Hace un mes que Carlos Javier García, alcalde de un pequeño y tranquilo pueblo de la Sierra de Cádiz, tuvo que dar a sus vecinos una noticia muy dura: tenían que dejar sus casas en cuestión de minutos, de horas como mucho. Porque en Grazalema había llovido en un mes y medio más que en el año hidrológico anterior.
Las casas empezaron a inundarse, de los enchufes salía agua, y la madrugada del 4 al 5 de febrero, se escucharon unos sonidos que provenían de la tierra, que dieron pie a todo tipo de especulaciones. Y que asustaron a los habitantes del pueblo, que sintieron mucho miedo.
Por eso confiesa García que fue "durísimo" anunciar el desalojo, pero que sintió alivio cuando fue viendo salir a sus vecinos, "porque suponía entrar en una fase de mayor tranquilidad". Era una decisión que se venía "mascando desde horas antes", pero con la certeza de que "estábamos haciendo lo que teníamos que hacer". Entre sus vecinos, vio caras de satisfacción. Y de aprobación.

Porque Carlos Javier García, 44 años, es periodista de profesión, y en la gestión de esta crisis se ha notado. A través de canales oficiales del Ayuntamiento, ha transmitido información en tiempo y forma, ha desmentido bulos, y ha tranquilizado a una población que tenía como centro de operaciones el pabellón El Fuerte de Ronda, pero que estaba disgregada por distintas poblaciones, en alojamientos facilitados por las Administraciones o en casas de familiares y amigos.
García lleva siendo alcalde de su pueblo desde 2015, donde ha ido encadenando victorias electorales y mucha experiencia. Aunque ninguna como los días en los que tuvo que pararlo todo. "Estuvimos aquí hasta que se marchó todo el mundo, saliendo un coche tras otro. Pero me quedé tranquilo, sabiendo que a nadie le iba a pasar nada", dice cuando atiende a lavozdelsur.es en su despacho de Alcaldía, dentro de la serie de artículos que está publicado este periódico cuando se cumple un mes del desalojo.
Una vez pasada la emergencia, queda la reconstrucción, la parte más difícil. Y la más lenta. "El principal drama tiene que ver con lo pequeñito que te ves ante una circunstancia de estas características. Y eso hace difícil que de un momento a otro se vaya", reflexiona García, que muestra sus dotes como locutor de radio-alcalde, con una conversación profusa en detalles, sin escatimar en explicaciones. "Hay dos factores: El primero, el miedo real, porque nunca sentido esos ruidos. Era algo desconocido. Ni siquiera quienes recuerdan episodios históricos lo equiparaban", reseña el alcalde.
"Preferimos pasarnos de prudentes" por el 'efecto dana'
Carlos Javier García sitúa la evacuación en una frase que repite varias veces: prudencia. "El desalojo estaba ratificado. Yo creo que si algo habíamos aprendido en este país, y lo dije aquella tarde cuando anunciamos el desalojo, es que preferimos pasarnos de prudentes", señala
La incertidumbre con la que se trabajaba era técnica. "Los informes iniciales hablaban de sobresaturación del acuífero, pero se desconocía si era el acuífero completo o si, como denominan los técnicos, era la parte de la piel del sistema kárstico", abunda García, que tiene un curso exprés en la materia.

Con las mediciones posteriores, dice, se delimitó el fenómeno. "Finalmente, con las mediciones, se ha demostrado que la saturación fue del epikarst (la parte superior de la roca karstificada)". Y conecta esa explicación con un elemento que para los vecinos fue determinante: los ruidos nocturnos. "Aquellos golpes, aquellos zumbidos que se escuchaban por la noche… los técnicos nos dijeron que muy probablemente tenían que ver con eso: con galerías a las que llegaba agua, y esas galerías necesitaban soltar el aire".
