Tiroteos, persecuciones y explosiones: exhibición de oreja y rabo de la Guardia Civil en la plaza de toros de Jerez
La benemérita aprovecha su Semana Institucional en Cádiz para mostrar en el coso jerezano algunas de las capacidades y procedimientos de sus unidades especializadas ante unos 3.000 espectadores
La unidad de caballería, durante la exhibición de la Guardia Civil en la plaza de toros. -
Hubo un momento, antes de que comenzara la exhibición de la Guardia Civil en la plaza de toros de Jerez, en que nadie sospechaba que el vetusto –e incómodo– coso de la calle Circo iba a convertirse en el escenario de una persecución, un intento de fuga, un rescate en helicóptero, una detención con perro y la explosión de una mochila sospechosa.
Pasaban las cinco y media de la tarde. A través de la megafonía sonaba Fangoria, bachata y luego La Potra Salvaje… justo cuando la alcaldesa, María José García-Pelayo, llegaba al palco de autoridades.
El ambiente era todavía más de tarde de verano que de octubre. Hacía calor. Mucho. Hasta el punto de que los aproximadamente 3.000 espectadores –según cálculos de este cronista– que se dieron cita buscaban refugio en los tendidos de sombra. Y mientras los niños agitaban banderitas con la bandera de España y el logo de la Guardia Civil, los mayores se defendían con abanicos.
Un helicóptero, evacuando a un 'herido' de la plaza de toros.
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JUAN CARLOS TORO
La Benemérita había elegido el coso jerezano para mostrar, dentro de su Semana Institucional en Cádiz, algunas de las capacidades y procedimientos de sus unidades especializadas. Los agentes Cristina y Salvador ejercen de maestros de ceremonia y se encargan de explicar a los presentes una sucesión de situaciones simuladas que, por momentos, tienen más ritmo de película de acción que de exhibición institucional.
Primero aparecen dos agentes a caballo. Como manda la tradición taurina, el oficial pide permiso a la Presidencia para comenzar. Suena el Himno Nacional de España, el tendido se pone en pie y tras sus sones, algunos “vivas a España” y otros dedicados a la Guardia Civil.
La historia que se representa a continuación tiene de todo: un personaje famoso al que había que escoltar, un vehículo sospechoso, un individuo que huía, una mochila abandonada, un perro capaz de detectar explosivos, un herido y, finalmente, un artefacto que obligaba a llamar a los especialistas.
Detención de uno de los sospechosos, durante le exhibición.
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JUAN CARLOS TORO
Todo empieza, como casi todo en una emergencia, en el Puesto de Mando Móvil situado en la arena. Desde allí, explican los agentes Cristina y Salvador, se coordinan las comunicaciones y se dirige la intervención de las distintas unidades.
El primer gran momento llega desde el cielo. El helicóptero del Servicio Aéreo sobrevuela la plaza mientras desde el ruedo se explica su capacidad para intervenir en grandes concentraciones, rescates y situaciones de emergencia.
Mientras, dos tiradores de precisión del Grupo de Acción Rápida permanecen camuflados entre el tendido. Entonces llega un aviso por radio: una furgoneta blanca con dos individuossospechosos. El vehículo aparece en escena y uno de sus ocupantes sale corriendo después de dejar una mochila en medio del ruedo. El otro permanece dentro del vehículo.
La respuesta es inmediata. Un equipo de intervención y detención entra en acción, junto a un perro del Grupo de Acción Rápida. En unos segundos, el animal reduce al sospechoso entre los aplausos del público.
El robot de la unidad de desactivación de explosivos, con la mochila sospechosa.
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JUAN CARLOS TORO
Pero queda la mochila sospechosa. Pocos entre el público dudan que contiene explosivos, pero hay que certificarlo. Es la hora de los equipos de desactivación.
Primero un drone inspecciona la zona sin poner en riesgo a ningún especialista. Después aparece un perro detector. El guía lo conduce hasta el vehículo en el que llegaron los sospechosos y luego, a la mochila. El animal olfatea, busca y finalmente se sienta. Parece que hay algo sospechoso.
La plaza rompe en aplausos mientras Salvador, uno de los presentadores, que además es especialista y profesor en desactivación de explosivos, explica que el servicio lleva 54 años funcionando y que todavía hoy sus especialistas realizan entre 1.000 y 1.500 intervenciones al año. Curiosamente, señala que muchos de esos artefactos explosivos proceden de la Guerra Civil. 90 años después del conflicto aún conservan su peligrosidad.
Es entonces cuando un robot se acerca, con un movimiento lento y preciso, hasta la mochila. Si el objetivo se encontrara en un lugar al que no pudiera acceder, explica Salvador, sería un agente el que lo haría pertrechado bajo un traje antibomba de 35 kilos de peso.
Finalmente, el robot toma con un brazo la mochila, que acaba explosionándose de manera controlada. Al gran estruendo le siguen los aplausos.
Francotiradores, de camuflaje, en la plaza de toros.
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JUAN CARLOS TORO
Pero la exhibición todavía depara más sorpresa. Uno de los sospechosos, que había conseguido escapar, es localizado entre el público. La persecución termina con disparos, un herido, una intervención médica y la llegada, de nuevo, del helicóptero para evacuarlo. En este caso, son los especialistas del Servicio de Montaña, con sede en Ubrique, los que pilotan la aeronave.
