Un cadáver a la hora del desayuno en Jerez: "El pobre llegó hasta aquí con la cara descompuesta"
La ya de por sí ajetreada calle Sevilla vive una mañana fuera de lo común tras el hallazgo del cuerpo sin vida de un joven sin hogar de 29 años en un contenedor a escasos metros de usuarios del autobús, conductores, vecinos y clientes de un concurrido bar
A las ocho de la mañana de este viernes 4 de septiembre, con Jerez todavía medio despertándose, la calle Sevilla ya tenía su habitual trasiego. Conductores buscando un hueco donde aparcar, usuarios del autobús esperando en la parada y los primeros clientes del bar El Picoteo desayunando en la terraza.
Para S., operario del servicio de limpieza, era también una mañana normal hasta que abrió uno de los contenedores situados prácticamente en la esquina con la calle Paúl. Allí se dio cuenta que se encontraba el cadáver de una persona.
"El pobre llegó hasta aquí con la cara descompuesta", comenta uno de los camareros de El Picoteo. Poco después de avisar a la Policía, la zona, ya de por sí habitualmente concurrida y con mucho tráfico, se revoluciona por completo. Los agentes de la Policía Nacional acordonan unos 50 metros de acera y colocan una pantalla para impedir que los curiosos tomen imágenes. El 092 también llega para controlar el tráfico, puesto que el cordón policial afecta a uno de los carriles habilitados para los vehículos.
Curiosos, arremolinados en torno al lugar de los hechos
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GONZALO TORO
La parada del autobús se ve también dentro del cordón y pronto son muchos los usuarios que empiezan a preguntarse qué pasa y dónde pueden tomar su autobús.
A eso de las nueve de la mañana ya hay mucho revuelo. Los curiosos se arremolinan y llegan los primeros compañeros de la prensa gráfica para tomar imágenes, lo que despierta aún más el interés entre los presentes por saber qué ha pasado. La Policía insiste en que no se tomen imágenes, salvo los profesionales de la información, a los que se le piden credenciales y se les toman sus datos.
La Policía científica, realizando sus labores de inspección junto a los contenedores de basura de la calle Sevilla
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GONZALO TORO
El operario del servicio de limpieza todavía está en la zona, prestando declaración a los agentes de la Policía. Declinahacer declaraciones a lavozdelsur.es. Está muy nervioso y pide que tampoco se publique su nombre. Desde luego, no es plato de buen gusto encontrarse un cadáver durante tu turno de trabajo.
Los curiosos van invadiendo ya también la acera donde se sitúa el convento de Capuchinos, así como el bulevar. Entre los presentes se sabe ya que ha aparecido un cadáver y se piensa que la muerte haya podido ser accidental. Desde luego, resulta raro pensar otra cosa, como que alguien quisiera deshacerse de un cadáver en ese punto concreto de la ciudad, tan concurrido. De hecho, frente al contenedor hay justo una cámara municipal de tráfico y a escasos metros también se ubica la sección octava de la Audiencia Provincial.
En El Picoteo, una de las encargadas comenta que prácticamente a diario veían a una persona rebuscar en los contenedores de basura. No les extraña que pueda ser esa misma la que, en un descuido, acabara atrapada en uno de esos bombos.
A las diez de la mañana llega el furgón de los servicios funerarios. A esas horas, la Policía Científica lleva ya un rato realizando sus tareas de inspección, a la espera de que llegue el juez encargado de proceder al levantamiento del cadáver. Media hora después llegan los bomberos. Uno de ellos aparece enfundado en un traje blanco y una máscara, una imagen que inevitablemente recuerda a los días más duros de la pandemia. La idea inicial parece ser la de que se introduzca en el contenedor para sacar el cuerpo, pero finalmente se decide volcarlo.
Inmediatamente se dan órdenes de cortar el tráfico. Mientras se prepara la operación, la Policía recrimina a unos vecinos que intentan tomar imágenes desde un balcón. Alrededor, decenas de personas siguen pendientes de cada movimiento.
Labores de inspección de la Policía, ante la atenta mirada de curiosos.
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GONZALO TORO
Finalmente, el contenedor se vuelca. Durante unos minutos, la calle Sevilla vuelve a detenerse. Los vehículos quedan retenidos, los peatones permanecen detrás del cordón y los teléfonos vuelven a levantarse buscando una imagen de lo que está ocurriendo. La operación termina y el cuerpo es trasladado al Instituto de Medicina Legal y Forense.
La Policía confirma entonces lo que durante la mañana ya empezaba a tomar forma: el fallecido es un joven de 29 años, sin hogar, viejo conocido de los agentes y según ha podido saber también este medio, consumidor habitual de sustancias estupefacientes.
Según las primeras indagaciones, habría accedido por propia voluntad al contenedor para rebuscar entre la basura y habría quedado atrapado en su interior sin poder salir. Será la autopsia la que determine las causas exactas de su fallecimiento. Su cadáver ya está en el Instituto Anatómico Forense para esclarecer cómo se produjo la muerte.
Y tras el revuelo, poco a poco, la calle Sevilla vuelve a ser la de siempre. Se retira el cordón policial, los coches recuperan su terreno y los pasajeros vuelven a ocupar la parada del autobús. En El Picoteo continúan llegando cafés y tostadas. Los curiosos se marchan y los teléfonos vuelven a guardarse en los bolsillos. La mañana recupera su ruido habitual, como si nada hubiera ocurrido. Para todos, menos para el operario de limpieza, que, seguramente, ya no volverá nunca más a abrir un contenedor sin recordar lo que le ocurrió un 4 de septiembre.
