Una tarabilla se posa en una rama. Al fondo, los aerogeneradores se mueven con rapidez un día de levante fuerte. El pajarillo no se inmuta. Se queda observando la Salina San José, en El Puerto, marisma que continúa restaurándose en un entorno donde no cesa la aparición de garrafas de petaqueo. Es la única artesanal en activo abierta al público gracias a la iniciativa de Ángel León, el chef del mar, que sigue cumpliendo su sueño dando vida a los alrededores del restaurante. Aponiente ha impulsado un nuevo proyecto para estudiar la captura y el almacenamiento de carbono azul en la Bahía de Cádiz. La primera iniciativa privada de carbono azul que tiene lugar en España.
El vendaval hace entornar los ojos de dos hombres que participan en la recuperación del enclave. Juan Martín, ambientólogo de Aponiente, con sus inseparables botas, prismáticos y telescopio; y el catedrático de la Universidad de Cádiz, Sokratis Papaspyrou, griego que llegó a la UCA en 2008 y, desde 2018 ejerce como docente en el área de Ecología. Ambos, como el pajarillo, se quedan mirando una zona de unas 8 hectáreas donde se desarrolla el proyecto en colaboración con la Diputación de Cádiz.
El equipo de I+D de Aponiente e investigadores de la UCA se han unido para llevar a cabo intervenciones que empezaron en febrero de este año. Desde entonces, participan distintos grupos como Ecología microbiana y biogeoquímica, Geología y Geofísica litoral y marina, y el Servicio de Drones que trabaja en contacto permanente con los biólogos, pescadores y tecnólogos de Aponiente. Un equipo multidisciplinar que busca recuperar las funciones ecológicas de la marisma y favorecer su biodiversidad. Las salinas artesanales y los esteros llevan años abandonados, algunas, directamente, nunca se podrán salvar y, cada vez que hay movimiento en algún punto, las personas como Juan Martín, que lleva un cuarto se siglo trabajando por estos lugares, lo celebran.

- Imagen aérea de la Salina de San José en El Puerto.
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- JUAN CARLOS TORO
“Tenemos un territorio con un patrimonio natural absolutamente incalculable que no sabemos ni querer, ni gestionar, ni cuidar”, dice el biólogo. Para él, “es una extraordinaria noticia que Ángel León, no solo restaure una marisma con criterios del siglo XXI bajo la premisa de la sostenibilidad, de la tradición y de la artesanía sino también vaya de la mano de científicos, que son los que saben de verdad”. Por eso, expertos como Sokratis contribuyen a renaturalizar este entorno que ha perdido parte de sus funciones ecológicas.
Durante los próximos años él y su equipo estarán pendientes de la evolución. Quieren saber cuánto carbono puede llegar a almacenar. "Es muy importante que sigamos su desarrollo a lo largo de los años, porque esos espacios ofrecen distintos servicios ecosistémicos", explica el investigador. La zona se encuentra en un estado intermedio: hace décadas funcionaba como salina, después quedó abandonada y desde entonces ha comenzado a transformarse lentamente.
Según explica, en el pasado, la entrada del agua estaba controlada mediante compuertas y canales. Cuando cesó aquella actividad, los conductos comenzaron a colmatarse de sedimentos, dificultando la circulación de las mareas. Sin una subida suficiente del nivel del agua, buena parte del terreno permanecía seco y sus funciones ecológicas se veían limitadas. Su intervención consiste precisamente en recuperar la circulación natural del agua a través de la apertura de canales, un paso fundamental para favorecer la regeneración de la marisma.

- Juan Martín, ambientólogo de Aponiente.
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- JUAN CARLOS TORO
Uno de los aspectos centrales de la investigación es el denominado carbono azul, el carbono que los ecosistemas costeros capturan de la atmósfera y almacenan en su vegetación y, especialmente, en los sedimentos. Las primeras estimaciones, basadas en tasas de referencia publicadas para otras marismas, sitúan el potencial del conjunto de la huerta marina en unas 150 toneladas de CO2 equivalente al año. Sin embargo, esta cifra todavía deberá ser contrastada mediante mediciones sobre el terreno.
El científico establece una comparación sencilla para explicar su importancia: mientras que el carbono verde está asociado a los bosques, el azul corresponde a los ecosistemas acuáticos y marinos. "El carbono azul es el carbono que secuestran los ecosistemas acuáticos, costeros, marinos. Azul por el mar”, explica.
Las plantas y las algas capturan carbono y lo incorporan a su biomasa. Con el tiempo, parte termina depositándose en capas profundas del sedimento, donde puede permanecer almacenado durante periodos extraordinariamente largos. "Lo más importante es que parte de ese carbono fijado al final se queda secuestrado en el sedimento y en capas más profundas. Y eso queda allí, puede quedar miles y millones de años", detalla Sokratis en mitad de la marisma. Cuando esta está degradada, no funciona como debería y este carbono se libera perjudicando al planeta.
En febrero se realizaron las primeras mediciones científicas, mientras que la maquinaria comenzó a intervenir en abril y terminó sus trabajos en agosto. Para conocer cuánto carbono retiene, los investigadores extraen testigos de sedimento mediante tubos de PVC o metacrilato. Después los dividen en diferentes capas y analizan la cantidad de carbono presente en cada una.