La plaza, que había empezado con los sones de La potra salvaje, terminó convertida en un escenario de película al que le siguieron exhibicionescaninas, más persecuciones y un bonito epílogo por parte de la sección de caballería de la Guardia Civil.
Hubo un momento, antes de que comenzara la exhibición de la Guardia Civil en la plaza de toros de Jerez, en que nadie sospechaba que el vetusto –e incómodo– coso de la calle Circo iba a convertirse en el escenario de una persecución, un intento de fuga, un rescate en helicóptero, una detención con perro y la explosión de una mochila sospechosa.
Pasaban las cinco y media de la tarde. A través de la megafonía sonaba Fangoria, bachata y luego La Potra Salvaje… justo cuando la alcaldesa, María José García-Pelayo, llegaba al palco de autoridades.
El ambiente era todavía más de tarde de verano que de octubre. Hacía calor. Mucho. Hasta el punto de que los aproximadamente 3.000 espectadores –según cálculos de este cronista– que se dieron cita buscaban refugio en los tendidos de sombra. Y mientras los niños agitaban banderitas con la bandera de España y el logo de la Guardia Civil, los mayores se defendían con abanicos.
Un helicóptero, evacuando a un 'herido' de la plaza de toros.
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JUAN CARLOS TORO
La Benemérita había elegido el coso jerezano para mostrar, dentro de su Semana Institucional en Cádiz, algunas de las capacidades y procedimientos de sus unidades especializadas. Los agentes Cristina y Salvador ejercen de maestros de ceremonia y se encargan de explicar a los presentes una sucesión de situaciones simuladas que, por momentos, tienen más ritmo de película de acción que de exhibición institucional.
Primero aparecen dos agentes a caballo. Como manda la tradición taurina, el oficial pide permiso a la Presidencia para comenzar. Suena el Himno Nacional de España, el tendido se pone en pie y tras sus sones, algunos “vivas a España” y otros dedicados a la Guardia Civil.
La historia que se representa a continuación tiene de todo: un personaje famoso al que había que escoltar, un vehículo sospechoso, un individuo que huía, una mochila abandonada, un perro capaz de detectar explosivos, un herido y, finalmente, un artefacto que obligaba a llamar a los especialistas.
Detención de uno de los sospechosos, durante le exhibición.
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JUAN CARLOS TORO
Todo empieza, como casi todo en una emergencia, en el Puesto de Mando Móvil situado en la arena. Desde allí, explican los agentes Cristina y Salvador, se coordinan las comunicaciones y se dirige la intervención de las distintas unidades.
El primer gran momento llega desde el cielo. El helicóptero del Servicio Aéreo sobrevuela la plaza mientras desde el ruedo se explica su capacidad para intervenir en grandes concentraciones, rescates y situaciones de emergencia.
Mientras, dos tiradores de precisión del Grupo de Acción Rápida permanecen camuflados entre el tendido. Entonces llega un aviso por radio: una furgoneta blanca con dos individuossospechosos. El vehículo aparece en escena y uno de sus ocupantes sale corriendo después de dejar una mochila en medio del ruedo. El otro permanece dentro del vehículo.
La respuesta es inmediata. Un equipo de intervención y detención entra en acción, junto a un perro del Grupo de Acción Rápida. En unos segundos, el animal reduce al sospechoso entre los aplausos del público.
El robot de la unidad de desactivación de explosivos, con la mochila sospechosa.
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JUAN CARLOS TORO
Pero queda la mochila sospechosa. Pocos entre el público dudan que contiene explosivos, pero hay que certificarlo. Es la hora de los equipos de desactivación.
Primero un drone inspecciona la zona sin poner en riesgo a ningún especialista. Después aparece un perro detector. El guía lo conduce hasta el vehículo en el que llegaron los sospechosos y luego, a la mochila. El animal olfatea, busca y finalmente se sienta. Parece que hay algo sospechoso.
La plaza rompe en aplausos mientras Salvador, uno de los presentadores, que además es especialista y profesor en desactivación de explosivos, explica que el servicio lleva 54 años funcionando y que todavía hoy sus especialistas realizan entre 1.000 y 1.500 intervenciones al año. Curiosamente, señala que muchos de esos artefactos explosivos proceden de la Guerra Civil. 90 años después del conflicto aún conservan su peligrosidad.
Es entonces cuando un robot se acerca, con un movimiento lento y preciso, hasta la mochila. Si el objetivo se encontrara en un lugar al que no pudiera acceder, explica Salvador, sería un agente el que lo haría pertrechado bajo un traje antibomba de 35 kilos de peso.
Finalmente, el robot toma con un brazo la mochila, que acaba explosionándose de manera controlada. Al gran estruendo le siguen los aplausos.
Francotiradores, de camuflaje, en la plaza de toros.
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JUAN CARLOS TORO
Pero la exhibición todavía depara más sorpresa. Uno de los sospechosos, que había conseguido escapar, es localizado entre el público. La persecución termina con disparos, un herido, una intervención médica y la llegada, de nuevo, del helicóptero para evacuarlo. En este caso, son los especialistas del Servicio de Montaña, con sede en Ubrique, los que pilotan la aeronave.
La plaza, que había empezado con los sones de La potra salvaje, terminó convertida en un escenario de película al que le siguieron exhibicionescaninas, más persecuciones y un bonito epílogo por parte de la sección de caballería de la Guardia Civil.
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