Cada barril tiene integrado un altavoz específico para sonidos graves que genera pequeñas vibraciones que aceleran el envejecimiento”, explica Roberto Payá.

“Yo tenía esta idea rondando cuando vi un artículo que Metallica había contratado al maestro destilador de Jack Daniels. Ellos envejecieron el whisky con la banda sonora. Nunca enseñaron cómo lo hacían, así que empecé a experimentar con mi hijo, que es músico. Hasta que poco a poco fuimos mejorando la forma con altavoces especializados”, expone Payá, que se define a él mismo como un ‘friki’ de la música.  El método es pura alquimia, pero entre ambos han sabido encontrar la parte más romántica de la ciencia. “Si la música es más tranquila, el destilado no tendrá tanta potencia. Si le pongo un disco de Led Zeppelin, por ejemplo, tendrá más potencia”, explica.

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Vermut artesanal de la destilería Weisshorn.   MANU GARCÍA

Un retrato en la pared adelanta cuál sería su primer experimento. En una foto con más de 30 años de antigüedad, Roberto y María Eugenia posan junto a Roger Waters, cantante del icónico grupo de rock Pink Floyd: “Tuve la suerte de verlo y regalarle un disco de Triana, por eso el primer proyecto lo hicimos con su disco en solitario The Pros and Cons of Hitch Hiking de 1984". Es una obra conceptual que habla de “sueños” a golpe de rock y, aunque no está patentado con el nombre del artista, la botella tiene un guiño que solo los fans entenderán.

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Botella dedicada a Roger Waters, cantante del grupo de rock Pink Floyd.    MANU GARCÍA

Su primera botella con derechos de autor tiene la firma de Eduardo Rodríguez Rodway, vocalista del grupo Triana. El brandy que lleva la esencia de este grupo andaluz envejeció con las ondas de una de sus obras más emblemáticas: Del crepúsculo lento nacerá el rocío.  46 minutos de su música que, durante 14 meses, todos los días, han hecho vibrar su barril. La etiqueta canaliza a la perfección la esencia del artista: “Como él vive en los Caños de Meca, mi hijo me hizo una ilustración del faro de Trafalgar convertido convirtiéndose en vela. Cuando la vio le encantó y sin dudar me dijo pa'lante”, cuenta el sevillano a lavozdelsur.es.

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Botella dedicada a Triana.    MANU GARCÍA

Tras comercializar su dos primeras melodías líquidas, decidieron conquistar los paladares con un albúm 03. “Hemos preparado un destilado de arroz 100% al que le hemos forzado el envejecimiento mediante luz directa, oxigenación y maceración de virutas de roble americano de duelas viejas y carbón de piña de pino piñonero, durante 11 días”, cuenta. Se madura con música de Zennyo, el album Ryūō (2021), durante 7 meses. La música y la etiqueta corren a cuenta de sus dos hijos: porque el arte es algo de familia.

Para cerrar su experiencia sonora crearon Sherish Criaderas y Soleras. “Nos inspiramos en los vinos de la tierra para crear una ginebra de estilo inglés, Navy Strength. Todo un homenaje al recuerdo del Sherry Case donde conocimos los orígenes de la palabra que da nombre a la zona vitivinícola con más prestigio del mundo”, expresa Payá. Todas las noches, el barril vibra con con música de La Banda Morisca y su álbum Gitana Mora (2020) .

En sus barriles reposan espirituosos con diferentes melodías. Los autores de sus próximas sacas son todavía un enigma por descubrir. Como proyecto futuro les queda la espinita de embotellar las notas de la guitarra de Manolo Sanlúcar, pero lo que suena en sus barriles prevé unos destilados únicos e irrepetibles.

Sobre el autor:

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Lucía Velázquez

Natural de Sanlúcar de Barrameda, estudió periodismo en la Universidad Complutense de Madrid. Aprendió el oficio entre las paredes de la redacción de Europa Press y luego pasó a seguir creciendo en el diario Público. Especializada en temas de feminismo, migración y fake news, cree en un periodismo comprometido con el derecho a una información veraz a través del respeto de testimonios, las fuentes y la empatía.

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