- El biólogo y el catedrático observan el terreno donde se desarrolla el proyecto.
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- JUAN CARLOS TORO
Los trabajos de restauración han incluido la adecuación del terreno y la ampliación de pequeños canales que se habían formado naturalmente por efecto de la erosión. También se ha instalado una compuerta en una pequeña laguna para favorecer la retención de agua, especialmente durante los meses de verano.
La recuperación del flujo mareal puede contribuir a que aumente la circulación de nutrientes, crezca la vegetación y se intensifique la actividad microbiana. Según el investigador, estos procesos se desarrollan con mayor rapidez en una marisma natural que en una salina abandonada. "Si vemos que eso no funciona muy bien, luego tendremos que hacer otra intervención, porque nunca se sabe cómo va a reaccionar el sistema", advierte.
Una herramienta frente al cambio climático
La recuperación de este espacio permitirá investigar hasta qué punto una marisma restaurada puede contribuir a mitigar el cambio climático. Se trata de una de las pocas iniciativas integrales planteadas en Andalucía para evaluar este potencial en un entorno metropolitano.

- Detalle de la laguna que ayuda a la circulación del agua.
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- JUAN CARLOS TORO

- El proyecto implica el seguimiento de la evolución de la marisma tras las intervenciones.
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- JUAN CARLOS TORO
Sokratis observa el paisaje que ya conoce con detalle. Recuerda que es fundamental mantener los ecosistemas en buenas condiciones para que puedan desarrollar sus funciones naturales, tras las alteraciones provocadas por las emisiones de CO2. "Si seguimos con el mismo ritmo, da igual lo que hagan los sistemas naturales, no vamos a poder parar ese cambio", advierte.
Aunque visualmente las marismas puedan parecer terrenos sin demasiado valor, el investigador recuerda que su capacidad para retener carbono puede resultar especialmente relevante.
A diferencia de los bosques, donde buena parte del carbono permanece en la vegetación aérea, estos espacios pueden acumular importantes reservas bajo el suelo. Las marismas, las praderas de fanerógamas marinas y los manglares destacan por esta función.
"Nos interesa tener la mayor parte de ecosistemas que podamos estudiar aquí, en la Bahía de Cádiz, para tener más datos. Cuantos más datos, mejor siempre", explica el catedrático.
El seguimiento continuará con nuevas mediciones previstas para noviembre y enero, además de los controles que se desarrollarán durante los próximos años.
“Son procesos muy lentos. Nos interesa lo que pase en pocos años, pero los ecosistemas trabajan con centenares de años”, dice el investigador, que en estos meses ha podido comprobar que el flujo de agua ha aumentado y que se ha formado una pequeña laguna para ayudar a la circulación.

- Dos ciclistas se acercan a la salina abierta al público para descubrirla.
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- JUAN CARLOS TORO
Desde Aponiente, Juan Martín confía en que esta experiencia pueda servir de referencia para otros espacios degradados. "Es muy importante que ejemplos como el de Aponiente sirvan de caso piloto para extrapolarlo a las más de 5.000 hectáreas de marismas de salinas abandonadas que tenemos en la Bahía de Cádiz", señala.
Su foco también se dirige hacia Isla Cristina, las marismas del Odiel o Cabo de Gata, donde considera que existe un patrimonio natural que necesita atención. “Es un colchón gigantesco para disipar todas las inundaciones y la subida del cambio climático”, comenta.
Este proyecto pionero de carbono azul se suma al resto de iniciativas que se desarrollan en la Salina San José sobre acuicultura extensiva, el cereal marino y cultivos experimentales de macroalgas desarrollados con Cetaqua para explorar nuevos alimentos de origen marino. "Aponiente está tratando de educar a la sociedad con el tenedor en la mano y, por supuesto, demostrando que se puede conservar la naturaleza con el tenedor y los científicos de la mano", añade tras echar un vistazo con el telescopio.
Sokratis y Juan se imaginan el futuro del entorno que pisan. Pronto será —y ya lo está siendo— una zona de cría de alevines, un sumidero de carbono, una fuente de oxígeno y alimento, y una protección natural frente a las inundaciones y la subida del nivel del mar. “Hay gente que cree que no sirve para nada, pero son ecosistemas muy importantes para la captura del carbono azul”, añade el catedrático en una mañana soleada en la que el viento no ha sido obstáculo para dos ciclistas que se acercaron a descubrir este bosque acuático vivo del parque natural.
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