A las ocho de la mañana de este viernes 4 de septiembre, con Jerez todavía medio despertándose, la calle Sevilla ya tenía su habitual trasiego. Conductores buscando un hueco donde aparcar, usuarios del autobús esperando en la parada y los primeros clientes del bar El Picoteo desayunando en la terraza.
Para S., operario del servicio de limpieza, era también una mañana normal hasta que abrió uno de los contenedores situados prácticamente en la esquina con la calle Paúl. Allí se dio cuenta que se encontraba el cadáver de una persona.
"El pobre llegó hasta aquí con la cara descompuesta", comenta uno de los camareros de El Picoteo. Poco después de avisar a la Policía, la zona, ya de por sí habitualmente concurrida y con mucho tráfico, se revoluciona por completo. Los agentes de la Policía Nacional acordonan unos 50 metros de acera y colocan una pantalla para impedir que los curiosos tomen imágenes. El 092 también llega para controlar el tráfico, puesto que el cordón policial afecta a uno de los carriles habilitados para los vehículos.
Curiosos, arremolinados en torno al lugar de los hechos
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GONZALO TORO
La parada del autobús se ve también dentro del cordón y pronto son muchos los usuarios que empiezan a preguntarse qué pasa y dónde pueden tomar su autobús.
A eso de las nueve de la mañana ya hay mucho revuelo. Los curiosos se arremolinan y llegan los primeros compañeros de la prensa gráfica para tomar imágenes, lo que despierta aún más el interés entre los presentes por saber qué ha pasado. La Policía insiste en que no se tomen imágenes, salvo los profesionales de la información, a los que se le piden credenciales y se les toman sus datos.
La Policía científica, realizando sus labores de inspección junto a los contenedores de basura de la calle Sevilla
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GONZALO TORO
El operario del servicio de limpieza todavía está en la zona, prestando declaración a los agentes de la Policía. Declinahacer declaraciones a lavozdelsur.es. Está muy nervioso y pide que tampoco se publique su nombre. Desde luego, no es plato de buen gusto encontrarse un cadáver durante tu turno de trabajo.
Los curiosos van invadiendo ya también la acera donde se sitúa el convento de Capuchinos, así como el bulevar. Entre los presentes se sabe ya que ha aparecido un cadáver y se piensa que la muerte haya podido ser accidental. Desde luego, resulta raro pensar otra cosa, como que alguien quisiera deshacerse de un cadáver en ese punto concreto de la ciudad, tan concurrido. De hecho, frente al contenedor hay justo una cámara municipal de tráfico y a escasos metros también se ubica la sección octava de la Audiencia Provincial.
En El Picoteo, una de las encargadas comenta que prácticamente a diario veían a una persona rebuscar en los contenedores de basura. No les extraña que pueda ser esa misma la que, en un descuido, acabara atrapada en uno de esos bombos.
A las diez de la mañana llega el furgón de los servicios funerarios. A esas horas, la Policía Científica lleva ya un rato realizando sus tareas de inspección, a la espera de que llegue el juez encargado de proceder al levantamiento del cadáver. Media hora después llegan los bomberos. Uno de ellos aparece enfundado en un traje blanco y una máscara, una imagen que inevitablemente recuerda a los días más duros de la pandemia. La idea inicial parece ser la de que se introduzca en el contenedor para sacar el cuerpo, pero finalmente se decide volcarlo.
Inmediatamente se dan órdenes de cortar el tráfico. Mientras se prepara la operación, la Policía recrimina a unos vecinos que intentan tomar imágenes desde un balcón. Alrededor, decenas de personas siguen pendientes de cada movimiento.
Labores de inspección de la Policía, ante la atenta mirada de curiosos.
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GONZALO TORO
Finalmente, el contenedor se vuelca. Durante unos minutos, la calle Sevilla vuelve a detenerse. Los vehículos quedan retenidos, los peatones permanecen detrás del cordón y los teléfonos vuelven a levantarse buscando una imagen de lo que está ocurriendo. La operación termina y el cuerpo es trasladado al Instituto de Medicina Legal y Forense.
La Policía confirma entonces lo que durante la mañana ya empezaba a tomar forma: el fallecido es un joven de 29 años, sin hogar, viejo conocido de los agentes y según ha podido saber también este medio, consumidor habitual de sustancias estupefacientes.
Según las primeras indagaciones, habría accedido por propia voluntad al contenedor para rebuscar entre la basura y habría quedado atrapado en su interior sin poder salir. Será la autopsia la que determine las causas exactas de su fallecimiento. Su cadáver ya está en el Instituto Anatómico Forense para esclarecer cómo se produjo la muerte.
Y tras el revuelo, poco a poco, la calle Sevilla vuelve a ser la de siempre. Se retira el cordón policial, los coches recuperan su terreno y los pasajeros vuelven a ocupar la parada del autobús. En El Picoteo continúan llegando cafés y tostadas. Los curiosos se marchan y los teléfonos vuelven a guardarse en los bolsillos. La mañana recupera su ruido habitual, como si nada hubiera ocurrido. Para todos, menos para el operario de limpieza, que, seguramente, ya no volverá nunca más a abrir un contenedor sin recordar lo que le ocurrió un 4 de septiembre.
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