Grazalema, a un mes del desalojo: la normalidad no era esto

El regreso por fases al pueblo, que se quedó vacío en pleno tren de borrascas, deja una sensación extraña. Nada cambia, pero cambia todo en un municipio que recupera la vida, y los visitantes

La plaza de España de Grazalema, en el centro del pueblo, vista desde el Ayuntamiento.
La plaza de España de Grazalema, en el centro del pueblo, vista desde el Ayuntamiento. JUAN CARLOS TORO
07 de marzo de 2026 a las 08:24h

Pasear por las calles de Grazalema estos días, un mes después de que se quedaran desiertas, deja una sensación extraña. Porque la vuelta a la normalidad es relativa. Poca normalidad hay en tener que dejar tu casa a la carrera, llevando algo de ropa, el móvil y poco más, y dormir durante un tiempo indefinido en hoteles y alojamientos rurales. Y luego volver como si no hubiera pasado nada. 

Porque ha pasado de todo y, realmente, no ha pasado casi nada de lo que muchos temían. La historia es conocida. Como medida preventiva, las autoridades obligaron al desalojo del pueblo entero el pasado 5 de febrero. La noche previa se habían escuchado sonidos que provenían de la tierra, que dieron pie a todo tipo de especulaciones. Se temió que el pueblo colapsara. Y la precaución se impuso, técnicos del CSIC mediante.

El miedo era palpable en la población. Ni los más veteranos del lugar recordaban algo parecido. Porque no hay muchos precedentes modernos, tampoco, de que en apenas mes y medio se recojan más de 3.000 litros de agua por metro cuadrado tras muchos días de lluvias incesantes. Una auténtica barbaridad, que es más que lo llovido en todo el año hidrológico anterior en el que es uno de los pueblos más lluviosos del país. Casi nada. 

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Vecinos pasean por las calles de Grazalema que hace un mes eran auténticas 'cataratas'.  JUAN CARLOS TORO

Por sus calles pasean visitantes que no pierden detalle. Que se mueven buscando algún escalón roto, una marca de hasta dónde llegó el agua en alguna casa, una señal de que es verdad lo que vieron por televisión. Turismo de tragedias, que diría un conocido.

Por eso, decía, la normalidad es relativa, superficial podría decirse. Porque los vecinos están de nuevo en sus casas, en sus negocios, pero queda mucho por reconstruir. Hay quien, los más afectados, está de reforma, arreglando paredes y techos, o quien tiene que renovar mobiliario por las inundaciones.  

Los negocios están casi todos abiertos de nuevo. Y, claro, el primer tema de conversación en todos ellos es el desalojo y el regreso al pueblo. "¿Qué tal vas? ¿Todo bien? ¿Cómo lo llevas?", son algunas de las frases más escuchadas estos días en una Grazalema que aspira a dejar de hablar de este asunto. 

Ahora queda la parte más difícil, y la más lenta, la reconstrucción, también anímica, de un pueblo que está acostumbrado a ser noticia por sus copiosas lluvias —aunque no tanto como las acumuladas en este principio de año—, por sus magníficos senderos, por sus miradores, o por su fiesta de los bandoleros, por dar algunos ejemplos. Pero no por ser el único pueblo de España desalojado al completo en pleno tren de borrascas. 

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Noelia López, de la panadería La Despensa.   JUAN CARLOS TORO

El exilio superó los diez días, alguno varía según el caso, y en la localidad vecina de Ronda encontraron su nueva plaza pública, en el pabellón El Fuerte que fue centro de operaciones de los vecinos, lugar de reunión, de pasatiempos y de referencia para estar informado sobre los trabajos realizados en el pueblo. 

En esta crónica se hace un repaso al sentir de Grazalema, un mes después del desalojo, en el artículo que cierra la serie dedicada a este pueblo publicada esta semana en lavozdelsur.es.

Un alcalde-periodista que apuesta por la transparencia

"Hemos sido transparentes al tomar la decisión, al contar cómo iban los procesos, quién estaba trabajando, qué se estaba haciendo, porque era una situación inédita y muy complicada", dice el alcalde, Carlos Javier García, en una entrevista en lavozdelsur.es. Y confiesa: "La pregunta de si Grazalema podría ser un pueblo habitable me la hice a mí mismo".

Pero esos temores no llegaron a materializarse. Grazalema es habitable, pero no todo es como antes. García que fue "durísimo" anunciar el desalojo, pero que sintió alivio cuando fue viendo salir a sus vecinos, "porque suponía entrar en una fase de mayor tranquilidad". 

Carlos Javier García Alcalde de Grazalema
El alcalde, Carlos Javier García, en dependencias municipales destrozadas por los temporales.  JUAN CARLOS TORO

El temor fue que "hubiera un colapso hacia arriba, que alguna de esas galerías acabara soltando agua, sin saber exactamente a qué nivel superficial estaba. Y los técnicos tampoco sabían decirnos por dónde", aclara el alcalde. 

