El malagueño Néstor Romero conoce los terremotos por su trabajo, pero lo que nunca imaginó es que tuviera que vivirlos en primera persona, y en el que su mayor temor fuese la incertidumbre ante qué podía venir después. Estudió en el Colegio Mayor Universitario Séneca en Córdoba. Ingeniero Agrónomo de profesión y ligado desde hace años a Panamá por sus empresas, Néstor jamás imaginó vivir algo similar a lo ocurrido el viernes con el tercer seísmo de mayor magnitud de lo que llevamos este 2026 -justo por detrás de Filipinas e Indonesia, con una magnitud de 7,8.
El viernes los vivió desde una planta diecinueve en Ciudad de Panamá, durante el seísmo de magnitud 7,7, según el Servicio Geológico de Estados Unidos - con sólo una décima de diferencia respecto a los vividos en Filipinas e Indonesia. "No voy a adornarlo: hubo segundos en los que no tenía ninguna esperanza de salir de allí", recuerda y comparte con este medio, lavozdelsur.es.
Crujían cristales y paredes. Los armarios se abrieron solos. Profesor e investigador universitario, con más de diez años en Panamá y experiencia en proyectos de protección civil, había trabajado tras los terremotos de Venezuela y Colombia. Esta vez era su casa la que temblaba.
Sin noticias de su mujer y su hijo
Su mujer y su hijo de seis años estaban en la piscina del edificio, donde vieron salir el agua por encima de las fachadas. Las comunicaciones cayeron. Durante más de media hora no supo dónde estaban. "El minuto fue aterrador. La media hora fue peor". Explica que la incertidumbre dejaba espacio a los peores escenarios que podían pasarle por la cabeza en esos instantes de angustia.
Al salir a la escalera quiso bajar, pero escuchó quejidos dos plantas más arriba. Encontró a una mujer de más de ochenta años, enferma, acompañada por su hija. Bajaron veintiún pisos juntos, mientras él la sujetaba escalón a escalón. El esfuerzo le provocó dolores durante días.
Romero admite que había confundido la ligereza de las estructuras con debilidad. Tras el temblor comprendió su capacidad para absorber movimiento, aunque precisa que la capital recibió una intensidad moderada y que la distancia lo protegió.
Réplicas y vecinos sin hogar
La emergencia continúa. Tonosí, la localidad más cercana al epicentro, lleva más de 24 horas sin agua ni electricidad, con vecinos sin hogar y más de un centenar de réplicas desde el viernes.
Un parque funciona como campamento, comedor y hospital improvisado. El último balance oficial recoge 27 heridos, ninguno grave, 426 viviendas afectadas donde habitan 2.130 personas y 419 escuelas. El Gobierno declaró la emergencia nacional para canalizar hasta 100 millones de dólares.
Romero sigue colaborando con protección civil. Cualquier vibración lo alerta. Al reencontrarse con su hijo, le explicó repetidamente las placas tectónicas: entendió que el pequeño necesitaba encontrar una explicación para su miedo. La pregunta volvía una y otra vez: "¿Por qué se movía la Tierra?".
Ahora, entre la incertidumbre de cuál puede ser el próximo movimiento de la Tierra y con qué magnitud, Romero mantiene la 'calma' controlada, compartiendo con los suyos anécdotas y experiencias sobre lo ocurrido, mientras que el país intenta recuperarse, lo antes de posible, del tercer terremoto 'fuerte' de este 2026. "Todos a la expectativa de que mejore todo", concluye el malagueño.
El malagueño Néstor Romero conoce los terremotos por su trabajo, pero lo que nunca imaginó es que tuviera que vivirlos en primera persona, y en el que su mayor temor fuese la incertidumbre ante qué podía venir después. Estudió en el Colegio Mayor Universitario Séneca en Córdoba. Ingeniero Agrónomo de profesión y ligado desde hace años a Panamá por sus empresas, Néstor jamás imaginó vivir algo similar a lo ocurrido el viernes con el tercer seísmo de mayor magnitud de lo que llevamos este 2026 -justo por detrás de Filipinas e Indonesia, con una magnitud de 7,8.
El viernes los vivió desde una planta diecinueve en Ciudad de Panamá, durante el seísmo de magnitud 7,7, según el Servicio Geológico de Estados Unidos - con sólo una décima de diferencia respecto a los vividos en Filipinas e Indonesia. "No voy a adornarlo: hubo segundos en los que no tenía ninguna esperanza de salir de allí", recuerda y comparte con este medio, lavozdelsur.es.
Crujían cristales y paredes. Los armarios se abrieron solos. Profesor e investigador universitario, con más de diez años en Panamá y experiencia en proyectos de protección civil, había trabajado tras los terremotos de Venezuela y Colombia. Esta vez era su casa la que temblaba.
Sin noticias de su mujer y su hijo
Su mujer y su hijo de seis años estaban en la piscina del edificio, donde vieron salir el agua por encima de las fachadas. Las comunicaciones cayeron. Durante más de media hora no supo dónde estaban. "El minuto fue aterrador. La media hora fue peor". Explica que la incertidumbre dejaba espacio a los peores escenarios que podían pasarle por la cabeza en esos instantes de angustia.
Al salir a la escalera quiso bajar, pero escuchó quejidos dos plantas más arriba. Encontró a una mujer de más de ochenta años, enferma, acompañada por su hija. Bajaron veintiún pisos juntos, mientras él la sujetaba escalón a escalón. El esfuerzo le provocó dolores durante días.
Romero admite que había confundido la ligereza de las estructuras con debilidad. Tras el temblor comprendió su capacidad para absorber movimiento, aunque precisa que la capital recibió una intensidad moderada y que la distancia lo protegió.
Réplicas y vecinos sin hogar
La emergencia continúa. Tonosí, la localidad más cercana al epicentro, lleva más de 24 horas sin agua ni electricidad, con vecinos sin hogar y más de un centenar de réplicas desde el viernes.
Un parque funciona como campamento, comedor y hospital improvisado. El último balance oficial recoge 27 heridos, ninguno grave, 426 viviendas afectadas donde habitan 2.130 personas y 419 escuelas. El Gobierno declaró la emergencia nacional para canalizar hasta 100 millones de dólares.
Romero sigue colaborando con protección civil. Cualquier vibración lo alerta. Al reencontrarse con su hijo, le explicó repetidamente las placas tectónicas: entendió que el pequeño necesitaba encontrar una explicación para su miedo. La pregunta volvía una y otra vez: "¿Por qué se movía la Tierra?".
Ahora, entre la incertidumbre de cuál puede ser el próximo movimiento de la Tierra y con qué magnitud, Romero mantiene la 'calma' controlada, compartiendo con los suyos anécdotas y experiencias sobre lo ocurrido, mientras que el país intenta recuperarse, lo antes de posible, del tercer terremoto 'fuerte' de este 2026. "Todos a la expectativa de que mejore todo", concluye el malagueño.
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