La restauración del Santísimo Cristo del Amor de Sevilla, considerado el primer crucificado de Juan de Mesa, realizado entre 1618 y 1620, avanza durante las últimas semanas “con un ritmo creciente”, según ha informado la hermandad.
La intervención, que ejecuta el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH) en el Monasterio de la Cartuja, se centra actualmente en la retirada de intervenciones anteriores sobre superficies cada vez más amplias de la escultura. Este proceso está permitiendo recuperar progresivamente la lectura de su policromía y apreciar con mayor claridad el modelado y los volúmenes de la imagen.
Los trabajos de limpieza se desarrollan de forma gradual. En primer lugar se están eliminando los depósitos y la suciedad superficial para avanzar posteriormente hacia estratos más profundos, como barnices y repintes, algunos de los cuales ya han sido retirados en determinadas zonas.
“El proceso está permitiendo obtener una visión cada vez más definida de la policromía y profundizar en el conocimiento de su estado de conservación”, explica la corporación. En esta nueva etapa se ha avanzado especialmente en zonas como los regueros de sangre, las manos y el sudario, áreas especialmente significativas para el estudio y la comprensión de la policromía del Crucificado.
Recuperar la lectura de la obra
Esta fase, iniciada durante las primeras semanas de la restauración, tiene como finalidad “asegurar la estabilidad de la capa pictórica y evitar nuevas pérdidas durante el desarrollo de las actuaciones”.
La hermandad señala que, una vez completadas las labores iniciales de documentación y estabilización, la intervención ha podido avanzar con mayor rapidez durante las últimas semanas, aunque siempre de manera gradual.
El informe técnico describe un acusado oscurecimiento superficial, con un aspecto prácticamente ennegrecido que dificulta la lectura de la policromía original de Juan de Mesa. Sobre el soporte de madera se contempla la recolocación y pegado de fragmentos de la corona, además del relleno y refuerzo de grietas, fisuras y fendas para consolidar la integridad física de la talla mediante un criterio conservador.
En cuanto a la policromía, los trabajos incluyen la eliminación de polvo, suciedad ambiental, hollín, grasa y depósitos procedentes de actos devocionales, así como de repintes históricos, barnices oscurecidos y materiales añadidos en intervenciones anteriores “que están degradando la obra y provocando distorsión cromática”.
“El objetivo es recuperar una lectura más fiel a la concepción original del autor (…) para devolver uniformidad visual y facilitar su lectura artística y devocional”, concluye el informe.
Ocho meses de intervención
Se trata de la intervención más importante realizada en la imagen en décadas. Los trabajos comenzaron el pasado 15 de junio, mientras que dos días después, el 17 de junio, el Cristo del Amor fue retirado del culto y trasladado a la Isla de la Cartuja.
El proyecto contempla un periodo de actuación aproximado de ocho meses, por lo que está previsto que la imagen regrese en febrero de 2027 para presidir sus cultos anuales. Durante su ausencia, el altar está presidido por la Virgen del Socorro.
El equipo técnico está compuesto por las restauradoras autoras del informe, Mayte Real y Cinta Rubio, con la coordinación de José Luis Gómez Villa, jefe del Centro de Intervención del IAPH, Marta García de Casasola y Araceli Montero.
La Hermandad del Amor continuará informando a sus hermanos y devotos sobre la evolución de una intervención que, según señala, permitirá “profundizar en el conocimiento y garantizar la conservación del Santísimo Cristo del Amor”.
La restauración del Santísimo Cristo del Amor de Sevilla, considerado el primer crucificado de Juan de Mesa, realizado entre 1618 y 1620, avanza durante las últimas semanas “con un ritmo creciente”, según ha informado la hermandad.
La intervención, que ejecuta el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH) en el Monasterio de la Cartuja, se centra actualmente en la retirada de intervenciones anteriores sobre superficies cada vez más amplias de la escultura. Este proceso está permitiendo recuperar progresivamente la lectura de su policromía y apreciar con mayor claridad el modelado y los volúmenes de la imagen.
Los trabajos de limpieza se desarrollan de forma gradual. En primer lugar se están eliminando los depósitos y la suciedad superficial para avanzar posteriormente hacia estratos más profundos, como barnices y repintes, algunos de los cuales ya han sido retirados en determinadas zonas.
“El proceso está permitiendo obtener una visión cada vez más definida de la policromía y profundizar en el conocimiento de su estado de conservación”, explica la corporación. En esta nueva etapa se ha avanzado especialmente en zonas como los regueros de sangre, las manos y el sudario, áreas especialmente significativas para el estudio y la comprensión de la policromía del Crucificado.
Recuperar la lectura de la obra
Esta fase, iniciada durante las primeras semanas de la restauración, tiene como finalidad “asegurar la estabilidad de la capa pictórica y evitar nuevas pérdidas durante el desarrollo de las actuaciones”.
La hermandad señala que, una vez completadas las labores iniciales de documentación y estabilización, la intervención ha podido avanzar con mayor rapidez durante las últimas semanas, aunque siempre de manera gradual.
El informe técnico describe un acusado oscurecimiento superficial, con un aspecto prácticamente ennegrecido que dificulta la lectura de la policromía original de Juan de Mesa. Sobre el soporte de madera se contempla la recolocación y pegado de fragmentos de la corona, además del relleno y refuerzo de grietas, fisuras y fendas para consolidar la integridad física de la talla mediante un criterio conservador.
En cuanto a la policromía, los trabajos incluyen la eliminación de polvo, suciedad ambiental, hollín, grasa y depósitos procedentes de actos devocionales, así como de repintes históricos, barnices oscurecidos y materiales añadidos en intervenciones anteriores “que están degradando la obra y provocando distorsión cromática”.
“El objetivo es recuperar una lectura más fiel a la concepción original del autor (…) para devolver uniformidad visual y facilitar su lectura artística y devocional”, concluye el informe.
Ocho meses de intervención
Se trata de la intervención más importante realizada en la imagen en décadas. Los trabajos comenzaron el pasado 15 de junio, mientras que dos días después, el 17 de junio, el Cristo del Amor fue retirado del culto y trasladado a la Isla de la Cartuja.
El proyecto contempla un periodo de actuación aproximado de ocho meses, por lo que está previsto que la imagen regrese en febrero de 2027 para presidir sus cultos anuales. Durante su ausencia, el altar está presidido por la Virgen del Socorro.
El equipo técnico está compuesto por las restauradoras autoras del informe, Mayte Real y Cinta Rubio, con la coordinación de José Luis Gómez Villa, jefe del Centro de Intervención del IAPH, Marta García de Casasola y Araceli Montero.
La Hermandad del Amor continuará informando a sus hermanos y devotos sobre la evolución de una intervención que, según señala, permitirá “profundizar en el conocimiento y garantizar la conservación del Santísimo Cristo del Amor”.
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