Carlos Javier García es periodista, por eso reivindica la importancia de la comunicación veraz durante esta crisis. "Vimos que había que tener un único canal. Trasladamos un primer mensaje: el canal de comunicación oficial es el canal del Ayuntamiento de Grazalema, ni siquiera el mío".

Ha desmontado bulos y hasta informaciones erróneas de algunos medios de comunicación. "Ha habido alguna cadena de televisión nacional que ha hecho infografías terribles, con el pueblo hundiéndose, tuvimos que desmentirlo", confiesa.

Negocios con el "susto" aún en el cuerpo

"Fue un susto, pero ya estamos aquí", dice lacónica Noelia López, de la panadería-pastelería La Despensa, situada a espaldas del Ayuntamiento.

En este negocio tuvieron suerte, porque "no entró mucha agua", pero estar cerrado más de diez días supone un grave contratiempo para cualquier pequeña empresa. 

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Rocío Moreno atiende a un cliente en su estanco-administración de Lotería.    JUAN CARLOS TORO

López es de las vecinas que se refugió en casas de familiares, hasta que pudieron regresar a su vida, a abrir la panadería, que "tuvo clientes desde el primer momento", dice. Porque venden productos que no pueden faltar en cualquier casa.

En el entorno, en una calle paralela, hay un estanco que también es administración de Lotería. Han estado 20 días con el negocio cerrado. Al frente está Rocío Moreno, que no da abasto para atender clientes. Apenas lleva un mes vendiendo lotería, y la mayor parte de este tiempo han estado cerrados.

"Mucha gente viene comprando lotería, porque cree que va a tocar aquí, pero llevamos poco tiempo todavía como para saber si son normales estas ventas o no", explica Francisco Sánchez, marido de Rocío, ya jubilado, pero que pasa las horas en el negocio.

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Jesús Ramírez, en la carnicería Casa Mercedes, que regenta junto a su hermano. JUAN CARLOS TORO

Francisco y Rocío se refugiaron en Jerez, en casa de su nuera. Antes del desalojo, estuvieron achicando agua como pudieron, pero a la vuelta comprobaron que el agua no subió más que tres dedos de altura. Solo algún rodapié roto, pero poco destrozo más. La mercancía quedó a salvo. Tocaba reiniciar sus vidas en el punto donde las dejaron.

Como en negocios como la carnicería Casa Mercedes, que regentan los hermanos Ramírez, cerrada durante 15 días. Ni saben, ni quieren saber, la cuantía de las pérdidas que les ha supuesto este parón. Prefieren no pensarlo. 

Una vez realojados, el género fresco que tenían en el expositor tuvo buen uso, porque parte de la carne se destinó a los vecinos de Grazalema que tuvieron que pasar varios días en el exilio

La oficina por la que todos pasan

En la calle doctor Mateos Gago de Grazalema hay una oficina por la que pasará buena parte del pueblo en las próximas semanas. Es la primera de las catorce oficinas comarcales previstas por el Gobierno de España en Andalucía, destinadas a tramitar las ayudas aprobadas por el Ejecutivo central.

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Una trabajadora de la oficina que tramita ayudas atiende a un vecino de Grazalema.  JUAN CARLOS TORO

El Consejo de Ministros aprobó el 17 de febrero un paquete de medidas urgentes por valor de más de 7.000 millones de euros, con ayudas directas de 150 euros por persona y día para desalojados, o ayudas por daños en viviendas y enseres, además de las destinadas a industrias y comercios. A esa cantidad hay que sumar los 1.800 millones de euros aportados por la Junta de Andalucía.

Desde la oficina, donde hay varios funcionarios del Estado y una trabajadora municipal, explican que mucha gente está interesándose por las ayudas y los trámites.

Una de ellas explica que su labor consiste en dar las citas, mientras que sus compañeras se encargan de enviar la documentación necesaria a los vecinos. DNI, certificado de titularidad bancaria y un recibo del IBI, es lo que piden. El libro de familia también, en el caso de que haya menores.

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Un vecino descansa en la estatua dedicada al toro de cuerda en Grazalema.  JUAN CARLOS TORO

"Dicen que nos van a dar 150 euros por día, y 5.000 euros para los autónomos. Eso tengo que verlo, pero lo pediremos", comenta un emprendedor local a las puertas de la oficina. Es un sentir general tras cada emergencia, que las ayudas, si llegan, es tarde y mal.

"Yo soy de los políticos que creen en las instituciones, pero si finalmente las ayudas no llegan o se retrasan, será contraproducente", señala el alcalde, Carlos Javier García. "No había habido nunca en España una ayuda de estas características", incide. Tampoco se había desalojado a un pueblo al completo. Son unos tiempos de primeras veces impensables hace poco.

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Francisco Romero

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