La Línea despide a uno de esos bares que no solo servían comida. Servían memoria. El Bar Finlandia, fundado en 1968 y conocido también por las palabras Soumi Baari en su fachada, echa el cierre tras más de medio siglo de vida, tres generaciones al frente y una clientela fiel que lo convirtió en un pequeño refugio con identidad propia.
El establecimiento fue impulsado por Miguel Escolano y Carmen Guerrero, abuelos de Almudena y Vanessa Delgado Escolano, las hermanas que representan la tercera generación de una familia ligada durante décadas a este negocio. El nombre no fue casual. Miguel había trabajado en un barco alemán que llegó hasta Helsinki, ciudad de la que quedó enamorado. Cuando regresó a su tierra natal y surgió la posibilidad de hacerse con un bar, entonces llamado San Felipe, decidió nombrarlo en homenaje a aquel país que le había marcado.
Desde entonces, el Bar Finlandia fue acumulando historias, platos, rutinas y recuerdos. Conservaba la misma carta que crearon sus fundadores, una propuesta que le dio fama especialmente por el pulpo, producto característico de La Línea que preparaban de distintas formas, y por el “Currito”, una rebanada de pan tostado cubierta con una crema de queso elaborada por ellos mismos y taquitos de jamón serrano.
También fue uno de los bares favoritos del comunicador Carlos Herrera, que llegó a mencionarlo en su Instagram después de probar su célebre Langosta Falsa, elaborada a base de palitos de mar, mayonesa, huevo cocido y un toque secreto.
"Te hemos luchado y disfrutado"
La despedida ha llegado a través de un mensaje publicado en redes sociales por la tercera generación del bar. Un texto lleno de dolor, gratitud y orgullo: “Nos despedimos de ti. Te hemos luchado y disfrutado durante tres generaciones y hoy te decimos adiós con dolor y gratitud por todo lo que nos has ofrecido”.
En ese adiós, la familia recuerda todo lo que el negocio les ha dado. “Nos ofreciste crecer tanto a nivel profesional como personal, nos enseñaste a tratar con gente de todo tipo, lo que nos dio el tercer grado en psicología, pero también la alegría de crear una gran familia”, recoge el mensaje.
La publicación también habla de los momentos difíciles, de los servicios complicados y de esas horas en las que un bar puede convertirse en una prueba de resistencia. “Nos has rodeado de gente y de momentos maravillosos, también algunos un poco caóticos, pero de ellos hemos aprendido a mantener la calma, contar a veces hasta 100, y ahí ... es donde nos has enseñado la capacidad del ser humano para lograr sacar adelante dos horas de caos”.
Vanessa explica en primera persona el peso emocional de este cierre. Cuenta que volvió hace dos años y medio tras una operación de columna, “con toda la ilusión, fuerzas y ganas”, pero admite que “a veces la salud gana la batalla”.
También recuerda cómo entró en la cocina con miedo, porque ese espacio siempre había pertenecido a su abuela, su madre y su hermana. Ella, dice, solía echar una mano y después salía al salón, donde la esperaban su abuelo y su tío. Lo hacían, recuerda, al grito de su abuelo: "chicas al salón que vienen los americanos".
“Pero si, al final me metí en esas cocinar y he hecho cosas que en mi vida me hubiera imaginado”, añade Vanessa, que reconoce errores, aprendizajes y el apoyo de un equipo al que agradece haber sacado adelante cada servicio.
El cierre llega, según expresa, después de haberlo peleado mucho. “Así pues, con todo el dolor de mi corazón, y tras haberte luchado mucho, tengo que decirte adiós, porque a veces una gran victoria, es saber cuando retirase a tiempo”.
La despedida termina con una frase que resume el legado de un bar histórico de La Línea: “En nombre de tres generaciones, gracias por haber confiado en nosotros y habernos dado tanto”.
La Línea despide a uno de esos bares que no solo servían comida. Servían memoria. El Bar Finlandia, fundado en 1968 y conocido también por las palabras Soumi Baari en su fachada, echa el cierre tras más de medio siglo de vida, tres generaciones al frente y una clientela fiel que lo convirtió en un pequeño refugio con identidad propia.
El establecimiento fue impulsado por Miguel Escolano y Carmen Guerrero, abuelos de Almudena y Vanessa Delgado Escolano, las hermanas que representan la tercera generación de una familia ligada durante décadas a este negocio. El nombre no fue casual. Miguel había trabajado en un barco alemán que llegó hasta Helsinki, ciudad de la que quedó enamorado. Cuando regresó a su tierra natal y surgió la posibilidad de hacerse con un bar, entonces llamado San Felipe, decidió nombrarlo en homenaje a aquel país que le había marcado.
Desde entonces, el Bar Finlandia fue acumulando historias, platos, rutinas y recuerdos. Conservaba la misma carta que crearon sus fundadores, una propuesta que le dio fama especialmente por el pulpo, producto característico de La Línea que preparaban de distintas formas, y por el “Currito”, una rebanada de pan tostado cubierta con una crema de queso elaborada por ellos mismos y taquitos de jamón serrano.
También fue uno de los bares favoritos del comunicador Carlos Herrera, que llegó a mencionarlo en su Instagram después de probar su célebre Langosta Falsa, elaborada a base de palitos de mar, mayonesa, huevo cocido y un toque secreto.
"Te hemos luchado y disfrutado"
La despedida ha llegado a través de un mensaje publicado en redes sociales por la tercera generación del bar. Un texto lleno de dolor, gratitud y orgullo: “Nos despedimos de ti. Te hemos luchado y disfrutado durante tres generaciones y hoy te decimos adiós con dolor y gratitud por todo lo que nos has ofrecido”.
En ese adiós, la familia recuerda todo lo que el negocio les ha dado. “Nos ofreciste crecer tanto a nivel profesional como personal, nos enseñaste a tratar con gente de todo tipo, lo que nos dio el tercer grado en psicología, pero también la alegría de crear una gran familia”, recoge el mensaje.
La publicación también habla de los momentos difíciles, de los servicios complicados y de esas horas en las que un bar puede convertirse en una prueba de resistencia. “Nos has rodeado de gente y de momentos maravillosos, también algunos un poco caóticos, pero de ellos hemos aprendido a mantener la calma, contar a veces hasta 100, y ahí ... es donde nos has enseñado la capacidad del ser humano para lograr sacar adelante dos horas de caos”.
Vanessa explica en primera persona el peso emocional de este cierre. Cuenta que volvió hace dos años y medio tras una operación de columna, “con toda la ilusión, fuerzas y ganas”, pero admite que “a veces la salud gana la batalla”.
También recuerda cómo entró en la cocina con miedo, porque ese espacio siempre había pertenecido a su abuela, su madre y su hermana. Ella, dice, solía echar una mano y después salía al salón, donde la esperaban su abuelo y su tío. Lo hacían, recuerda, al grito de su abuelo: "chicas al salón que vienen los americanos".
“Pero si, al final me metí en esas cocinar y he hecho cosas que en mi vida me hubiera imaginado”, añade Vanessa, que reconoce errores, aprendizajes y el apoyo de un equipo al que agradece haber sacado adelante cada servicio.
El cierre llega, según expresa, después de haberlo peleado mucho. “Así pues, con todo el dolor de mi corazón, y tras haberte luchado mucho, tengo que decirte adiós, porque a veces una gran victoria, es saber cuando retirase a tiempo”.
La despedida termina con una frase que resume el legado de un bar histórico de La Línea: “En nombre de tres generaciones, gracias por haber confiado en nosotros y habernos dado tanto”.
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