Más allá de lo audible, lo que pesaba era el riesgo estructural. "¿Dónde estaba el peligro inicial? En que hubiera un colapso hacia arriba. Que alguna de esas galerías acabara soltando agua, sin saber exactamente a qué nivel superficial estaba. Y los técnicos tampoco sabían decirnos por dónde", aclara. Y abunda: "Nos dijeron que el nivel de saturación era importante y que el sistema se estaba comportando de manera extraña".
De ahí, por experiencias recientes, sobre todo la dana de Valencia de 2024, las instituciones tienden a sobrerreaccionar antes que quedarse cortas por el efecto dana, que nadie quiere arriesgarse a repetir por falta de decisiones a tiempo.
Los días fuera y una pregunta que le ronda la cabeza
El viernes por la mañana (6 de febrero) se puso a pensar y le surgió una pregunta: "En base a aquellos informes iniciales, me entró otro temor: saber exactamente la afección que aquello podría tener al pueblo. La pregunta de si Grazalema podría ser un pueblo habitable me la hice a mí mismo".
En ese momento, se trasladó que como mínimo el desalojo iba a durar una semana. Al final, fueron unos días más, aunque la vuelta se realizó por fases. Primero regresaron 1.700 vecinos, el 16 de febrero, para volver otras 96 personas el 18 de febrero, y 40 residentes más el día 19.
"La gente era consciente de que había que aguantar un tiempo", sostiene el alcalde grazalemeño, quien reivindica la transparencia como método: "Hemos sido transparentes al tomar la decisión, al contar cómo iban los procesos, quién estaba trabajando, qué se estaba haciendo, porque era una situación inédita y muy complicada".

Y saca su alma de periodista para reivindicar la importancia de la comunicación veraz durante esta crisis. "La noche del miércoles al jueves me empiezan a llegar cadenas de WhatsApp hablando de que la presa podía reventar", recuerda, algo que tuvo que desmentir.
"Vimos que había que tener un único canal. Trasladamos un primer mensaje: el canal de comunicación oficial es el canal del Ayuntamiento de Grazalema, ni siquiera el mío". Y así fue desde ese momento, porque "sabíamos que soportar un desalojo entero iba a ser muy difícil si no había información veraz".
"Había mucha dispersión": Ronda, Zahara, Montecorto...
La gestión comunicativa no fue solo a través de medios digitales. Hubo también logística territorial: "Había mucha dispersión de gente. Yo tenía un contingente enorme en Ronda, pero había un contingente importantísimo en Zahara, contingentes menores en Montecorto...", describe García.
El alcalde cuenta que fue visitando a sus vecinos allí donde estaban. Los alcaldes y alcaldesas de las poblaciones que acogieron a vecinos de Grazalema crearon listas de difusión con las que informaban de las visitas de Carlos Javier García, "para que nadie tuviera la sensación de que trasladábamos información en un sitio y en otro no".
"Ha habido alguna cadena de televisión nacional que ha hecho infografías terribles, con el pueblo hundiéndose, tuvimos que desmentirlo"
El alcalde distingue entre bulos de WhatsApp y errores mediáticos. "Ese fue el principal (el bulo de la presa), pero ha habido alguna cadena de televisión nacional que ha hecho infografías terribles, con el pueblo hundiéndose. Tuvimos que intervenir para decirle a la gente que el pueblo no se iba a hundir".
También menciona bulos "malintencionados" con un sesgo social y político: "Los grazalemeños durmiendo en pabellones y llega un inmigrante y lo meten en un hotel…, es uno muy escuchado. Mi gente ha visto cómo funcionan estas mentiras, porque han dormido en paradores, hoteles, casas rurales... el pabellón El Fuerte era como la plaza del pueblo, un punto de encuentro".
Unos alojamientos rurales, por cierto, cedidos de forma gratuita para los vecinos desalojados. Un gesto solidario, como otros muchos vividos en este tiempo, que no olvida.
El alcalde como vecino: su casa, su familia y "el economato" del pabellón
En lo personal, García se detiene en una idea: humanizar. Relata que no pudo atender su propia casa en el momento crítico: "En mi casa entró agua. Yo me enteré tarde y a través de un amigo, porque ese día no hablé ni con mi madre".
Explica que amigos ayudaron a su familia a salvar muebles y retirar puertas: "Me enteré a lo largo de la tarde de que habían tenido que quitar las puertas, que habían subido los muebles a la planta alta, que habían estado amigos ayudando a mi mujer...".
"Cuando tienes esta responsabilidad… lo tuyo pasa a segundo plano", sostiene, aunque tuvo tiempo de llamar a su mujer cuando se confirmó que se iba a producir el desalojo.
Salió, literalmente, con lo puesto. "No me llevé ropa para mí. Yo me vestí el viernes con ropa que había llevado la gente al pabellón. El domingo me cambié con ropa que me regaló un alcalde de la Sierra". "Me vestí del economato que se había montado en El Fuerte", dice, ahora, esbozando una sonrisa.
La foto de la tarta y los colores políticos: "En esto no hay signos"
En Ronda, cuenta, hubo momentos emotivos, como el cumpleaños de Pepe Ramírez, el vecino de más edad de Grazalema, al que llevaron una tarta entre Carlos Javier García (PSOE) y María Paz Fernández (PP), alcaldesa de la localidad malagueña.
"En estas circunstancias no hay signos ni hay nada, se trabaja por los vecinos", reseña. Y cuenta que Fernández le había ofrecido su ayuda, y en poco tiempo habilitó el pabellón El Fuerte para acoger a los vecinos de Grazalema.
"Atiéndeme a mi gente y dales cariñito, que van a llegar afectados", le dijo García, que se quedó hasta que salió el último vecino y el pueblo se quedó vacío.
También dedica elogios a Zahara de la Sierra y su alcalde, Santiago Galván, subrayando la dificultad logística de una pequeña localidad que habilitó espacios "a pulmón".
"Funcionó el sistema de emergencias": Junta al mando, medios del Gobierno
El alcalde de Grazalema hace una defensa explícita del engranaje institucional durante esta crisis. "Hubo una total disposición del sistema de emergencias de Andalucía, fuimos pidiendo también medios al Gobierno central y fueron llegando, no tengo ni un pero".
Una vez pasado lo peor, el alcalde sitúa el siguiente riesgo: que la confianza se erosione si la recuperación se atasca. "La fase de la recuperación necesariamente es la más compleja", sostiene.
"Yo soy de los políticos que creen en las instituciones, pero si finalmente las ayudas no llegan o se retrasan, será contraproducente"
"Yo soy de los políticos que creen en las instituciones", destaca, y elogia que se pongan medios y soluciones encima de la mesa, pero también alerta de que "si finalmente las ayudas no llegan o se retrasan, por la complejidad burocrática, será contraproducente".
El Gobierno central ha anunciado 7.000 millones de euros para compensar a los vecinos y empresarios afectados por los temporales, a los que se suman otros 1.800 millones de euros aportados por la Junta de Andalucía a través del Plan Actúa.
"No había habido nunca en España una ayuda de estas características, a fondo perdido, que no tributa, y que cobra hasta quien no ha estado en el pueblo por haber pasado este drama", añade.
Para tramitar estas ayudas, se ha habilitado una oficina atendida por funcionarios del Gobierno, que se han ofrecido voluntarios para trabajar en Grazalema.
"No me ha dado tiempo a dimensionar nada"
Ya con el pueblo reabierto, el alcalde reconoce que aún no ha podido procesar todo lo vivido. "No te miento: no ha dado tiempo. La perspectiva la dará el tiempo necesariamente", insiste.
Describe la vorágine municipal como un "día a día" ya de por sí difícil y lo compara con la intensidad de la crisis: "Si el día a día ya es complejo y diverso, la vorágine ha sido brutal".
Menciona que han montado turnos de tarde y que han tenido que equilibrar límites laborales y personales del personal municipal, pero insiste en su agradecimiento a los trabajadores. Poco a poco, va retomando su propia agenda, con reuniones y algo parecido a la normalidad.




